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Por: Diego Velasco Andrade.

Fotos: Internet, Casa de la Cultura

Una Generación Abducida

10 poetas ecuatorianos "sin nombre"

 

Ecuador, país de grandes poetas y sin embargo tan poco conocidos, tan poco valorados, tan “sin nombre” en los días de la semana literaria americana y, a pesar de ello, tan imprescindibles para configurar una singular geografía tropical, telúrica, acuática y volcánica como la nuestra.

 

Tal como los grandes poetas nuestros de la vanguardia: Jorge Carrera Andrade, el mayor de todos “aquel poeta andino y planetario a la vez”, seguido en su verbo identitario y telúrico por los Alfredo Gangotena, Gonzalo Escudero, Hugo Mayo, Miguel Ángel León, o el fakir cañari: César Dávila Andrade, también germinaron desde los años sesenta como dorada mazorca, otros menos conocidos a los que llamaremos “abducidos” por haber sido conciente e inconcientemente “desaparecidos” del mundillo “intelectual” ecuatorial y que en esta obra, los vamos a reseñar.

 

Así, enlazaremos en un gran cordel sin fin, a esta saga de poetas de la talla de Alfonso Murriagui Valverde (Quito 1929), Rafael Larrea Insuasti (Quito 1942) o al chimboracense Alfonso Chávez Jara (Villa La Unión 1955), que aun deben ser recuperados del mundo evanescente del pasado y, anclados en seguros puertos futuros de un Ecuador multicultural; a ellos agregaremos los nombres de Alfredo Pérez Bermúdez (Guayaquil 1956), Pedro Herrera Ordóñez (La Paz, Carchi, 1956), Hernán Hermosa Mantilla (Tabacundo, 1956), Atawallpa Makarios Oviedo (Riobamba 1961), Marco Núñez Duque (Quito 1967-1988), de Jorge Javier Dávila (Quito 1972-2001) y de Isabel Garrido Layedra (Riobamba, 1970), todos quienes conforman una suerte de generación transversal y diversa; no solamente dedicados a la poesía en términos convencionales sino a la construcción de una verdadera poética ecuatorial; ellos constituyen pues una “generación” casi fantasmal para los “Críticos de la Lengua” y para “la Academia”, o para todos aquellos quienes fungen de críticos sin memoria en este país “desmemoriado”.

 

¿Cuáles son los rasgos fundamentales de esta “transgeneración” esfumada con intención por interés de los “canónicos y académicos”? En primer lugar, el uso de un lenguaje accesible al gentío o de modo tautológico “al común del comunis”; pues son poetas comunicantes, pleno de imágenes del mundo cotidiano, con fuerza en la voz y en el corazón, no enredados en la auto referencia o en el seudo intelectualismo diletante; todos ellos poetas valientes y por supuestos “humanos hasta los huesos” como bien quisiera el código de honor vallejiano, para algunos ya superado o considerado: una suerte de arcaica mitología.

 

De otra parte, estos autores son concientes de su identidad andino ecuatorial, de la geografía poética y de la cosmovisión del mundo de donde cada uno proviene; pero sobretodo, son o fueron autores en resistencia permanente y combativos en la trinchera de su tiempo; anunciadores de mundos futuros, y además: esencialmente “políticos”, claro está en el sentido amplio y multidiverso del término contemporáneo; digamos con precisión actual con la conciencia de una biopolítica y de una biocultura militantes, no de aquella “politiquería light” a la que estamos acostumbrados a presenciar y/o a lamentar, en las verdes y “postmodernas” elites criollas y “revolucionarias del siglo XXI”.

 

ALFONSO MURRIAGUI VALVERDE

 

Poeta comunicante, siempre en movimiento y como el agua: transparente

 

Alfonso Murriagui, nació en Quito en 1929. Su interés hacia la literatura empieza desde temprana edad, gracias al apoyo de su abuela: maestra de escuela; ella fue quien le enseñó a leer y a escribir, cuando apenas tenía 4 años de edad. Abuela le compraba historias y cuentos infantiles y allí, entre las aventuras y desventuras de aquellos héroes legendarios, Alfonso Murriagui aprendió a valorizar las primeras palabras. Este fue sin duda, el primer contacto del futuro escritor, con el complejo arte de la palabra poética en movimiento.

 

 

La situación económica de una familia, que no había pasado nunca limitaciones, pero que de pronto se ve sumida en la más completa necesidad, obliga  al joven lector a trabajar para apoyar a su madre y a sus hermanos menores, asumiendo adolescente el sostenimiento de su hogar. Su vida desde entonces no fue fácil, habiendo tenido que trabajar como pintor de brocha gorda y obrero para poder sobrevivir. Por eso,  tal vez sus poemas hablarán con tinta propia, de lo injusto que resulta trabajar en una fábrica, para recibir gotas de remuneración: “Las manos, no deben ser ingenuas, si producen, debe ser para vivir mejor, y si golpean, debe ser para acabar, con los que quieren mutilar el futuro”.

 

A causa de su necesidad de trabajar desde muy joven, recién se graduará de bachiller, en el colegio Mejía nocturno, cuando tenía 30 años; entonces será el fundador del periódico “Buscapié”, además de director de una revista literaria juvenil llamada: “Inquietudes”. Al decidir con ilusión, qué carrera seguir en la Universidad, mucho tuvo que ver el empleo de amanuense que había encontrado poco tiempo atrás; allí donde le pagaban dos sucres por cada hoja que escribía haciendo de “tinterillo” en alegatos judiciales. “Por ello, compré el derecho para el examen de ingreso a la Facultad de Jurisprudencia”, -cuenta entre sus anécdotas en su entrañable diario de combate Opción- :

 

“tenía que presentarme un día lunes, a las 7 de la mañana, para ser registrado en las oficinas de administración, pero llegué atrasado y era el último de una cola de cuatrocientos. El aburrimiento se apoderó de mí; entonces eché un vistazo a quienes estaban entre los aspirantes en mi fila, y decidí salir de allí pues había  tanta gente, que conocía demasiado en los juzgados, que resolví no seguir jamás esa carrera”…

 

Murriagui cambia entonces para La Escuela de Periodismo, por entonces parte de la Facultad de Filosofía, que funcionaba en la calle Chile. Allí encuentra gente que hacía literatura, sobre todo un grupo llamado: “Caminos”. Murriagui,  por invitación de uno de sus integrantes, asiste algunas veces a escuchar sus lecturas y recitales, pero sintie que no era ese precisamente su “camino”; para entonces (1957) tenía ya escrito un libro que estuvo a punto de ser editado por la Casa de la Cultura titulado “Desde mi soledad” y que hoy aparece en primer lugar en ésta, su selección antológica.

 

I

DESDE MI SOLEDAD

 

En este libro primerizo, son evidentes las influencias del modernismo “decapitado” de inicios del siglo XX, con sus angustias existenciales, sueños, soledades, muertes y cementerios por doquier:  “Esta necesidad eterna de ser aire / de ser inmensa nube / el deseo constante de ser agua / de ser llanto, dolor, incertidumbre/ y la infantil quimera de ser sueño…El ansia de ser ave/ el angustioso pesar de ser humano/ y la tremenda certeza de ser barro”...(PARABOLA   DE   ANSIEDAD)

 

Murriagui describe así el paso vertiginoso de su infancia a su prematura madurez: “Entonces se nos vino / el mundo como un río / incontenibl e/ inmenso / y el viaje se tornó / en incertidumbre/ y el puerto en cementerio”…Sin embargo, hay una vitalidad luminosa que irrumpe y ya se adivina en el poeta político y comunicante en el que se convertirá más tarde y así, en aquellos felices versos de S I M P L I C I D A D, nos confiesa:

 

“Como hoy me encuentro / quisiera vivir  siempre/ bueno como la luz del día / como el sol / con la sonrisa abierta /  como un río / con el alma tranquila / y el corazón en flor”…

 

Y enfrentado prematuramente, y sin razón, a la idea de la muerte tan lugar común en la poesía modernista, el joven poeta se sacude y advierte:

 

…“Yo no deseo estar sin movimiento / quiero viajar entre la luz y el agua…Quiero tener valor para enrumbarme / hacia cualquier lugar / y que la muerte / me encuentre caminando / y no sin fuerzas / clavado, como en cruz / sobre mi nada”…  “Quiero  tener una ventana grande / siempre ansiosa de cielo”…“Vivo en constante lucha con mis  nervios/ y en desigual combate con mis sueños”…

 

De igual manera, en su primer libro, la notable influencia micro poética del gran Carrera Andrade, es evidente, como en aquellos cromáticos versos de la sección

 A   C   U   A   R   E   L   A   S :

 

…“Panecillo: cerro cruzado / por los equinoccios / centinela constante / de todos los insomnios / te estás mojando ahora / y la lluvia parece / que bañara la sombra / de un cacique  lejano”…

 

 …“Eucalipto: árbol de peces iguales / que navegan lentamente entre las ondas del aire; /murmullo de mil cristales; / que se rompen en la tarde  /manos tenues que dibujan / el paso de las edades”…

 

O en este otro, en donde ya se manifiesta su obsesión arquetípica por el movimiento, fuerza, transparencia  y constancia del agua:

 

V I S I O N   M A R I N A

 

“Ruges cuando despliegas / tu bravura potente / cuando sobre la playa / te recuestas cansado / y besas las arenas / con deleite infinito / para obsequiar tus flores / espumosas y tristes”…

 

“Compilador de algas,

museo de medusas,

confidente de todos

los secretos,

eres un gran silencio

movedizo y eterno,

eres la vida misma

flotando sobre el tiempo”.

 

 

Continuará...

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ISSN 1390-6038

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