Insomnio, ausencia y mentiras

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insomnio
Insomnio I

Me abandonas cada noche por horas, mientras te espero ¿cuento ovejas? Mejor cuento historias como la del duende que me esperaba en la esquina de mi bosque,  todas las noches. Tan pícaro fue, que logró robar mi alma, deambulando estuvo la pobre por años que parecieron  siglos. En las noches se iba él también y me dejaba llorando en la puerta de la cueva. Las hadas que venían a hacerme compañía continúan pululando en mi cabeza, ellas me querían vestir de gala pero yo no me dejaba no vaya a ser que me vean las vecinas y dijeran que mi duende ya no es dueño de mi alma.
Una noche de tormenta, mientras el duende vomitaba los gusanos que comía,  salí corriendo de la cueva en la que estaba atrapada, vi la luna y las estrellas que guiaron mi camino, menos mal cogí los gatos que me regaló mi duende, dormí en el bosque esa noche de mantita los dos gatos y sentí un alivio cuando al fin salió el sol y fui dueña de mi alma.
Calentita fuí a otro bosque a meterme en otra cueva, y hasta allí escuchaba el lamento de mi duende.
El duendito duendecillo no lo veo,  no lo he visto porque le dijeron que a mi lado era él el prisionero.
Menos mal que ya viniste mi Morfeo a mi lado porque sino mi imaginación seguiría inventando historias, no reales, no pasaron, aunque en mi cabeza se siguen metiendo esas hadas  maravillosas que nunca me abandonaron. No me alejo de mi cueva, no vaya a ser que mi alma sea robada por otro duende que me encierre y temo más por mis hadas.
Aukasisa y demencia.

Ausencia

Cuando ya no esté de cuerpo presente, iré por las tardes al barrio donde crecí, entraré en la casa de los amigos que me hicieron feliz, dejaré tierra húmeda para que con su aroma me recuerden.
Reposaré al lado de mis amores, los que yo amé, dejaré un vaso de agua fresca, por la calma que me brindaron, por la sed que saciaron.
Cruzaré el océano en barco, me sumergiré al fondo del mar, jugaré en las corrientes, correré con los peces, hasta llegar a mi destino.
Buscaré a los amigos y amigas que dejé dolorosamente un día, les dejaré conchitas con olor a mar, ellos sabrán que fui a visitarles.
De regreso, subiré a las montañas que acunaron mis juegos y aventuras, me bañaré en las cascadas más heladas para purificame, y bajaré a quedarme por un tiempo cuidando de ellos dos, hasta que me dejen ir.
Entonces me desharé en ese bosque húmedo, para ser parte de la vida.
Aukasisa y la muerte

Mentiras

Cuando ella pensaba, venía esa serpiente oscura y venenosa, la que mordía sus brazos cada que imaginaba a los duendes corriendo por su patio, clavaba sus colmillos en su piel blanda, la envenenaba, la dejaba inmóvil. Pese a eso solía reponerse rápidamente, bebía néctar de las flores, olía la tierra húmeda, subía a la montaña, abrazaba árboles. Todo por quitar de su sangre ese veneno maldito.
Un día dejó que recorriera el veneno por su cuerpo, se relajó, adormecida ella bajó a la tierra y se encontró sola completamente, gritó pidiendo ayuda. Nadie respondió. Sintió un leve bienestar, el veneno subió al cerebro, se hinchó, cambió de color, se desnudó y siguió caminando. Encontró las mismas flores que le daban su néctar, pisó la tierra húmeda que olía, y los árboles que abrazaba eran gigantes y la protegían.
Encontró un lago y se vió en él, ella era la serpiente oscura  y venenosa, era ella misma la que ocultaba su miedo a experimentar el mundo y la libertad.
Desde entonces muerde su piel blanda para salir de su cueva y encontrarse con el mundo, hermosa y profundamente solitaria, enamorada, perdida, loca, apasionada,  y su cuerpo eternamente envenenado, así se quiso más.
Aukasisa.

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