Crisis de los sistemas democráticos: efectos de la globalización

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Es un hecho innegable en estos tiempos vivir en ambientes caracterizados por el odio, angustia, violencia y falta de tolerancia en muchos países alrededor del mundo, en especial en la región latinoamericana, lugar que se ha vuelto un campo de batalla mucho más que silencioso en los meses de octubre y noviembre del 2019. Los diferentes sistemas democráticos, algunos más o menos representativos que otros, están pasando por una de sus más grandes crisis existenciales; desde México hasta Argentina, y desde España hasta Corea del Norte, podemos encontrar que las diferentes protestas y movilizaciones sociales ponen en entre dicho el principal objetivo de la política que es alcanzar el bienestar común sobre los beneficios individuales. En estas  líneas realizaremos un análisis de como la globalización es un fenómeno expansivo en muchos ámbitos, entre estos dentro del ámbito político. Provocado que la institucionalidad democrática como la concibieron los próceres republicanos de Estados Unidos de Norteamérica y la Revolución Francesa, no haya generado el buen gobierno esperado, centrándonos en tres ideas principales: la falta de respuesta de las instituciones democráticas ante las desdibujadas líneas democráticas; el crecimiento radicalista de las posiciones políticas generando violencia; y el futuro incierto que nos depara si no prima la razón sobre la violencia, siendo el rol de los medios de comunicación más que relevante.

Falta de respuesta de las instituciones democráticas: desdibujamiento de las líneas

Sobre el primer punto, podemos considerar que las instituciones democráticas son el principal mecanismo del Estado para limitar el abuso del poder político. El modelo del gobierno de las mayorías que se encuentra limitado por el pacto social que reconoce los derechos fundamentales, es el modelo básico en el que se deben disputar las controversias ideológicas relacionadas con el manejo del poder. El problema radica cuando en el ejercicio de la política nacional estas líneas básicas de convivencia que procuran la paz se empiezan a desdibujar, en este contexto cualquier comportamiento que sea a pasional y alejado de toda racionalidad es permitido. Se vuelve normal que las conductas de odio por naturaleza ideológica sean toleradas, es permitido insultar y agredir a otra persona por pensar distinto, así como entrar en oficinas, instituciones públicas, locales comerciales u hogares, con plena ausencia de norma o procedimiento apropiado para destruir o generar incertidumbre.

El respeto sobre las llamadas instituciones pertenecientes a las Funciones del Estado, pasan a ser un mero requisito decorativo del Estado, no existe reflexión sobre legalidad, legitimidad o respeto a los derechos fundamentales, pues cuando podemos desdibujar y dibujar nuevas líneas, todo comportamiento es permitido.  No obstante, no se plantea una postura conservadora y criminalizadora de la protesta social en este apartado, sino que existan requisitos mínimos, debe estar limitada y encaminada a satisfacer los derechos fundamentales como la libertad, salud, educación, entre otros, más aún cuando los actos desdibujados corresponden a decisiones de autoridades del poder público, como la extralimitación de la represión, la omisión de acción en el caso de observar delitos flagrantes o la vulneración y agresión a los derechos humanos.

En esta crisis del sistema democrático que demuestra que sus respuestas son nulas o erradas, involucra tanto a las autoridades del ejecutivo, legislativo, judicial, electoral y de transparencia y control social. ¿Acaso les quedan muy escasas sus atribuciones para limitar el contexto nacional? Es por ese mismo motivo que las movilizaciones sociales tiene una fuente de reclamo, cuando las instituciones democráticas no responden ante el difícil contexto político y omiten el camino del diálogo, no permitiendo generar un buen gobierno, cualquier postura radical gana espacio y adeptos. Esto por lo menos, nos ha demostrado la historia tras dos guerras mundiales y una pluralidad de genocidios que han sucedido en la región y el mundo. La falta de liderazgo y capacidad política en los operadores del sistema democrático se vuelve autores de una omisión de forma y de fondo para cuidar y salvar la paz social, no se trata del carisma político del actor, sino de solucionar las disputas del poder en una mesa y con acuerdos transparentes.

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Razón y violencia

La razón y la violencia en ciertos escenarios juagan un papel antagónico y no. Para muchos la razón elimina la violencia y para otros, la violencia se justifica con la razón. No obstante en un sistema democrático sólido jamás se justificara la violencia como un método para obtener la razón, pues como bien señalo el filósofo español Miguel de Unamuno como respuesta a la Falange liderada por el General Millán-Astray durante la guerra civil española en la Universidad de Salamanca: “Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir”.

En democracia el buen gobierno se construye con diálogo y con acuerdos, no se pone en la mesa intereses personales sino generales, para el beneficio de la sociedad. Se definen los lineamientos políticos en las urnas y en los mecanismos democráticos participativos, inclusive a los correspondientes a las movilizaciones sociales. No se debe permitir el fraude ideológico sobre las propuestas que se plantean y que se dé un giro completamente opuesto al plan aprobado en las urnas. ¿Qué soluciones nos hemos planteado para evitar la corrupción política? La verdad es que muy poco se ha topado sobre este tema, escuchamos mucho sobre corrupción en el ámbito penal, pero los políticos no toman decisiones para limitar el escenario éticamente degenerado, siendo uno de las principales razones de la disconformidad y la violencia que se expresa en los pueblos del mundo.

La corrupción política y la violencia alejada de la razón son hechos concatenados. La violencia refleja el estado más alto de intolerancia; cuando la violencia opera no existe pensamiento racional transitoriamente. El rol primordial para responder mediante la conciencia se ve enceguecido por un estado de euforia, se mezclan conceptos ideológicos y físicos dando como resultado un hecho extraordinario. Sino que impera la razón sobre la violencia, sumándose la crisis de las instituciones democráticas ¿Qué nos puede esperar que no sea una guerra civil? La agudización de la violencia que es generada por el discurso político radical no trae nada bueno, miremos a Estados Unidos de Norteamérica o Brasil con sus políticas xenófobas, el retorno del extremo nacionalismo y la debilitación de la unión en Europa, son síntomas de la crisis de los sistemas democráticos en el contexto de la globalización y su sistema económico. Esperemos y trabajemos para que la razón, si aún queda un poco, impere sobre la violencia en todas sus formas.

Futuro incierto y medios de comunicación

Los retos que establecen las exigencias de la globalización tienen una fuerza sorprendente para los diferentes países, y con más fuerza a los que tienen problemas yacentes de institucionalidad. En Latinoamérica la globalización ha golpeado muy fuerte por el fraccionamiento nacional existente; no ha existido una conceptualización de la región como unidad, cada país busca su mejor provecho sin pensar en el otro, cuestión que pasa de manera análoga en las relaciones humanas, más allá de los estudios respecto al tema que son muy amplios y que establecen vinculaciones desde la época colonial, se puede afirmar que la aplicación extremista del individualismo ideológico en la práctica tiene una gran responsabilidad; cuestión que ha permitido que en el contexto globalizado no podamos tener una ventaja competitiva frente a grandes países o uniones. Tenemos tantas organizaciones internacionales regionales pero ninguna ha podido ser consolidada con resultados objetivos, podemos enumerar la CELAC, CAN, UNASUR, MERCOSUR, entre otras, que han perdido más que ganado, en este intento de integrar la región.

Se plantea un futuro incierto en la crisis de los sistemas democráticos que no da respuestas concretas a las necesidades de los pueblos. Hemos disfrutado de un gran periodo histórico de paz mundial, que tiene mucho mérito pero que muy pocos recuerdan y buscan mantenerlo. Parece que la sed de sangre y la violencia se encuentra muy próxima en el pensamiento humano. Y lastimosamente pide que se vuelva a dar para poder recapacitar, como bien suelen decir de manera popular y coloquial “el ser humano es el único ente que tropieza dos veces con la misma piedra”.

Los medios de comunicación tienen un rol fundamental durante las crisis, en esos duros momentos es su obligación, por un sentido democrático y humanista, apegarse lo más próximo posible a los principios éticos como una fuente limitadora del poder fáctico que tienen. A diferencia de los poderes públicos que poseen un sistema de pesos y contra pesos de control, los medios de comunicación trabajan bajo la luz del derecho fundamental de la libertad de expresión y de prensa, es decir, no tienen un control institucionalizado, salvo que en el ejercicio de su gestión se produzcan diversas responsabilidades civiles, administrativas, penales o constitucionales.

El problema se encuentra sobre este aspecto ético, cuando los intereses políticos se materializan en la línea editorial del medio, se empieza a desdibujar los límites de los principios, la normativa y la racionalidad. Empieza a imperar sentimientos bajos y el ánimo de lucro o sino ¿Por qué el morbo y el amarillismo vende tanto? Mercantilizar bajo una cierta línea periodística e ideológica de manera flagrante, genera duros efectos sobre la sociedad, los medios de comunicación tradicionales, y ahora producto de la globalización y la revolución tecnológica las redes sociales, aportan a las posturas radicales y el posicionamiento de información falsa. Sin dudas, generar un terrorismo mediático por los beneficios comerciales de aquello es un acto que debe ser desaprobado y responsabilizado por las consecuencias del caso, así como no comunicar noticias importantes dentro del contexto nacional o internacional. Si bien en materia de  comunicación no existe un deber de comprobar la noticia con la estricta exigencia judicial, pero si existe un patrón ético importante que obliga acercarse a la verdad, quedará en la consciencia de los operadores comunicacionales el no objetar las prácticas fraudulentas de comunicación, y en los propietarios de los medios la responsabilidad democrática de su actividad, más allá de las observaciones legales del caso.

Sin más, nos queda mucho por pensar y hacer para evitar que la crisis del sistema democrático no sea solucionada de manera violenta, creo que la historia ha establecido cierto principio cíclico, según algunos autores, pero siendo consciente de aquellas posturas, debemos reforzar los caminos que vayan por una solución pacífica que solucione la cuestión social establecida en el statu quo. Pues, sino queda otro recurso, no importa la posición que tenga el individuo de clase económica, social o cultural, los efectos de la violencia tarde o temprano tocarán lo más preciado que puede tener la humanidad, la vida o la de tus seres queridos.

 

Pedro Martín Páez Bimos

Abogado, investigador en ciencias jurídicas y sociales, sensible a las injusticias sociales
Pedro Martín Páez Bimos