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Por: Giuseppe Cabrera V.

Fotografía: Galya Gubchenko, Manekineko

Primarias en Estados Unidos:

entre Trump y Clinton.

 

Tenedor en mano el multimillonario Donald Trump declaraba su “amor” a los hispanos en su cuenta de Facebook, mientras estaba por comer un taco mexicano en celebración del cinco de mayo, en una instantánea que podría resumir lo paradójicas que han resultado las primarias en Estados Unidos hasta el momento.

 

El megalómano empresario es virtual candidato por el Partido Republicano, luego de que esta semana ganó las primarias en el Estado de Indiana, llevándose el número total de delegados por esa jurisdicción, que provocó la renuncia a la carrera presidencial del Senador Ted Cruz y el Gobernador de Ohio John Kasich, quienes eran las últimas esperanzas del establishment en el Grand Old Party para frenar al magnate.

 

En realidad el discurso de Trump, no resulta muy alejado del que tenían el resto de candidatos republicanos, su visión de lo que debía ser la sociedad norteamericana era muy similar entre ellos, solo que los demás candidatos, por ser políticos de trayectoria, prefirieron guardar las apariencias frente a la opinión pública. Dejaron por sentado que la plataforma mediática que siempre les ha brindado Fox News, sería más que suficiente, pero su confianza hizo posible que el empresario norteamericano usara las redes sociales como su mejor trinchera. El éxito de Trump se debe en gran medida a que supo llegar a los trabajadores blancos con bajos niveles académicos e ideas nacionalistas que se ubican en el ala más radical del GOP; también resulta como consecuencia de un conservadurismo que ha tomado fuerza con el nacimiento del Tea Party en 2009.

 

Más allá del idealismo que se ha generado alrededor de la llamada “más grande democracia del mundo”, la nación en realidad tiene un historial de racismo que continúa hasta nuestros días. Vale recordar las protestas de 2014 en Ferguson, que empezaron por el asesinato de Michael Brown y que desveló el abuso policial a negros en varios rincones del país.

 

 

Las aspiraciones de Trump se ven cada vez más verosímiles y en el mundo se ha convertido en un temor, el posible escenario en que se convierta en el nuevo Comander in Chief del país con el más poderoso ejercicio de la historia y con acceso al botón nuclear.

 

Pero aún le queda, tal vez la más dura de sus contiendas hasta el momento, que es enfrentar en elecciones generales a Hilary Clinton, quien bordea la candidatura por el partido demócrata, en donde el socialista democrático Bernie Sanders no tiene posibilidades matemáticas de lograr la nominación y lo ha aceptado explícitamente, después de conocer su pérdida en cuatro Estados, hace dos semanas en el súper martes. Sin embargo el Senador por Vermont, continuará su campaña hasta la convención nacional del Partido Demócrata para, plantear una agenda progresista de cara a las elecciones de noviembre. Progresismo que dice compartir Clinton, quien ha admitido que mantiene más similitudes que diferencias con su competidor demócrata; Sanders entró desde un comienzo a un tablero electoral adverso, por haberse declarado socialista en un país que vivió la guerra fría hasta la caída del muro de Berlín en 1989, por lo que ha sido tachado de comunista como un estigma que ha sido ya muy usado para asustar al electorado, pero la verdad es que su propuesta no tiene ningún fantasma soviético, resulta más bien similar a la llamada socialdemocracia alemana o socialismo democrático de los años ochenta, con Mitterrand o Brandt a la cabeza, el mismo Sanders ha planteado como horizontes en sus discursos el modelo de los países nórdicos, como el de Dinamarca o Noruega, el Estado de Bienestar, que ha brindado muchas garantías sociales para las nombradas naciones.

 

Si las elecciones generales fueran este mes, Clinton tendría asegurado su puesto en el Salón Oval de la Casa Blanca, ya que mantiene una diferencia de 6 puntos con Donald Trump.

 

El discurso de la ex primera dama, se ha guiado por el marketing político, ha ido cambiando sus propuestas tratando de asemejarlas, al discurso de Sanders para calar en la aceptación de los jóvenes, en donde Sanders tiene ventaja. Pero en este escenario Clinton parece ser por mucho, el menor de los males existentes, aunque su cambio constante de propuestas no termine de convencer, por basarse más en lo que dicen las encuestas que en un plan estructurado de gobierno; cualquier freno a Trump es bienvenido dadas sus posibilidades reales en estos momentos de alcanzar la máxima magistratura.

 

La contienda se ha centrado en la contraposición de dos modelos, el capitalismo doméstico propuesto por el nacionalismo de Trump o el capitalismo transnacional con el ‘globalismo’ que promueve Clinton. A pesar de que el capitalismo financiero prácticamente ha ganado la nominación en el Partido Demócrata para su protegida de Wall Street Hillary Clinton, el apoyo de las bases demócratas jóvenes a Bernie Sanders, ha planteado la necesidad de una reformulación que acerca al partido a una agenda progresista cada vez más cercana a la izquierda, Sanders sin duda deja una victoria política clave para los próximos años, que significa la posibilidad de una generación más conectada con la justicia social por la misma desigualdad y el aumento en la brecha entre ricos y pobres que dejó la crisis de 2008.

 

 

 

 

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ISSN 1390-6038

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