Realidad de docente en la educación superior en tiempos de pandemia

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En tiempos de contingencia educativa por el coronavirus, se ponen de manifiesto tensiones, preocupaciones, vulneración de derechos, inestabilidad emocional propia de la educación virtual y abusos del sistema de educación superior que generan un cuadro de precarización laboral docente, lo que se expresa con sus propias particularidades, también en los estudiantes universitarios que miran como su derecho a la educación es vulnerado por la disminución de la calidad académica.

Es preciso afirmar que los docentes son actores y vectores de opinión, influencers que pueden socializar mensajes a las familias, pueden enviar consejos concretos y sencillos sobre actividades que ayudan a bajar los niveles de estrés, angustia y violencia, así como a contribuir en la toma de conciencia sobre los temas de coyuntura. Los docentes siempre deben procurar mantener contacto regular con los estudiantes y sus familias, de manera remota, con el fin de favorecer la cohesión social, prevenir la violencia intrafamiliar y asegurar la continuidad del aprendizaje.

La Constitución de la República del Ecuador en el Título VII del Régimen del Buen Vivir, Capítulo primero Inclusión y equidad, Sección primera Educación Arts. del 343 al 357, establecen los preceptos sustantivos con los cuales todas las normativas de ejecución (Reglamentos, Estatutos, Instructivos) deben implementarse guardando la integridad de los derechos y bienestar de los docentes, estudiantes y comunidad educativa.

La Unicef y Unesco (2020) indican “Suspender la educación implica la interrupción del sentido de normalidad y regularidad que favorece el desarrollo y la estabilidad socioemocional de la población en contextos de crisis”. No estamos negando las dificultades y límites de la educación virtual, sin embargo, es más grave no tener educación, pues el impacto social, educativo, psicológico y emocional de esta emergencia humanitaria sería más grave aún, si se detiene la educación.

Realidad de docente en la educación superior en tiempos de contingencia por la pandemia

La precarización laboral docente, expresada históricamente en la sociedad ecuatoriana con diversos matices, en la actual coyuntura, se encima en tiempos de pandemia cuando los docentes se ven obligados a implementar salas de clases en los hogares, a conectarnos permanentemente al internet sin consideración de días ni horarios, a las consultas de colegas, estudiantes y equipos directivos, así como a la atención de las demandas del hogar, la familia y las diversas actividades de la vida de un ser humano. Esta circunstancia de la realidad docente universitaria, se agrava en el caso de las mujeres docentes, quienes a más de las que asumen los hombres, adicionalmente abrazan otras responsabilidades y roles en los hogares. Las pertinentes preguntas serían, ¿Cómo afrontar los deberes laborales con las necesidades de los hijos, la familia y el hogar?, ¿Cómo diferenciar las horas de trabajo del tiempo de descanso?, ¿De qué manera asumimos una actitud de inconformidad y protesta, pero a la vez, pro activa y de propuesta que implique la primacía de la vocación docente?, ¿Cómo contribuimos a que nuestros colegas, estudiantes y la comunidad en general asumamos y elevemos la conciencia de esta realidad, nos predispongamos a protestar y plantear propuestas? Son varias de las inquietudes que requerimos enfrentar frente a la “nueva normalidad” en tiempos de pandemia.

Díaz, Valentín en El Comercio (2018), “Si bien en cuanto a matriculación de estudiantes, los porcentajes son equitativos, la docencia en escuelas politécnicas es dominada por hombres. Un 39% de docentes en este tipo de centros educativos son mujeres, mientras que los hombres representan el 61%. La brecha se agranda en el sistema público, con un porcentaje de 37,4% de participación femenina frente a un 41,6% en universidades privadas, según la Senescyt”

Otra expresión de esta realidad es que la mayoría de docentes trabajan con sus propios implementos, que en muchísimos casos han sido mejorados en tecnología y conectividad, a costo de los propios docentes. Además, se debe anotar la carencia de familiarización/actualización con la tecnología, problema que ha sido generado, adicionalmente, por la misma precarización del sistema educativo.

Un elemento emotivo y psicológico que debe considerarse es el “temor escénico” a las sesiones sincrónicas (en tiempo real), así como a “ser grabados dando clases”, que se presenta en docentes sin familiaridad a la educación virtual, pues nunca ha sido esa su experiencia. Por lo que, consecuentemente, un proceso de control, seguimiento y de evaluación del desempeño docente, en estas circunstancias de coyuntura, viene a constituirse en una nueva expresión de tensionamiento emocional, visto como persecución laboral que, incluso podría percibirse y tender a ser punitivo y sancionatorio.

Un catedrático vinculado en la comunidad, investigador o gestor académico puede ser un excelente docente, investigador o comunicador académico, pero la educación telemática y digital lo convierte en un “pésimo dador de clases virtuales”, lo que evidentemente puede repercutir en la disminución de su autoestima y el auto reconocimiento de su valía como profesional universitario. Anular a un buen docente o investigador por el hecho que no logra una buena identidad telemática y digital, es un error. De igual forma, un buen estudiante que no tiene dispositivos electrónicos y conectividad aceptables y funcionales, limita sus posibilidades y entorpece sus potencialidades, trabando el proceso de enseñanza aprendizaje y disminuyendo la calidad educativa, tanto para el docente como para el estudiante.

Hay aquellos docentes que logran una mediana familiaridad con la tecnología, y se han colocado la cruz de “armar, alimentar, crear diseños expositivos, lograr recursos didácticos en video, en pdf, lúdicos, interactivos, Apps, instrumentos de software en el Microsoft e internet libre u otras plataformas virtuales”, lo que han logrado finalmente, es hacerle más pesada a su ya compleja precarización laboral docente. Lo peor, es que al final dichos recursos no permitan alcanzar desmarcarse de las concepciones y prácticas pedagógicas tradicionalistas, conductistas, cognitivistas que se camuflan en una dudosa metodología educativa conectivista. En realidad, varios de estos esfuerzos nunca y jamás sustituirán a la educación presencial, a una interacción docente-estudiante viva y real, con la educación presencial, menos aún en aquellas experiencias educativas que requieren de observaciones dirigidas o de prácticas educativas en espacios de simulación experimental (laboratorios, campo investigativo, museos o en la problemática real).

A todo lo señalado sobre las expresiones de precarización laboral docente, hay que añadir la suma de “evidenciología”, elaboración de documentos sin destino evidente, a los que se suman las horas de debate pedagógico entorno a los proyectos integradores de saberes, la práctica pre profesional docente, las interminables tutorías de titulación, las prácticas comunitarias o de servicio a la comunidad, de diseño o rediseño curricular, de investigación formativa o aplicada, de coordinaciones de área, de gestión de riesgos, de planificaciones académico-administrativas, en fin, lo que generan un cansancio académico improductivo que impide potenciar las capacidades acumuladas y enriquecidas durante años de formación, especialización y práctica profesionales.

A los docentes es más esforzado hacerse entender lo que pretenden comunicar puesto que el lenguaje corporal y los recursos histriónicos de los que normalmente hacen uso, han quedado de lado, solamente el cambio de tonalidad de la voz y una tenue gesticulación facial quedan como recursos de los cuales el docente hace uso al momento de una clase sincrónica, que al quedar grabada puede ser la única explicación que recibirá un estudiante. De igual forma, las tutorías demoran más en ser desarrolladas pues la explicación y la comunicación es menos efectiva que hacerlo de manera presencial.

Una situación en debate es, ¿estas circunstancias constituyen sobre carga laboral o precarización de derechos laborales en los docentes? Definitivamente, la objetiva sobre carga laboral conduce la vulneración de derechos y la concomitante precarización de su actividad laboral, independientemente de sus ingresos económicos, que actualmente y en educación virtual, deben orientarse a invertir dinero en generar ambientes de aprendizaje, mejorar tecnología y conectividad, contratar software y antivirus, entre otras nuevas condiciones que la “nueva normalidad” y la educación virtual demandan.

Entonces, cuando los docentes se preguntan ¿Qué cantidad y cuáles son los contenidos de las planificaciones micro curriculares que se deben descartar por esta coyuntura para lograr optimizar el tiempo? Asaltan unas preocupaciones, que se suman al creciente estrés, sobre la actividad que realizan y ¿Cómo es que evitan profundizar las desigualdades con los estudiantes que no tienen las mismas condiciones sociales y de comunicación que el resto de estudiantes que logran acceder a nuestras clases?

Hay que reflexionar sobre el tema de la flexibilidad académica con los estudiantes, que es un tema de solidaridad y humanismo. Sin embargo, este lineamiento académico docente de la flexibilidad, no debe asumirse como excusa de un sector de estudiantes para no atender o acudir a clases, más cuando las asistencias no son requisito para la promoción de semestre, así como delimitar el exceso de tareas y trabajos que envían los docentes, que a la postre significa más trabajo a los propios docentes. Una evidente pregunta es ¿de qué manera normar esta flexibilización académica sin que se constituya en abuso e irresponsabilidad estudiantil y docente? Y, la respuesta gira entorno a delimitar y normar esta flexibilidad que no significa ausencia de control y seguimiento.

La educación virtual en la educación superior (y, más aún, en la educación primaria y secundaria), actualmente ha sido implementada con total improvisación, con mediana planificación, capacitación integral y entendimiento sustantivo por parte de los docentes, estudiantes y servidores universitarios, lo que conlleva a generar diversas expresiones de insatisfacción frente a los niveles de alcance de logros académicos pertinentes con el perfil de egreso y profesional.

La sobre carga laboral docente es más evidente y se somete mas a los docentes a contrato por la inestabilidad e inseguridad laboral, que los ubica en situación de vulnerabilidad laboral frente a sus designadores y al sistema normativo que afectan sus derechos laborales y de organización. Los gremios deben crear espacios de organización para nuestros colegas a contrato, los docentes administrativos, ayudantes de cátedra y demás personal académico.

¿Qué hacer?

Lo primero es evaluar este escenario y asumir conciencia de esta realidad, que quiere ser liberada a gritos, que quiere ser denunciada con enfado e indignación por todos los docentes, pero que el sistema persecutor, represivo y punitivo de la normativa universitaria en Ecuador, limita a hacerlo plenamente.

Son precisamente los gremios y docentes representantes de los docentes ante los órganos colegiados de cogobierno, quienes deben levantar el proceso de consulta desde las bases y de denuncia de la realidad laboral docente.

Las implicaciones de una plena libertad de cátedra deben ser redimensionadas. No permitir la persecución a los docentes con el pretexto del control de las aulas virtuales. Ante lo cual, una vía podría ser la necesidad de estructurar instructivos de aplicación de la actividad docente, en los cuales se democraticen los diversos componentes que el Reglamento de Régimen Académico y el Reglamento de Escalafón del Docente universitario establecen, dando curso a la vigencia de la autonomía universitaria. Dichos cuerpos normativos de aplicación, deben ser elaborados desde las bases de los docentes, debatidos y avalados de forma que se constituyan en instrumentos de protección frente a la moderna esclavización docente.

Lo ideal sería la reforma o una nueva Ley orgánica de Educación Superior LOES, para lo cual, la FEPUPE y demás gremios nacionales universitarios serían los llamados a liderar ese proceso.

El rol de los docentes democráticos representantes del gremio debe elevar su condición para constituirse en referentes del debate, de la propuesta, de los procesos y acciones de lucha de hecho y de derecho, así, alcanzar reivindicaciones factibles, dándole victorias al movimiento de los docentes universitarios.

La educación híbrida, entendida como la complementariedad de la educación virtual con la educación presencial es una necesidad y, debe ser considerada, como el instrumento de transición frente a la nueva normalidad. Esta educación híbrida requiere ser demandada a las autoridades del COE universitario y del distrito metropolitano de Quito para su implementación con las medidas de contingencia y de bioseguridad pertinentes, lo que mejoraría y complementaria los esfuerzos académicos de los docentes y de los estudiantes

  

Boaventura de Sousa Santos (2017):

 “La tragedia de nuestro tiempo es que la dominación está unida y la resistencia está fragmentada” “Tiene que haber un cierto equilibrio entre miedo y esperanza porque el miedo sin esperanza es la desesperanza, es la parálisis, es la muerte. Y la esperanza sin miedo es un voluntarismo que puede ser también suicida. Entonces, hay que equilibrar eso. Pienso que estamos en una época en la que el miedo predomina sobre la esperanza. Este momento que podemos llamar un ciclo global reaccionario está en todo el mundo, comandado por el neoliberalismo global y está creando sobre todo un sentimiento de miedo en todos los que resisten.”

 

Entrevista a Hipatia:

 

De Sousa (2017) afirma que el sistema capitalista nos perdió el miedo; nos impusieron la cultura del silencio, la impotencia, la visión que no hay como cambiar nada, solo adaptarse y sobrevivir, el individualismo en toda su expresión.

 

Importantes reflexiones que realizó una docente a contrato de la Universidad Central del Ecuador, a quien llamaremos “Hipatia”, que con su autorización, transcribo sus criterios:

“Todos necesitamos desarrollar un sentido de identidad y pertenencia para nuestro desarrollo integral. Hoy esto ya no hay. Ciertos docentes ya no defienden ser de la UCE con orgullo, ya no se sienten parte y, por ello, no se comprometen, no dan más; mientras menos les pidan, mientras más tajada puedan tener, mientras les carguen los trabajos poco atractivos como vinculación con la sociedad a los de contrato. Estamos en una universidad de la “intelectualidad” y academicista, más pesa los que han publicado, escrito libros (aunque nadie sepa o los lean) y entramos en una vorágine de competir; por ello, todos lanzados a ello con lindas palabras y discursos, pero sin nueces. Es decir, una apología a la lucha social, desde el escritorio sin hacer trabajo de campo, sin comprometerse a levantar proyectos sólidos con visión social, que trasformen realidades o estando en las calles, es mejor ser científico o representante de escritorio porque me da más réditos y mejor estatus, es decir, nos metemos en esta competencia desleal y hasta enfermiza. La relación docente – estudiantes está muy débil a pretexto de los miedos por denuncias. Creo que, si construyes relaciones sólidas, con respeto, no deberías tener ese miedo, pero el discurso es un pretexto para no comprometerte. Me parece es el reflejo de la distancia abismal que hoy existe entre docentes y autoridades. Tenemos un Rector para afuera, sabe mucho de COVID, pruebas, de políticas nacionales, le invitan precisamente porque dice y no dice nada sin análisis crítico, sin comprometerse, solo ofreciendo a la Universidad para todo sin saber las consecuencias internas, en una precampaña personal. Exigir autoridades casa adentro que rindan cuentas no es que no pasa nada, no hay una defensa a la institución. No hay un compromiso para dentro, no hay una pelea por los recursos y el prestigio institucional. En un genograma institucional sería un padre ausente, al que se le conoce que existe, pero no se le siente, no hay una relación de identidad, de afecto, ni de respeto o reconocimiento, no está legitimada, y esto, se da también por las autoridades de Facultades y Carreras puestas a dedo y que no representan a nadie. Nos rompieron el debate ideológico político, nos llevaron a la aceptación, mediocridad, sumisión al poder establecido, la cultura del silencio y, si alguien dice algo, todos los poderes salen al ataque. Esa sería una buena pelea que las autoridades nuevamente sean elegidas en cada Carrera y Facultad que representen a su gente, que se retome el debate, que exista planes de trabajo para ser auditados, que se den veedurías de lo que está pasando. Hay que evitar la división entre docentes. Es increíble, Marx se moriría de nuevo al ver que en las universidades públicas, la lucha de clases está tan presente, ahora tenemos: los docentes investigadores; los docentes con mayores publicaciones científicas; los docentes con artículos científicos en revistas indexadas, los docentes PhD y se organizan, hacen sus grupos de sangre azul, que se sienten por sobre los demás mortales, a los cuales hay que darles privilegios en horarios, etc., por ser la crema innata de la sociedad universitaria. La lógica de Universidad del pueblo para el pueblo ya no hay, muchos docentes no se sienten pueblo, no se ven como parte de él, no reconocen sus raíces, no hay identidad de pueblo y, por eso, les cuesta, ven como un castigo el trabajo comunitario de vinculación. Hay un grupo de correístas muy fuerte en la Universidad que tienen y hace un trabajo político; siguen en instituciones públicas, con doble trabajo no hay una revisión de eso, hay complicidad desde las autoridades. Toca también ver el tema del rol de los auditores internos no están haciendo nada realmente. Hay que exigir y hacer veedurías a las autoridades sobre el uso de recursos en las facultades; veedurías a los directores de carreras y departamentales. Hay que pasar a la acción y participación. No podemos votar por ellos, pero si podemos ser vigilantes, actoría social, participación. La inacción, la comodidad y el silencio nos está matando. El primer trabajo es con los mismos docentes por un cambio de mentalidad, invitarles y comprometerlos a la acción, quieren esperar sentados que otros luchen por ellos y, luego, ni agradecen y critican. Muchos, ni en los momentos de votación son coherentes con quienes lograron reivindicaciones para ellos, igual pasa en los trabajadores. Las leyes y la Constitución nos dan varias alternativas de participación ciudadana; estudiarlas, socializarlas y levantar una estructura de participación, haciendo uso de ellas en el interior de la universidad. Hacer estudios, investigaciones de las consecuencias de las autoridades puestas a dedo y pedir cambios en la LOES. Crear espacios para compartir vivencias y hasta publicar como revistas virtuales, darles la palabra para que hablen sobre cómo se sienten y viven estos momentos con las condiciones actuales.”

Victor Alexis Sánchez Raza
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