Leopoldo II, el más grande criminal

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Leopoldo II más grande criminal

Su nombre verdadero era Leopoldo Luis Felipe María Víctor de Sajonia-Coburgo-Gotha, nació en 1835 y tuvo la bondad de morirse en 1909.

Su país de origen era Bélgica, en ese entonces una potencia colonial que ejerció una de las más brutales dictaduras de la historia mundial. Se jactaba de ser el propietario de lo que hoy es la República Democrática del Congo. Era él el ´propietario´, mas no el país belga, y lo hizo a través de una jugarreta jurídica disfrazada de sociedad de beneficencia.

La expoliación inició con una primera expedición en búsqueda de materias primas necesarias para la expansión de su revolución industrial. El Congo era un país donde a su tiempo pusieron sus manos Inglaterra, Francia, Alemania y Portugal. Pero antes de ello ya estos países se habían dedicado al secuestro y venta de millones de hombres y mujeres negros para venderlos a lo largo del mundo.

Las intervenciones militares al Congo se justificaban como expediciones civilizadoras ´de pobladas ignorantes´ y como ´guerra humanitaria contra los esclavistas árabes´. Los destacamentos extranjeros sometieron a la población nativa a las más humillantes condiciones de explotación en forma de portadores de cargas, trabajos forzados y masacres. Los muertos se cuentan por centenas de miles, quizá millones, según informa el sitio Rebelión.

El hecho de ser un país tan rico significó más bien una desgracia. En la era de la explotación del caucho, Leopoldo sacrificó la libertad y la vida de millones de nativos mientras el acrecentaba sus cada vez mayores riquezas. El territorio bajo control del déspota belga alcanzaba los dos millones y medio de kilómetros y ahora se sabe que no menos de 12 millones de personas perdieron la vida en ese tiempo como víctimas directas de la explotación y de la acción paramilitar de blancos que cuidaban las empresas europeas concesionarias de minas y plantaciones.

Mientras tanto las enfermedades asolaron el territorio. La enfermedad del sueño, la viruela, la gripe porcina, la disentería amebiana y las enfermedades venéreas devastaron las poblaciones indígenas y disminuyeron la tasa de natalidad. La brutalidad más documentada, incluso fotográficamente, es la extirpación de las manos a los trabajadores que no cumplían su cuota de caucho. Igual, si no cumplían las extenuantes exigencias, no se les devolvía sus mujeres, niños o ancianos que habían sido secuestrados.

El marfil, el caucho, los diamantes, la madera, el algodón, el cobre, fueron las riquezas congoleñas explotadas por los colonialistas belgas, al mando de las cuales estuvo el temible Leopoldo que al morir las dejó en manos de la realeza belga que hoy las administra con cierto control del Estado.

La rebelión de las poblaciones negras tiene su historia y su explicación.

Marco Villarruel
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