El papel de la socialdemocracia en el surgimiento de la ultra derecha en América latina

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Organización Comunista Recabarren

El tema que nos convoca  nos lleva a analizar el cómo se ha ido profundizando la crisis general del capitalismo desde finales de la Segunda Guerra Mundial, la que se caracteriza en su etapa actual por el enfrentamiento entre los dos más importantes países imperialistas: Estados Unidos y China cuyas oligarquías financieras luchan por extender la exportación de sus capitales y lograr dominar el mercado mundial con sus productos y lograr su hegemonía e imponer su propia salida a la recesión,   en perjuicio directo de las  grandes masas trabajadoras, las que deberán luchar cada vez más contra los intentos de los capitalistas de hacer cargar sobre sus espaldas los efectos de la crisis, los que pretenden limitar su capacidad de respuesta, restringiendo cada vez más las libertades públicas de la democracia burguesa, como sus conquistas socio económicas

Estados Unidos surge al final de la segunda guerra mundial como la gran potencia debido a que no sufrió las consecuencias del conflicto bélico: destrucción de su infraestructura productiva, pérdida dramática de su población y acceso a los recursos naturales, como sí lo hicieron la totalidad de Europa y gran parte de Asia. Esto le permitió imponer en los acuerdos de Bretton Woods, conferencia monetaria y financiera de las Naciones Unidas, el multilateralismo contra los acuerdos comerciales especiales existentes entre los países europeos y sus colonias y las barreras aduaneras que limitaban su expansión económica; asegurar a través del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio GATT, su acceso a las fuentes de materias primas y el control de precios de éstas.

En esta misma conferencia se funda el Banco Mundial destinado a proporcionar los fondos para la reconstrucción de la economía global; el Fondo Monetario Internacional con el fin de garantizar la estabilidad del Sistema Monetario Internacional y mantener un contexto favorable al desarrollo del comercio mundial, todo esto con el objetivo de asegurar la supremacía económica de Estados Unidos a través de un cambio favorable al dólar y la libertad de aranceles.

La recuperación económica de Europa Occidental contó con el apoyo de Estados Unidos a través del Plan Marshall, entre otros medios económicos necesarios para que ésta pudiera adquirir sus productos industriales, recuperación económica que se logró por medio del capitalismo de Estado, con el fin de controlar la actividad de los capitalistas de cada país, impulsando la demanda interna, proporcionando seguridad social y estabilidad económica a sus pueblos, lo que se llamó “Estado de Bienestar”, políticas inspiradas en las ideas de John Keynes; pero que en el tiempo restringió las inversiones, perjudicando la creación de nuevos empleos, lo que provocó a finales de los años 60 una crisis económica.

Crisis que provocó un gran movimiento revolucionario a nivel mundial: Mayo de 1968 en Francia; movimientos populares y revolucionarios en América Latina; descolonización en Asia y África; la Revolución Cultural China que estremece el campo socialista, y un sentimiento antiestadounidense en respuesta a su intervención armada en el sudeste asiático, enmarcado en su intento de imponer un nuevo orden mundial basado en el liberalismo, término o reducción de las barreras aduaneras y una nueva división de trabajo a nivel internacional reservando para las compañías norteamericanas la exclusividad de los productos de elevada complejidad, limitando el desarrollo agrícola e industrial de Europa, quedando el tercer mundo como proveedor de materias primas.

Recesión que se agudiza a principios de los años 70 por la crisis del petróleo. Los sectores ultra liberales exigen el término del “Estado de Bienestar” e implantar la libertad de concurrencia y de mercado. Chile es el primer país donde se aplica el nuevo modelo Neoliberal creado por Milton Friedman implantado por las Fuerzas Armadas y los partidos de derecha a través del golpe de Estado de 1973 contra el gobierno “popular” de Salvador Allende,  terminando con el “Estado de Bienestar” solidario, pasando de un Estado regulador del capitalismo a uno subsidiario en el cual se impone la libre competencia; privatización total de la actividad productiva y financiera e incluso la educación, la salud y el sistema de pensiones; eliminación el sindicalismo de clase por medio de una persecución brutal a sus sectores más combativos; despidos masivos y reducción de salarios, bajando las niveles de vida de la población, asegurando la ganancia máxima a la burguesía nacional y extranjera.

Esta crisis lleva en los 70 a las grandes empresas a emigrar a países donde la mano de obra era más barata, cuya producción no está en función de las necesidades del país en que se instala, sino de las grandes empresas transnacionales, las que desarrollan nuevas tecnologías que permiten crear nuevos productos a bajo costo que inundan el mercado internacional, que ocasiona a la vez una fuerte baja de los salarios a nivel mundial, desempleo y debilitamiento del movimiento sindical, obteniendo éstas grandes utilidades, dineros que son destinados principalmente a la actividad financiera, dejando la actividad productiva más tradicional a los países menos desarrollados, los que para poder resolver sus problemas internos y adaptarse a los cambios productivos, poder competir en el plano internacional para lo que deben recurrir al endeudamiento externo en las condiciones que la banca internacional les impone a través del Fondo Monetario Internacional, medidas que buscan desplazar el “Estado de Bienestar” por uno de libre competencia, traspasando empresas del Estado al área privada, determinando la  libertad de precios, la reducción de salarios y beneficios sociales, que llevan a una profunda crisis económica en los 80´ por el sobre endeudamiento de los países, lo que provoca incluso la caída del campo socialista, que había reemplazado la planificación central por un mecanismo de mercado, dando prioridad a la exportación de materias primas y la importación de bienes de consumo que la población demandaba, el cual es  financiado con préstamos de occidente. Esto amplió más el campo de dominación de los países imperialistas sobre Asia y África, transformándose en los futuros campos de Guerra por el control del Petróleo y sus rutas de transporte, terminando con el régimen nacionalista de Gadafi, promoviendo cambios de Gobiernos opuestos al neoliberalismo, iniciando la guerra en Siria.

La gran disponibilidad de capital acumulado por la oligarquía financiera internacional, obtenido de la explotación de la clase obrera y de la especulación financiera de los grandes bancos, busca reactivar la economía mundial, integrando masivamente a la población al mercado de bienes consumo por medio del endeudamiento personal, incluso de sectores considerados de riesgo por su bajo nivel de ingresos que se ven imposibilitados de pagar ante la pérdida de sus trabajos, lo que provoca en Estados Unidos una crisis financiera en el 2008 con serias repercusiones en la economía de Europa,  de la cual no se recupera del todo el capitalismo.

Crisis que no repercute del todo en la economía de América Latina, la que se vio favorecida por los requerimientos de materias primas de China, que había iniciado su desarrollo  manufacturero con la llegada en los 70 de las empresas transnacionales a su territorio, y que ya en los años 90 comenzaba su desarrollo tecno-industrial, para lo cual necesita materias primas en grandes cantidades, convirtiendo a América Latina en uno de sus principales socios, lo que  contribuyó a la permanencia de gobiernos populares en: Venezuela, Nicaragua, Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, Perú, permitiéndoles contar con los recursos financieros suficientes para cubrir necesidades urgentes de la población constituyendo el “Estado de Bienestar” al cual llamaron un nuevo tipo de socialismo, pero sin tocar la estructura del Estado capitalista, la democracia burguesa, ni la propiedad privada. Recursos que con el tiempo fueron disminuyendo, ya sea por un receso de la economía China o de la economía mundial, que los obliga a endeudarse con el FMI y llevar a cabo las políticas neoliberales impuesta por él, lo que provoca el descontento del pueblo que  había asumido la ayuda social como derechos adquiridos.

Como consecuencia de la aplicación de las políticas neoliberales los sectores reformistas y socialdemócratas en el gobierno se ven arrastrados por la crisis  perdiendo el apoyo de las masas populares, e incluso los partidos izquierda pierden influencia entre los trabajadores, lo que ha permitido que los partidos de derecha hayan llegado a controlar las instituciones del Estado burgués, apoyados por los sectores medios de altos ingresos y sectores del pueblo a los que atraen con consignas populistas, nacionalistas, xenófobas y homofóbicas, agitadas por la ultra derecha, como ha sucedido en Brasil con la elección de Jair Bolsonaro como Presidente, lo que lleva a sectores de la izquierda a caracterizar la situación política internacional como un proceso de derechización permanente, que para ciertos sectores políticos sería la manifestación del avance del fascismo, cuando en realidad no es relevante qué sector de la clase política burguesa gobierne, sea la oligarquía o la pequeña burguesía, ya que de todas formas tendrá que administrar el sistema económico neoliberal imperante, dentro de los parámetros que el imperialismo imponga, salirse de éstos significa correr la suerte de Venezuela.

El fascismo no es un simple cambio de gobierno burgués por otro, es la dictadura terrorista de la gran burguesía monopólica-financiera, que rompe con la democracia burguesa, para salvarse de las crisis política y económica eliminando toda resistencia de la clase trabajadora que ponga en peligro su dominación de clase. Hoy en día ante la crisis general del capitalismo, agudizada por la política proteccionista de Estados Unidos contra la importación de productos de China, buscando  proteger su mercado interno, manteniendo una balanza de comercial equilibrada, ha llevado a una desaceleración de la productividad mundial, desestabilizando la economía del bloque europeo y de las economías de los países dependientes, lleva a la burguesía, para resguardarse de esta guerra económica entre Estados Unidos y China, a intensificar la explotación de la clase obrera, lo que no necesariamente significa que se esté bajo un régimen fascista, sino que dentro del marco de la democracia burguesa.

Es importante tomar en cuenta estos aspectos del desarrollo capitalista en nuestra región y analizar la capacidad de respuesta del movimiento de masas y de su dirigencia política para definir la estrategia y tácticas a aplicar con el fin de enfrentar la embestida de la reacción contra el movimiento sindical de la gran masa trabajadora y el movimiento revolucionario internacional.

Sin la unidad de acción de los partidos y movimientos de izquierda y revolucionarios de América Latina, cada vez es más difícil avanzar en el camino hacia la liberación del imperialismo y la derrota de la ultra derecha.

Es clave promover alianzas estratégicas, estrechar lazos con los países que están en condiciones de construir el socialismo, como los países que están en camino de instaurar gobiernos democráticos populares; frentes populares que apoyen estos procesos de manera activa.

Solamente la unidad revolucionaria más fuerte y combativa nos permitirá lograr el triunfo. No importa si el apoyo viene de países donde la revolución haya triunfado, o sea un gobierno popular o donde el frente de izquierda tenga mayor influencia, o si los partidos revolucionarios son pequeños o jóvenes. Todos tienen un rol que jugar en esta nueva estrategia para derrotar al imperialismo.

Dirección Nacional de la Organización

Comunista Recabarren – OCR Chile.-

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