Las personas genéticamente modificadas ya están entre nosotros

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Para los investigadores genéticos el debate ético ha sido un obstáculo superable, que no les ha impedido realizar desarrollos que avizoran cambios genéticos transmisibles entre generaciones, cuyas consecuencias no están en capacidad de controlar, ni siquiera prevenir. La humanidad está al margen de este debate.

 

Ha inicios de este siglo buena parte de los investigadores sobre genética sostenían que hablar de “personas genéticamente modificadas” era prácticamente un sueño irrealizable, y viviendo como dicen vivir, dentro de los límites de la investigación científica y lo realizable, eludían discutir la posibilidad.  Ahora esa es una realidad.

Pues bien, en octubre de 2018 ya nacieron dos niñas cuyos genes fueron modificados para que eviten ser contagiados del VIH-SIDA, de hecho aparentemente habría una tercera criatura genéticamente modificada nacida  por esas mismas fechas.  Las dos niñas son gemelas, Nana y Lulu.  No se conoce el paradero de los tres niños ni su condición de salud.

El óvulo de la madre fue fecundado “in vitro” por el espermatozoide de su padre, un hombre portador de VIH, luego el embrión fue intervenido por la denominada “tijera molecular” que introdujo un cambio en un gen del embrión.  Luego este fue implantado en el útero materno, para luego llegar a término y nacer.

En octubre 2020, los niños con dos años de vida, no tienen la culpa de nada y un futuro incierto, pero, igual que lo fue la oveja “Dolly” serán el centro de atención toda su vida.  Este tema pasó desapercibido en Ecuador, lo traigo a colación porque es algo que nos atañe a todos, aunque en la realidad, solo unos pocos conocen a fondo el tema y menos todavía son los que realmente deciden, a nombre de toda la humanidad.

Mientras el mundo sigue discutiendo sobre la conveniencia o no de cultivar, producir y consumir alimentos genéticamente modificados y todavía no hay acuerdo sobre ello y menos sobre si se debe seguir ese camino, otros nos han dejado en esa discusión y siguen sus desarrollos, sin tomar en cuenta ni las consecuencias de sus actos, mucho menos nuestra opinión.

 

Para entender

El Proyecto del Genoma Humano dio a conocer en el 2003 la secuencia de genes del Homo Sapiens, fue un esfuerzo internacional para determinar la estructura del ADN de los 23 pares de cromosomas que todos los seres humanos tenemos.  Un trabajo ambicioso si se conoce que esos cromosomas abarcan unos 25000 genes, cada uno con su propia estructura, orden y relación con otros genes, que dan paso a la formación de proteínas que, finalmente, son las que posibilitan que el cuerpo humano se forme y haga lo que hace.  En pocas palabras los genes contienen la serie de ordenes, los algoritmos para la “creación” de una persona.

En el año 2004 se publicó un artículo científico que dio a conocer que el gen CCR5 produce cierta proteína que el virus del VIH utiliza para introducirse en la célula y reproducirse.

Por otro lado, por los años 2012 se conoció que algunos científicos habían desarrollado una técnica que permite “editar” los genes -al parecer tan fácil como copy&paste en la computadora-, conocida como CRISPR, lo cual, conociendo la secuencia de genes y la función de cada uno, abre enormes posibilidades de intervenir en la forma en que los seres humanos, incluso la vida en su conjunto, se desarrolla, pues también se ha secuenciado los genes de múltiples formas de vida de todos los reinos.

Finalmente, los experimentos y aplicaciones tecnológicas, se entiende, se guían y tienen como límite la ética, que en el ámbito médico tiene origen en el “Código de ética médica de Núremberg” que se ha actualizado en nuevas normas para enfrentar los casos acorde al actual desarrollo científico-tecnológico.

Las personas genéticamente modificadas ya están entre nosotros

Los hechos

He Jiankui, el científico que llevó adelante las acciones que dieron como resultado el nacimiento de los niños, dio a conocer el resultado de su experiencia en la Segunda Cumbre sobre edición del genoma humano realizado en noviembre de 2018 en la Universidad de Hong Kong, evento al que concurrió “urgentemente”, la señora Jennifer Doudna, autoridad mundial sobre experimentos con CRISPR, a enterarse sobre lo que hizo su colega que se ha ganado tres años de cárcel, medio millón de dólares en multas, pérdida de empleo, sin embargo de lo cual, fue ubicado entre los diez científicos más importantes del mundo en el año 2018.

Esto debería traer muchas reflexiones éticas no solo a los científicos sino a la humanidad en su conjunto, teniendo en cuenta las capacidades actuales que el desarrollo científico-técnico ha alcanzado y las futuras que tendrá y se avizoran.  Se puede advertir que las controversias de esta naturaleza no impiden que se siga en ese camino pues, evidentemente se ha avanzado en investigaciones sobre la edición del genoma humano, yo diría sin el permiso de la humanidad, lo cual es grave.

En agosto de 2020 un “Comité Internacional sobre el Uso Clínico de la Edición del Genoma de la Línea Germinal Humana” publicó sus opiniones sobre estos hechos que han sido calificados de antiéticos, peligrosos y prematuros por otros sectores.  El comité ha “llegado a la conclusión de que los métodos de edición de genes, a pesar de las mejoras sustanciales, aún están lejos de estar lo suficientemente maduros como para introducir, de manera segura, modificaciones hereditarias del ADN en embriones humanos.”, según lo recoge la revista Science, lo cual de por sí mismo es muy preocupante, pues claramente nos dice que más adelante, cuando la técnica se haya desarrollado, no habrá inconveniente.  Posición cuestionable pues la humanidad todavía no ha discutido sobre si acepta o no que sus genes sean editados.

Este Comité divide las posibles aplicaciones de la edición del genoma humano en seis niveles que van desde “corregir” la condición genética para evitar que, por ejemplo, un bebe nazca con una enfermedad genética, para lo cual la intervención debería ser para desactivar el gen involucrado; luego estarían las enfermedades genéticas que podrían corregirse editando el gen correspondiente del genoma del paciente; para terminar en los niveles en los que la edición sea para “mejorar” como aumentar la fuerza, la estatura, etc.  A criterio de este comité a cada uno de estos niveles corresponde una reflexión ética diferente.

 

¿No existen límites?

La discusión actual de los investigadores tiene relación con los aspectos éticos, pero la verdad es que se centra en la oportunidad, es decir, en que todavía no es el momento, por ello y sus implicaciones, Doudna plantea a la comunidad científica una pausa para reflexionar. Se sostiene que CRISPR, siendo una tecnología avanzada, todavía no está suficientemente desarrollada como para garantizar que no haya resultados “fuera del objetivo”, es decir, volviendo al caso de las gemelas, que en efecto eviten que se contagien de VIH, pero también, como un resultado no esperado, afecten otros aspectos de la vida del paciente.  En este caso algunos entendidos sostienen que las gemelas tienen pocas posibilidades de alcanzar una vida larga, mientras otros dicen que el gen CCR5 tiene relación con el nivel de inteligencia, anticipando que los niños genéticamente modificados serán muy inteligentes, mientras otros sostienen que la proteína que se inhibe seguramente tiene alguna función en algún otro proceso biológico de los niños, que, consecuentemente también será afectado.

Lo terrible, es que, si las modificaciones son indeseables, estas se transmitirán a las futuras generaciones, por ello la grave preocupación sobre la “edición hereditaria del genoma humano”.  Es decir, una cosa es que la afectación en bien o en mal de la edición del genoma sea a una sola persona y otra que esa edición sea transmitidas a las futuras generaciones.  La denominada reacción en cadena, anticipada por varios científicos en el 2015, ahora es una real posibilidad.  Es posible que una modificación genética se mantenga activa y se transmita a nuevas generaciones.  Los tres niños transmitirán a su descendencia sus modificaciones genéticas.

Este Comité se hace eco de algunas posiciones de investigadores que, como solución, plantean que ante tal riesgo la salida podría ser eliminar la producción de espermatozoides u óvulos y de esa manera evitar que haya descendencia.  ¿Acaso este no es otro problema ético?

Todo lo anterior lleva discusiones éticas de difícil solución.  Por ejemplo PCSK9 y ANGPTL3 son dos genes involucrados en el metabolismo del colesterol y los tenemos los humanos y también los monos.  Se han llevado a cabo experimentos exitosos en monos en los que el nivel de colesterol malo se reduce bloqueando el gen PCSK9. La expectativa es generar tratamientos genéticos aplicados a humanos para reducir el nivel de colesterol y con ello las muertes por enfermedades cardiovasculares. Pero visto desde el contexto de la sociedad humana, fácilmente se puede advertir que este tipo de enfermedades tienen directa relación con el estilo de vida consumista actual, por tanto, una salida más adecuada sería mejorar esos estilos de vida.  Evidentemente, tras de estos adelantos está la voracidad económica de los grandes laboratorios farmacéuticos.

Ya se dio el primer paso, el que hacía falta dar, el que hasta antes de He Jiankui ningún científico se atrevía -en realidad buena parte de ellos esperaban a que alguien se anime-, ahora, como ya anticipan muchos, se generará un mercado negro de modificaciones genéticas que, de hecho ya inició a fines del siglo anterior con los experimentos de un médico italo-norteamericano. Habrá toda una feria de ofertas económicas para conseguir la mutación genética ideal para quien tenga dinero para pagarla. Esto en el mercado negro, pero en el normal la competencia por patentar es sórdida y multimillonaria, tanto para registrar las propias patentes como para impedir que otros lo hagan.

En palabras de Doudna, se traspasó la línea roja y ya no hay marcha atrás.

Y es que es así, en Estados Unidos una empresa está haciendo desarrollos con CRISPR para realizar modificaciones genéticas en pacientes ciegos.  En España se dio luz verde a una investigación con embriones humanos, la diferencia con el trabajo realizado por He es que los embriones serán desechados al finalizar la investigación.

Es criticable que los investigadores genéticos no estén de acuerdo con los experimentos de He Jiankui tan solo porque “todavía no es seguro”, cuando lo trascendente es que los avances que están en capacidad de realizar la investigación deben tener límites de acuerdo a las propias concepciones que tiene la humanidad sobre diversos temas. Así, en Biomedicina no se debería ir más allá del conocimiento profundo de la Biología, pero definitivamente anular las posibilidades de “editar” el código genético, fruto de la evolución, con miles de “errores”, pero que debe seguir su propio proceso evolutivo, sin la injerencia humana.  Es mi posición.

Cierto que parte de esos “errores” generan muchas dolencias, molestias y sufrimiento a personas concretas, la medicina debe paliarlas y en la medida de lo posible, solucionarlas, sin incidir en su genética.

Son conceptos que se deben debatir, profundizar y definir para convertirse en guía para la humanidad, incluido para los investigadores en genética y los laboratorios comerciantes de estas tecnologías.  Sin embargo, hay que ser realistas, el “imperativo tecnológico” que empuja a avanzar en su desarrollo sin freno alguno sigue su camino, solo limitado por los recursos económicos, no por la ética, y aupado por las grandes inversiones que persiguen enormes ganancias, encontrando salidas a los posibles cuestionamientos éticos.

Henry Izurieta
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