revista rupturas Quito Ecuador opinion analisis

Por: Diego Velasco Andrade

Fotografía: Vladimir Cruz

Por un habitat alter-nativo

Por el Kitu paisaje multicultural

que soñamos…

 

La ciudad histórica de Quito, antiguo centro ceremonial y de intercambio precolombino llamado a nivel ancestral KITU (tierra del centro o del medio) o KITWA o KI-TOA, Tierra solar de la mitad, constituye la matriz primordial del centro histórico colonial “franciscano” y de aquel supuesto “damero español” que aun quisieran seguir nombrando como “Carita de Dios”, la “Muy noble y Muy leal”, “La ciudad española en el Ande”, etc. etc.,  los cronistas e historiadores de las aristocráticas élites conservadoras y neo conservadoras que han gobernado esta imaginaria “ciudad castiza”, desde su pretendida “fundación” por  parte del analfabeto sefardí Sebastián de Ben Al Cazar, en diciembre de 1534.

 

Esta entidad urbana de origen milenario, tampoco constituye la vana ilusión de una burguesía de fábulas masónicas que pretenden su constitución primigenia, desde la ficción criolla “independentista” de los heroicos próceres del “Quito Luz de América” o del “Primer Grito de la In(dependencia)”, sin otra identidad que la “revolucionarista sin revolución”, “ciudadana sin ciudadanía”  o “desarrollista sin desarrollo”, que debía obedecer al burdo marketing al que aspiraban las élites del Quito “bicentenarista” de inicios del siglo XXI, fútil mercadeo de una ciudad de “nuevos ricos”, hoy en temporal retroceso.

 

 

Mas, Quito es todas a una, la misma ciudad legendaria y multicultural de matriz primordial que permanece, que ha sido y seguirá siendo, -en especial para sus pueblos originarios de raíz primordial KITU KARA-,  el significativo paisaje histórico andino y telúrico sagrado, ubicado estratégica y conscientemente desde hace siglos, en los Antis equinocciales.

 

II

 

Hoy, lo hallamos configurado desde hace no más dos décadas como un QUITO METROPOLITANO: estrategia de expansión especuladora, indefinida y permanente, de gran rentabilidad del suelo, para quienes la han manejado en una gestión urbana de carácter clasista, excluyente y segregacionista, a través de un crecimiento ficticio que ha ido interiorizando entre sus diversos habitantes las falsas dicotomías entre “norteño y sureño”, entre “centro y periferia”, entre “habitantes de  meseta y del pie de monte”, entre el hábitat de “los verdes valles” o aquel de la “ciudad carita de smog”… en fin, entre la “Ciudad Colonial” y el “ Quito Moderno”…  todos ellos patéticos imaginarios urbanos que hoy se hallan deslegitimados y al borde del colapso.

 

En efecto, la entronización de aquel abrupto modelo globalizante, desarrollista, expansivo y constante infractor del perímetro urbano, aquel de una supuesta densificación de la población a través del alto rendimiento del suelo en altura en ciertas zonas de potencial rentabilidad, destruyendo barrios de identidad singular como la Mariscal, San Marcos, La Floresta, Las Casas o Guápulo (Guabulu), ha determinado en los últimos años un  “ordenamiento territorial” ficticio, caótico y multidireccional (a semejanza de una tela de araña extendida hacia los valles) por obra y gracia de una gestión dócil y funcional al gran capital inmobiliario y financiero, legitimada por  los fieles acólitos de un Concejo “municipal y espeso”, como bien lo caricaturizara en su tiempo, el poeta Noboa y Caamaño.

 

III

 

Por ello, antes de seguir cometiendo crasos errores en la interpretación urbana de Quito, habrá que recordar a quienes la quieran realmente conocer, gestionar y “direccionar” sin entender el continuum multicultural del que esta ciudad deviene, que sobretodo esta entidad territorial y cultural NO constituye un bodrio urbano sin historia, “una ciudad genérica” (Kolhas) o un “no lugar” (Marc Auge), peor aun un amorfo y mono céntrico convento “Patrimonio de la Humanidad” (UNESCO, 1978), o la Ciudad Bicentenario (Augusto Barrera) o quizás una híbrida y entrópica “Ciudad para vivir mejor” (Mauricio Rodas), aquel pueblecito pacato e hipócrita de antaño, todavía y siempre en espera de llegar a ser “ciudad cosmopolita”, la capital rezagada de otras “urbes inteligentes”.

 

A nuestro juicio, debemos comprender a Quito como a un verdadero Paisaje y palimpsesto histórico multicultural con identidades en movimiento; como un paisaje geográfico, social y político multi-diverso, cuasi cosmopolita, por la presencia cada vez más numerosa de habitantes de diversas nacionalidades de América y del mundo. Una ciudad andina de origen precolombino, de gran significación simbólica para toda la región y el continente; el hábitat primordial de sucesivos pueblos y culturas, -anteriores y contemporáneas-, luchando todas ellas por ocupar con dignidad este memorioso y singular territorio.

 

IV

 

Tarea compleja, el plantear una gestión urbana democrática, participativa e incluyente, para una ciudad que ahora bordea los 3 millones de habitantes en una extensión longitudinal de casi 40 kilómetros en orientación meridiana Sur Oeste a Nor Este (entre Guamaní y Lulubamba o “San Antonio de Pichincha”). De numerosas ex zonas rurales con habitantes provenientes de todas las provincias del país y de varios países de América y del mundo y que en el 2020 constituirá la ciudad más poblada del Ecuador.

 

 

Espacio complejo y multidiverso en donde una pretendida gestión urbana equitativa y participante, ha resultado tarea difícil (sino imposible), sobretodo en las últimas décadas, tanto para aquellas élites de rezago feudal y/o independentista, cuanto para sus desprevenidos pero nada ingenuos “representantes municipales”, quienes solo se han alternado cada cinco años en su desatinada, muchas veces corrupta y en especial inepta administración, sin haberla considerado más que “una máquina que multiplica capital”, o simple artefacto de arribismo y enriquecimiento potencial,  pero jamás la administración responsable de un organismo geográfico, social, territorial y cultural: vivo, complejo, eco-lógico, histórico.

 

V

 

En el Quito actual, sus dimensiones poblacionales, morfológicas, energéticas, ambientales y de infraestructura, cambian de manera abrupta, guiadas hoy más que nunca por el “orden de un caos aparente”: el proceso urbano especulador, aupado por el voraz capital inmobiliario y financiero que “traga y traga” suelo agrícola y arremete contra el paisaje circundante, derribando cerros y lomas si es preciso; tal el proceso registrado por la ejecución y planificación incesante de “macro obras viales” como la Ruta Viva o la Ruta Collas, las dos vectores hacia el nuevo Aeropuerto de Tababela (antiguo centro ceremonial del señor de Guachalá : Nazacota Puendo), que bien pudieran ocupar para gran orgullo de nuestros políticos, el primer puesto entre las vías más caras del mundo…

 

En el mismo embuste, caben las obras populistas de “infraestructura social y deportiva” como la construcción de canchas sintéticas sobre el verde pasto de parques macro zonales (La Carolina), o la sesuda planificación desde los años 70 de “pasos a desnivel” o ahora “subterráneos”; de “intercambiadores inteligentes” que han constituido los vectores especulativos de elevación de la renta del suelo además de objeto de comisiones, sobreprecios, corrupción y estafa; generando de manera permanente nuevas  “puntas de lanza” para una expansión urbana infinita.

 

La misma, ha exigido en un “caos ordenado” por los modernos intereses de lucro rentista, la invención por doquier de las famosas “soluciones viales”, que actúan como “áreas bisagra” del área consolidada hacia el “área vacante micro-regional”; abriendo boquetes de flujo para una actual y futura demanda vehicular insostenible, como la que ahora se intenta con la ampliación del Túnel Guayasamín, con tal de acceder hacia terrenos codiciados por los proyectistas de “conjuntos habitacionales light”, entrampados entre el Quito de la meseta y aquel de los valles, con la mismísima complicidad de los sapientes urbanistas y a la vez “dirigentes de los gremios profesionales”.

 

VII

 

En efecto, el pretexto de las “mega obras públicas” en esta “ciudad sin modelo urbano”, promueve de modo esperpéntico el modelo capitalista del despojo original de la propiedad comunitaria, previo a la acumulación inicial de “tierras vacantes”; la expulsión y expolio de los sectores vulnerables; la reducción violenta de áreas del hábitat popular emergente, en suma, la gentrificación urbana de los pobladores de bajos recursos habitando en zonas que requiere el gran capital para promover mayores flujos de movilidad hacia las áreas de expansión forzada: las áreas conurbadas de la microrregión.

 

Para ello no importa que muchos de las “víctimas del progreso” constituyan pobladores de territorios ancestrales organizados en bulus (comunidades kitwas originarias) (el Barrio Bolaños por ejemplo); comunas y cabildos coloniales de auto administración hoy en persecución (Santa Clara de San Millán) o barrios de tradición histórica con nuevos pobladores sin arraigo (San Marcos o La Loma), que son forzados a desocupar su hábitat al elevar las rentas por “restauraciones y renovaciones patrimoniales” aptas para “atraer el turismo internacional”.

 

En fin, poco importa enredar con descabellados y distractores “Quito Cables” a “barrios residenciales” o a las antiguas cooperativas creadas por piratas del suelo o a las diversas asociaciones de campesinos migrantes vinculadas al comercio ambulante que se ven obligadas a vivir en la “periferia” para poder trabajar en el “Centro Histórico”, todo por hacer pensar a los “ciudadanos y ciudadanas” que el Metro Q, solo constituye la columna vertebral  de un sistema vial múltiple que poco a poco, -con más inversiones y/o comisiones-, ira resolviendo los graves problemas de movilidad de los vehículos de Quito ¿nunca de sus pobladores?

 

VII

 

Como era de esperarse, en esta suerte de “juego de tronos” urbano, las batallas municipales por “el buen vivir” y sus inteligentes caballos de Troya y de cemento, ideados por una burocracia inepta,  con aires de cosmopolita y modernizante (obras tales como el Metro Q, los Quito Cables, “las soluciones viales”, “los intercambiadores”, el “arribo de embajadas y embajadores al Casco Colonial”, la persecución a los “vendedores callejeros” o las demoliciones de casas “que afean al Centro Histórico”…) van activando cada vez, intensos procesos de lucha frente al uso, intensidad y forma de ocupación diferencial del suelo urbano. Tanto es así, que a mayor intento de apropiación, arremetida y expulsión del hábitat primordial de los diversos grupos sociales populares y medios de la población, por parte de una gestión municipal solo funcional al GRAN CAPITAL, se han ido sumando nuevas y creativas formas de lucha urbana, ante la cada vez más crítica situación de desempleo y la precaria calidad de vida urbana del conjunto de una inédita población migrante.

 

Estos novísimos movimientos sociales urbanos refutan entonces por medio de acciones sociales continuas y cada vez más organizadas, las ideas geniales y los “proyectos estrella” de una planificación tecnocrática,  indicativa e ilusoria, que en lugar de haber sido debatida, reformulada o consensuada a partir de la negativa experiencia y debacle de la anterior administración: la de Augusto Barrera (2008-2013), más bien han sido objeto de una continuidad cómplice, sin fiscalización, sin “silla vacía”  y - ningún beneficio de inventario-, por parte del actual “burgo maestre”: el despistado y neófito Mauricio Rodas, solo en estatura física diferente al anterior Augusto Barrera: el uno masón equinoccial “bicentenarista” y aquél neo colonial, de rizos dorados, aire aniñado y pretendido “linaje español”.

 

VIII

 

Y es que debemos considerar al Quito contemporáneo desde su matriz primordial, emplazada por sus iniciales pobladores como un verdadero organismo vivo y  serpenteante entre los Antis micro verticales; acostada como una serpiente bicéfala siguiendo el meridiano de Quito (a la imagen de la serpiente vía láctea volando en la bóveda celeste luminosa la Waka Mayu); asentada sobre una meseta atravesada por quebradas, cerros y lomas, o salpicado de tolas naturales y/o artificiales que ya nadie conoce y reconoce y, estructurado en su hábitat primordial y simbólico por tres pisos ecológicos diferentes:

 

Los Antis occidentales y su señor tutelar el volcán activo Pichincha (EL CÓNDOR); el ancestral lecho lacustre en donde la mayoría de sus actividades urbano financieras se asientan sobre una falla geológica que llega desde Caracas y avanza hasta Guayaquil (EL JAGUAR TELÚRICO) en fin, el gran cañón o cuenca del río Machaykara (LA SERPIENTE de agua o MAYU): hoy convertida en verdadera cloaca urbana por inoperancia de sucesivas administraciones sin visión eco-lógica.

 

 

Si no consideramos estas “premisas antropológico urbanas” y simbólicas de nuestro HABITAT PRIMORDIAL,  nunca estaríamos partiendo de un análisis físico, geológico, simbólico y cultural integral, tanto en el Quito histórico como en el actual; nunca estaríamos visualizando aquel continuum milenario y paisaje multicultural, que exige “planificar a la ciudad” de Quito, más que desde un nuevo “modelo de ciudad”, desde una cosmovisión ecológico-cultural-urbana, y una nueva visión de ciudad equitativa, participativa y democrática.

 

IX

 

Asistimos entonces al punto de quiebre que nos permita considerar a Quito, como a una entidad urbana con identidad primordial pero de identidades contemporáneas múltiples; singular y diversa a la vez, común y distinta a otras ciudades andinas contemporáneas también de origen precolombino (Bogotá, Cuzco, Santiago, La Paz, Cuenca, etc.). Una ciudad de identidades pretéritas y otras novísimas, inéditas y contemporáneas; en simbiosis y yuxtaposición permanente, con variedad de pisos ecológicos y aun microclimas, en su cada vez más considerable área urbana longitudinal (morfología primordial de la serpiente bicéfala) o en la aun más reciente multidireccional ciudad conurbada (morfología de tela de araña hacia los valles).

 

 

¿Cómo activar entonces, a las unidades micro y macro urbanas como significativos lugares que no constituyan moribundos “espacios entrópicos” y que más bien requieran soluciones igualmente creativas, concertadas, diversas y acordes a su entorno?  ¿Cómo poder arribar a una noción de planificación alternativa, alterativa y democrática para la mayoría de los habitantes, pueblos y culturas que la crean y recrean de manera vital y cotidiana (no solamente sus élites) hasta poder confluir en una VISIÓN DE CIUDAD PAISAJE MULTICULTURAL URBANO; con una visión que rebase largamente los imaginarios “colonialistas”, “republicanistas”, “patrimonialistas” y “desarrollistas”, que la han ido rezagando a Quito en el concierto de otras ciudades capitales andinas y que hasta hoy obstaculizan una comprensión totalizadora y multidimensional de la “ciudad corazón” de América ?

 

¿Cómo activar ahora una “ciudad organismo vivo” en constante CAMBIO y EN MOVIMIENTO, en búsqueda de una VIDA EN PLENITUD para sus habitantes, siempre apoyados por una administración municipal ligada a sus organizaciones sociales, que active y promueva una gestión local participativa con IDENTIDAD, DIVERSIDAD, VARIEDAD, ALTERIDAD y EQUIDAD?

 

 

*Arquitecto urbanista,

Estudios en la UCE y Universidad de Lovaina Bélgica;

Investigador en antropología urbana y territorial.

Escritor y miembro del colectivo Kitu milenario;

Profesor de  la Universidad Central del Ecuador.

 

 

 

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

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ISSN 1390-6038

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