El cambio climático y sus descontentos

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Una somera lectura del libro El cambio climático y sus descontentos, de autoría del profesor ecuatoriano Enrique Quintero, nos acerca de manera novedosa a las interpretaciones que sobre este tema tienen varios académicos de habla inglesa, especialmente de los EEUU y Canadá.

Acá, en la lejana América Latina, es difícil concebir que en el centro mismo del capitalismo mundial hubiesen académicos que sostengan teorías marxistas o muy cercanas a él sobre los agudos temas del cambio climático, el ambientalismo, el ecologismo, o la defensa de los animales. No es que no existan importantes personalidades que mantengan estas preocupaciones, sino que lo hagan desde la teoría política y humana del marxismo.

El autor aborda en este libro la cercanía entre el marxismo y la postura ambientalista.

 

El título dice bastante de la intención del autor. Es decir, dar la voz a un grupo de descontentos sobre sus apreciaciones del cambio climático ya que resulta que han sido muchos en la academia internacional, especialmente en la de habla inglesa.

La obra de Enrique Quintero, académico ecuatoriano asentado en los Estados Unidos, gira alrededor de la vigencia inusitada del término Antropoceno, que se le entiende como la alteración del sistema terrestre causado por la acción humana, debidamente comprobada por rigurosos estudios del mundo natural por parte de la comunidad científica.

Quintero afirma que la mayoría de las narrativas al respecto eluden o excluyen el impacto y el papel que juega el modelo organizativo del capitalismo en la ecología del planeta. Excepto el Eco-marxismo, postura que adopta el autor para escribir El cambio climático y sus descontentos, publicado en Quito en agosto del 2022.

Enfático, señala que el carácter históricamente provisional del capitalismo solo se entiende si se concibe a la historia humana como parte integral del proceso de historia natural, narrativa que constituye una expresión de la lucha de clases.

Las narrativas que buscan entender y explicar la acción de las fuerzas sociales dentro del proceso de industrialización lo entienden como un creciente impacto humano en los ecosistemas del planeta, a tal punto que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, sostiene Fredric Jameson, citado por Quintero

Federico Engels, destacado pensador materialista y compañero de ruta de Carlos Marx  plantea como advertencia preventiva, que “ la naturaleza se venga de nosotros”, para aludir a las consecuencias del dominio humano sobre la naturaleza, y advertir acerca de las consecuencias del capitalismo monopólico.

El desarrollo del capitalismo ha conducido al planeta a una nueva etapa geológica y a la especie humana al borde de una encrucijada entre dos mundos desconocidos: el del ocaso o extinción como especie o el de la reconstrucción del mundo y la sociedad de un modo distinto. Por eso, además, es necesario de que todo análisis que no quiera convertirse en una mera descripción, amerita ser contextualizado históricamente.

Por eso si comparamos la cultura material y figurativa de los primeros cazadores y recolectores, con aquellos cuya existencia transcurrió en los inicios del capitalismo y la ilustración; o, con los actuales centros globales de tecnología como el de Silicon Valley, observamos que ha existido un alejamiento progresivo entre la humanidad y la naturaleza debido a la creciente complejidad de las formas organizativas de producción, circulación y consumo, bajo el capitalismo.  Este distanciamiento, sostiene Quintero, se encuentra previsto en uno de los cuatro elementos de la teoría de Marx sobre la alienación.

Historizar implica trascender la simple causalidad del reflejo automático entre formas de la infraestructura económica y la superestructura ideológica-cultural, sin ignorar sus espacios de autonomía e interdependencia. Esto significa la plena vigencia del imperialismo que ahora busca extenderse al espacio sideral o a la tecnología mediática, de allí que es plenamente posible la guerra nuclear y el deterioro ecológico.

No obstante hay narrativas no marxistas para determinar la dimensión política implícita. Entre ellas está la del Naturalismo convencional (de Paúl Crutzen y Will Steffen) que pretende reproducir la gran narrativa de la modernidad mediante la cual el hombre pasa del olvido de lo ambiental a la conciencia ambiental, igualando el poder de la naturaleza. Un buen ejemplo es lo que sostienen sobre el cambio climático o el rol hegemónico de la biología en la comprensión de la especie humana.

El Post-Natutralismo es la configuración ecléctica de científicos de la naturaleza (Letour, Ellis, y Lynas) que sostienen que el fin de la dicotomía entre naturaleza y cultura planteada por la modernidad implica el fin de la naturaleza. Así, el Antropoceno es visto como una oportunidad para reparar el daño ocasionado al planeta ocasionado por la falsa dicotomía creada por la modernidad. Los posnaturalistas tienen una sobrevaloración de la ciencia y la tecnología como intermediario “neutro” para el mejoramiento de las especies, y aquí acotan a Derrida que aboga por la aceptación del riesgo tecnológico como medida necesaria para la supervivencia.

La práctica humana insaciable y el agotamiento de los recursos es sostenido por el Catastrofismo que deja intocado el análisis del funcionamiento central de la economía capitalista, y a lo sumo busca sobrevivir y articular una resistencia y estrategia política frente a la lógica del capital a nivel global.

La narrativa convencional de negación es una variante de la ideología capitalista que no alcanza a identificar la imbricación entre el capitalismo y la ecología. Busca excluir a la ciencia en la formulación de p líticas globales y estatales. Cuestiona las causas antropocéntricasc como originarias del cambio climático.

El ideograma (signo u objeto no lingüístico que contiene conceptos o mensajes simples) del  posnaturalismo es el actante que elimina lo social, especialmente la negación de la lucha de clases, lo cual esteriliza a la clase social como elemento clave, interpreta y clarifica las  ideas, y en su lugar coloca elementos que se ahogan en un mar poco profundo de datos híbridos, dando lugar a una metonimia que describe atributos secundarios de la realidad.

El autor añade otras visiones que aligeran o desvirtúan una visión científica de los problemas ambientales ocasionados por la acción del capitalismo en su etapa imperialista. Y dentro de estas opciones encuentra al Naturalismo convencional, el tan conocido catastrofismo visto como permacultura, decrecimiento, y pueblos en transición.

Pero hay formas narrativas que impugan el cambio climático desde posiciones de naturalismo convencional, posnaturalismo, y del ecocatastrofismo, no obstante de que los científicos del clima están de acuerdo con la causalidad humana del calentamiento global y del cambio climático (climate.nasa.gov). El negacionismo del cambio climático también ha sido abordado por sicólogos ambientales por ejemplo desde un esquema freudiano basado en los mecanismos de defensa nuestras mentes tienden a negar una realidad que se percibe como desagradable.

 

El déficit epistémico del capitalismo sobre temas ambientales se debe al proceso de mercantilización y cosificación de la economía, como formas de conocimiento impuestos por el positivismo y el cientificismo, dejando de lado categorías de análisis tales como relaciones antagónicas de clase (lucha de clases) y la explotación.

Por estas razones, el autor señala que la inclusión del eco-marxismo se da como parte discreta de la teoría marxista en general. El marxismo en su conjunto no se considera una narrativa en sentido estricto, aunque añade que “Marx proporcionó la única visión de sistemas dialécticos que entienden el problema ecológico simultáneamente como económico y ecológico, enraizado en el modo de producción capitalista”.

En los últimos años hemos visto surgir un creciente cuerpo de trabajos en varios campos del conocimiento, tratando de estudiar y comprender  el advenimiento del Antropocentro y las implicaciones que el mismo tiene para el futuro del planeta y de la humanidad. Así, el autor utiliza la teoría marxista como marco interpretativo de las cinco narrativas específicas: naturalismo convencional, el posnaturalismo, el eco-catastrofismo, el eco-marxismo y las dos formas de negacionismo: la vulgar y la tradicional. Y ha dejado las del Sur Global o las formas indígenas de conocimiento.

Marco Villarruel

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