La universidad en el combate revolucionario a la derechización y el fascismo

publicado en: Opinión | 0

La universidad en el combate revolucionario a la derechización y el fascismo

 

El fracaso de los gobiernos “progresistas” en América Latina, el anhelo de cambio de los pueblos expresada en elecciones, conducen al ascenso del poder e influencia de la derecha y su política neoliberal. En casos como el de Brasil, el gobierno de Bolsonaro promueve un proyecto de extrema derecha, con claros contenidos fascistas, nacionalistas, xenofobia, racismo, dogmatismo religioso y desprecio a la diversidad.

A finales de los años 90, las propuestas electorales de estos gobiernos autodenominados alternativos o “socialistas del siglo XXI” a nombre de la izquierda, recogieron buena parte de las aspiraciones de los sectores empobrecidos: programas democráticos y soberanos, reformas constitucionales que buscaban ampliar la consecución de derechos postergados, asistencia social y atención a sectores estratégicos, entre otras, fueron acogidas en el seno del movimiento popular.

Todo esto con una sistemática utilización del discurso y retórica social, disfrazada de izquierda, pintada de “revolución”, opuesta a la oligarquía, a la derecha y al imperialismo. Estos gobiernos reivindicaron el anhelo de cambio de los pueblos, inclusive cumplieron en sus inicios algunas propuestas de campaña recibiendo, como consecuencia, el apoyo electoral en distintos periodos y procesos electorales.

Más de una década después, la mayoría de esos gobiernos, como consecuencia de sus límites ideológicos y políticos, de sus acciones para no trastocar las estructuras del sistema capitalista y quedarse solamente con reformas, terminaron con el rechazo popular por su renuncia a los proclamados proyectos patrióticos. Se doblegaron con facilidad ante los intereses de los grupos económicos, gobernaron con ellos, favorecieron a empresarios y banqueros, a los monopolios internacionales.

Hoy, ex presidentes, funcionarios gubernamentales, adeptos políticos y hasta familiares, están siendo procesados jurídicamente por el cometimiento de delitos relacionados con escandalosos actos de corrupción. Miles de millones de dólares, patrimonio de los pueblos, fueron a parar a paraísos fiscales y cuentas personales. Varios de los ex dignatarios se encuentran presos, otros han sido sentenciados y una buena parte ha huido de la justicia.

En general, las posiciones de izquierda en el continente, fueron afectadas. En el imaginario de las masas, está presente la idea de que la derrota de los gobiernos progresistas, los actos de corrupción, es la derrota de la izquierda, del comunismo, de la revolución.

Surgen entonces respuestas que apuntan a maquillar las contradicciones irresolubles del capitalismo, deslegitimando la acción de las organizaciones de izquierda, posicionando nuevos referentes de la política regional y beneficiando a los partidos de la derecha.

Los estudiantes universitarios no han permanecido aislados de esa realidad, ni de la ofensiva ideológica que se efectúa desde los espacios de poder, desde los medios de comunicación y más aún desde la academia. Son víctimas permanentes del discurso anticomunista, de la influencia de grupos anarquistas y fascistas que intentan incidir de una u otra forma en el escenario político.

 

Nuestra lucha en las aulas universitarias

La Universidad es parte de la superestructura de la sociedad, por lo tanto su función es reproducir profesionales con ideas de las clases dominantes, en este caso del capitalismo.

La burguesía en su desarrollo como clase dominante, por sus intereses económicos, políticos y sociales liquidó las políticas y formas jurídicas de la sociedad feudal, las universidades fueron las fábricas de producción del conocimiento que acompañaron el proceso de eliminación de los antiguos prejuicios ligados a la religión. A medida que la burguesía fue asumiendo su papel de clase dominante, asumió también su condición de clase reaccionaria y explotadora para mantener su control sobre el poder y Estado capitalista. Las universidades, como parte de la superestructura, como instrumento de producción ideológica, también sostuvieron en su organización y funciones, múltiples concepciones reaccionarias.

Las universidades como parte de la sociedad, también tiene expresiones de la lucha de clases, debemos ver a las universidades como instituciones educativas son parte de la superestructura de la sociedad.

La FEUE, organización social con posiciones de izquierda, consecuente con los trabajadores y los pueblos, que son los que financian la existencia de las universidades públicas, además de  cuestionar el sistema social y el sistema educativo, ha impulsado propuestas democráticas y patrióticas en la educación, ha impulsado acciones contra los gobiernos que han pretendido ponerlas al servicio de la burguesía. Ha defendido la soberanía del país enfrentando las acciones violentas de las dictaduras y gobiernos civiles autoritarios.

A pesar de la persecución y asesinato de dirigentes estudiantiles como Milton Reyes, del amedrentamiento mediante sanciones y expulsiones de nuestros referentes estudiantiles y gremiales como en los casos de los 3 de Cotopaxi, 10 de Luluncoto o la judicialización de la protesta social como en el caso de Marcelo Rivera ex presidente nacional, la FEUE se consolida como una organización referente en la defensa de los derechos de los explotados.

En el 2019 celebramos 101 años de la reforma de Córdoba donde se inició el movimiento estudiantil que promovió la reforma universitaria y que culminaría con el otorgamiento de la autonomía para la universidad cordobesa. Como todos sabemos, este movimiento se extendería a la mayor parte de las universidades públicas latinoamericanas. Hoy en día la autonomía universitaria no existe, constituye para muchas de estas casas de estudios, un principio de lucha por: docencia e investigación, así como extensión y difusión de la investigación y el conocimiento. En los casi 101 años que han pasado desde el movimiento de Córdoba, el mundo, las sociedades latinoamericanas y las propias universidades han experimentado grandes cambios.

El movimiento estudiantil ha protagonizado históricamente innumerables combates, uno de los más importantes se produjo el 29 de mayo de 1969, en el que un grupo de jóvenes se tomó las instalaciones de la Casona Universitaria en la ciudad de Guayaquil, en exigencia del libre ingreso a las universidades. En aquel entonces el Ecuador era gobernado por Velasco Ibarra, quien mandó a desalojarlos con brutal represión, echándolos a bala por comandos paracaidistas del ejército y los llamados “carabineros”, provocando una masacre que terminó con la vida de más de 30 jóvenes bachilleres que fueron enterrados en una fosa común, la prisión y tortura para más de 140 estudiantes.

Esa lucha permitió que la juventud conquiste el derecho a ingresar libremente a estudiar en las universidades, derecho trastocado por la imposición de la Ley Orgánica de Educación Superior.

Este valeroso acto fue conmemorado en la realización del Encuentro Nacional de Estudiantes, efectuado en la Universidad de Guayaquil, donde delegaciones de estudiantes secundarios y universitarios de todo el país se dieron cita para rendir homenaje a los actores de este hecho histórico y discutir la perspectiva del movimiento estudiantil en la presente etapa.

En el año2011 se impuso la LOES limitando la autonomía, el cogobierno y la democracia, con la finalidad de ejercer un control político sobre el sistema universitario y funcionalizarlo a los intereses del gobierno de Rafael Correa; se creó la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (SENESCYT) como organismo rector de la política pública, el Consejo de Educación Superior (CES) y el Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (CEAACES). Estos organismos fueron dirigidos por supuestos académicos vinculados y se constituyeron en instrumentos de presión y chantaje a los rectores, quienes por temor e intereses personales terminaron sometidos a la política oficialista.

Con la LOES, en la Universidad ecuatoriana se mutiló la elección universal de autoridades y se institucionalizó la prepotencia y el autoritarismo, replicados por los rectores decanos, directores de carrera. Durante el correísmo se intentó doblegar el espíritu democrático y crítico de la Universidad ecuatoriana por medio de cuestionados procesos de intervención que han culminado en cuantiosos actos de corrupción y sin mejoras notorias.

La década correísta concibió a la universidad como un claustro en donde se pretendió impedir el debate y el conocimiento sobre los problemas del país, es decir sin pensamiento, sin reflexión ni decisión. Un grupo privilegiado de tecnócratas determinó lo que suponía era lo más conveniente en materia educativa; la categorización fue utilizada como arma psicológica para desmoralizar, mecanizar la razón y obligar a la comunidad universitaria a que acepte por sí sola su propio fracaso.

Se negó el acceso a la educación superior a cientos de miles de jóvenes de los sectores populares; se recortaron y limitaron las acciones del cogobierno, la representación estudiantil y de los gremios de trabajadores y docentes. Se impuso la universidad elitista, represiva, mediocre.  Se retrocedió décadas en la educación superior.

Durante esta etapa la FEUE presentó reformas a las LOES en cuatro ocasiones. En una de ellas se recogieron más de 40 mil firmas de respaldo de la comunidad universitaria. El último proyecto de reforma de la Ley Orgánica de Educación Superior del año 2017 la FEUE y los otros estamentos universitarios propusieron 50 reformas. Con la movilización en varias provincias se logró que se recojan 14 propuestas que contienen cambios importantes.

Sin embargo, está pendiente de recuperación del papel histórico de la universidad al servicio de la juventud, los trabajadores y los pueblos. Es urgente reflexionar entre los actores, gremios nacionales y locales, estudiantes, docentes, trabajadores, empleados y autoridades sobre la universidad que tenemos y la universidad que queremos.

El objetivo es reconquistar los derechos y principios del movimiento estudiantil para el desarrollo en la educación superior. Es vital la exigencia por una universidad pública, democrática, gratuita, con autonomía y cogobierno, con libre ingreso, con presupuesto de calidad y al servicio de los pueblos. La lucha es por erradicar las prácticas y concepciones que dejó el correísmo en más de diez años de autoritarismo y prepotencia.

El desenmascaramiento de la corrupción existente al interior de las universidades es otra de las batallas del movimiento estudiantil. La venta de cupos, las irregularidades en concursos de méritos y oposición, el manejo inadecuado de fondos públicos, la falsificación de documentos habilitantes para participar como candidatos a rectores y vicerrectores, entre otros casos, lo que permite motivar la movilización de la juventud estudiosa y permiten que ésta pierda el miedo a asumir su responsabilidad histórica.

El movimiento de mujeres universitarias va tomando fuerza, la organización y solidaridad ayudan a perder el miedo a los acosadores, la de movilización de masas en la Universidad Central por ejemplo, ha hecho que las autoridades tomen cartas en el asunto y sancionen a los acosadores. Esta experiencia de lucha en la UCE, permitió que más de 500 mujeres universitarias de diez universidades, se reúnan en el I Encuentro Nacional de Mujeres Universitarias que trazó líneas de lucha para defender los derechos de quienes hoy conforman la mayor parte de la población estudiantil a nivel nacional.

La recomposición de la derecha no significa la consolidación del fascismo

En el gobierno de Lenin Moreno crece el descontento y la inconformidad de las masas populares por las medidas económicas que benefician, cada vez más, a los grandes empresarios y a la derecha ecuatoriana.

La aplicación irrestricta de la receta neoliberal pactada con el Fondo Monetario Internacional exige la realización de reformas laborales y tributarias, la privatización de las empresas públicas camufladas de “concesiones”, el “achicamiento del Estado” mediante la desvinculación masiva de servidores públicos con nombramiento, la reducción presupuestaria en los sectores de la salud y educación, el permanente riesgo en el que se  encuentran los fondos que pertenecen a los aportantes y jubilados del IESS son la tónica que marca la recomposición de la derecha al interior del gobierno.

A pesar de esa incidencia, los principales cuadros de la oligarquía no han logrado capitalizar el descontento de la mayoría de la población (como lo reflejan los resultados de las elecciones seccionales del 24 de marzo del 2019), donde se manifestó una importante recuperación de la base social de los partidos y organizaciones democráticas y de izquierda como la Unidad Popular y Pachakutik.

Este escenario político consolida a un segmento de la derecha en el gobierno y una importante recuperación de sus fuerzas, lo cual no significa de modo alguno, que sea la expresión del fascismo.

Para que ello ocurra es necesaria la hegemonía del capital bancario y financiero sobre el resto de la economía, la consolidación del capitalismo imperialista, es decir, el capitalismo monopolista de Estado. Es necesario encuadrar a toda la sociedad asegurando la dirección de la fuerza de trabajo y la eliminación física de la oposición. Los fascistas históricamente tienden a consolidar una sola ideología como predominante, mediante la extinción de otras formas de organización política y la construcción del partido único. Ponen como principal blanco a la izquierda, al marxismo leninismo y a sus organizaciones de masas.

En el fascismo, el liderazgo se consolida en la figura del jefe y en la magnificación de su personalidad, de su autoridad única e irrefutable del Estado. Todo esto bajo el cobijo de profundos conceptos nacionalistas que enaltecen falsos valores patrios y aportan a la formación de grupos paramilitares que persiguen y castigan a los opositores.

 

Trabajamos para elevar el nivel teórico de las organizaciones y retomar la lucha popular

Es necesario elevar el nivel teórico del movimiento estudiantil, de la militancia revolucionaria, para confrontar adecuadamente desde las universidades la lucha ideológica. Debemos esclarecer que es el fascismo, porque se origina, como actúa, que elementos ideológicos, políticos y orgánicos contiene.

Es responsabilidad de los revolucionarios aclarar esto en las masas. Al no hacerlo se puede confundir a los gobiernos autoritarios con dictaduras, a los gobiernos prepotentes con fascismo. Crear falsos conceptos puede resultar muy peligroso en el imaginario de las masas.

Tener claro que no toda derechización de los gobiernos significa fascismo. Por lo dicho anteriormente, el fascismo es también consecuencia de las contradicciones existentes en el seno de la burguesía más reaccionaria, como lo dice Dimitrov, es la burguesía terrorista.

Parte del combate al fascismo es luchar contra las medidas de la burguesía, luchar por los derechos del pueblo, luchar por el poder, pues solo desde allí se resolverán los problemas que enfrenta en el capitalismo.

En las universidades es imprescindible el debate y la aplicación de la “Educación para la emancipación” como un instrumento teórico para alcanzar la educación democrática, patriótica, revolucionaria, para formar un perfil universitario íntimamente ligado a la comunidad, desde la práctica social. Se debe confrontar las ideas del postmodernismo, los conceptos reaccionarios de la educación, elaborar y desarrollar el método científico como alternativa a todas las corrientes idealistas, antidemocráticas y anticomunistas.

Enfrentar a la derecha y las políticas neoliberales en el Ecuador significa, preparar de manera corajuda y decidida, la realización de la Huelga Nacional convocada por el Frente Unitario de Trabajadores y el Frente Popular, desechando las posiciones divisionistas expresadas en los dirigentes correístas y pro gobiernistas dentro del movimiento sindical, inclusive en el movimiento estudiantil universitario.

Debemos consolidar los procesos unitarios, entendiendo que la unidad no es lineal, no se desarrolla siempre en permanente ascenso y no es absoluta. En momentos se forjará en medio de la lucha por reivindicaciones aisladas, concretas, locales y en momentos se tornarán en jornadas generales de agitación y organización. Esto, en el movimiento estudiantil, parte desde las reivindicaciones propias del aula, de cada una de las carreras, facultades y universidades.

Luchar contra la derecha es defender los derechos de las mujeres que son presa del Estado patriarcal, de las prácticas cada vez más machistas y violentas contra sus derechos y exigencias, siendo cada vez más visibles los casos de acoso y abuso que a diario existen en la sociedad y con mayor evidencia en las aulas universitarias.

Es necesario apretar el paso en la afirmación de la relación de las organizaciones políticas y sociales, con las masas universitarias. Para llevar a las masas a la lucha decisiva, es necesario que éstas se encuentra organizadas, atraídas por las posiciones democráticas y de avanzada, por ello debemos trabajar constantemente por los intereses colectivos, de las necesidades irresueltas, de las aspiraciones mediatas e inmediatas.

La tarea que corresponde a los revolucionarios, a las organizaciones de masas, a los gremios democráticos. Jugar el rol de vanguardia hoy requiere de un profundo análisis y dé respuestas objetivas, claras respecto al escenario coyuntural. El movimiento estudiantil universitario puede y debe convertirse en un factor importantísimo en la lucha por el cambio, por la transformación de la sociedad.

Concientizar, agitar y movilizar a las amplias masas juveniles universitarias, es una tarea de todas las organizaciones revolucionarias a nivel continental. Para ello debemos también incidir y planificar de mejor manera la participación de las representaciones democráticas y revolucionarias en las organizaciones internacionales de estudiantes, en los gremios nacionales y locales.

 

Siguenos

Revista Rupturas

Revista Rupturas, opinión, análisis político e investigación
Revista Rupturas
Siguenos