¿Secuestradores hablando de secuestro?

publicado en: Opinión | 0

Los secuestradores de la democracia se rasgan las vestiduras. Llenos de cinismos e hipocresía “alertan” a la opinión pública que “hay fuerzas políticas que quieren tomarse” el organismo rector de las elecciones. Como si este no se encontrara secuestrado más de una década por el correísmo y los rezagos agenciosos de la mala política. En efecto, los secuestradores tienen miedo a perder el poder que consiguieron. Resguardan con celo la herencia híper-presidencialista de Juan Pablo Poso, aunque esto haya significado dilapidar la poca credibilidad del ente electoral (más del 80% de ecuatorianos no cree en quien lidera la organización de las elecciones). Ahora, convertido en una extensión más del aparato de propaganda del expresidente prófugo de la justicia.

¿Será por ello que no se distingue a las autoridades de la ‘Casa de la Democracia’ de los activistas, ex consejeros electorales y políticos del correísmo? Al parecer, entre todos estos actores, existe un emparejamiento discursivo y político tendiente a defender un movimiento cuestionado, con indicios de haber llegado al registro electoral presentando firmas falsas, muertos y menores de edad como afiliados. Sí. El mismo movimiento de quien dijo en la campaña presidencial de 2017 que cortaría la mano de los corruptos y que hoy se encuentra preso. El mismo movimiento que defiende la escritura en piedra del calendario electoral de la pre-pandemia porque hace cuentas, suma y resta para que los tiempos judiciales de su líder no enturbien sus pretensiones electorales y políticas.

Escuchar a los expertos en elecciones del correísmo, a los dirigentes de su organización política y a las autoridades de la alicaída institucionalidad electoral, da lo mismo. No es necesario que se abracen, besen o estrechen sus manos. Los apoyos en Twitter van y vienen como loas que el “monarca” envía a sus “súbditos” cuando la tarea ha sido cumplida con “éxito”. En este contexto, ya no importa si Julio César Trujillo “nombró” a la autoridad electoral. La orden dispuesta por “El Mashi” y cumplida al interior de la ‘Casa de la Democracia’ por quien lo defiende, hace que la falta de ética se convierta en “valentía” y “decencia”.

No es descabellado – entonces – que los ciudadanos se pregunten: ¿En manos de quiénes está el proceso electoral de 2021? De los que aducen hostigamiento político, se revictimizan y ponderan su condición étnica y de género a los cuatro vientos, como si el hecho de ser indígena y mujer fueran cláusulas exclusivas de honestidad y transparencia. De los que se niegan a dialogar con los medios de comunicación porque todavía no descubren la manera de engañar a la colectividad haciéndonos creer que nadie sabía de Luis

Loyo y su red de tráfico de influencias a fin al cura Tuárez. De los que, producto de sus fantasías nocturnas y su apagón intelectual, crean cuentos sobre “amenazas” para tener algunos segundos de notoriedad al buen estilo lingüístico de los “guacharnacos porteños”, acostumbrados a la genuflexión en Mocolí.

¡Por favor! Los ciudadanos no son idiotas. No apelen a la democracia ni traten de desempolvar su tradición política guardada en el olvido para adecentar la intención proterva de apadrinar a Rafael Correa en su precampaña y campaña electoral. ¿Quieren dotarlo de inmunidad a sabiendas de que podrá negociar al más puro estilo de la vieja política para conseguir su impunidad en caso de llegar al poder? ¿Este es el precio que han pretendido o pretenden pagar para continuar en sus sillones hablando de la democracia y vendiéndonos un sortilegio de engaños que levantan muchas dudas sobre las elecciones de 2021?

¡No se puede servir a Dios y al diablo al mismo tiempo! La historia de los acontecimientos nos ha demostrado que: ¡O se es demócrata o se es correísta! No las dos cosas a la vez.

Alfredo Espinosa Rodriguez
Últimas entradas de Alfredo Espinosa Rodriguez (ver todo)