Televisión, nueva normalidad y sufragio 2021

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Juntas Receptoras del Voto que no se pudieron instalar a tiempo por la ausencia de varios de sus integrantes y personas de distintas edades dispuestas a colaborar en esta actividad con el objetivo de agilitar el sufragio. Largas filas de ciudadanos separados entre sí por un metro y medio o dos de distancia a la espera de ingresar a los recintos electorales portando consigo su propio esferográfico, los datos de su Mesa Electoral, mascarilla y alcohol gel. ¿Existieron excepciones? Por supuesto, la imprudencia ha estado presente a lo largo de la pandemia por encima de cualquier medida de bioseguridad dispuesta por el Estado. ¿Veremos más escenas de estas el próximo 11 de abril en la segunda vuelta electoral? Posiblemente sí. Al no implementarse el voto telemático, el único camino para la organización eficiente de las elecciones en tiempos de pandemia es la cooperación interinstitucional y la corresponsabilidad ciudadana tanto de los votantes como de los miembros de las Juntas Receptoras del Voto.

En lo que respecta al perímetro de ingreso a cada recinto electoral (una, dos o tres cuadras) el protocolo de bioseguridad aprobado por el órgano rector del sufragio exigía que los ciudadanos hagan fila y avancen paulatinamente con la debida distancia social. No obstante, algunos presentadores de noticias y reporteros intentaron vender una imagen negativa de esta medida.

¿Qué esperaban entonces los medios? ¿El ingreso masivo y descarnado de multitudes a los recintos para cumplir “rápido” con el sufragio a expensas de la salud de cientos y miles de electores y sus familias? ¿Esa acción hacía de las elecciones un hecho eficiente? Mientras la noticia daba cuenta de la aplicación del protocolo de bioseguridad, de la concurrencia significativa de votantes (cerca de nueve millones y medio de electores) y por ende de un ausentismo poco alarmante (no mayor al 19%), así como de unas elecciones libres de violencia. Los medios, principalmente los canales de televisión, centraron su mirada en las excepciones y subjetividades de la jornada, por ejemplo, en ciudadanos que hicieron fila en medio de un “fuerte sol”, en otros que irrespetaron el distanciamiento o en los minutos que estuvieron de pie previo al ingreso a su recinto de votación.

Con preguntas y repreguntas, de manera agenciosa algunos reporteros buscaron inducir en los electores críticas asociadas al hastío y la inconformidad para dejar en claro que algo no anduvo bien en la organización del sufragio. Contadas voces le siguieron la corriente a este frenesí de provocaciones que permitieron a unos pocos medios rumiar audiencias a través del amarillismo. Mientras unos cuantos presentadores de noticias que no tenían nada que decir frente a las cámaras, “rompían el hielo” con comentarios que intentaban revestir de criticidad su desconocimiento y vaciedad analítica frente a las medidas de bioseguridad adoptadas para las elecciones. Medidas que irónicamente fueron difundidas en sus noticieros.

Al parecer las cámaras de televisión captaron con los lentes del pasado, la puesta en escena de una jornada electoral atípica por la situación de nueva normalidad que atravesamos. Solo así se puede entender su sinsentido.

De todas maneras un hecho es innegable, pese a las complejidades propias de una elección presidencial en el contexto de la pandemia y ante un escenario de polarización extrema, el proceso electoral de 2021 dejó lecciones importantes en cuanto a las medidas de prevención para evitar la propagación de los contagios y el ausentismo. Aspectos que deberán ser aplicados con miras a precautelar la salud de los ciudadanos y la democracia el próximo 11 de abril, en la segunda vuelta electoral.

Alfredo Espinosa Rodriguez