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Por: Henry Izurieta

Fotografía: Vladimir Cruz

“Se fueron sin nada”

 

Así se expresó Alfredo Vera, aliado del  correísmo, luego que los marchantes, que llegaron a Quito desde Zamora e hicieron campamento en el parque de El Arbolito por varios días regresaron a sus comunidades, exponiendo con claridad el objetivo gubernamental para enfrentar las protestas populares: no ceder en nada.

 

Y en efecto, hasta podría decirse que se fueron con pérdidas pues hay más de un centenar de detenidos.  Pero esa sería una visión superficial.

 

Solo basta escarbar un poco en la realidad ecuatoriana, en la opinión de la gente de a pie y se puede encontrar una primera opinión que es fundamental: “fue el primer paso, la lucha continúa”.

 

No se puede dejar de reconocer que si bien el gobierno de Rafael Correa ha sufrido un importante desgaste, no ha llegado a los niveles tan bajos de aceptación que tuvieron Sixto Durán Ballén, Jamil Mahuad o Abdalá Bucarám por tanto, sigue “endulzado” con la idea de tener una gran aceptación que ya no es real, pero que le empuja a tomar decisiones como si lo tuviera.

 

Consecuentemente, no ceder nada, que aparecería como un triunfo, es en verdad, la expresión de la incapacidad del gobierno de “leer la realidad”, de creerse su propio discurso engañoso. Al no lograr conectarse con lo que la gente siente, lo que obtiene es un mayor distanciamiento. Así se explica entonces por qué ya no salieron a defender su gestión, pese al denodado trabajo de Patiño y sus acólitos.

 

 

El discurso oficial en todos los años de su gestión ha sido que sus opositores carecen de respaldo popular y en un inicio así fue. Los quiteños que acudieron al Paro y estuvieron en la marcha saben que la cantidad de personas fue enorme, por tanto encuentran como mentirosas las afirmaciones del Presidente cuando les dice que solo fueron unos cuatro mil. Son más de cien mil personas en Quito, y cerca de medio millón en el Ecuador que pueden afirmar que Rafael Correa miente. El gobierno ha perdido uno de sus principales activos: la credibilidad. Ese medio millón de personas ahora mismo están diciendo a sus allegados que el gobierno falsea la verdad.

 

La vehemencia de los correístas para defender a su líder ya no es la misma de hace años. Ahora su principal argumento es: “pero ha hecho obra, los gobiernos anteriores solo se dedicaban a robar”. El principal sostén de Rafael Correa son las carreteras, las escuelas del mileno -hechos también duramente criticados- ya no es el cambio social, el apoyo a las microempresas, el trabajo sobre el capital, el socialismo, ya no pueden defender ese hermoso concepto de “Nuevo País” que los llevó al poder, pues estando en las dulzuras de la conducción del Estado, no lo concretaron.

 

El gobierno no cedió en nada, pero perdió. Perdió en su aceptación que, al margen de lo que digan las encuestas, sin duda bajó. Perdió en su credibilidad ya que su mentira es conocida por cada vez mayor cantidad de personas. Perdió porque no supo interpretar el sentimiento de la gente y se distanció de la misma.

 

 

Seguramente si cedía en archivar las reformas, ganaba. Ganaba tiempo para reacomodar sus fuerzas. Ganaba en aceptación por dar paso a lo que un sector social, por minúsculo que sea, siente, incluso siendo rivales políticos.

 

Cierto es que para los sectores populares la batalla no termina con el archivo de las reformas constitucionales, que las exigencias continuarían y que podría verse como una demostración de debilidad del gobierno, pero el caso es que esa decisión le daba armas políticas para sostenerse.

 

Ahora, con la imagen que el gobierno pretende proyectar de fortaleza al no haber cedido en nada, lo que brinda a sus opositores es el argumento ideal: es un dictador intransigente, incapaz de escuchar a la gente. Si antes acudieron a las marchas exigiendo cambios, seguramente más adelante se movilicen exigiendo, ahora sí, que se vaya.

 

El gobierno perdió porque su fortaleza más bien es su sinrazón, su incapacidad de sintonizarse, de hacer lo que hizo para ganarse los votos que lo llevaron al gobierno. Esa imagen de autoritarismo, unida a la difícil situación económica que se vive en estos días, es el caldo de cultivo para que la mayoría de ecuatorianos superen la idea de las obras realizadas y prefieran que se vaya. No pudo manejar esta crisis en favor del país.

 

 

El gobierno también perdió en su relación con las Fuerzas Armadas y la Policía. El antecedente del 30S y las injustas inculpaciones a miembros de ambas ramas todavía no se ha cicatrizado, al contrario se han profundizado tanto porque el caso del 30S todavía se mantiene vivo en las cortes de justicia, como porque a personas en cuya formación el honor es fundamental es inaceptable ser acusados de cometer actos que no estuvieron siquiera en sus cabezas.  Las FFAA ecuatorianas siempre han demostrado su predisposición a no tomar medidas de fuerza contra la población, pero en esta ocasión no fue así.  Entraron a casas de indígenas Saraguros, marinos reprimieron en el Oriente, en todos los casos contra personas que se manifestaron contra el régimen. Sin embargo el justificativo legal que ampara tales intervenciones demana de un “estado de excepción” emitido para enfrentar la posible erupción del volcán Cotopaxi.  Los mandos de las ramas armadas deben sentirse manipulados. ¿Por qué el Presidente no emitió un decreto de estado de excepción con las verdaderas razones que lo motivaban?.

 

La Policía y las FFAA fueron utilizadas para ese engaño.

 

Lo que sí gano el gobierno del Presidente Correa es el repudio que se generaliza cada vez más.

 

 

Los indígenas, los sindicalistas, maestros, estudiantes, jubilados, en efecto, no regresaron con una victoria.  Esto no es nada nuevo. Jamil Mahuad no cayó al primer paro, fueron varios los que se realizaron previamente a su caída.  Los propios indígenas sostienen que “han resistido quinientos años”.  Es simplemente regresar a sus cuarteles a prepararse para las siguientes acciones. Una tregua. Con el adicional de que al no conseguirse nada en el primer intento y con un ambiente de rechazo al gobierno que se generaliza, lo que queda en la conciencia de los luchadores es ir por más.

 

El gobierno ganando -como él dice-, perdió.

 

Con la tozudez de Rafael Correa ganaron las organizaciones sociales, indígenas, populares, campesinas, los partidos políticos de oposición, tanto de izquierda como de derecha. Serán las acciones de la izquierda en las subsiguientes acciones las que logren mantener la diferenciación y logren aislar a la derecha. Parte de esas acciones se pueden inscribir como las victorias de estas jornadas.

 

Los grandes medios de comunicación tanto manejados por el gobierno como los “independientes” han dejando en segundo plano un hecho que antes siempre pusieron de relieve: la desunión de los trabajadores y organizaciones de izquierda.

Lo dejan de lado seguramente porque hoy la situación es diferente. Las fuerzas de izquierda y sus organizaciones sociales se encuentran en un franco proceso de unidad que ha dado como resultado acciones como las que son de dominio público en estos últimos meses, como la propia marcha, el Paro Nacional, la creación del Colectivo Unitario Nacional de Dirección en el que intervienen organizaciones como el FUT que a su vez está integrado por la CTE, CEOLS, Cedocut, UGTE; también conforman este colectivo la Conaie, Ecuarunari, UNE, Frente Popular, entre las más conocidas.

 

Estas organizaciones convocaron a una Asamblea Popular el último día de permanencia de los marchantes en Quito. Fruto de ello se decidió convocar a dos acciones que tienen trascendencia: la primera generalizar las Asambleas Populares incluso a nivel de barrio y comunidad -algo que no lo logró Ricardo Patiño pese a tener el poder- y a darle a esas instancias de organización la capacidad de decisión y proposición de forma que desde allí se enfrente a las políticas del régimen.

Si bien esta instancia no tiene las capacidades ejecutivas, indispensables para concretar las decisiones, son una muestra, un paso hacia lo que el Frente Popular denomina Gobierno Popular que, como se expuso en la primera Asamblea Popular, será una expresión de gobierno paralelo, nacido de la necesidad popular para enfrentar el autoritarismo y la incapacidad de escuchar que tiene el régimen del Presidente Rafael Correa.

 

Los sectores populares perdiendo -como dice el gobierno-, ganaron.  Y la lucha continúa.

 

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

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