La política de las alcachofas

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Las verdaderas intenciones de un viaje misterioso

la politica de las alcachofas

La reapertura de las oficinas de USAID (Agencia para el Desarrollo de los Estados Unidos) demostró la excelente relación que mantienen los gobiernos de Lenín Moreno y Donald Trump. De hecho, USAID es un emblema de la presencia norteamericana en el mundo tanto por su apoyo a programas de desarrollo pero principalmente por su injerencia en las políticas nacionales de los estados. Para este efecto, Bonnie Glick, administradora de este organismo, llegó a Quito a revisar las oficinas que se instalarán en el bunker que funciona como embajada en la avenida Eloy Alfaro. Se prevé que al inicio invertirá 5 millones de dólares para “fortalecer la democracia y la gobernanza”, es decir en la política interna.

En junio del 2018, Mike Pence, vicepresidente de los EEUU, estuvo en el Ecuador para acelerar el deshielo diplomático propiciado por Moreno. Con este motivo se firmaron acuerdos de entendimiento para la protección del patrimonio cultural del Ecuador, apoyo para la enseñanza de inglés con los voluntarios del polémico Cuerpo de Paz, intercambio de información sobre temas de seguridad y el restablecimiento de la cooperación sobre Asuntos Antinarcóticos, temas que se repetirán en febrero del 2020.

En julio, Mike Pompeo, Secretario de Estado norteamericano, visitó Guayaquil y ofreció 30 millones de dólares para atender a los migrantes venezolanos, luego felicitó a Lenin Moreno por la posición de condena militante a Nicolás Maduro. También resaltó la lucha contra de la corrupción del gobierno de Correa y ofreció devolver el dinero que está en los bancos norteamericanos al pueblo ecuatoriano “porque le pertenece”, aunque nada dijo de los corruptos asilados en su país. En otras palabras, un auténtico coqueteo internacional.

Una visita improductiva

El 12 de febrero del 2020, Lenin Moreno, presidente del Ecuador, realizó una polémica visita al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Funcionarios oficiales afirman que se la venía preparando desde hace tiempo, incluso que se habían adelantado algunos alcances comerciales. Pero la extraña renuncia de Fernando Carrión a la embajada del Ecuador, así como la inesperada llegada de Ivonne Baki, apresuraron los plazos. Trump tuvo a bien recibir a Moreno durante 17 minutos, ya que su agenda no daba para más. La ceremonia fue breve y no se firmó ningún documento trascendental, más parecía un acto protocolario de compromiso como se hace con las republiquitas pequeñas cuyos presidentes desean saludar al hombre más poderoso del mundo.

Moreno dijo que la visita oficial tenía como propósito abrir mercados, protegiendo a los campesinos e industriales, así de ambiguo e impreciso. Incluso menos ambicioso de lo que se propuso el coronel Lucio Gutiérrez hace 17 años.

Algo había que ofrecer y Trump ofreció aceptar la firma de un acuerdo de libre comercio, ya que  (los ecuatorianos) “tienen productos increíbles (¿?)  … y un Presidente de gran reputación”, y tomó como ejemplo el flamante tratado entre México, Canadá y Estados Unidos, en tanto que Moreno tomó como referencia el acuerdo con la Unión Europea firmado en 2017.

Los informes oficiales revelan acuerdos en cuatro aspectos, todos factibles de ser tramitados en ámbitos no tan solemnes: Ecuador será parte del proyecto América Crece, que ofrece inversiones para fomentar el empleo. En Seguridad 500 policías viajarán a los EEUU para “mejorar sus habilidades en la lucha contra el crimen”. Cooperación especial en el campo de la ciberseguridad, y en Educación se anunció la llegada de 2 000 docentes americanos para capacitar a 9 000 maestros del sector público. En Comercio se anunció la llegada de expertos estadounidenses para revisar los productos que podrían tener preferencias arancelarias, en la perspectiva del tan ansiado acuerdo comercial.

Oficialmente se informó que en la reunión con Trump la tarde del miércoles 12 de febrero del 2020 se presentó la petición que “las flores, el atún en funda, las alcachofas y el brócoli sean parte del Sistema General de Preferencias Arancelarias (SGP)”. Esto se pudo fácilmente tramitar a través de los agregados comerciales o más dependencias o cancillerías de ambos países. Fue un argumento fútil, y demostró que las razones del viaje fueron más profundas.

Y nada más. Y ya que la mayoría de miembros del séquito se pagó sus gastos con sus propios recursos, lo demás fue protocolo, turismo, shopping y algo de cultura.

Más allá de los acuerdos

La mediática visita de Moreno y su numerosa comitiva no deja de despertar sospechas. Regresó con un saco de promesas, lo cual deja ver que en realidad el propósito fue de distinta naturaleza.

Moreno fue para conseguir que los EEUU, como socio mayoritario del Fondo Monetario Internacional (FMI), proporcione más dinero, alargue los plazos del pago de la deuda, y flexibilice el cumplimiento de compromisos letales como la reducción del Estado, el despido masivo de miles de empleados públicos, y la enajenación de los bienes productivos exitosos (centrales eléctricas, banca pública, telecomunicaciones, seguridad social). Para apuntalar su pedido debió reunirse con representantes de la Cámara de Comercio de EEUU, con el presidente del Banco Mundial, y hasta con representantes de la comunidad ecuatoriana en ese país. No obstante, los representantes del FMI ya estaban en Quito revisando las deficitarias cuentas nacionales.

En el Ecuador se habla de los privilegios que Moreno ha proporcionado a los Estados Unidos para conseguir su apoyo en el rescate de la maltrecha economía heredada de Rafael Correa.

El objetivo del viaje de Moreno fue también la búsqueda de legitimidad, frente a la ofensiva internacional de Correa y sus aliados del momento, es decir los gobiernos de Venezuela, Argentina, Cuba, y Rusia. Así como de la bien orquestada y financiada troupe de trolls, periodistas, y ecuatorianos ex correistas desde México y otras partes del mundo. El mismo objetivo tuvo Moreno en otros desplazamientos como el de Davos, donde estuvo para la prensa y para discursos inocuos (dinero para vivienda y rogativa de exención de visas Schengen). En los últimos años ha visitado China, Estados Unidos, la ONU, España, Japón, México, Perú, Guatemala, Chile, Reino Unido, y Catar, siempre con el mismo propósito.

Con seguridad Moreno le recordó a Trump el caro servicio que fue la entrega de Julián Assange a los EEUU, en el marco de un escándalo geopolítico de dimensiones mundiales. Por este favor, así como por la oferta de las Galápagos para posibles instalaciones militares, el alineamiento servil sobre Venezuela, y el apoyo a Luis Almagro, Moreno espera las atenciones de Trump y el cumplimiento de sus insignificantes ofrecimientos económicos y políticos.

Pero el FMI no perdona ni Trump se acordará de sus pinches ofertas.

Marco Villarruel
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