Semblanza de Henry Quezada

publicado en: Opinión | 1
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Plasmar en escasos renglones la vida de alguien a quien queremos, siempre es complicado. Las anécdotas y los recuerdos aparecen algo dispersos y punzantes, sin embargo, por este medio pretendemos hacer una semblanza de Henry Quezada, fallecido en el Paro Nacional por laceración de los pulmones por perdigones.

Nacido en Quito el 29 de octubre de 1982, hijo de Ernesto Quezada y Victoria Espinoza; desde joven, como estudiante del Instituto Nacional Mejía, Henry o “Queso” como sus amigos lo llamaban, sentía un fuerte interés en las causas populares, además, era muy solidario, sentimientos que crecen y se afianzan en este colegio.

En 2002 migró, como miles de ciudadanos ecuatorianos a causa de la crisis económica que vivía el Ecuador, se radicó en Londres cerca de 11 años, junto a sus familiares, entre ellos, Jeanneth Quezada, su hermana. En su permanencia en Inglaterra procreó a una bella niña de nombre Melanie Victoria, por la que sentía un gran amor; al retornar a Ecuador su hija se queda junto a su madre, lo que le provocaba un dolor entrañable por la distancia y separación.

Henry siempre guardó un cariño enorme por su casa de estudios, el Instituto Nacional Mejía, en sus aulas forjó grandes amigos que se mantuvieron en el transcurso de los años, su cariño trascendió fronteras, en su permanencia en el exterior siempre estaba pendiente de ellos y de alguna forma con todo lo que significa el Mejía; una bandera del Patrón reposa en su habitación, es la misma que estuvo en Londres cerca de 11 años y la trajo de nuevo a su país.

Una vida con amigos, de esos que están siempre, de esos que están desde la vida estudiantil hasta la adultez, de esos que lo acompañaron hasta el final, de esos que en su último adiós entonaron las canciones de música folclórica y protesta que también le gustaban.

Sus amigos y familiares lo recuerdan como una gran persona, siempre alegre, bastante tranquilo y algo “reservado”. Le gustaban las cosas claras, muy transparente. Disfrutaba mucho andar en bici, un pasatiempo con el cual últimamente realizaba grandes recorridos, por ejemplo, hacia la ciudad de Píllaro, de donde eran originarios su familia paterna.

Su gusto por el Rock, disfrutaba de muchos géneros en especial el Thrash y Death Metal, propietario de una gran colección, alrededor de 300 CD y cerca de 50 acetatos; su vida en el extranjero le permitió asistir a muchos conciertos de sus bandas favoritas. A su retorno, se reencontró con sus amigos, un sitio de frecuencia para Henry fue el “Acetatos”, un bar en el sur de la capital.

Muy responsable con su trabajo en Paesam, distribuidora de repuestos, en la cual trabajó por 5 años; dedicaba mucho tiempo a su familia, salían juntos de viaje, tenía amor y respeto por la naturaleza, gustaba del fútbol, era hincha de El Nacional. Toda una vida, apagada en un abrir y cerrar de ojos por un Estado indolente.

Él, a pesar de no estar vinculado a alguna organización política o social, comprendía claramente la justeza de las demandas de los sectores movilizados, de su dura realidad y de su lucha, que muchos aún pretenden ignorar. El corazón rebelde, el compromiso con su pueblo, el ser consecuente con las palabras, los ideales de un mundo un poco más justo, y la valentía desde una trinchera improvisada han dejado huella en todos quienes lo conocieron en el camino.

El fatídico día

Precisamente esa característica de justeza y solidaridad le lleva a días anteriores a su asesinato, a recibir a la movilización indígena el día lunes 20 en horas de la noche en la avenida Maldonado debajo de su residencia, el día martes 21 se hace presente en las manifestaciones que se desarrollaban alrededor del parque El Ejido, la Policía reprimía desde el sector del puente de El Guambra y Henry se encontraba por la av. Pérez Guerrero cerca de la Universidad Central. El día miércoles permaneció en la casa junto a su familia, le notaron algo triste; sus preocupaciones iban alrededor de la separación de su hija y ver que la situación no era favorable en el país, en su mente, como meta próxima era volver a migrar en busca de un mejor futuro para su familia.

El fatídico jueves, Henry sale aproximadamente a las 12:00 de su domicilio en San Bartolo, toma una camioneta hasta la Villa Flora y luego un automóvil hasta El Ejido, camina hacia la Universidad Central del Ecuador en la cual se realizaban festejos por el Inti Raymi, además de pruebas de sonido para el evento, pero como ya se devolvió la Casa de la Cultura por parte de la Policía, los equipos de sonido se dirigían para esa zona. Llegaron al Ágora de la Casa de la Cultura, pero el sitio se inundó de gases lacrimógenos lo que provocó que la gente saliera rápidamente.

Al salir del Ágora se dirigieron hacia el parque de El Arbolito, en el cual pasó cerca de una hora con sus amigos, mientras los enfrentamientos con la policía se desarrollaban cerca al edificio reconstruido de la Contraloría; en un momento la zona se llena de gases lacrimógenos, Henry se dirige a la Av. Tarqui y sus amigos para el lado opuesto, la última vez que lo ven estaba arrimado junto a un árbol. Sus amigos pierden contacto con él, hasta que luego de buscarlo por más de una hora un amigo les comenta que Henry falleció, lo buscan por varios sitios y les indican que se encuentran en la “Casa de Artes”, y confirman el fallecimiento de Henry.

Según relato de uno de los manifestantes que socorrió a Henry, él se encontraba cerca del Edificio de la Contraloría, cuando recibe cerca de 100 perdigones en su cuerpo, desde aproximadamente 25 metros de distancia. Los perdigones laceran los pulmones de Henry y causan hemorragia interna lo que le provoca la muerte.

Entre sus amigos, familiares y cercanos no solo se encuentra el sentimiento de tristeza infinita ante una gran pérdida, sino el dolor que acarrea su muerte, especialmente en un contexto como este, en donde el Estado se ve involucrado como causante, por brutal represión, desmedida e injustificada, usada contra los manifestantes. Recibe el homenaje de sus amigos, que le dedican varias canciones, reciben honores por parte de la Banda de Guerra del Mejía, la Sociedad de Egresados del Mejía SEM les entrega a su madre y hermana una bandera, sus amigos del Metal se hacen presentes para bridarle el último adiós.

En más de una ocasión, el corazón se nos ha quebrado en mil pedazos al ver a todas las víctimas en esta batalla por la defensa de los derechos de los sectores más empobrecidos del país, pero su muerte no puede quedar impune, el dolor y la tristeza no va a apagar la sed de justicia, al contrario, su ausencia “enardece”, y arenga a todos quienes creemos en un mundo más justo, porque no hay mejor homenaje para aquellos valientes y aguerridos seres que han caído en las diferentes trincheras, que una vida de compromiso, de lucha y de combate por mejores días para el pueblo.

Alzamos la voz por aquellos a quienes se les ha arrebato su canto rebelde.

Ni un minuto de silencio, toda una vida de combate.

@vladycruzb Homenaje a Henry Quezada, hasta siempre primo #paro #paronacional #Mejia #patronmejia #despedida #davidchumaña #primo #homenaje #mejiacantaalpueblo #marcha #marchaindigena ♬ Mejía canta al pueblo – David Chumaña

Vladimir Cruz Barrionuevo
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