¿La movilidad de vehículos privados o inmovilidad de mayoría de sus habitantes?

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Según nota aparecida en El Comercio, 21 de noviembre de 2019, entre las prioridades de la actual administración de Jorge Yunda para el gregoriano 2020, se prevé un presupuesto obviamente “maquillado” en el global, estimado en 1046,5 millones de dólares;  inflado en un 31 % con el rubro de 320 millones que significaría la terminación tan esperada de METROQ para este año; de otra manera el presupuesto municipal estaría bordeando los 729 millones de dólares, donde los ejes pretendidamente priorizados para aumentar en presupuesto para este año serían: MOVILIDAD, SEGURIDAD, EDUCACIÓN Y DEPORTES. Sobre estas prioridades de “incremento en el presupuesto”, es necesario hacer unas precisiones cualitativas más que cuantitativas.

En primer lugar, en el campo y rubro MOVILIDAD,  el presupuesto pasaría de 129 en 2019 a 177 millones de dólares en 2020. Más allá del  relumbrón de repavimentar kilómetros de baches de vías para la circulación de vehículos convencionales, ni siquiera se vislumbra alguna perspectiva de proponer un modelo de movilidad integral que:

  1. limite, ralentice y organice la presencia de vehículos privados circulando a gran velocidad por cualquier tipo y/o jerarquía de vías;
  2. que amortigüe y disminuya la movilidad caótica y subsidiada de buses masivos de inversión privada, contaminando la ciudad con su humeante y perverso combustible;
  3. que priorice el transporte público y masivo eléctrico y potencialice y diversifique al Trolebus, en varios ejes longitudinales de la ciudad como estuvo previsto, para asegurar un transporte no contaminante, eco-lógico y de calidad;
  4. que amplíe, arborice y ornamente las aceras para generar un circulación peatonal segura; generando bandas de protección y amortiguamiento especialmente hacia las edificaciones y negocios ocupados “en línea de fábrica”;
  5. que acondicione vías expresas, incluso aéreas, ornamentadas y seguras para la movilidad ciclista, en fin
  6. que posicione el concepto y ponga por fin manos a la obra la implementación en Quito, de un verdadero Sistema Multimodal de Movilidad Integral.

 

Entonces, resulta patético y una estafa para la ciudad, que casi todo el  presupuesto destinado a “movilidad” se emplee para poner “en modo salvataje” el funcionamiento del cada vez más inalcanzable, insostenible y tan publicitado sistema  METRO Q, sobre el cual no existe aún ni siquiera previsiones de su costo usuario, pero que se considera que aún con subsidios, se estaría aproximando a los 5 dólares por viaje por usuario, costo excesivo y nada sustentable, solo para permitir su despegue inicial.

Para los grandes urbanistas de corte funcionalista que asesoran al galeno y “burgo maese”, la gestión de movilidad implicará seguramente resolver el desplazamiento no de personas en condiciones de seguridad, sino de máquinas a este paso conducidas por autómatas, puesto que la ciudad de Quito, desde ya más de una década se ha convertido en una macro pista para la circulación indiscriminada y caótica de vehículos privados, cuya presencia se ha multiplicado con los costos regionalmente bajos de combustible y de subsidios a las importación de vehículos.

Ante el caos provocado en una ciudad que bordea los tres millones de habitantes y sigue contando, la estafa millonaria del Metro subterráneo se propuso durante el gobierno de Augusto Barrera, como una “modernísima” solución, de hecho con altas comisiones y coimas para sus eficaces gestores incrustados en el Gobierno Nacional y el Gobierno Municipal, sin ninguna justificación técnica y comparativa a otros sistemas superficiales o aéreos igualmente eléctricos; sin considerar además, que en donde se implanta el circuito de apenas 23 Kms. es una zona vulnerable a varios factores sísmicos, hidrológicos, de suelo y volcánicos, que han provocado que su construcción aún no haya logrado concluirse, durante más de dos administraciones.

Es fundamental, que la población quiteña deba saber, -si aún lo sabe-, que la meseta de Quito que se extiende al pie del macizo geológico Pichincha, esta atravesada por La Falla geológica continental Caracas Guayaquil y, que sus ejes viales longitudinales, a lo largo de los cuales se ordena la ciudad contemporánea, por su localización y disposición, son eminentemente vulnerables a cualquier evento sísmico pero también volcánico y de deslaves, puesto que se desarrollan de manera perpendicular a los ejes naturales de escorrentía que bajan desde sus cumbres hacia el río Machángara, los mismos que han venido siendo progresivamente alterados, reencauzados inadecuadamente y/o bloqueados, en especial desde la puesta en valor de la Vía Occidental y por tanto, el crecimiento de la ciudad hacia los “pies de monte” occidentales.

Hay que denunciar a la ciudadanía, que para salvar esta estafa tan costosa a Quito y luego a los usuarios quiteños llamada Metro Q, se estaría pretendiendo eliminar el funcionamiento del sistema Trolebus, en todo el segmento norte del llamado hipercentro; es decir, aproximadamente desde la Av. Naciones Unidas hasta el llamado Centro Histórico, el cual sería convertido en forzosamente peatonal, pretendiendo así obligar a los ciudadanos a que tomaren el Metro, aún en contra de su propia economía y voluntad de movilidad, dada la lejanía de sus estaciones.

Con ello resulta cada vez más un sinsentido, ni siquiera impensable de manera técnico-urbana, pretender que un sistema caro, subterráneo y “uni-modal”, resuelva  los graves problemas de movilidad urbana en Quito, que en su gran parte social son debidos a su propia estructura social y segregación urbana agravada en los últimos veinte años, con la especulación y crecimiento inducido para las clases medias y altas, hacia los valles orientales y aún, hacia las zonas norte y sur de una mancha urbana longitudinal que hoy estaría bordeando los 70 Kms.

Sin embargo, lo que no se dice en la misma nota periodística inicialmente señalada, es que el rubro que sigue a esta gran inversión de 2020 para la “inmóvil movilidad” de la población quiteña, es que el rubro correspondiente a ADMINISTRACIÓN GENERAL, casi se cuadriplica; ascendiendo de 17 millones en 2019 a 62 millones en 2020.  Aquí, el señor “burgo maese” debería explicarnos qué grandes y drásticos cambios se prevén en su administración y para la burocracia “municipal y espesa” que él administra, con técnicas humorísticas de animación radial. El por qué el rubro en gastos corrientes y no de alguna inversión propositiva y transformadora para la ciudad, va a incrementarse en ese año en cuatro veces y, sobretodo, qué nuevas formas de Gestión y administración urbana eficiente, se implementarán para rendir solvente a una burocracia, de por sí inflada por cuotas políticas; escasamente “atenta y diligente” y de suyo legendaria por muy poco eficaz; que aún sigue utilizando formas arcaicas, no digitalizadas, ni tecnológicamente ágiles, para superar los diversos y múltiples procesos, que los quiteños debemos demandar anualmente, a nuestros muy divertidos y faranduleros “administradores urbanos”.

 

CONTINUARÁ

Diego Velasco Andrade

Arquitecto urbanista, UCE.

Estudios de Diplomado, Maestría y Doctorado, en la Escuela Politécnica de Mons y la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica

Investigador y especialista en Semiótica y Antropología urbana y cultural.

Escritor, miembro del Colectivo Kitu Milenario.

Profesor de la Universidad Central del Ecuador y Miembro de las Comunidades Epistémicas de las Universidades Central y Católica de Cuenca.
Diego Velasco Andrade