Correismo vs anticorreismo: ¿Hasta cuándo esta disyuntiva?

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El panorama político ecuatoriano desde la salida del ex mandatario Rafael Correa Delgado, ha puesto en escena una polaridad crónica entre dos grupos o idearios de perfilamiento político, los correistas y los anticorreistas/morenistas. Los medios de comunicación son parte de la creación o por lo menos, de incidir en que se profundice y se vuelva una disyuntiva de opinión púbica, entre estas dos figuras. Sin embargo, es preciso mencionar tres puntos claros de análisis sobre estas dos figuras. El primero tiene que ver con sus conformaciones propias, si verdaderamente existe una conceptualización sólida o si forman parte de una figura mediática, el segundo punto trata sobre quiénes son los beneficiarios de explotar la división entre correistas y anticorreistas/morenistas, y por último, reflexionar sobre si este discurso político nos beneficia como sociedad ecuatoriana y ¿Hasta cuándo vamos a seguirlo tolerando?

Dividir y vencer ha sido una táctica política que ha estado presente desde hace muchos años en el pragma humano, aunque ha tenido otras aplicaciones en diferentes ámbitos como en el campo militar. Los grandes grupos de poder, pero sobre todo, los que son dueños y operarios de los grandes capitales, son expertos en aplicar esta táctica frente a los sectores más débiles pero populosos, es así como podemos encontrar algunos ejemplos de división dentro de centrales obreras, movimientos sociales y otras organizaciones sociales. Logrando de esta forma difuminar las aspiraciones políticas y las estrategias de unidad que los sectores populares demandan para su reivindicación frente a los grupos de poder.

Algunos “políticos” manifiestan de manera nociva que en la “política todo se vale”, pues en realidad desde esa perspectiva unilateral de que todo se puede y todo se vale, no reflejan más que una ética utilitarista degenerada, pues en la búsqueda del que “todo se vale para cumplir fines”, terminan desconociéndose ellos mismos. En realidad la política no puede decaer en su propia concepción racional desde la perspectiva de cualquier habitante global, es decir, romper su verdadero nacimiento y fin, que es la gestión por el bienestar común, no por los intereses individuales o de individuos cercanos al personaje político.

Ahora bien, es necesario plantearse las siguientes preguntas dentro del contexto político nacional ¿Cuáles son los fundamentos ideológicos del correismo-anticorreismo/morenismo?, ¿Qué aporte político tiene el correismo-anticorreismo/morenismo? ¿Existe una diferenciación entre estas corrientes, si siquiera lo son? ¿Más allá de la personificación de correismo-morenismo, cuáles son sus postulados y planes de acción?, seguramente estas y más preguntas pueden aparecer sobre esta disyuntiva. Sin embargo, son como nueces vacías, duras por la cascará mediática fabricada, pero vacías por dentro en su sustancia y aporte político, sin contenido verdaderamente relevante.

En realidad no hay ningún plan o postulado político, peor aún planificación social que aporte el correismo, anticorreísmo y morenismo. Son figuras creadas por la gran influencia de los poderes mediáticos, podemos encontrar diferentes postulados en la gran mayoría de medios de circulación nacional y local que establecen: “Correístas participaran en elecciones seccionales 20919 con el rojo…” (El Universo, 22 de diciembre 2018), “El morenismo es un bloque disperso…” (El Comercio, 17 de junio 2018), y que es compartido por espacios de académicos y expertos que dicen: “CPCCS: los correistas y los enemigos del nulo se hermanan…” (4pelagatos.com, 20 de mayo de 2019), entre otros más. Estos titulares de manera innegable tienen una incidencia con la posterior opinión pública social, en virtud de la expansión y propuesta de ideas mediante sus diferentes mecanismos de difusión de la información. Lo cual se puede encontrar a manera de reflejo en conversaciones triviales o de sobre mesa respecto a las mismas problemáticas, reduciendo el nivel de la discusión a un simple paralelismo carente de contenido, como si las decisiones de la gobernanza nacional se basen en un simple si y no, correismo, anticorreísmo o morenismo, blanco o negro, cuando en realidad la sustancia de las decisiones son las que modificaran nuestro presente y futuro, por lo general, las mejores respuestas se encuentran en los matices grises, no en el análisis bipolar-sentimental.

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En su momento y en la actualidad, bajo esta disyuntiva se ha puesto en marcha el tópico de la corrupción como una bandera para diferenciar a los correistas como corruptos y los morenistas o no correistas como anticorruptos, sin embargo, han sido muy deficientes las estrategias de lucha empleadas, pero sobre todo, es notorio que quienes piensan que la corrupción solo ocurre en un determinado movimiento político o grupo social, en un contexto de corrupción sistémico, no tiene ni la menor idea de por dónde empezar a luchar de manera cierta contra la corrupción. En realidad, lo que están haciendo es manipular la lucha contra la corrupción dentro de una estrategia política para disminuir la influencia de un determinado sector de expresión político, como bien manifiesta el experto Villoria en su libro La Corrupción política, respecto al análisis entre corrupción y las razones políticas de su conceptualización “…Todo ello hace que la exposición de la ética propia y la denuncia de la corrupción ajena sean esenciales en la lucha política actual. La confusión del escándalo público con la corrupción es consecuencia inevitable de esta tendencia…”.

Es decir, existe una aparente lucha contra la corrupción que es manipulada, lo cual no quiere decir que cierto grupo determinado de personas no haya cometido prácticas corruptas en sus diferentes dimensiones –en alusión a la corrupción durante el periodo de gobierno correísta-, en sectores relevantes del Estado como pasó en el anterior régimen, sino que se manipulan los mecanismos regulares de la institucionalidad pública en conjunto con los medios de comunicación, para exponer y desacreditar con fines políticos a sus adversarios, sin importarse o laborar por el verdadero bienestar común que la sociedad exige. Debe haber sin dudas, procedimientos formales y regulares en los procesos existentes en materia anticorrupción que sean objetivos, indistintamente de condiciones o preferencias políticas, caso contrario se estarían abriendo procesos penales por motivos de odio ideológico, lo cual está prohibido y sancionado por la normativa local. La verdadera lucha contra la corrupción no es la pelea de manera aislada en la esfera política, es en verdad holística y racional, quien pretenda ser dueño o monopolista de la lucha contra la corrupción, no tendrá un verdadero éxito, pues la verdadera lucha en contra de la corrupción es por el bien común, no por un beneficio individual.

Respecto al segundo punto, hay que establecer que dentro de esta división de correístas,-anticorreistas/morenistas, los perdedores son por un lado, el propio sistema democrático en el que vivimos por la calidad y nivel de democracia al que se rebaja la discusión, debilitando las instituciones democráticas por ofrecer dos bandos de decisión, así como la sociedad en general, en virtud de que no conocen de manera cierta la sustancia o el fondo de las decisiones políticas que está sucediendo en el país, siendo limitados por la opinión pública/mediática a dos opciones, cuando en realidad pudieran tener mayor información de calidad sobre los importantes asuntos de la agenda nacional, por lo tanto mayor opciones por optar.

Los grandes ganadores de esta supuesta división terminan siendo los grupos económicos de poder que se encuentran inmersos en la política nacional, mediante su financiamiento o la unificación de intereses con determinados políticos. Por el otro lado, los partidos y movimientos políticos que se encuentran ajenos a la discusión bipolar entre correistas, anticorreistas y morenistas, así como los diferentes medios de comunicación que tienen intereses directos en esperar que esta disyuntiva les ofrezca recompensa en un determinado tiempo.

Sin embargo, los supuestos beneficiarios de esta división en realidad no ganarán mucho más de lo que pueda ofrecer el averiado sistema democrático y la inseguridad política actual, pues en realidad qué mayor beneficio pueden obtener en un escenario de reformas jurídicas y de endeudamiento público, que podrá satisfacer necesidades políticas-económicas a corto plazo, frente a una estabilidad política que les pudiera ofrecer el encaminar la verdadera estabilidad de un sistema democrático, que se fundamente en los verdaderos principios de la noción de política.

Por último, como hemos analizado con anterioridad, existen grandes perdedores en esta dinámica dualista, por un lado la institucionalidad de la calidad democrática, y por el otro lado, la sociedad ecuatoriana. Las verdaderas preguntas que nos podemos plantear son: ¿Hasta cuándo vamos a seguir tolerando la disyuntiva correístas-anticorreistas/morenistas? ¿Somos una sociedad tan ingenua como piensan los verdaderos grupos de poder económico/político nacional? ¿Cuándo se agote este discurso dualista, que nos deparará el futuro?

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El ex Presidente Correa y el ex Vicepresidente Moreno –
Palacio de Carondelet

En realidad estas maniobras políticas no son nuevas, hay que revisarlas con mucha sospecha, pues en realidad la idea de división se encuentra en una fase preparatoria para la ejecución de otra fase, de quienes ya hemos manifestado manejan el verdadero poder político nacional, que subestima el conocimiento social y que hace a manera de espectáculo, una obra en cada mensaje o reporte informacional.

Seguramente la llamada ingenuidad política se deba en realidad a la gran cantidad de falta de institucionalidad en el sector de la educación y en factores sociales de forma honesta, con sinceridad este sería otro espacio de discusión, no obstante vale la pena mencionarlo y manifestar que la sociedad tiene una gran sabiduría, por lo que no debe ser tan subestimada, no hay que confundir la ingenuidad con ignorancia. Podrá demorar en expresarse, pero cuando lo hace, no existen mecanismos de control que puedan evitar su clamor popular, y por ese momento histórico nuestro país ha sabido pasar por la baja calidad democrática de los partidos y movimientos políticos en reiteradas ocasiones. Este tipo de confusiones generadas por estos mecanismos masivos de información no tienen mucho futuro, pues con el pasar del tiempo los hechos demostrarán que la discusión correístas-anticorreistas/morenistas, fue parte de un plan mayor de los verdaderos grupos de poder.

Sin duda como sociedad, inclusive quienes se autodenominan que no son políticos, pero en realidad no comprenden el concepto de política, el cual lo ejercen todos los días mediante conversaciones o de manera activa en redes sociales, debemos superar la discusión correistas-anticorreistas/morenistas, y saber que esta realidad corresponde a una estrategia política que nos involucra como sociedad y que tiene unos claros sectores beneficiarios, alejados del bien común. Es momento de decir basta y pedir información de calidad sobre los grandes problemas nacionales, pedir que las instituciones públicas cumplan su rol, exigir a los medios de comunicación que cumplan con su fin social, y que no se encuentren bajo una clara línea editorial en la que no ganamos muchos y que solo ganan unos pocos.

Pedro Martín Páez Bimos

Abogado, investigador en ciencias jurídicas y sociales, sensible a las injusticias sociales
Pedro Martín Páez Bimos

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