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Por:  Diego Velasco Andrade

Fotografía: Colectivo Kitu Milrnario

Luces y farándula, para una celebración patrimonial:

A cuarenta años de la declaración del centro histórico de Quito como Patrimonio Cultural de la Humanidad

Septiembre 1978/Septiembre 2018

 

 

PRIMERA PARTE

 

“Quito nace en el siglo XVI (1534) con la fundación de la ciudad -por parte de conquistadores Españoles-, sobre las ruinas de un asentamiento prehispánico….Este trazado original, característico del área central, se ha mantenido hasta la actualidad, con pocas excepciones. Quito, hasta el día de hoy, posee uno de los centros históricos más extensos y mejor preservados en Hispanoamérica”…

 

“El Centro Histórico de Quito ha logrado mantener, sin cambios significativos a pesar del proceso de evolución urbana de la ciudad, las características representativas de su composición urbana original”…

 

Reporte del IMP a la UNESCO por los trabajos del METRO Q, 2017

 

A inicios del siglo 21, cuando del ejercicio y representación de los derechos culturales de los pueblos, etnias  y culturas primordiales, es parte de una de las luchas más significativas que impulsan los sectores sociales llamados “progresistas”, “de transición” y/o “alter-nativos” en el mundo, nunca podríamos aceptar aquello que se señala en alguno de los documentos que los técnicos “municipalistas” dirigen como informe de descargo a la UNESCO sobre el estado de conservación de nuestro Patrimonio en relación a los violentos trabajos del Metro sobre San Francisco, quienes junto a sus ignorantes autoridades,  se suman con luces y fanfarrias a la celebración del 40 Aniversario de Declaración Patrimonial del Centro Histórico de Quito como “Patrimonio Cultural de la Humanidad”.

 

 

Bien sabemos que ahora, ningún historiador criollo “medianamente informado”, pudiera legitimar alguna fundación histórica de la ciudad de Quito por parte de “conquistadores españoles”, cuando en el siglo XVI la Nación de España ni siquiera existía y el imaginario y aspiración de forjar una Corona española, era tan solo la utópica ambición de los reyes católicos del Reino de Castilla,  en alianza con los Reinos de León y Aragón, cuando los “moros” habían sido expulsados del sur de la Península Ibérica y los judíos hispanos o sefarditas, se veían en riesgo de ser asesinados por la “santa inquisición”, so pena de no adscribirse a los ritos de fe cristiana de la “Iglesia Católica”. Entonces, todo el marco conceptual “españolista”, “colonialista” e “indigenista a ultranza”, que las élites han mantenido durante siglos y que en estos 40 años transcurridos desde la famosa Declaración conseguida en 1978, aún se mantienen intocables, pero deben ser discutidos colectiva y técnicamente, rebatidos y reformulados, de manera  frontal e incluyente a la luz de los últimos estudios sobre el problema patrimonial a nivel local y global.

 

Muy a pesar de haber obtenido, durante esas cuatro décadas, sustanciales cambios en las comprensión conceptual e histórica de la entidad llamada ahora “Quito”, no se han actualizado los criterios operativos y metodológicos que puedan determinar el real valor patrimonial de su “Centro Histórico” y por lo tanto, que pudieran guiar una propuesta de puesta en valor o mejor aún: de la realización de intervenciones sistemáticas, técnicas y coherentes para salvaguardar nuestro legado tangible e intangible en un verdadero Plan de Gestión Patrimonial a largo plazo, una de cuyas transgresiones más dolorosas y patéticas, se ha dado en el reciente caso de la destrucción de los vestigios precolombinos hallados en el subterráneo de la parte Este de la plaza de San Francisco (Amarukancha en la ciudad Inca de Quitu); hecho ejecutado con saña, premeditación y alevosía por parte de las empresas transnacionales Acciona y Odebrecht, Metro Quito ( nombre que encubre a ciertos “técnicos y expertos” de Metro Madrid y Ferrocarriles de España copartícipes del expolio y delito) y por el mismísimo Municipio de Quito y a sus técnicos “especialistas en movilidad y patrimonio”, tanto aquellos de la administración anterior dirigida por Augusto Barrera como la actual dirigida por Mauricio Rodas Espinel y sus respectivos Concejos del Quito Metropolitano.

 

 

Constatación de la destrucción de estructuras de cangagua, con la Comisión de áreas históricas del Municipio de Quito, septiembre 2017: imagen Kitu milenario

 

En efecto, el reciente delito patrimonial ocurrido en la Plaza de San Francisco en su conjunto y bajo el templo de Cantuña (templo del rayo Catequil o Illapu) en singular, demandan una verdadera re-conceptualización de las mismas bases de declaración del “valor universal excepcional de Patrimonio de Quito”. Sostenemos esto, porque el “estado de arte” acerca del conocimiento e investigación de la traza, trama, el modelo urbano y la misma estructura del Quitu ancestral, ha variado de manera significativa en los últimos veinte años. Sin embargo, las instituciones encargadas de velar por él, tales como el Ministerio de Cultura, UNESCO, el INPC, el IMP, ICOMOS, etc. aún mantienen enfoques y concepciones colonialistas, “monumentalistas” y “barroquistas”, rebasadas hace tiempo con las más recientes investigaciones de diversos profesionales de la historia, el urbanismo, la arqueología y la arquitectura y, ante las cuales las entidades burocráticas, restan totalmente impávidas, erráticas, rezagadas teórica, práctica y metodológicamente; generando graves problemas no solamente en la comprensión general del denominado “Centro Histórico”, también aupando y motivando cada vez más celebraciones escenográficas, faranduleras y efectistas de nuestro riquísimo legado, en lugar de evitar la sistemática destrucción de su expresión tangible y en especial de aquel intangible, de concepción, factura y construcción “precolombina”.

 

 

Sumemos a ellos, las imposturas de los historiadores light que pululan en nuestra Academia, como cronistas, monaguillos y seglares legitimadores de una concepción Vaticana y  religiosa de nuestra Historia, sentenciando que el Centro Histórico es un “claro  ejemplo de barroquismo español en América”, a los cuales habrá que informar que hace ya tiempo se ha determinado que aquí no se importó ningún “barroquismo europeo”, sino que nació una riquísima simbiosis multicultural  y diversa de signos, señales, iconos y símbolos indígenas imbricados con los de los invasores- tanto de modo violento, como también de modo subrepticio- y, que por lo tanto, la real valoración de nuestro legado, debe incluir el análisis riguroso de los arquetipos universales desarrollados por las diversas civilizaciones humanas, tanto como de la matriz primordial indígena Kitu Kara e Inca que aportaron, se camuflaron y fundieron magníficamente, construyendo una singularísima simbólica multicultural, a partir de la llegada de los “conquistadores” del siglo XVI.

 

Este enfoque de simbiosis multicultural y no de “barroquismo español”, nos ayudará a evidenciar aún más, que la raíz y matriz primordial de los templos religiosos y civiles llamados “coloniales” en Quito e incluso, de la localización de sus ejes viales circundantes y de relación entre templos; de los cruces entre ejes longitudinales y transversales que hoy son marcados por las “cruces de las calles de Quito” o, de las relaciones poligonales entre cada uno de los templos católicos -que no fueron “fundados” sino “fundidos”- con los antiguos templos indígenas por parte de la iglesia Vaticana y los invasores, en la mayoría de los casos se efectuaron bajo procesos violentos de demolición y reutilización arbitraria de estructuras y materiales, pero también de maquillajes y pastiches constructivos que los convirtieron en verdaderos “palimpsestos multi-culturales”, aprovechando el “saber hacer” de los indígenas en el habitar, construir, planificar y aún “embellecer” su propio entorno y paisaje. Tal entonces y no otro de carácter colonialista: el “verdadero Valor Universal Excepcional del Centro Histórico como Patrimonio de la Humanidad”.

 

 

II

“El Centro Histórico de Quito es el núcleo urbano originario de la ciudad. Es un conjunto tangible y representativo de un modelo de desarrollo urbano basado en el trazado en damero (típico de las colonias españolas) y en una malla reticular homogénea de la que es parte la plaza fundacional y en la que, además, se establecen los principales poderes políticos, sociales y religiosos. Cuando ha sido indispensable adaptarse a la topografía, su forma ha variado, pero en muchos casos se ha privilegiándola continuidad de la calle, lo que le confiere a la ciudad un carácter particular por sus largas perspectivas visuales.”

 

Reporte del IMP a la UNESCO por los trabajos del METRO Q, 2017

 

El solo nombrar que el ordenamiento del Centro Histórico de “Quito sea un damero típico de las colonias españolas”, ha sido ya refutado hace tiempo, con los trabajos de Burgos Guevara, Andrés Peñaherrera Mateus, Manuel Espinosa Apolo, Juan Pérez Arteta, Alfredo Lozano Castro, Inés del Pino, Boris Ullauri, Diego Velasco, etc., demostrando en sucesivas investigaciones que hay una traza o varias trazas indígenas inmediatas y anteriores a la “española” como la Quitu Cara, con ordenamientos ligados a concepciones cosmogónicas constelares sobre el territorio, o la misma Inca en forma de diagonales y tetra-particiones, bajo criterios eminentemente astronómicos solares y calendáricos para registro y celebración de fiestas rituales importantes como los dos solsticios y los dos equinoccios; concepciones primordiales que llegaron a determinar la morfología, la distribución poblacional estratificada, la dirección de los ejes de intercambio con la marka o microrregión de Quitu y la lógica de implantación de los principales templos, tan numerosos en el Quitu indígena, que demuestran la importancia de este santuario equinoccial cuyo centro ceremonial fue superpuesto posteriormente por las iglesias judeo-cristianas y por las plazas hoy visibles, pero asentadas sobre los mismos puntos de referencia ceremoniales y rituales, definidos por sus poblaciones originarias.

 Quito Precolombino

 Foto de la maqueta elaborada por el Arq. Andrés Peñaherrera M. sobre el Quito precolombino: Museo del Colegio de Arquitectos de Pichincha, 2007.

 

Para corroborar esto, los últimos trabajos hallazgos realizados en San Francisco a propósito de la construcción del Metro, por las transnacionales ACCIONA, Odebrecht y los técnicos asesores y “expertos” de Metro Madrid, han sido fundamentales, para demostrar que aún existen  grandes estructuras de piyashas o pirámides Kitus y de montículos y túmulos escalonados en cangagua (tova volcánica) de filiación Kara, que aún subyacen en todo el llamado “Centro Histórico”. Que el paisaje inicial de lo que habría sido el Centro Ceremonial Quitu, similar al del Centro Ceremonial de Cochaskí, aún es posible rastrear y reconstituir. Que los cercos líticos hechos por los cuzqueños alrededor de estos mismos tumulis, dieron origen a la mayoría de zócalos de piedras poligonales o almohadillas que aún hoy son evidentes en iglesias cuyos accesos principales, se hacen subiendo varios escalones sobre el terreno de las calles y las plazas contiguas y, que además, así como aún existen estructuras que sirvieron de cimiento y fundamento de las “coloniales”, aún existen también otras que yacen subterráneas y yuxtapuestas con túneles, galerías, escaleras y verdaderas estructuras funerarias, además de  constituir verdaderas wakas o lugares sagrados, sino cementerios con restos humanos de diverso origen, fenotipo y posición social.

 

La segunda Parte  II

 

 

*Arquitecto urbanista, escritor, gestor cultural

Profesor investigador de la UCE

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

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