Coronavirus: fastmodernidad y nueva normalidad

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La pandemia del coronavirus ha sacado a relucir lo mejor y lo peor del ser humano, puso en entredicho lo que estábamos acostumbrados a llamar normalidad al alterar las relaciones humanas que sufrieron un frenazo.

El fenómeno, obliga a reificar el tiempo, el espacio laboral y echar mano de la tecnología para cumplir con el teletrabajo, el campo de los afectos, las formas de comunicación y la convivencia al interrogarse ¿Cómo luchar contra un enemigo desconocido?

Tras el desconcierto de constatar que la muerte está a la vuelta de la esquina o golpeando la puerta constantemente despertamos a una cruda realidad en que debíamos hacer algo al respecto pues nos habíamos pasado la vida víctimas de la sociedad de consumo, sin darnos cuenta que el sistema Capitalista no resistía más.

Sí o sí debíamos cambiar el chip, como afirma el esloveno Slavoj Žižek: “Necesitamos una catástrofe que nos haga capaces de replantearnos los rasgos básicos de la sociedad en la que vivimos. Hay que entender que la amenaza llegó para quedarse. Incluso si esta ola retrocede, reaparecerá en nuevas formas, tal vez incluso más peligrosas”

¿Cómo vivir bajo amenaza? La primera respuesta de los gobiernos del mundo fue el aislamiento social, el encierro obligatorio, el confinamiento para evitar la propagación del virus. Media necesaria para contener la amenaza no así el contagio. Se sobrevenía otro drama porque el ser humano esencialmente es un ser social.

Como siempre afirmo, no existe soledad, ni silencio, ni aislamiento absoluto. En el peor de los casos siempre estarás acompañado del inconsciente y en esos estatutos no hay otra cosa que reinventarse, reincidir en sobrevivir, pero por otro lado se reactualizaron conflictos intrafamiliares basta con constatar cómo han subido los índices de maltrato intrafamiliar, acoso y abuso sexual incluso feminicidios.

Covid19
Yanchapaxi,2020. Pandemia
Acrílico sobre carton

En una segunda fase se dictaminó el distanciamiento social que afectó la interacción con la gente. El temor a contagiar o ser contagiado. Nuestros cuerpos se volvieron amenazantes para el otro y para sí mismo. Una especie de guerra interna en que la procesión va por dentro en tanto como diría Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano, asegura que el nuevo covid-19 ha generado la digitalización: “Toda la cultura del “me gusta”, suprime la negatividad de la resistencia”.

Asistimos a lo que en algún momento en mis escritos denominé como fastmodernidad. El teletrabajo significó también una la regresión de derechos de los trabajadores cuyas consecuencias psicológicas están por verse pero de seguro se desarrollarán cuadros de stress, depresión, fobias, ataques de pánico, una especie de angustia social generalizada.

Noam Chomsky propone que la respuesta estaría en la movilización social; “Esta crisis es el enésimo ejemplo del fracaso del mercado, al igual que lo es la amenaza de una catástrofe medioambiental. Solo un público organizado, activo y dedicado ofrece alguna esperanza para lidiar con las graves crisis que enfrentamos ahora”.

La pandemia de Covid-19, no es solo un asunto sanitario también es un problema político y económico que nos instará a repensar como enfrentar la nueva normalidad. Entrarán en juego los intereses de las grandes trasnacionales farmacéuticas y por supuesto una lucha entre los hegemónes mundiales: China y los Estados Unidos. ¿Estamos a las puertas de una nueva guerra fría?

De la capacidad de respuesta de los movimientos y organizaciones sociales tal vez dependa la supervivencia de la humanidad.

José Villarroel Yanchapaxi
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