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Por: Héctor Simbaña

Fotografía: Vladimir Cruz

LA NECESIDAD DE LOS QUITEÑOS AÚN INSATISFECHAS

 

Luego de más de 478 años de la fundación colonial de la capital de los ecuatorianos, Quito parece desbordar en la problemática social mientras su Alcalde, el doctor Augusto Barrera, con más de tres años de gestión POCO MENOS QUE DISCRETA, busca refugio, ante las insistentes críticas, en un discurso anti – colonial, con el propósito de distraer el debate esencial de una ciudad metropolitana cuyas necesidades y exigencias crecen a ritmo acelerado.

 

Lejos de si fueron trescientas u ochocientas mil personas las que participaron en las fiestas de fundación, la preocupación primordial para cientos y miles de  quiteños se sostiene en los problemas acuciantes sobre: movilidad, seguridad, el deterioro permanente de calles, aceras y parterres; semaforización, transporte público decadente, vías alternas en la ciudad y de  acceso al nuevo aeropuerto, servicios básicos en los barrios periféricos; impuestos, tasas y contribuciones que literalmente les quitan el sueño a los capitalinos, sin encontrar respuestas contundentes del burgomaestre.

 

Como reseñan los medios de comunicación escritos y audiovisuales, en las declaraciones del alcalde abundan luego de tres largos años de  “Revolución Ciudadana” las frases: "vamos a hacer", “estamos emprendiendo”. “estamos haciendo estudios”, las declaraciones bien intencionadas antes que la solución práctica a los problemas señalados. Con euforia puntualizó en su discurso oficial a propósito del cierre de las fiestas de fundación, que “Se han sembrado los árboles, están bien plantados; ahora solo hay que esperar los frutos”; llegó incluso a calificar a todos aquellos que no piensan de su misma forma como “Ciegos que encuentran problemas a los proyectos que emprende la actual administración”.

 

No se requiere tener una visión privilegiada para darse cuenta del caos vehicular en la ciudad y sus alrededores, pues el parque automotor con la medida del pico y placa lejos de disminuir prácticamente se ha duplicado en 415 mil vehículos; más del 60% de la carpeta asfáltica de la ciudad está deteriorada, hay baches en avenidas principales y secundarias, de cada 10 semáforos instalados cuatro han dejado de funcionar; a lo que se suma la falta de planificación en la ejecución de obras que en período electoral aparecen como por arte de magia, como por una suerte de coincidencia en los sitios o sectores de mayor afluencia de personas.

 

Mientras en los extremos norte y sur de Quito -que experimentan un crecimiento de tasas superiores al 6% y los valles entre el 4 y 4.5%-  los barrios denominados periféricos ni siquiera cuentan con empedrado o adoquinado, los mismos 200 barrios que “han legalizado” no cuentan con transporte público, recolección de basura, agua potable, alcantarillado.

 

No cabe duda, la planificación urbana que se realizó hace más de veinte años resulta en este tiempo obsoleta, es urgente una nueva propuesta de planificación urbana, no solo nueva por su fecha de expedición, sino que sobre todo deje de lado la concepción colonial, aristocrática, elitista y hasta racista que se ha impulsado en el cabildo desde la época colonial, hasta los tiempos de la “revolución ciudadana”.

 

En realidad no sirve de mucho realizar fogosos discursos anti coloniales o anti aristocráticos tomando como principal argumento la suspensión de las corridas de toros, como el presentado por los voceros del Alcalde,  cuando la gestión que se ha emprendido es similar o igual desde el punto de vista ideológico a la de sus antecesores.

 

Tal y como relata la historia:  “…la fundación comenzó con la determinación del lugar físico, la parcela que ocuparía la plaza mayor,  el símbolo de la unidad cívica. En torno a ella se sitúan los edificios más importantes, además de las principales instituciones públicas y la iglesia mayor de la ciudad. De este modo se constituye, por un lado, en el lugar privilegiado desde el punto de vista de la accesibilidad y de la centralidad para la actividad comercial; y por otro lado en elemento articulador de los más importantes edificios públicos, administrativos y religiosos….”, a partir de esta ubicación, los solares aledaños de la plaza mayor no podían otorgarse a particulares, primando para su entrega y para la dotación de servicios la conveniencia política, económica y hasta racial.

 

Esto que ha sido calificado como una “barbarie en la historia” por intelectuales de todos los tiempos, aunque parezca irónico y con algunas diferencias sobre todo en la forma, “aunque los Revolucionarios Verdes intenten mostrarse como diferentes”, sigue siendo la concepción de administración municipal que tenemos: elitista, excluyente y para estar a tono con la modernidad de carácter NEOLIBERAL.

 

El desalojo de viviendas, de artesanos y comerciantes, justificado mediante una millonaria campaña publicitaria denominada recuperación del centro histórico, para convertirle en un centro de negocios y de turistas, adornados de fachadas pintorescas y elegantes; la repavimentación en las principales avenidas del centro histórico, la planificación del transporte municipal en la que se incluye el Metro, la disposición de la Policía Metropolitana,  las ordenanzas municipales para el cuidado de parques y jardines, entre otros elementos, solo intentan esconder la cantidad de robos y asesinatos que se comenten a diario, el polvo y la falta de transporte público en los barrios de San Juan de Calderón, Caupicho, Camal Metropolitano, Carcelén bajo, La Josefina, El Rancho, La Roldós y más de mil barrios en donde este es el pan del día.

 

Muchos quiteños luego de observar los atosigantes spots que inundan los canales de televisión y la radio (que coincidencialmente aparecen en época electoral) nos preguntamos: ¿En dónde están las obras que publicitan? ¿Por qué todo el tiempo suben los impuestos y mi barrio sigue igual o peor que antes? ¿Por qué los mega proyectos no pasan por mi localidad? Y la respuesta cae por su propio peso: mientras la concepción de los administradores responda a los intereses de los ricos, de las grandes empresas constructoras y de comercio, los más de dos millones de quiteños estaremos condenados a pagar a través de impuestos las millonarias construcciones o proyectos que terminan beneficiando solo a unos pocos. Mientras tanto, las obras en los barrios que vivimos tendremos que seguir haciéndolas mediante mingas y pagando nosotros mismos gastos mediante el 50 – 50 o a través de las famosas contribuciones y tasas o la nueva forma de incremento a los impuestos. “Estamos actualizando los catastros”.

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

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