La derecha, enfoques ideológicos y triunfos electorales

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“…Caminamos bajo el sol rajado, con la macheta        al hombro y el hambre en la barriga.

          Pero no nos rendimos…”

Adalberto Ortiz

Por: Lucas Martínez Ramos                    

En los últimos años, varios países del mundo han experimentado el ascenso de formaciones y líderes que representan a la derecha conservadora y la ultraderecha. La irrupción de está, no es un hecho efímero ni aislado, sino el resultado de las crisis estructurales de la democracia liberal burguesa utilizadas adecuadamente por dirigentes derechistas en sus versiones populistas, conservadoras y radicales, atrayendo el respaldo de un sector de la juventud, de trabajadores y pobladores empobrecidos y marginados.

Europa el centro del ascenso de la ultraderecha

Este ascenso es más notorio en países europeos que, a su vez, cuentan con intelectuales que han desarrollado las formulaciones teóricas, ideológicas y políticas, poniendo en evidencia la fuerza de sus ideas y su relación con la democracia burguesa.

La separación ideológica entre derecha e izquierda en las sociedades actuales se caracteriza por visiones contrarias sobre el papel del Estado en la distribución de la riqueza y la igualdad social. La derecha, generalmente, se posiciona a favor de la libre competencia y la mínima intervención estatal, considerando las desigualdades como un producto natural de la sociedad. Por el contrario, la izquierda defiende una mayor intervención estatal para reducir las desigualdades y garantizar un mínimo nivel de bienestar para todos.

Al examinar las desigualdades, tanto las dimensiones socioeconómicas como las socioculturales son fundamentales para comprender su alcance y origen. La desigualdad económico social se refiere a diferencias en riqueza, ingresos, acceso a educación, salud, vivienda, seguridad y poder, mientras que la desigualdad sociocultural se relaciona con diferencias en condición social, cultura, identidad, y acceso a oportunidades basadas en factores como género, etnia, nacionalidad, etc. Identificar estas dimensiones permite analizar el comportamiento político de las derechas.

Varios analistas evidencian dos tendencias en el accionar político de la derecha: La convencional y la ultraderecha, aunque ambas pertenecen al espectro político de derecha liberal, difieren en su intensidad y alcance ideológico. Basan sus investigaciones en dos criterios: La derecha convencional se define por proteger ideas de derecha de una manera parcialmente moderada, respeta las normas del sistema democrático burgués. Son actores que adoptan posiciones conservadoras en términos ético-morales rechazan el aborto o el matrimonio igualitario; patrocinan el libre mercado; promueven la reducción del Estado; consienten la presencia de instituciones supranacional que eventualmente limitan su propio poder. En cambio, la ultraderecha predomina posiciones de derecha radicalizada, cuestiona la democracia liberal burguesa, la autonomía del sistema de justicia, la proliferación de organismos supranacionales que restringen el poder de la “soberanía”. Por esta razón sostienen el discurso populista del combate a una “elite corrupta” que controlan instituciones nacionales e internacionales integrada por organizaciones progresistas, por tanto, consideran necesario hacer reformas para cercar y detener la expansión de ese poder o reemplazar con personas que profesan ideas de ultraderecha. Sostienen una actitud política autoritaria, nacionalista y xenofóbica. La ultraderecha se muestra como un proyecto que arremete no solo a la izquierda, sino también a la derecha convencional, a la cual muchas veces busca dominar. En algunos países de Europa occidental se observa cooperación sobreentendida o evidente entre ambas, provocando un impacto social, especialmente en términos de polarización política, aumento de la xenofobia y la discriminación.

Como se presenta en América Latina

Los triunfos electorales de las derechas desde la segunda década del presente siglo: Brasil, Perú, Paraguay, Argentina, El Salvador, Chile, hoy Ecuador deja claro la intensión de controlar, derribar o restituir derechos determinados promovidos por comunidades, colectivos y organizaciones sociales, así como, restaurar, promover o perfeccionar un statu quo frente a derechos políticos, sociales, económicos y culturales tradicionales.

En el caso de las minorías pretenden ahogar su aspiración de ejercitar un mayor poder político, influir en las políticas públicas, obtener recursos gubernamentales y adquirir posiciones de representación. Alimentando varias formas de discriminación, provocando marginación, violencia y exclusión.

En su trabajo sobre la “derecha de base” en América Latina, Lindsay Mayka y Amy Erica Smith plantean: es “un conjunto diverso de individuos y organizaciones que buscan mantener jerarquías sociales percibidas como tradicionales o naturales (…) Tales jerarquías incluyen áreas como el patriarcado, la dominación económica de grandes empresas o latifundios, o la subordinación de individuos lgbtq+ e indígenas latinoamericanos”.

Esta derecha que está emergiendo pone acento a la dimensión socio cultural, se esfuerza por movilizar a segmentos acaudalados de la sociedad, pero también a sectores populares que profesan ideas conservadoras frente a los temas éticos. Particularmente a la población influenciada por la iglesia cristiana evangélica. Las relaciones entre minorías y mayoría en América Latina están ligadas a cuestiones como el género, el aborto, el matrimonio igualitario, la educación sexual en las escuelas y la identidad sexual, mientras que en Europa tiene más fuerza la inmigración.

Los triunfos electorales de las derechas en América Latina, sin pretender ser concluyente se debería a: la pérdida de credibilidad de las fuerzas progresistas, los escándalos de corrupción; el creciente malestar por el caudillismo; fuerte cuestionamiento a la dualidad en la generación de la política pública entre socialdemocracia y neoliberalismo. El incremento de la delincuencia, la criminalidad y el narcotráfico que afecta a la seguridad ciudadana, las derechas han sabido politizar y criticar a los gobiernos anteriores por la incapacidad e ineficiencia en materia de seguridad; el uso de redes sociales y medios de comunicación para posicionar que la bota y el fusil resuelven la seguridad; los otros (enemigos) son los culpables nosotros la solución; la necesidad de medidas punitivas extremas; la crisis de la derecha convencional, sin cuadros y un programa que motive a la población: La debilidad y la falta de voluntad política para una unidad solidad de la izquierda, así también, del movimiento social e indígena, son algunos factores a profundizar y debatir para encontrar la alternativa del lado social y popular que beneficie y garantice un presente y futuro promisorio para los pueblos, nacionalidades y la población postergada.

Por último, seria apresurado y simplista interpretar que los electores del continente se están volviendo conservadores. Más bien podría ser el hartazgo por el incumplimiento de las ofertas electorales de quienes ya gobernaron, por eso optan por lo “nuevo”, buscan respuestas reales a sus necesidades, en un contexto de crisis la gente vota desde la emocionalidad y la supervivencia, quien prometa llenar la olla y el bolsillo puede ganar. Según CEPAL, más del 60% de los ciudadanos latinoamericanos cambian de preferencia política entre una elección a otra.

 

 

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