COVID-19 el peor enemigo del arte y la cultura

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Sin lugar a dudas, todos los sectores de la sociedad ecuatoriana se han visto afectados por esta sorpresiva pandemia, que nos agarró con la guardia baja y que apenas hoy la estamos entendiendo y asimilando. No obstante, existen sectores que, por sus características y forma de desarrollo, han sufrido las consecuencias de forma más drástica y severa.

 

El arte y la cultura han sido unas de esas actividades que más han sentido el impacto negativo de la crisis, ya que su razón de ser era los eventos con público presente y también ciertas labores, en donde se debía tener contacto con la gente. Lo peor de ello, es que hay personas, quienes tenían una economía totalmente dependiente de la actividad cultural y artística, y son ahora los menos visibilizados ante las autoridades y la sociedad, por lo que nadie se ha preocupado por ellos y se hallan en el abandono más inhumano.

 

Lo que se avizora es algo nefasto para los artistas y gestores culturales. Todos saben que, por lógica, no es posible realizar conciertos, exposiciones, recitales, espectáculos callejeros, vender libros, entre otros, por evitar aglomeraciones, y que la gente, quien recibía ingresos de estas actividades, en las que me incluyo, hoy mismo, no están percibiendo dinero alguno.

 

Muchos estaban sobreviviendo con sus ahorros, pero hubo quienes ni siquiera tenían tales reservas, por lo que se han endeudado para soportar la crisis, pero ya están contemplando sus despensas agotadas, y esa deuda, que los salvó por unos días, ahora es un peso que se suma a la falta de alimentos que poseen.

 

Lo peor es que nadie imaginó que el tiempo de sacrificio iba a dilatarse tanto. La mayoría creyó que con un par de semanas bastaba y que pronto, con trabajo y esfuerzo, resarcirían las pérdidas de su paralización obligatoria, pero como se ve, el resurgir para ellos será, siendo optimistas, cosa de meses.

 

La situación ha llegado al límite. Se ha podido ver a gente, quien pertenece a este sector, haciendo cualquier actividad, incluso no artística, exponiendo así su vida y retando al virus, en pos de conseguir un mendrugo para su familia. Y eso lo realizan, no por necios, sino porque todos los alimentos no vienen solos.

 

Es verdad que ha habido iniciativas de apoyo, de sectores públicos y privados, en donde se han juntado varias manos solidarias y han ido a repartir víveres a los más necesitados. Sin embargo, eso queda corto, dado el gran número de familias vulnerables que hay, mostrándose aquello, en el hecho que muchos, quienes merecerían ese apoyo y por causas ignotas, no se hallan en la lista de beneficiados.

 

El arte y la cultura son actividades muy mal remuneradas, esa es la verdad, incluso en épocas de bonanza. Se comprende, entonces, por qué es que en estos días de crisis la situación se haya puesto aún peor para los artistas y gestores culturales.

 

Este sector requiere urgente de atención, porque los ingresos son nulos para sus miembros, y como se dijo, al no poder vender los productos artísticos que crean, muchos están pasando serias penurias.

 

Se sugiere que se invierta en ellos, tanto para poder ayudarlos a vender sus productos vía on line, como para que reciban ayuda del Estado. Se requiere que se incluya a los artistas en los beneficiarios de bonos y kits alimentarios, porque la realidad de un gran número de ellos es precaria.

 

Hay que tomar en cuenta, que cuando vuelva todo a la normalidad, las actividades básicas serán las primeramente reactivadas, mientras que el arte y la cultura deberán esperar.

 

El COVID-19 ha sido el peor enemigo del arte y la cultura, en todos los niveles y aspectos. Justamente este año se celebraba en Latacunga y otras urbes los respectivos Bicentenarios de Independencia y se preparaba ingentes eventos para celebrarlos, pero, por las prohibiciones de realización no se podrá ser testigos de lo maravilloso que se venía planificando.

 

Es una triste situación, que muchos no lo entenderán, porque se cree erróneamente, que el arte y la cultura no son parte del sector productivo de la sociedad, siendo eso totalmente falso. La industria artística y cultural genera recursos, y si bien, en Ecuador no son tan desarrolladas como en otros países, sí representan un rubro importante para la economía familiar e, incluso, del Estado.

 

El espectáculo vivirá un letargo obligatorio. Los instrumentos musicales no sonarán en público por unos meses; las butacas de los cines aparecerán vacías por un largo tiempo; la magia de los colores y cinceles no aparecerán para alegrarnos el día; hasta las musas semejarán estar ausentes del mundo. Sin embargo, no será porque la creación se encuentre extinta, sino que los artistas estarán desde sus hogares, impregnando las cosas más hermosas del mundo en sus obras y buscando sacar lo más lindo, incluso, de esta situación adversa. Y ya cuando todo pase y sea el tiempo adecuado, mostrarán al mundo la magia que surgió de su inspiración durante el tiempo de las lágrimas…