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Por: Juan Carlos Durán M.

Fotos: Internet

Los opresores son incapaces de descubrir

 

Continúan los desalojos, los saqueos y las matanzas en contra de quienes perciben a la naturaleza como fuente de vida, poseen el sentido común de la solidaridad y  conducen su vida en función de ritmos biológicos. Si antes,  el Dios cristiano fue la coartada precisa que utilizaron los imperios para los saqueos, ahora lo es, el Dios mercado, experto en canjear mundo por dinero y cultura por petróleo y uranio.

 

 Si bien es cierto que el gran capital  persiste en un suicidio global, las antiguas culturas indias, en cambio, nos ofrecen una esperanza de vida, en tanto y en cuanto nos enseñan a través de los tiempos: modelos de democracia que Occidente jamás conoció: el trabajo y la propiedad comunitaria como una oportunidad de sentir alegría por dar alegría; tener a la tierra por madre; apreciar otras riquezas distintas al dinero y a entendernos con la lluvia, las plantas y los animales de una manera naturalmente humana y humanamente natural.

 

 

Estas culturas, que la cultura dominante tiende a considerarlas como inculturas durante más de seis siglos  viven en las zonas de mayor biodiversidad del mundo  y en virtud, de que su estructura cognitiva y comportamental de actuar es incompatible con las tarjetas de crédito o la bolsa de valores,  y más bien son sembradores de maíz, frijol, plátano, quinua, o café resultan un estorbo para la civilización de la codicia, empeñada en transformar todo en mercancía. De manera que una nueva conquista se pone de manifiesto así como también los procesos respectivos  de resistencia por parte de los pueblos indígenas, deseosos de que el mundo los reconozca como pueblos indígenas, es decir “que reconozcan que tienen el derecho a existir sin convertirse en “otros” (Subcomandante Marcos).

 

Conflictiva situación que la globalización ciega y sorda pretende resolver con el uso de las armas, el narcotráfico, o la educación burguesa, gracias a la cual, desaparecen dioses, costumbres, idiomas, formas de ver la realidad,  posturas ante el mundo, y se forman a las nuevas generaciones en correspondencia con las necesidades e intereses del capitalismo. Los conquistadores, en calidad de conquistadores, no están en condiciones de descubrir nada de los pueblos conquistados salvo  aquello que pueda mutar en ganancia y fortuna. Su historia contada como historia universal y oficial  reforzará su autoengaño en el sentido de ser los llamados a cumplir una  misión civilizatoria en donde los otros son necesarios para nombrar la barbarie, la herejía, el salvajismo y de esta manera justificar el etnocidio, el racismo, la xenofobia, a tal punto que una gran parte de la población en el Ecuador y América Latina fue y es ubicada en la esquina social de los parias, los inútiles, los infelices, los pobres, los no aptos o  los enfermos.

 

 

Organizado el mundo para excluir: pocos justifican sus privilegios por el derecho de conquista y muchos fundamentan  sus desgracias por obra del destino. Entrenados por más de quinientos años, hemos aprendido a ver a los “inferiores”  como depositario de todos los males de tal manera que el individuo o  determinados grupos humanos son portadores en sí mismos de las fallas sociales.  Es decir, el problema de la pobreza es del pobre o los pobres,  la violencia del violento o los violentos, la deficiencia del deficiente o los deficientes  acorde al pensamiento dominante.

 

En consecuencia, es hora de mirar y no solamente ver; de investigar  y no únicamente copiar, de redescubrir  y no tercamente repetir  sobre  lo mejor que somos y tenemos de nosotros mismos. Desaprender la visión dominante y empezar atender la voz jamás escuchada  es un paso decisivo para comprender que lo contrario de la igualdad es la desigualdad no la diversidad.  El mundo es mundo gracias a los muchos mundos posibles y conocer su variedad es fundamental para asimilar mejores formas de vida en la perspectiva de humanizar universalmente lo diverso permitiendo la diversidad universal de lo humano.

 

“Si pertenece a todos el aire, ¿por qué ha de tener dueño la tierra?”

“Si desde la tierra venimos y hacia la tierra vamos  ¿acaso no nos mata cualquier crimen que contra la tierra se comete”

“La tierra es cuna y sepultura, madre y compañera. Se le ofrece el primer trago y el primer bocado, se le da descanso, se la protege de la erosión”

“No es absurdo sacrificar a la naturaleza y a la gente en los altares del mercado internacional”

“Seguimos actuando como si fuéramos hijos de Europa y de nadie más”

   Eduardo Galeano

 

Son voces del tiempo, senderos de vida, que desde hace muchos años atrás subsisten a pesar que  los maquillistas de la historia intentan silenciarlo o desvirtuarlo según los intereses creados e incluso venciendo la presión de los sistemas imperiales, que construyeron sus poderes sobre una montaña de crímenes, mentiras y engaños.

 

Los valores culturales y materiales de  América no pueden ser mutilados por el racismo, ni por razones hegemónicas y comerciales. Son un logro  socialmente construido que involucra la  participación colectiva e histórica de generaciones viejas y nuevas. Asegurar sus  procesos de fijación almacenamiento y recuperación en la línea de una   identidad dinámica y crítica dispuesta a cambiar lo que sea necesario cambiar, es una tarea de todos aquellos sentipensantes contrarios a la domesticación intelectual, decididos  a construir esas sociedades sujeto en donde la libertad se vuelve más libre con la justicia y la justicia, más justa con la libertad, de tal suerte que todos  seamos bienvenidos y aceptados como personas y grupos diversos y no se pretenda hacernos nadie por hablar quichua, desarrollar  cultura  desde el maíz,  conversar con el viento  o tejer una comunidad  pensando en los demás.

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

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