La educación, en vilo…

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La historia nunca se detiene, tampoco se repite en círculo sino en espiral, no existe de modo alguno, fatalismo ni predestinación ninguna, la naturaleza ha funcionado con sus propias leyes a lo largo de millones de años. Las pandemias han sido varias, una peor que otra, según lo registra la historia. Lo que ocurre es que la ambición y despropósitos de los seres humanos, de la sociedad, han precipitado varios acontecimientos catastróficos donde las transnacionales de la economía y el comercio han privilegiado sus intereses sin que les importe un comino la suerte de las grandes masas empobrecidas, desempleadas, de lo cual no se ha podido exceptuar ni la clase media.

En torno a la pandemia que azota al mundo en estos precisos momentos, se han tejido una serie de criterios, mitos y fantasías, donde no han quedado fuera los fanatismos y dogmas en la pretensión de aprovecharse de las circunstancias para consolidar sus propósitos y objetivos, al tenor de las clases sociales que, de hecho están inmersas, más allá de la propia voluntad humana.

COVID19, le han llamado al virus en virtud de que se trata de un virus “aparecido” en diciembre del año pasado, 2019 (Corona Virus Diciembre 2019), justamente en la hoy poderosa China, gigante oriental autodenominado “comunista” y así referido por el mundo occidental. ¿La ciudad matriz? Wuhan, curiosamente superpoblada con algo así como 10 millones de habitantes; ahí, según se dice, están los más grandes laboratorios bioquímicos y genéticos del planeta. Curiosamente, en lo que va del siglo XXI, China se ha convertido en potencia mundial, inundando los mercados con cientos o miles de productos made in China, a punto que, prácticamente ha desplazado a otro gigante occidental: USA. En al marco de las disputas no están al margen Rusia, Italia, Japón. Algunos, de forma estúpida incluyen en ese marco a Cuba. Claro, se trata de “inculpar” al comunismo, a ese fantasma que recorre el mundo aún, y lo seguirá haciendo muy a pesar del capitalismo salvaje y agonizante.

Ecuador, uno de los países pobres de América del Sur, sufre de forma brutal la pandemia, pues, luego de Brasil, es el país con el mayor número de contagiados y muertes de la región. Frente a lo cual han surgido los salvadores naturales, los adivinos; los predestinados, en el intento de explicar las causas y consecuencias de la pandemia. Por desgracia, a nuestro pobre país le ha tocado vivir catástrofes, no sé si en este orden: la famosa “Década Perdida” del Correísmo que se habría llevado más de 70 mil millones de dólares por concepto de sobornos y sobreprecios; casi todos sus coautores andan fugados, escondidos o autoexiliados. Recordemos el terremoto del 2016, la baja de los precios del petróleo, el invierno que inundó poblaciones y echó a perder cultivos agrícolas en grandes proporciones. El correísmo nos ha dejado una estela de pobreza y miseria escondida tras obras faraónicas, mal hechas y, sobre todo, con sobreprecios escandalosos e inhumanos.

A todo ello, súmese el fraude electoral que llevó a Moreno a erigirse como presidente de la República, en un proceso escandaloso y vergonzante. La desgracia no quedó allí, pues, enojados los compadres; Correa y Moreno, se destapó la olla de grillos y sus propias autoinculpaciones han posibilitado que hoy mismo se ha dictado sentencia contra Correa y su “banda”, al decir de los propios jueces de la Corte Nacional de Justicia. El problema va a ser cómo ponerlos tras las rejas y que devuelvan lo robado, que, dicho sea de paso, hoy mismo serviría para el combate a la pandemia que azota a la humanidad entera.

En ese escenario, el sistema educativo, igual que el de salud, en nuestro país ha colapsado. Y, precisamente, no es debido a la pandemia, pues la crisis se la veía venir desde el gobierno correísta: obras monumentales, elefantes blancos, carreteras con sobreprecios escandalosos; negociados, persecución a dirigentes populares, indígenas y campesinos, ilegalizaciones de organizaciones gremiales, particularmente de maestros. Se ha llegado a hablar y denunciar: secuestros, asesinatos programados, espionajes inteligentes; enriquecimientos ilícitos,violación de derechos humanos, de libre expresión, entre otros atropellos, mientras que Correa y sus amigos, escondidos y autoexiliados en medio de una riqueza mal habida en desmedro del pueblo y la nación ecuatoriana.

La crisis educativa se agravó en el propio periodo correísta (Década Perdida) con ministros incapaces y prepotentes como el caso de Espinoza, hoy asambleísta, que ni siquiera pudieron desentrañar el fallido modelo educativo a partir de una seudo ideología resumida en el denominado “Socialismo Siglo XXI” de cuyo fracaso lo sabe el propio Heinz Dieterich, alemán mexicano, uno de sus ideólogos, no se diga a lo que acontece en Bolivia, Uruguay, Brasil y Venezuela quizá el caso más emblemático. Para la educación, ese mal llamado socialismo, arrasó con el sistema educativo para lo cual fue necesario “apropiarse” de la UNE por medio de una arbitraria y abusiva ilegalización; implementó Correa un sistema oprobioso que desconocía los derechos de docentes y servidores públicos del ámbito educativo. Desapareció las escuelas comunitarias, básicamente campesinas; instauro el famoso BGU que ha fracasado rotundamente; construyó las famosas escuelas del Milenio que quedaron como elefantes blancos, aparte de mal construidas. Se desmontó estructuras administrativas del Ministerio de Educación, sustituyéndolas por los hoy famosos Distritos donde muchos de quienes lo dirigen, son empíricos, impreparados, prepotentes y abusivos. Se conoce que más de uno esos funcionarios han sido denunciados por corrupción, cobro de valores, por ejemplo, para dar paso a cupos en colegios y escuelas o unidades educativas.

La educación en vilo

En el nivel universitario, a mi juicio, la crisis es de mayor envergadura, pues, a partir de modelo importado y conocido como “Plan Bolonia”, se ha implementado a lo largo de América Latina, un tipo de universidad que marche al tenor del desarrollo capitalista, más aún si hemos asistido al desarrollo admirable de la técnica, la ciencia y la tecnología. La Universidad humanista, democrática y pluralista quedó en el pasado, hoy ocurre que a varios organismos de dirección universitaria los han convertido en tribunales inquisidores donde, a partir del miedo, la persecución y el avasallamiento, imponen sus tesis a pretexto de la denominada “excelencia académica”; se persigue, se instauran sumarios, se cancela y se sanciona de forma injusta e indebida, atropellando cualquier rezago de justicia y democracia. Según Carvajal Iván, 2016, en su obra Universidad sentido y crítica, el objetivo final no sería otro que el de “homogeneizar los sistemas de educación superior bajo el modelo estadounidense; es decir un sistema conformado por una serie de instituciones, desde las universidades de investigación que operan como corporaciones en relación con las corporaciones financieras e industriales –que en sus sueños tratan de imitar a los tecnócratas- hasta a los colleges de los pequeños condados y que se caracteriza por la estructura de tres niveles en la formación profesional y científica: ciclo de formación (bachelor), maestría y doctorado” (p.26).

Así es como se puede entender al “nuevo modelo de universidad”, tanto estatales como particulares o privadas. Hoy se ha privilegiado el tareísmo, el burocratismo, el llenar papeles, informes, actas que, al final, no sirven de nada o quizá de poco. Bajo el pretexto de la excelencia académica, se ofertan posgrados a diestra y siniestra, a los que los docentes tienen que asistir so pena de no hacerse acreedores de puntajes, certificados y diplomas que los acrediten y los tornen candidatos para la recategorización. ¿Y la cátedra? ¿Y el estudiantado? Lo que importa para una gran mayoría de directivos universitarios, es llenar el auditorio, el teatro, la sala de uso múltiple, para allí hacer gala de sus discursos y para las fotos, para las cámaras, por cierto cuando los periódicos y medios de comunicación “paran bola”, pero a la final les interesa el aplauso mercantilizado y falso, que garantice su condición de autoridad o manda más.

El aspecto académico ha sido relegado a un tercero o cuarto plano, las aulas lucen vacías, pues sus protagonistas están en la “vinculación”, en la entrega de premios, certificados y diplomas; los docentes procurando encontrar la mejor oferta para ingresar al doctorado o, a su vez, de encontrar una revista que le publique su “artículo científico” que, igualmente, le dé puntaje para la anhelada y justa promoción académica. Para los y las estudiantes hay el aula virtual, el correo electrónico, la conferencia magistral on line, el trabajo a distancia, entre otras, dicen avances tecnológicos, para mí una novelería más, sin negar su gran utilidad. En el fondo ¿qué ha significado esta cruda realidad?, sencillamente que se haya mediocrizado el sistema educativo superior justificándolo por lo que lo han denominado “meritocracia”, como buenos seguidores de la fórmula del refugiado en Bélgica, RC.

En este escenario que se lo ha implementado desde fines del pasado siglo y acelerado en los últimos años, el mundo entero, el planeta ha sido sacudido por una terrible pandemia, el COVID19 que, para nuestra desgracia, ha servido para lo peor, la afección a la salud y la muerte, pero también para desnudar a nuestros gobernantes que jamás pudieron estar alertas, que no dan muestras de capacidad para enfrentar esta inesperada situación: sector salud en soletas, recuerden la forma en que el correísmo trató a los médicos y servidores de la salud; se hicieron edificios suntuosos pero sin equipos, la corrupción campeó hasta en compras de cosas sencillas, casi se rifan el Seguro Social, si es que hasta el término de este artículo no lo hayan hecho. La actitud irresponsable de más de un ciudadano como resultado de un fallido sistema educativo que ha exacerbado la indisciplina irracional frente al inminente peligro; la pobreza que ha llegado a límites extremos debido al desempleo, el sistema capitalista de consumo que prioriza el consumo por encima de cualquier consideración humana e inteligente, sumado a una serie de factores, han hecho que nuestro país esté entre los más afectados por la pandemia, en medio de lo cual, el séquito correísta enquistado en la administración pública, particularmente en el IESS, sin la menor consideración posible, se han enredado en procesos corruptos de adquisición de insumos necesario para hacer frente a la pandemia. Siempre hemos dicho, el morenismo no es sino un capítulo más de nefasto correísmo: incapacidad y corrupción.

Secuelas de la incapacidad gubernamental y del propio Estado: índices de contagios cada vez mayores, en progresión geométrica; elevación del número de muertes diarios, angustia y desesperación en los hospitales y clínicas publicas donde hace falta de todo, menos el contagio, la insalubridad y la muerte. En el ámbito educativo tenemos maestros y maestras despedidos de sus empleos, niños y jóvenes sometidos a un sistema on line (telemático), sin haber estado preparados para aquello, peor si es que no disponen de los equipos e internet necesarios. Hasta esta fecha, casi mediados de abril, ni siquiera los sueldos han sido cancelados en los establecimientos de educación, incluida la universidad. Todo ahora funciona bajo el milagro de la computadora.

Con o sin pandemia, lo cierto es que el objetivo de la universidad desarrollista, acorde con sus gobiernos reformistas y desarrollistas, se lo venía cumpliendo, esto es: universidad reformista, modernizante; autoritaria, sin coparticipación estudiantil y de trabajadores o, en su defecto, reducida a la mínima expresión; dirección estudiantil opacada por la ausencia de un liderazgo consciente y que ha sucumbido a las fauces de los detentadores del poder político y universitario, salvo obvias excepciones. Entonces, al final la burguesía, el Estado y su gobierno, están de plácemes: jóvenes universitarios casi desmovilizados, sin brújula, atizados por la premura, por la necesidad de vivir el presente sin que les importe casi un carajo el devenir; al Estado y sus clases dominantes, les interesó siempre una universidad silenciada, amordazada, sometida a designios extraños y, peor aún, mediatizada por la necesidad de aportar a los requerimientos del perverso capitalismo, según unos; capitalismo salvaje, según otros. Para mí, las dos cosas.

La educación, el sistema educativo, mejor, está en crisis, tambalea en la cuerda de las indecisiones, el oportunismo y el acomodo. No ha sido capaz el sistema y más las IES públicas (salvo honrosas excepciones), de dar una respuesta al problema inmediato, al menos de asistir en auxilio de sus propios estudiantes afectados, menos de la comunidad. Todos están ocupados en el teletrabajo, en las clases virtuales, en la paciente computadora, mientras en las calles, de las ciudades sobre todo, campea la angustia, el pánico, el hambre y la necesidad; las familias resignadas a un autoencierro para lo que jamás estuvimos preparados, ni lo sospechábamos.

Con seguridad, cuando esto acabe pronto, la pandemia digo, no seremos los mismos, ya ni siquiera volveremos a vernos como antes, a saludar sin reparaos, a besar sin temores, a estrechar las manos sin ambages. Esta pandemia nos ha empujado a un cambio inesperado, en tanto que la incapacidad del Estado, su gobierno y sus instituciones, entre ellas las educativas, ahí, indolentes, sordas y mudas. Lamentablemente, no volveremos a ser los mismos. Ojalá me equivoque, al final la esperanza es lo último que se puede perder.