Periodismo un oficio agencioso o de vocación

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En Ecuador, como en muchos otros países de la región, el periodismo puede ser oficio agencioso de muchos, aunque en realidad es vocación de pocos. La investigación, criticidad y rigurosidad en el tratamiento de la información no deben perder la batalla frente a un escenario copado por “celebridades”, “todólogos” y “jueces ad hoc” que, amparados en su “popularidad” más que en su credibilidad, han convertido sus espacios de visibilidad mediática en “tribunales de justicia” y “beneficencia comunitaria”.

Frente a esta disyuntiva, los buenos periodistas que todavía quedan en el país tienen en sus manos la arquitectura del relato social en tiempos de una compleja transición hacia lo incierto o, lo que es peor, hacia el pasado; más aún cuando luego de la década perdida el oficio de reproductor de discursos sabatinos perdió espacio en los medios de comunicación al servicio del Estado de propaganda; por otro que no visibilizó la brutalidad policiaca de octubre del 2019, ni escudriñó el trasfondo lumpen-subversivo de quienes –a modo de émulos de Abimael Guzmán- salieron ilesos jurídicamente pese al caos, la convulsión, el vandalismo y la delincuencia.

Aún lado quedó el periodismo servil, fabricante de una larga lista de réplicas y rectificaciones direccionadas por el Estado candidato para contar con publicidad gratuita en los medios de comunicación privados imponiendo su verdad al forcejeo, aunque unos pocos extrañen ese modus vivendi; lo cierto es que pese a todos los inconvenientes propios de la etapa actual que vive el país, la libertad de expresión ya no es una dádiva concedida por el beneplácito afrentoso del gobernante de turno.

Ahora nos encontramos ante un ineludible vendaval de posverdades, “verdades relativizadas” o “mentiras emotivas”, que generan más incertidumbres que certezas en la opinión pública y no solo a través del uso de los medios convencionales o los portales digitales. Aunque este escenario no englobe a todos, las redes sociales se han convertido en el espacio predilecto donde anidan los apoyos de periodistas agenciosos que buscan mantener y precautelar su puesto de trabajo en la administración pública, devengando su sueldo en la digitalidad bajo la consigna de que un comentario o una tendencia pueden devolver la respetabilidad a quien la perdió; desacreditando a otros, faltando a la realidad, y demostrando que viven en un mundo ficcional y paralelo.

Frente a esta bajeza al servicio de la desinformación. Los trabajos del periodismo crítico y de investigación que dieron vida a “El Gran Hermano”, “Arroz Verde”, “El Séptimo Rafael”, “Rehenes”, entre otros; se convierten en baluartes que dignifican una batalla constante contra las zancadillas del poder, la exculpación de quienes no creen en la democracia y los acuerdos contra-natura entre un sector de la clase política que busca silenciar la estela de corrupción que dejó la década pasada, a costa de cogobernar en el 2021.

La existencia de este periodismo asumido con vocación (no un oficio agencioso) y sentido de país es el que debemos celebrar cada 5 de enero y será la contundencia de sus investigaciones –como se ha demostrado hasta el momento- la que se mantendrá en la retina de los ciudadanos por sobre cualquier romanticismo convenido con tufo a encubrimiento.

Alfredo Espinosa Rodriguez

Magíster en Estudios Latinoamericanos, mención Política y Cultura. Licenciado en Comunicación Social. Analista en temas de comunicación y política.
Alfredo Espinosa Rodriguez