Y te marchaste a pelear

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Parte 3

  • El sepelio de Milton Reyes fue multitudinario. La gente de los barrios, trabajadores, amas de casa, jóvenes estudiantes universitarios y secundarios, coparon la Universidad Central, las inmediaciones del Teatro Universitario y de las Facultades de Derecho y Filosofía.

La multitud en medio de gritos, consignas y banderas nutría ardiente el entierro, más de sesenta mil personas, convirtiendo el asesinato del Presidente de la FEUE de Quito, claramente identificado como dirigente marxista-leninista, en una manifestación política contra el gobierno de Velasco Ibarra, responsable de su asesinato.

A la cabeza del sepelio, entre los vestidos negros, llantos, rostros enlutados de sus familiares, destacaba el rostro de la querida madre de Milton: Mama Tuta, como la llamaba cariñosamente la gente del barrio pobre donde vivía, los compañeros y compañeras más cercanos, sus camaradas del Partido que llegaban a su casita en el sur de Quito para las reuniones; y, en ocasiones, con un grupo de cantores, que más tarde crearían y entonarían inolvidables canciones, los Noviembre 15.

Mama Tuta pese a su enorme dolor caminaba erguida, llevaba la efigie de su hijo en una pancarta alzada entre sus manos, que motivaba mucho más el coraje y el ardor revolucionario de la multitud popular acompañante en el entierro. Del fondo del alma de la gente pobre, entonada por un grupo de cantores revolucionarios, brotó un canto: /Es en medio de la lucha/ Nos dijiste aquella tarde/ Que se forjan los valientes/ Y te marchaste a pelear/. Las lágrimas volvieron a brotar con fuerza entre los universitarios y sus compañeros; entre las amas de casa que acompañaban el ataúd en andas del combatiente: /Como vibran tus palabras/ En el aire la consigna/ Que la Patria será libre/ Si empuñamos el fusil/

Por primera vez se escuchó la canción que se convertiría en himno de los marxistas leninistas y de los combatientes caídos luchando por la revolución. Coreada por la multitud que en medio de la marcha rasgaba guitarras, quenas y flautas, mostrando el cariño que el pueblo de Quito prodigaba hacia uno de sus peleadores.

El afecto y respeto a su obra de agitador y organizador de la juventud universitaria y secundaria, de los trabajadores, campesinos y de los niños betuneros y voceadores de periódicos, a quienes Milton había organizado para reclamar como canillitas un mejor porcentaje de las ventas del periódico “El Comercio”, de Los Mantilla, oligarcas de lomo y tomo, marchaban con sus flores y cajones de betún, acongojados por la muerte de su entrañable compañero.

Washington Álvarez, Pablo Miranda, los dirigentes del Partido Comunista y buena parte de jóvenes compañeros, ligados a la vida y lucha del combatiente caído, desfilaban apretadamente, llenos de ira encendida y dolor a secas, golpeados por el crimen, convocando con motivaciones y gritos que se repartían entre los agitadores a pleno pulmón:

  • ¡¿Cuál es la consigna de Milton Reyes?!
  • ¡Luchar y estudiar! ¡Luchar y estudiar junto al pueblo por la revolución!
  • ¡¿Quién fue Milton Reyes?!
  • ¡Marxista Leninista! – consigna que era repetida a pleno pulmón por la multitud.

Al fondo, en medio de la multitudinaria marcha, las banderas rojas con la hoz y el martillo eran sopladas por el viento moviéndose de lado a lado, ondeando sobre las cabezas, cabellos y rostros de la gente, elevándose sobre la multitud en homenaje al héroe caído. El cielo solidario dejó caer una ventisca de garúa fresca y al caer la tarde, tras una larga marcha por las calles de Quito, retornaron a la Casona Universitaria para depositar al fondo de la tierra, en medio de una enorme solidaridad entonada por gritos y consignas revolucionarias entre la grama del patio de la Facultad de Derecho, el ataúd del combatiente de calles y plazas, el agitador comunista inolvidable, Milton Reyes.

Gris el cielo, luego de haberlo sepultado, se abrió radiante. La vida se volvía a abrir en capullos a pesar de la muerte.

Capítulos extraídos de la novela: Pájaros de la Tormenta, de Antonio Guerrero

 

Antonio Guerrero