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Por:  Diego Velasco Andrade

Fotografía: Colectivo Kitu Milrnario

Luces y farándula, para una celebración patrimonial:

A cuarenta años de la declaración del centro histórico de Quito como Patrimonio Cultural de la Humanidad

Septiembre 1978/Septiembre 2018

 

 

Segunda parte

 

“En Quito y en áreas circundantes se han encontrado vestigios de ocupación humana, ya sea de forma permanente o temporal, desde el año 10.000 a.C. Esto ofrece una visión concreta de la influencia de la cordillera de los Andes sobre los pueblos aborígenes ancestrales. Su ubicación permitió el intercambio de productos y valores con los diferentes grupos que habitaban el Ecuador prehispánico.”

 

Informe a la UNESCO del Municipio de Quito, sobre la conservación del  Patrimonio de la Humanidad: IMP

 

 

A pesar de que en sus informes burocráticos, y en acuerdo al Criterio IV de designación del Patrimonio Cultural del Centro Histórico, los técnicos “municipalistas” en Patrimonio señalan explícitamente que desde hace 10.000 años AC, se habría ocupado esta entidad territorial y urbana que hoy llamamos “Quito”, lo que no remarcan es que por tanto, se debería superar el concepto “patriarcal” y aislado de “Patrimonio Cultural Colonial” para hacerlo trascender a aquel de Paisaje Cultural y mucho mejor: aquel de Paisaje Histórico Urbano Multicultural de la Humanidad, puesto que las sucesivas culturas que ocuparon este hábitat ancestral y milenario, han tenido antes que ir transformando el paisaje a su antojo, adaptándose y conviviendo con él, generando progresivamente una verdadera simbiosis y “acuerdos de ocupación, habitación y uso” con su entorno.

 

 

Lógica de implantación de Quitu en relación a los ejes volcánicos con Shungo Loma

Angel Cevallos & Diego Velasco arqs. 2012

 

No cabe pensar entonces, que el ser humano andino equinoccial -hubiese como hoy- enfrentado a la topografía particular de esta zona, optando por construir a su antojadizo “criterio técnico constructivo”, estructuras tan complejas como las que aquí se constatan; sino más bien que ha sido el paisaje natural, geológico, geográfico con su rico bagaje simbólico, cosmogónico y totémico, aquel que ha definido una serie de trabajos físicos y tecnológicos comunitarios, tales como terrazas de contención, escalonados de cangagua e  incluso su morfología, amen de los ejes principales de repartición del recurso agua a los puntos nodales de localización de los templos indígenas, hoy suplantados por las iglesias católicas y sus respectivas plazas, que creemos han sido fundadas durante el corto tiempo de “colonización” hispana, y han dado origen al denominado “Centro Histórico Colonial”.

 

En efecto, la cosmovisión original andina milenaria aplicada sobre el hábitat quiteño, había considerado sobre todo los elementos básicos telúricos del paisaje, tales como los alineamientos con volcanes, montañas, cerros y colinas; así como sus corredores geológicos e hidrológicos, para definir la implantación de las funciones y edificaciones principales del Centro Ceremonial del Quito precolombino. Por tanto, la población que a esta kancha ceremonial ancestral acudía, en especial durante las fiestas solares, enfatizaba antes que las actividades que podríamos llamar “habitacionales”, aquellas ceremoniales y rituales, para también complementarlas con las que fueron básicamente de intercambio con la micro-región o marka de Quitu, ello porque aquel intercambio ritual primordial  relacionado a lo ceremonial y simbólico alrededor de las fiestas fundamentales solares solsticiales y equinocciales, determinó un uso habitacional muy limitado de esta zona,  que más bien fue utilizado solo durante los últimos años de ocupación Inca, y relacionada a las viviendas o Inti Wasis de las jerarquías sociales superiores, de la mancomunidad llamada Tawa Inti Suyu.

 

 

 

Forma y dimensiones probables del Centro Ceremonial del Quitu Inca, según Andrés Peñaherra 2007

 

Aunque todavía resta por conocer con precisión cómo se ordenaban y organizaban los procesos de vinculación y transferencia básicos hacia el centro precolombino del Quitu Janan, para que la producción agrícola micro-regional principalmente, pudiera establecer relaciones de intercambio con las zonas costeras y amazónicas equinocciales, a través de numerosos ejes de comunicación, queda sobrentendido que Quito ha sido es y será desde hace siglos, un nodo de intercambio multicultural, y no solamente “un mercado” o “tianguez” de productos agrícolas básicos, sino de intercambios básicamente de “saberes y  prácticas”, de conocimientos de variado tipo, en especial cosmológicos y por lo tanto “esenciales”, para las civilizaciones andinas y americanas, que la visitaron durante siglos como un verdadero Santuario Cultural Equinoccial.

 

II

 

Recuperación y ocultamiento de piedras sillares desde el interior de la Plaza de San Francisco por parte de la empresa española ACCIONA & Metro Q, Imagen Diego Velasco, 2017

 

“Integridad: El Centro Histórico de Quito es uno de los de mayor tamaño y el mejor conservado en Hispanoamérica”

Criterios de designación del Patrimonio de la Humanidad, pag.12

 

Un problema crítico en la gestión cultural del Patrimonio del Centro Histórico durante estos cuarenta años, es mantener el concepto errado de la “monumentalidad del patrimonio colonial”; es decir de considerar que son edificios o “casas coloniales” o casonas y calles pintorescas y aisladas, que no son parte de conjuntos, corredores y un contínuum histórico cultural en el más amplio sentido; que no están ligados por sekes o ejes cosmogónicos propios del ordenamiento territorial andino, los que atraviesan diferentes sectores de lo que hoy se considera como “Centro Histórico” y que tienen lógicas tanto en el sentido longitudinal como transversal y, que esas mismas estructuras que quisieran entenderse como tipologías “coloniales”, en su mayoría tienen una factura republicana inferior a doscientos años de antigüedad, pero que sus basamentos construidos con pirkas Quitus e Incas sobre las antiguas piyashas y tolas del Centro Ceremonial ancestral, desde la última etapa del siglo XVI hasta 1530, al construirse sobre casonas andinas llamadas kallankas, estaban adjuntas a templos, plazas o kanchas ceremoniales subalternas de una grande y mayor, que constituía el gran cuadrángulo al que ahora llamamos Centro Histórico de Quito (Peñaherrera Mateus, 2007).

 

Superado el perversos enfoque patrimonialista colonial, con aquel del Paisaje Histórico Urbano multicultural, arribaremos a entender los palimpsestos culturales arquitectónicos y urbanos yuxtapuestos sobre este mismo sitio durante siglos; sin embargo lo lamentable es que mientras tanto se sigue destruyendo el patrimonio intangible que subyace sobre aquel pretendidamente “colonial” y que el mismo visible e tangible se interpreta de manera inadecuada, se van aniquilando las cimentaciones, muros y estructuras más profundas y antiguas, que subyacen incluso a una profundidad de entre 8 a 20 metros, bajo los templos coloniales y las calles republicanas cuya develación permitiría hacer aflorar en Quito, aquello que “es un secreto a voces”: que bajo el Quito visible, hay otro milenario subterráneo e intangible, construido de cangagua y de piedra Quitu Cara e Inca, reutilizada por las construcciones coloniales posteriores; además de muros de adobe y de ladrillo del período colonial y republicano, que luego de 500 años de colonización han llegado configurar un riquísimo palimpsesto histórico multicultural.

 

Desgraciadamente, lo que hoy existe en el llamado Centro Histórico, es un gran maquillaje e impostura en las intervenciones patrimoniales, pues antes que una rehabilitación sincera e integral de sus basamentos históricos, la supuesta intervención de “conservación patrimonial”, se limita solamente a mantener una  fachada pretendidamente estilística y destruir todo el concepto funcional y constructivo interior; a aquello jamás se podría considerar un proceso de renovación y rehabilitación coherente técnico y especializado sobre un área significativa para Quito y para la Humanidad, sino un proceso de impostación arquitectónica y decorativa, que en la filosofía y práctica de conservación del Patrimonio Cultural mundial, constituye una impostura tecnológica y en el terreno legal un potencial delito. Así, maquillando piedras, al pintarlas, revocarlas con argamasa inútil, segmentarlas con el fin de hacerlas aparecer “coloniales” y/o “republicanas”, en fin: al destruir su concepto tipológico original para asumir otras apariencias funcionales a su pretendido “origen colonial”, vamos configurando un paisaje turístico y folklórico a ultranza con fines únicamente efectistas y comerciales.

 

III

 

“Ser un ejemplo excepcional de un tipo de edificio, un conjunto arquitectónico o tecnológico o un paisaje que expone una fase significativa en la historia humana”.

 

“Presentar un importante intercambio de valores humanos, en un periodo determinado o dentro de un área cultural del mundo, sobre hechos en arquitectura o tecnología, artes monumentales, urbanismo o diseño de paisaje”...

 

“Criterios de designación y justificación del Patrimonio de la Humanidad UNESCO:  Criterios II y IV:”  pág.11

 

Desde hace 40 años, considerando tanto en el “Criterio  II y Criterio IV”, para mantener la designación como Patrimonio de la Humanidad, se están alterando de manera acelerada los propios valores que se deberían preservar y potenciar, afectando así la declaración de su autenticidad y de integridad futura.  Cuando se dice que este Patrimonio es “vivo, singular y original” en realidad bajo un concepto de “maquillaje urbano”, se lo está alterando para hacerlo aparecer “europeo” cuando lo realmente histórico ancestral constituyen sus estructuras y basamentos, su concepción y lógica de implantación en ejes y corredores histórico culturales llamados sekes, en suma su matriz cultural primordial precolombina Quitu Cara e Inca.

 

Repartición de solares entre los invasores, lo que dio lugar al pretendido “damero de Quito”, Andrés Peñaherrera a partir de un gráfico de Eliécer Alvarez en Quito a través de los siglos, 1947

 

En efecto, los últimos estudios sobre Quito, demuestran que  en las ciudades andinas de origen precolombino, cada templo colonial superpone un templo, pirámide, tumulis o estructura indígena y waka original;  mientras esto no se valore  de manera real, se seguirán destruyendo sus basamentos de origen, tal como sucedió con los vestigios hallados bajo  la Plaza de San Francisco.  Por ello, no hay criterio de autenticidad, que estén manejando las escasas y aisladas acciones que se vienen realizando en el Centro Histórico de Quito desde su declaración patrimonial -que no obedezcan por supuesto- a intereses de carácter privado inmobiliario y especulativo sobre la zona; manejando una visión de impostura y alteración tecnológica y constructiva perniciosa, muy alejada de las normas internacionales para áreas históricas convenidas desde la misma Carta de Venecia, a veces por simples intereses coyunturales y politiqueros con promociones faranduleras “oscares” y “premios internacionales” que en realidad esconden intereses perversos de gentrificación urbana para la expulsión de las poblaciones más vulnerables que aún viven allí en calidad de “arrendatarios”.

 

Si cada vez nuevas estructuras antiguas van emergiendo y van siendo desveladas en el Centro Histórico de Quito, en la mayoría de casos son ocultadas, deformadas y/o destruidas  con celeridad, y emergen desde el interior con la lógica cosmogónica de las trazas precolombinas que aún permanecen y que son claramente visibles siendo muy anteriores a lo que los historiadores urbanos poco acuciosos llaman “el damero de Quito”, pues ahora es cada vez más claro que el tal “damero” solo fue el esquema de repartición de solares, manzanas y edificios de la Kancha Ceremonial Quitu Inka, que los “conquistadores españoles” encontraran a su violenta llegada varios meses antes de lo que la fecha impostada señala como de “fundación de la muy noble y muy leal ciudad”: evento sangriento de apropiación y expolio realizado sobre lo que ellos consideraron el sitio central del Quitu prehispánico, pero que como veremos a continuación no constituía tal…

 

 

En este sentido, es necesario aclarar que la kancha ceremonial del Janan Kitu, suplantado por los Incas sobre el Centro Ceremonial Quitu Cara, no es el verdadero centro histórico y simbólico de  Quitu, sino nada más que la “cabeza lateral derecha” del Quitu Janan, Janan Saya o Quito Norte, del gran y verdadero centro axial tutelar, simbólico y telúrico en la meseta de Quito, que constituye Shungo Loma: pirámide nodal o “cerro del corazón” en la meseta serpentina del Quitu ancestral, también llamado por diversas culturas históricas Yavirak, Ñawira o Wayalak, denominado luego por los invasores El Panecillo, con mal intencionada tergiversación proselitista. Su presencia axial, en términos de la funcionalidad de una población asentada longitudinalmente en por los menos 60 kms. -tiene en la actualidad y aun tendrá en el futuro- con la pretendida solución del Metro subterráneo, graves implicaciones en la movilidad de los casi 3 millones de habitantes de la ciudad contemporánea.

 

En efecto la ciudad del Quito metropolitano, extendida de manera irregular sobre una meseta limitada por el contrafuerte del Apu tutelar Pichincha al Oeste y por el cañón del río Machánkara al Este, establece de manera opuesta y complementaria, un nodo de frontera entre el Janan Quitu o Janan Saya o Quito Norte, al costado derecho de Shungo Loma, con otro del Urin Quitu, Urin Saya o Quito Sur al costado izquierdo, el que posee una centralidad alterna y complementaria al Centro Histórico mas completamente desvalorizada con relación a la primera: nos referimos a la plaza e iglesia de la Magdalena o Machangarilla, tradicional asentamiento “yumbo”, cerca de la cual hoy se halla construida otra “estación del Metro”, a la que se pretende enlazar en diagonal con aquella estación de la plaza de San Francisco.

 

Shungo Loma: verdadero centro axial histórico de Quitu ancestral, Imagen Diego Velasco

 

Si consideramos como centro axial entre el Quitu Janan y Quitu Urin, al cerro Shungo Loma, la dificultad sino la imposibilidad de movilidad longitudinal frente a este significativo hito geográfico, la potencial ruta del Metro subterráneo incluida, se ven constreñidas por la necesidad de superar este obstáculo histórico, simbólico, paisajístico y fuertemente geológico, que constituye de manera primordial, un nodo volcánico producto de una antiquísima erupción del Pichincha. En el caso del proyecto Metro Q, cuando pretende superar este obstáculo natural, queriendo asumir  una compleja dirección diagonal en pendiente entre las plazas e iglesias de San Blas y de San Francisco y, de allí a la estación de La Magdalena, advertimos que se irá alterando toda la traza diagonal superior y subterránea del ordenamiento precolombino Inca de Quitu y aún la misma anterior conformada por tolas o montículos sobre los que los templos coloniales aún se asientan; en especial las estructuras subterráneas de galerías Quitu Cara conformadas por cavas, allanas o galerías que se extienden en sentido Sur Norte y aún: Este y Oeste, en dirección de las faldas del Pichincha, en singular bajo el actual barrio popular de San Roque hacia el cerro Kayminka o Carmenca, hoy llamado El Placer. Con ello se iría desfigurando no solo el ordenamiento de la ciudad indígena que aún permanece, sino  que se irían alterando antiguos basamentos precolombinos que le son correlativos; arrasando así túneles y galerías en cangagua, muros pirka, muros de cangagua, adobe y de ladrillo, tales como los aparecidos en el segmento intervenido en San Francisco, que fueron destruidos sin ninguna contemplación por la empresa Metro Q y que aún subyacen bajo esta zona ancestral del Quitu Janan, constituyendo su basamento y matriz primordial.

 

 Destrucción de estructuras líticas de la Plaza de San Francisco, por la empresa española ACCIONA & Metro Q, imagen Lenin Oviedo, 2017

 

A todo esto, hay que sumar el riesgo que por los factores sísmicos, geológicos y de escorrentía natural desde el Pichincha, afronta esta zona altamente sensible conformada por rellenos de antiguos waykus o quebradas; por ello, con otros actores urbanos y desde hace algunos años siempre  hemos propuesto que debía -y aún debería hacerse- una línea alternativa a la ya definida de manera anti-técnica y hasta la fecha aún intocada por la “tuneladora La Guaragua” del proyecto Metro Q, pues la famosa “entrada triunfal” a la estación de San Francisco en días anteriores, simplemente constituyó un golpe de efecto publicitario del proyecto liderado por los empresarios españoles, ante las variadas dificultades técnicas que implicaría atravesar desde la estación La Magdalena hasta San Francisco, dada las consecuencias irreversibles de hundimiento, resquebrajamiento y destrucción de estructuras históricas anteriores, peor aún, sin contar en su construcción apurada y experimental, con un estudio riguroso de carácter histórico, arqueológico, cultural y urbano del Centro Histórico, para realizar esta apertura subterránea que siempre se dijo que sería “manual”, pero que ahora está detenida ante la imposibilidad técnica de ingresar con “la tuneladora” sin causar graves estragos y los consiguientes efectos catastróficos, para los miles de habitantes, comerciantes y visitantes que recorren a diario el “Centro Histórico”.

 

Acciones de resistencia a la destrucción de los vestigios en la Plaza de San Francisco por el colectivo Kitu milenario y otros, Inti Raymi junio 2017, imagen José Luis Macas

 

Continuará…

 

 

 

 

 

*Arquitecto urbanista, escritor, gestor cultural

Profesor investigador de la UCE

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

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