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Por: Pedro Martín Páez Bimos

Fotografía: Vladimir Cruz, Hotu Matua

Una ciudad: Dos culturas

 

Los seres humanos tenemos características sociales, es nuestra naturaleza y el principal motivo de razón evolutiva. Desde que nacemos, entramos en interacción natural con nuestra madre, y a su vez, con el núcleo familiar –por lo general-, siendo de manera sucesiva la interrelación con el ambiente externo como los barrios, individuos de la formación educativa y la sociedad en abstracto. Es decir, existe un modelo social en el que la asociación es un acto planificado y que conlleva el desarrollo del ser. Estas agrupaciones maduran como entidades o instituciones que se pueden generar en una base contractualista de los individuos o una base natural social, la primera basándose en la manifestación de voluntad tacita como estructura de organización social propuesta por Rosseau con el Contrato Social, y la segunda, como sociedad desde el punto de vista orgánico-metafísico, en el que el espíritu del individuo lleva al desarrollo social, sustentada en parte por Hegel. Existen otras posiciones como la aristotélica en la que se pone de manifiesto que el ser humano es social por su propia naturaleza o características propias del vivir en sociedad.

 

Lo cierto es que actualmente el modelo capitalista-industrial se fundamenta en sistemas de distribución política de urbes -fenómeno que se han expandido con la globalización económica y sus interdependencias- y que si revisamos nuestro mapa político, encontramos que se divide en Provincias-Capitales. No obstante, este modelo basado en la migración masiva del campo a las ciudades en busca del desarrollo en sus diferentes sentidos, ha generado que existan diferentes metrópolis que experimentan la interculturalidad y la diversidad poblacional. Grandes urbes como Nueva York, Tokio o Madrid, son ejemplo de espacios territoriales en los que coexisten gran diversidad de sujetos que conviven en búsqueda de un porvenir o el desarrollo individual o familiar, en respeto de sus diferentes culturas y costumbres.

 

 

Este fenómeno lo encontramos muy cercano en nuestra realidad local, si de manera aislada compartimos ciertas líneas que nos invitan a la reflexión, el Distrito Metropolitano de Quito (D.M.Q), comparte esta realidad común, pero diferente en ciertos matices al resto de urbes capitalinas y comerciales alrededor del mundo. Y es que en realidad, el crecimiento poblacional de Quito ha tenido algunos matices interesantes si revisamos la plataforma de población del INEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos):

 

 

Siendo Quito la capital del país, es lógico que la gran plataforma gubernamental del Ecuador, con sus grandes engranajes y estructuras político-administrativas sean comandadas desde la ciudad, careciendo varios años de una estructura descentralizada, hasta la distribución planteada por el COOTAD (Código Orgánico Organización Territorial Autonomía y Descentralización), no obstante, la gran migración de las diferentes partes del país han generado grandes comunidades o agrupaciones urbanas de manabitas, guayasenses, lojanos, esmeraldeños, entre otros más, que se agrupan por sus diversas costumbres en esta nueva ciudad que maduró rápidamente como metrópolis.

 

Hoy siendo el siglo XXI es interesante revisar que esta diversidad cultural cuenta otra forma de expresión, y ésta tiene que ver con el Norte y Sur de la ciudad. El primero caracterizado por el llamado “sector pelucón” donde se encuentra mayor población, mayor infraestructura en servicios, desarrollo de empresas financieras e internacionales, y sector donde el valor de los terrenos es elevado como por ejemplo la Av. Gonzáles Suárez o la Urbanización el Condado. Mientras que al otro lado de la Virgen del Panecillo viven los “sureños” o “obreros”, caracterizándose por edificaciones de estructura pequeñas, menor inversión en espacios públicos, y alejado de las grandes urbanizaciones y empresas financieras. Claro, esto sin mencionar ciertos sectores que desde algunas décadas han tomado relevancia como son los Valles de los Chillos y Tumbaco.

 Sur de Quito

 

Sin embargo, existe un sentimiento distinto que ya ha sido investigado y analizado con anterioridad en varios trabajos de grado, reportajes periodísticos, estudios históricos y sociales. En los que ésta temática se encuentra centrada en las diferencias existentes. Algunos estudios como los del historiador Espinoza Apolo han establecido que desde la época colonial ya existieron dos ciudades, a espaldas del panecillo para los indígenas y al norte para para los blancos (españoles-criollos), cuestión que marca diferencia si la observamos desde la perspectiva de dominadores-dominados o explotadores-explotados en la época colonial y postcolonial, que forma parte de nuestra historia de luchas de igualdad y abolicionistas en los huasipungos. Lo cierto es que existen diferentes costumbres, tradiciones, ideas y conocimientos que son distintas en el Norte y en el Sur, en el primero existe mayor preferencia en el uso de tarjetas de crédito como forma de pago, la forma de circulación del tránsito y diversas formas de expresión lingüística y mímica, mientras que en el sur existe una preferencia por el pago en efectivo, diferentes formas de aplicación de las normas de tránsito (menos control y agresividad al conducir) y una diversidad clara de expresión. Esto no quiere decir que no existen interconexiones entre las diferentes zonas del sur que tienen un desarrollo diferente en servicios públicos, así como en el norte en el que existen diferentes barrios que no guardan relación con estos estereotipos y que tienen grandes necesidades, aunque este sea un análisis reflexivo de manera general, no es nuestra intención fijar prejuicios o estereotipos, pero sí mencionar ciertos patrones o sentires urbano-pragmáticos.

 

 

 

La poca facilidad que refleja la movilidad de una ciudad que tiene un aproximado de 80 km de largo por 5 km de ancho (Parroquias urbanas), polariza el vivir en una metrópolis que por sus accidentes geográficos ha tenido un desarrollo particular. Muchas personas del norte de la ciudad no han visitado el sur, y viceversa, la mayoría de vías que conectan estos puntos tiene gran cantidad de tráfico, así como los tiempos de traslado de un punto al otro son largos y extenuantes en transporte público, impidiendo en muchos casos o desanimando su interconexión, por lo que este factor es relevante desde el punto de vista de la movilidad humana, y el desarrollo de satisfacción y necesidades sociales-económicas. Siendo importantes los proyectos públicos constructivos, culturales y sociales que incentiven la unión, interdependencia y que procuren relacionar estos dos puntos de la urbe.

 

Inclusive diferentes producciones cinematográficas han intentado representar esta realidad, la obra de Sebastián Cordero, “Ratas, ratones y rateros, 1999.”, en el que se pone en contexto la realidad ecuatoriana de un joven con escasas oportunidades del sur de Quito que enfrenta una cruda realidad social con su primo Ángel y sus amigos, buscando tener un ingreso mediante actos delictivos. O el caso de la película de Pito Jara “A tus espaldas, 2011”, que trata la vida de Jorge Chicaiza que niega su mestizaje y su origen humilde del sur de Quito y busca un porvenir mejor al tener como ideal el norte de la ciudad, al cual busca llegar sin importar los medios que sean necesarios. Este tipo de expresiones desde el arte cinematográfico buscan poner en evidencia una realidad que se vive todos los días y que busca fundamentarse.

 Centro norte de Quito Revista Rupturas

 

En definitiva, existen muchos aspectos culturales de relevancia entre el Norte y Sur de la ciudad, desde costumbres financieras que son reflejo de las costumbres mercantiles a cosmovisiones de como concebir la realidad, el reflejo de valores e inclusive la discriminación negativa. Sin embargo, esta realidad es importante reconocerla y tomarla en serio para comprender que existen grandes problemas por tratar, y grandes resentimientos que curar, la falta de oportunidades, servicios, y la poca representatividad de ciertos sectores de la sociedad es relevante para quitar estas barrearas que son impuestas por intereses culturales, tradicionales y económicos que si bien tienen más de 400 años, según Espinoza, pueden ser enfrentados en virtud de los principios de unidad e igualdad.

 

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

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