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Por:  Andrés Quishpe

Fotografía: Archivo

“Pobrecitos los correístas”

 

No es necesario ser abogado para poder expresar algunas ideas frente a los siguientes temas; sobre todo cuando los correístas hablan de represión o persecución. Basta recordar lo que fue el correísmo en sus 10 años, donde la represión y persecución fue toda una política estructurada mediante la criminalización de la movilización social. Esta política se gestó y adecuo mediante medidas legales; se reformaron instituciones para que actúen con efectividad en la represión a organizaciones sociales, estudiantiles, de indígenas, maestros, trabajadores, periodistas, etc.

 

En la actualidad dos tópicos caracterizan las denuncias que varios sectores han presentado frente a lo que fue el gobierno de Correa: la corrupción y represión. En este último caso se acusa al correísmo de haber desplegado todo un proceso de criminalización de la protesta social, que tuvo como propósito fundamental impedir -o al menos neutralizar- las acciones de protesta que distintas organizaciones levantaron en contra de la política anti-popular correísta. Según datos oficiales más de 800 ecuatorianos enfrentaron procesos judiciales en los que se les acuso de sabotaje y acción terrorista, algunos de ellos fueron sancionados con prisión como los casos de los ocho campesinos del cantón Nabón o el ex - Rector de la Universidad Técnica de Cotopaxi, Ing. Hernán Yánez, los 10 de Luluncoto, estudiantes secundarios y universitarios, maestros, indígenas y ecologistas.

 

Los correísta olvidan que pasaron de la represión a la criminalización de la protesta social. La criminalización y su tipificación no se circunscribe a calificar al gobierno que lo aplica únicamente como represivo. Va mucho más allá - la criminalización de la protesta es una política de Estado en la cual se gestan y adecuan una serie de medidas que, una vez institucionalizadas, aparecen como naturales y jurídicas, aunque contraríen o nieguen derechos fundamentales de la población. En este aspecto el correísmo utilizo todo el Estado a su favor para perseguir, reprimir y criminalizar.

 

 

 

Un elemento que caracterizó al correísmo fue su forma de juzgar, tipificar y sancionar el comportamiento de las organizaciones sociales y de sus líderes bajo el lente del Código Penal. De esta forma un reclamo, una protesta callejera, una huelga reconocidos por la Constitución como derechos se convierten, o mejor dicho, las convirtieron en acciones punibles, es decir, en delitos. No solo fue el uso de gas pimienta frente a estudiantes, maestros, trabajadores o indígenas por varios momentos se aplicó todo el aparto jurídico frente a los más humildes.

 

¡Prohibido olvidar! Que para el correísmo el Código Penal no fue suficiente, para lo cual se apoyó en otro tipo de leyes. Edifico organismos y aparatos que garantizaron integralmente la ejecución de su política de criminalización los mismos que se apoyaron en los entes jurídicos establecidos y fruto de las actuales denuncias podemos conocer que también se apoyaron en acciones y operaciones fuera de la legalidad.

 

Nuestro país vivió y enfrentó todo un proceso de creación de una institucionalidad punitiva. El control total de las cortes de justicia y endurecimiento de las penas que formaron parte de la política de la denominada Revolución Ciudadana y sirvieron para orientar, crear y contar con un aparato de control y represión al movimiento social.

 

 

Quienes hoy con lágrimas de cocodrilo dicen vivir un proceso de “persecución”, “represión” olvidan que en su gobierno se formaron varios aparatos represivos. Los policías que les arrojaron gas pimienta, son parte de aquellos que fueron instruidos años atrás por la policía israelita y chilena para reprimir al pueblo ecuatoriano, de seguro la dotación de gas es la misma que utilizaron frente a las madres y padres de los estudiantes secundarios que fueron torturados y separados de sus colegios y la Asamblea Nacional presidida por Gabriela Rivadeneira nunca dijo nada.

 

Patiño tiene razón al momento que arengaba a su pequeño grupo en defensa de su líder máximo - Correa, y expresaba que: ya no están en el gobierno, por lo cual es necesario desarrollar cosas nuevas. Los llantos e insultos que vimos este jueves 14 de mayo fuera de la Asamblea Nacional por parte de los asambleístas correístas, son parte de esas cosas nuevas, pues ya no cuentan con el control de la opinión pública y necesitan buscar un poco de protagonismo. Por años estuvieron acostumbrados a crear desde las altas esferas miles de mentiras que fueron difundidas a través del discurso oficial o de los denominados medios públicos.

 

El correísmo reprimió y desplegó todo un proceso de criminalización de la protesta social como política de Estado. Quienes en un momento o en otro pasaron por los salones de Carondelet, hoy dicen ser “reprimidos” o “perseguidos” todo por el simple hecho de buscar ponerlos frente a la justicia por sus fechorías cometidas. Al parecer olvidan que mediante varias mañas y abuso de poder dañaron, persiguieron y reprimieron a cientos de ecuatorianos por pensar y actuar diferente.

 

No justificó agresión alguna. Pero es menester decir las cosas por su nombre. Si no tienen nada que temer dejen que su jefe - Correa responda a la justicia, dejen de manipular la realidad que por suerte los ecuatorianos no olvidamos.

 

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

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