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Por: Pablo Ospina Peralta

Fotografía: Internet

1Redistribución

 

Con motivo del retiro temporal de los proyectos de ley sobre herencia y sobre plusvalías el 16 de junio de 2015, Rafael Correa llamó a un diálogo nacional sobre la redistribución de la riqueza. De manera muy significativa, comparó el retirado proyecto de ley de herencias (llamada oficialmente “ley de redistribución de la riqueza”) con las leyes de reforma agraria de los años 1960. La comparación es significativa porque el propio presidente se ha opuesto terminantemente a la redistribución de tierras con el argumento de que repartir las tierras es repartir pobreza:

 

Algunos quieren definir latifundio de acuerdo a un tamaño: más de 100 hectáreas y ¡prohibido los latifundios, la Constitución prohíbe el latifundio…! [Pero] lo importante es la propiedad y lo importante que se esté produciendo…  Primera idea de fuerza: cuidado por hacer un bien hacemos un daño mayor… Para que todos seamos propietarios partamos estas 2.000 hectáreas en 1.000 familias a dos hectáreas cada  familia. Bueno, vamos a tener 2.000 familias más pobre que antes. La segunda idea de fuerza es la productividad. Tenemos una productividad agrícola demasiada baja. Y en la economía campesina esa productividad es desastrosa. Y parte de esa baja productividad son las pequeñas parcelas de terreno. Incluso, con el sistema capitalista, si tenemos una producción de 2.000 hectáreas y una sociedad anónima con 200 accionistas, en buena hora: se está democratizando en algo la propiedad de esa tierra. Esto es que no entienden muchos compañeros. Por ahí veo proyectos de tierra, incluso del propio Consejo de Soberanía Alimentaria, que tienen solo esa visión de justicia. Cuidado, por buscar la “justicia”, entre comillas, destrozamos la eficiencia y lo que hacemos es a todos igualitos, pero igualmente miserables, igualmente pobres.2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando Rafael Correa hablaba del parecido entre su aumento del impuesto a la herencia y la reforma agraria, lo hacía para resaltar su radicalidad y profundidad. Por supuesto, no sabía de lo que hablaba. Vale empezar recordando que la reforma agraria ecuatoriana destaca entre sus similares de América Latina por su moderación y timidez.3  Estamos lejos de la reforma agraria peruana, por no hablar de la boliviana, la guatemalteca o la mexicana. Pero quizás sí sabía de lo que hablaba y lo que pasa es que sus nociones de “radicalidad” y “profundidad” no van más lejos que una de las más desabridas reformas agrarias del continente.

 

Una cosa es cierta: la mejora en los indicadores de distribución del ingreso que acompañaron el inicio del nuevo siglo encontraron sus límites hacia el año 2010. La más señalada oferta del gobierno de la revolución ciudadana fue construir una sociedad menos desigual. Para ello, en sus primeros tiempos, empujó decididamente la inversión social, puso al Estado como regulador del mercado y aumentó los impuestos directos y progresivos como el impuesto a la renta frente a los impuestos regresivos e indirectos como el IVA. Todo eso quedó atrás. En el año 2008 el impuesto a la renta llegó a ser el 46% de la recaudación combinada de ambos impuestos pero desde 2009 en adelante descendió y se ha mantenido en el 38% hasta 2014.  De hecho, en 2014 el pago del servicio de la deuda (4.900 millones de dólares) superó el gasto público en educación (3.600 millones). Más significativo aún, la Constitución de 2008 establece en su disposición transitoria vigésimo tercera que el Presupuesto General del Estado debía aumentar cada año el 0,5% del PIB en gastos de salud hasta llegar al 4%.  En 2009 el gasto en salud fue el 1,4% del PIB y en 2014 llegó al 2,1% del PIB. Muy lejos de la obligación constitucional.4

 

Las cifras de reducción de pobreza y desigualdad de ingresos en el Ecuador desde el año 2001 son muy positivas. Sin embargo, se notaba claramente que el ritmo de reducción era más acentuado entre 2001 y 2006 que entre 2007 y 2011. La novedad del momento es que entre 2011 y 2014 las cosas se estancaron o comenzaron a empeorar. En efecto, la pobreza bajó del 64% al 37% entre 2001 y 2006 y desde ahí se redujo a 24% en 2014. Más significativo es que desde junio de 2013 la pobreza dejó de bajar y empezó a subir lentamente (de 23% a 24%). Algo similar ocurrió con el indicador de desigualdad de ingresos, el índice de Gini, que era en 2001 de 59 puntos, bajó a 54 en 2006 y luego llegó hasta 48 en 2014. Lo significativo es que desde diciembre de 2011, cuando tuvo su punto más bajo (alrededor de 47) se estancó primero y comenzó a subir después.5

 

La razón de esta desaceleración es que después de la crisis nacional de 1999 la pobreza y la desigualdad alcanzaron grados muy altos por razones coyunturales. Desde entonces, con la bonanza de las materias primas, se redujeron la pobreza y la desigualdad coyuntural pero no la estructural, es decir, aquella que tiene que ver con la posesión de los activos productivos, con la gran propiedad. En efecto, el más reciente estudio sobre las grandes empresas ecuatorianas muestra que los ingresos de las 300 empresas privadas más grandes del país crecieron a un ritmo mayor que la tasa de crecimiento del PIB. Como resultado, si en 2011 sus ingresos combinados representaban el 54% del PIB; en 2013 sus ingresos combinados ascendieron al 57% del PIB.6  La misma tendencia a la concentración se encuentra en el sector financiero: mientras en 2012 los siete bancos privados más grandes concentraron el 82% de los activos; en 2014 llegaron a concentrar el 87%.7  ¿Con semejante tendencia en la concentración de la propiedad y las ganancias, cómo se espera conseguir una sociedad menos desigual?

 

A la luz de estos datos, el impuesto a las herencias parecería apuntar al fin hacia la gran propiedad. Atacaría la transmisión intergeneracional de la desigualdad. ¿Hemos sido injustos con el correísmo justo cuando por fin se aproxima a los sueños de la lucha por la igualdad? Empecemos recordando que el impuesto a las herencias no es una medida socialista. Es una medida que se atiene estrictamente a los principios del liberalismo más progresista. Según ellos, la riqueza heredada no tiene justificación alguna porque el heredero no ha hecho nada por merecer el patrimonio recibido. El heredero no trabajó, no arriesgó, no invirtió, no se esforzó. La herencia es como ganar una lotería. Así como los hijos no son responsables de los crímenes de sus padres, tampoco lo son del patrimonio ganado por sus progenitores. Desde un punto de vista estrictamente liberal, la herencia distorsiona o impide la igualdad de oportunidades. Por lo tanto, el impuesto a las herencias existe en la mayoría de países liberales: no se trata de un impuesto anti-capitalista. Sin embargo, a pesar de sus limitaciones, es una medida que contribuye moderadamente a aumentar el pago de impuestos de las familias más ricas. Que no supere el capitalismo no es razón para oponerse a ella, igual que el aumento del impuesto a la renta de las franjas más ricas de la población tampoco elimina el capitalismo pero sería absurdo para las izquierdas oponerse a la medida.

 

Lo que debemos criticar es la forma en que la revolución ciudadana decidió reformar este impuesto. Decidió aumentarlo no solo a los ricos sino también, y sobre todo, a las clases medias. El gobierno redujo las franjas impositivas y aumentó no solo arriba sino al medio. Sobre 141 mil dólares se pagaba antes el 10% y ahora se pagará el 17,5% (ver Cuadro 1). La cantaleta gubernamental de que el impuesto no afecta a las clases medias es sencillamente una mentira ¡El absurdo llega hasta a reducir la base imponible por la que aumentará el número de gente de clase media que empezará a pagar! Se pone una excepción en los bienes inmuebles, para los que se mantiene igual, pero es eso, una excepción.

 

Cuadro 1. Comparación de tablas del impuesto a la herencia (2007 – 2015)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuentes: “Proyecto de ley orgánica para la redistribución de la riqueza”, presentado por la Presidencia de la República a la Asamblea Nacional, Quito, 5 de junio de 2015; y “Codificación de la Ley de Régimen Tributario Interno”, art. 36, literal d, Codificación 2004-026 (Suplemento del Registro Oficial 463, 17-XI-2004).

 

La comparación de los pagos previstos en la tabla actualmente vigente y en la tabla propuesta no deja lugar a dudas: los tramos más bajos verán aumentar el pago de su impuesto en una proporción mayor a los tramos más altos (ver Cuadro 2). Aunque el impuesto a la herencia es un impuesto progresivo, la nueva tabla es regresiva frente a la antigua: aumenta más el cobro a los grupos medios.

 

Cuadro 2. Comparación del pago actual y el pago previsto en la nueva tabla de impuesto a la herencia

 

 

 

 

 

 

 

La consigna de las izquierdas en este tema no puede ser retirar la ley sino cambiar la tabla. Una nueva tabla debería aumentar el impuesto únicamente en los tramos superiores; podríamos incluso reducir el porcentaje de los tramos más bajos y subir en los tramos más altos. Así, sobre 688 mil dólares, se podría subir al 35% y crear una nueva de 50% o más sobre los 826 mil dólares. Además, la ley podría establecer que todo el producto del cobro de este impuesto debería ir a cubrir la única preasignación que permite la Constitución: la de la educación. ¿Cómo es posible que no tengamos todavía el seis por ciento del PIB destinado a Educación básica y el bachillerato como manda la disposición transitoria decimoctava de la Constitución? Otra opción sería que el producto recaudado de este impuesto y de otros impuestos al patrimonio se destinen a entregar un fondo no reembolsable único (quizás 30 o 40 mil dólares) a todo ciudadano o ciudadana que cumple 18 años y empieza su vida laboral. Así, el impuesto no irá a engrosar las fortunas de funcionarios bien ubicados sino a contribuir directamente a la igualdad de oportunidades laborales.

 

La redistribución de la riqueza y la construcción de una sociedad más equitativa es algo por lo que debemos luchar no solo contra la derecha de Guillermo Laso y Jaime Nebot, que la combaten abiertamente, sino contra las medidas del correísmo que fingen buscarla y la traicionan todos los días.

 

  1.   El presente artículo retoma, complementa y corrige secciones de dos trabajos anteriores: Pablo Ospina Peralta, “Nuestras razones para salir a la calle”, en La Línea de Fuego, 16 de junio de 2015, disponible en http://lalineadefuego.info/2015/06/16/nuestras-razones-para-salir-a-la-calle-por-pablo-ospina-peralta/; y Pablo Ospina 2015. Ecuador: Crisis y tendencias económicas en el Ecuador de Rafael Correa. Informe de coyuntura, abril. Quito: Comité Ecuménico de Proyectos. Publicación digital disponible en www.cepecuador.org
  2.  Enlace ciudadano del sábado 1 de octubre de 2011, disponible en La línea de fuego. Comunicación no alineada, 17 de octubre de 2011, en www.lalineadefuego.com
  3.   Liisa North 1985. Implementación de la política económica y la estructura del poder político en Ecuador. En L. Lefeber (ed.). La economía política del Ecuador. Campo, región, nación. Quito: Corporación Editora Nacional / FLACSO / CERLAC. Biblioteca de Ciencias Sociales 6.
  4.   Los datos de recaudación de impuestos y gasto social han sido tomados de Banco Central del Ecuador 2015. Información Estadística Mensual. No. 1957. Abril. Quito: BCE, cuadros 2.4.2 y 2.4.3.
  5.   Los datos entre 2001 y 2006 en Banco Central del Ecuador. Dirección de estadística económica 2011. Estadísticas macroeconómicas. Presentación estructural 2011. Quito: BCE.; los datos de 2011 a 2014 en INEC, Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo – ENEMDU. Indicadores de Pobreza y Desigualdad. Junio del 2014. Power Point disponible en www.ecuadorencifras.gob.ec
  6.   Fausto Maldonado y Ana Puebla 2014. El dinamismo de la empresa ecuatoriana. Ranking empresarial Top 1000. Ekos Negocios. Agosto, p. 50. Disponible en www.ekosnegocios.com
  7.   Víctor Zabala, Silvana González y María José Muñoz 2015. Ranking financiero 2015. Ekos Negocios. marzo, p. 42-44. Disponible en www.ekosnegocios.com

 

 

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