Las revelaciones del COVID19

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Estados e instituciones fallidas frente a la crisis sanitaria provocada por la pandemia del Covid19. La economía y su sistema imperante herido de gravedad, aunque no muerto por completo. Fake News que buscan avivar una crisis social mayor a la actual. Ciudadanos que no autogobiernan su sentido común y salen a las calles conscientes de ser portadores del virus o sospechosos de tenerlo, violando todo tipo de restricción. ¡Sí, esto es Ecuador!

Hobbes tenía razón. ¡El hombre es lobo del hombre! Y ese es el virus más peligroso. ¿Un mal vaticino? No, una revelación cuyo rostro se muestra con facilidad conforme pasan los días, pues la pandemia quebró nuestra sensible convivencia pacífica, pero también ética –lacerada por otras pestes como la corrupción, el autoritarismo, el populismo y la demagogia– y dejó que en medio de este salvajismo moderno la supervivencia de los más aptos –como sostendría el darwinismo social– se convierta en la proliferación violenta del desenfreno y el utilitarismo.

La pandemia reveló también el duro trajinar de los comerciantes informales. Padres y madres de familia que tienen que salir a las calles a buscar el sustento en medio de la crisis sanitaria, con el propósito de alimentar a los suyos. Por ello se resisten a los ordenamientos de la gubernamentalidad. ¿La salida a las calles de estas personas es un problema ético? ¡En lo absoluto! Quienes sobreviven en la informalidad extrema desentonan con el paisaje turístico publicitado por las autoridades de las grandes urbes. Ahora esa realidad a la que muchos no querían ver, por ser vergonzante, se ha vuelto a visibilizar.

Asimismo, la crisis evidenció la importancia del trabajo de aquellas personas en-cubiertas por la dinámica de la cotidianidad. Personal de aseo, repartidores, farmacéuticos, tenderos y pequeños comerciantes de alimentos que en más de veinte días de cuarentena han abastecido las despensas y botiquines de la mayoría de hogares. ¡Y cómo olvidar el trabajo del personal de las distintas casas de salud! Médicos, enfermeras, camilleros, administrativos que pese a la falta notoria de recursos intentan salvar vidas arriesgando la suya.

Lástima que malos funcionarios públicos de alto rango –socialistas herederos del correísmo verde flex– empañen este trabajo, por su apetito voraz hacia las compras públicas con sobreprecio y, más aún, que simulen amnesia cuando son descubiertos como pillastres. ¡Sí, la pandemia ratificó la incompetencia y cinismo histórico de estos funcionarios, acuñado en lo más sórdido de la izquierda burocrática y farandulera!

¿Dónde están la credibilidad, la confianza pública en los gobernantes y la democracia? Abandonadas en las calles de los suburbios al igual que las decenas de cadáveres que todavía esperan ser enterrados y junto con ellos, cualquier perorata de la mala política  como el aplazamiento de las elecciones y la prórroga en la entrega del poder, la cual por benevolente y humana que parezca, no es más que otra manifestación de quienes se aferran con uñas y dientes a la idea del “tiempo extra” para decir a la opinión pública que son eficientes.

Más allá de estas trafasías, a nadie le queda duda que el mundo – en todo el sentido de la palabra – no será el mismo. Estamos hoy, más que nunca, obligados a reinventarlo y reinventarnos con él. Estableciendo acuerdos mínimos que nos permitan alcanzar un nuevo y más sólido pacto social por la paz, la naturaleza y el bienestar individual y colectivo de la humanidad.

¡Ecuador no es ajeno a esta encrucijada, todavía estamos a tiempo!

Alfredo Espinosa Rodriguez

Magíster en Estudios Latinoamericanos, mención Política y Cultura. Licenciado en Comunicación Social. Analista en temas de comunicación y política.
Alfredo Espinosa Rodriguez