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Por: Diego Velasco Andrade.

Fotos: Julián Lozano

IV

ENTRE LAS NUBES  Y EL ASFALTO (2004)

 

“Las puertas

de las cavernas iluminadas

han abierto sus tentáculos

para dar paso a la lengua

de los predicadores.

Me duermo

y sueño con una escalera

que termina en el instante

en que surge

la magia de la Poesía”

 

 

En su siguiente libro ENTRE LAS NUBES Y EL ASFALTO, recién editado en 2004, después aquel gran síntoma de demolición y decadencia del imperio que constituye la caída de las torres de Nueva York, con poética y lenguaje acorde a los oscuros tiempos neoliberales de los 90s,  el poeta se confiesa incólume ante sus sueños y a pesar de los años, nos invita a dar el gran “Salto que salta en contra/ del caimán roedor/del hidrópico pulpo/ que se engulló el presente”…

 

 

Bien sabe el poeta que llegaron “otros tiempos, que la memoria ya no está deslumbrada” pero que todavía “los dientes son piedras preparadas para romper el miedo que nos ata”…Sabe también que como poeta inserto en su tiempo y su sociedad, deberá dejar su legado de palabras enlazadas como kipus, para que otras generaciones construyan con éstas, la “memoria del futuro” y prosigan en su utópica y poética batalla por la igualdad y la diversidad de los pueblos.

 

 “Tendido

bajo la vieja acacia,

inhabitado,

con un letargo visceral,

miro pasar las nubes

que se llevan los recuerdos.

 

Cierro los ojos

y escucho

la risa de los niños.

 

Buena es la vida,

digo,

y me levanto”.

 

 

A

pesar de su optimismo vital, aquello de ser poeta humano y no un semidiós cuasi descendido del Olimpo, cuesta tiempo y energía para robar a la urgente cotidianeidad. En sus confesiones en el periódico alternativo OPCIÓN donde milita con su palabra, Alfonso Murriagui nos da algunas claves de su Ars Poética:

 

“Cuando el arte se lo concibe desde la perspectiva social, no es muy dulce, ni muy hermoso el acto de crear; al contrario, es muy doloroso... Cuando se escribe no se lo puede hacer con los ojos cerrados, sino con los ojos muy abiertos, y constatar la realidad que vive nuestro pueblo, duele”…

“No vengan a decir

que soy el mismo,

que pueden encerrarme

en cualquier laberinto

sin que yo me resista;

es absurdo pensar

que no he cambiado,

que soy aquel iluso

al que golpearon tanto.

 

Véanme limpio,

ombligo en vientre nuevo,

fruta o miel en la tierra;

conozcan mi color,

los ojos de mi sangre,

los árboles creciendo

en mis entrañas”

 

…“Toda la vida he trabajado, para vivir, nunca me han sobrado las cosas...Sin embargo, la literatura me ha dado momentos muy gratos. Con el arte viajé por toda América, nutriéndome de historias hermosas y del cariño de la gente... El placer de estar siempre al lado de personas humildes, de los indígenas, de los obreros, campesinos, quienes han escuchado mis recitales, es una experiencia única e inolvidable”…

 

“…Los “intelectuales”, creen que la gente pobre, sencilla, no tienen sentimiento artístico, que no comprenden el arte; pero están equivocados: todo lo que uno aprende del arte, lo aprende precisamente de ellos, el arte más puro, libre y expresivo está en su esencia, en sus vidas”.

 

Sin embargo de la poética de lo comunicante y social que Murriagui asumirá como opción estética para sus versos, en ella hay también briznas de hierba fresca con olor a campo dulce, en medio de la agitación diaria:

 

 “En la pradera,

cerca del canto del grillo,

hay un rumor intenso

que se agranda

mientras la hierba crece.

 

Me quedo tenso,

con miedo de ensuciar

las huellas de la noche”

 

Frente al “desencanto” y al “desencuentro” de sus movedizos contemporáneos, él asumirá como lo hizo su recién desencarnado hermano de utopías Rafael Larrea, la poética de la fuerza, de la acción y del encanto, del siempre MÁS, hacia nuevos y mejores tiempos, por eso en la segunda parte del libro, el poeta nos advierte que sigue militando en: EN EL OJO IZQUIERDO DE LA LUNA y P A R  A   Q U E    N  O   S E        O  L  V  I  D  E, en la memoria colectiva, incluye poemas en los canta en sendas elegías a sus amigos, hermanos y camaradas, desaparecidos en sus luchas respectivas:

 

..“Porque querían callar tu voz

para que el huracán no gritara,

seguros que al detener tus pasos

ya no quedaban piedras

en las calles”

 

(A Milton Reyes)

 

… “Ayer volvió el Poeta

a visitar mi casa,

compartimos el ron

y la guitarra

y nos dijimos cosas

sobre el surco y la fragua,

esperando, tranquilos,

que apareciera el alba”.

 

 (A Rafael Larrea)

 

…“Nada te ha detenido,

ébano incorruptible;

 

…Aún están ocultos,

aquellos que lanzaron

el arsenal sombrío

de tu muerte.

 

y no podrán dormir

porque tus ojos

sin tregua los vigilan

 

Ébano de fuego eterno”…

 

( A Jaime Hurtado Gonzáles)

 

 

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

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ISSN 1390-6038

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