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Por: José Villarroel Yanchapaxi

Fotografía: Archivo, La Hora

Los 7 pecados capitales de Rafael Correa

 

Rafael Correa Icaza, padre de Rafael Correa Delgado, nació en Guayaquil, el 23 de marzo 1934. El manco Correa (como se le conocía),  entre 1976-78 emitió y vendió acciones para la construcción del Club campestre El Prado y cuando estuvo construido les dijo a los accionistas propietarios que sólo eran miembros y tenían además que pagar costosas cuotas mensuales adeudadas. A los reclamantes les amenazaba con su mano de garfio y sosteniendo en la otra mano una otra pistola. Los perjudicados presentaron cientos de demandas por estafa contra él. Posteriormente fue detenido en el aeropuerto JFK International en Nueva York por el transporte de cocaína como mula del narcotráfico.

 

Para entonces su hijo, Rafael Vicente Correa Delgado tenía 24 años y acababa de terminar sus estudios de Economía en la Universidad Católica  Santiago de Guayaquil. Rafael Correa Icaza fue condenado en Orlando, Florida, y encarcelado en enero de 1988 en el Instituto Federal de Corrección de Oakdale, situado a 35 kilómetros al sur de Alexandria, Louisiana. Allí permaneció durante 5 años y 6 meses. Fue puesto en libertad y deportado a Ecuador el 6 de julio de 1993. Durante este tiempo, la madre de Correa, Norma Delgado Rendón, se trasladó con su familia a California. Rafael Vicente Correa Delgado, mientras tanto, había obtenido una beca de USAID a Bélgica.

 

En una nota de prensa publicada por diario El Comercio, fechada el 27 de Junio de 2017 titulada: “La niñez fue dura para los hermanos Correa” Pierina Correa afirma que a su hermano Rafael le decían “culebra”.

 

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Luego de volver de EE.UU., donde estuvo detenido tres años, Rafael Correa Icaza vivió un año con su familia, en Guayaquil. Después, se separó de Norma y se fue a vivir con su madre. El padre de los Correa tenía temperamento explosivo y a veces violento, “Parecido el temperamento al de mi hermano. A mi papá le gustaba sacarte de quicio, más que tomarte el pelo, te tenía que humillar”, cuenta Fabricio Correa quien mantiene latentes las rabietas de su hermano menor. “Cuando sea grande te voy a pegar”, le gritaba Rafael.

 

Años después, el padre de los Correa se volvió a casar con Azucena Calvache, que era apenas tres años mayor que Fabricio, y se fue a vivir a Quito. El manco Correa se suicidó el 10 de junio de 1995 en Guayaquil cuando su hijo, Rafael Correa Delgado tenía 33 años de edad. Las circunstancias y la revelación de este  hecho, así como el comportamiento de la prensa, días antes del referéndum para decidir sobre la convocatoria a la Asamblea Constituyente de Montecristi sigue sin aclararse. Luego los hermanos se distanciarían cuando estalló el escándalo por los contratos del hermano Fabricio con el Gobierno de Alianza País. Rafael Correa había cumplido su promesa pegarle al hermano mayor “cuando fuera grande”.

 

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 Los siete pecados capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del cristianismo para educar a sus seguidores acerca de la moral cristiana. Según Santo Tomás de Aquino: “Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal. […] Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada”.

 

El monje Evagrio Póntico (345-399) escribió en griego Sobre los ocho vicios malvados, una lista de ocho vicios o pasiones malvadas (logismoi en griego) fuentes de toda palabra, pensamiento o acto impropio y dividió los ocho vicios en dos categorías:

 

1.-Cuatro vicios hacia el deseo de posesión: gula-ebriedad, avaricia, lujuria, vanagloria.

2.- Cuatro vicios irascibles, que no son deseos sino carencias, privaciones, frustraciones: ira, pereza, tristeza y orgullo.

Rafael Correa Delgado siempre proclamó su condición de ser católico practicante. Sus valores cristianos y morales los sitúo en primera instancia con los Hermanos Cristianos y luego con los  Salesianos. Para efectos del presente artículo es menester mencionar los siete pecados del catecismo cristiano para hacer una aproximación a la década de correato

 

1.-IRA.

Rafael Correa al asumir el poder, dio muestras de tener dificultades para controlar sus impulsos agresivos, lo qué en Psicología se conoce como Trastorno explosivo intermitente. Las tarima y las sabatinas fueron el espacio para mostrar su agresividad a través de conductas violentas y destructivas esto es la descalificación pública de quienes no pensaran como él. Para ello erigió dos enemigos imaginarios: en primera instancia los pelucones y luego la prensa mercantilista corrupta. Salió a flote entonces la ira reprimida (por ausencia del padre)  asociada a un sentimiento de culpa inconsciente por que su padre había sido un convicto acusado y encarcelado por narcotráfico. De ahí la presencia también de su Trastorno disocial caracterizado por manifestar una conducta violenta persistente y repetitiva, contra periodistas, dirigentes sociales, caricaturistas, líderes populares, etc., destruyéndolas mediáticamente o enjuiciándolas. Que se mostrara en contra de las normas sociales establecidas hasta entonces por la odiada partidocracia no fue más que el origen de un estado de propaganda a la que sometió a los ciudadanos durante los diez años de correato en que siempre se presentó desafiante pero sin poder controlar su irritabilidad.

 

 

La ira fue al atributo de Rafael Correa. Con la nueva Constitución del 2008 hiper presidencialista  hecha a su medida en  Montecristi no era de sorprenderse que empleara la fuerza de su incontinencia verbal y del aparataje estatal para reprimir a quienes desistían acusándolos de sabotaje y terrorismo o simplemente anulándolos personas. Correa desmanteló los organismos de inteligencia de la Policía y las Fuerzas Armadas y creó Secretaría Nacional de Inteligencia SENAIN con rango de ministerio, entrabamos así a un estado policiaco propio del fascismo en que los ciudadanos estaban vigilados so pretexto de asegurar la convivencia pacífica dentro del territorio nacional y el respeto a zonas de seguridad nacional como las fronteras o el espacio aéreo.

 

2.-GULA

Entendida para el caso del presente análisis como hambre y sed de poder omnímodo. Rafael Correa necesitaba de un baño de popularidad recurrente. Para eso instauró los llamados gabinetes itinerantes,  en los que se preciaba de comer en el mercado, bailar la noche de los viernes culturales en que bien podía hacer el ridículo cantando con su desafinada voz. El objetivo era hacer de cualquier nimiedad un show mediático para atragantar a las masas de un populismo neosocialista pues, la obesidad extrema de sus seguidores ovinos necesitaba hartarse en demasía de las demagogias del autodenominado gobierno progresista de la Revolución Ciudadana y así justificar lo injustificable de sus ambiciones. Al final de los diez años de correato aquellos promotores de la “mesa servida” terminaron postrados ante la mountrosidad de un estado obeso que había derrochado y mal gastado los ingentes recursos de un segundo boom petrolero.

 

3.-AVARICIA.

La codicia de Rafael Correa fue abarcar y acumular todo el poder para sí y por eso el cinismo se volvió política de estado. Si bien, aparentemente no acumuló objetos de manera compulsiva al final destinó un presupuesto para instalar un museo para satisfacer su megalomanía. En su afán de hacer megaobras (muchas de ellas elefantes blancos) mediante decretos de emergencia, propició actos de corrupción solapado por un bloque de Asambleístas alza manos y sumisos que hicieron mutis por el foro sin fiscalizar y aprobando leyes que venían directamente del poder Ejecutivo, secundados por la Contraloría, la Fiscalía y el poder Judicial. El correato sofisticó la corrupción, aquello que es parte de la idiosincrasia del electorado ecuatoriano: “No importa que roben con tal que hagan obras” propiciando la cleptomanía, esto es, no contener el impulso de robar, el deseo de “ganar dinero de manera fácil”, la coima, a lo que Rafael Correa descaradamente llamó “acuerdo entre privados”. La revolución ciudadana justificó aquello con el remoquete: “Pero tenemos carreteras”.

 

4.-LUJURIA

Entendida como escaso control de la pulsión asociada al poder, reveló la misoginia, la impudicia, la parafilia, la pedofilia y otras desviaciones sexuales en la que el macho gobernante debía imponer su voluntad. Rafael Correa se develó de cuerpo entero cuando motejó a una periodista como “gordita horrorosa”, cuando celebró libidinosamente las piernas y minifaldas de algunas asambleístas de su bloque o en el caso del estudiante del Colegio Mejía que al pasar la caravana presidencial le hizo una yuca a la comitiva y el Presidente secundado de sus guardaespaldas se bajó del carro a increparlo: “Respétame yo soy tu presidente”, demostrando así su adultocentrismo, su exhibicionismo solapado al denostar contra un menor de edad. La lujuria del poder hizo que Rafael Correa en varias veces perdiera los estribos exacerbando a Eros y Thanatos, los instintos de vida y muerte para acto seguido minimizar sus acciones aunque la verdad fuera evidente. Lo único que valía era su imposición, su certeza de ser el macho de la manada.

 

5.-PEREZA

En el caso de Rafael Correa entendida como la falta de ánimo para dialogar. Inmerso en su propia vicisitud de rendirse pleitesía y de satisfacer su egolatría nunca aceptó un disenso porque su palabra era sagrada. Escuchar la opinión ajena era una pérdida de tiempo, hacerse una autocrítica o el análisis de sus propias acciones era asunto de mediocres. Víctima de un strees psíquico su objetivo no era hacer historia sino “ser la historia”.

 

Abominó de las personas que mantuvieron firmes sus ideas con una voluntad impermeable e inquebrantable que no claudicaron a pesar del miedo. Aquellos que no pensaron igual que el tirano porque se dieron cuenta que la revolución del Socialismo del Siglo XXI era una ficción, una baratija adobada los combatió seguro que su metida de mano a la justicia le daba patente de corso. A esos militantes que calificó de izquierdistas infantiles, ecologistas trasnochados,   que no comieron de la mesa servida  trató de eliminarlos calificándolos de odiadores o sicarios de tinta.

 

 6.-ENVIDIA

Estos últimos años en el Ecuador, de lo que Rafael Correa y sus adoradores denominan “la década ganada”, revelan una fijación de su foco atencional en sus propias carencias e inconscientemente en las cualidades o bienes que otros poseen. Rafael Correa “el creador de verdades de la Revolución ciudadana”, “el encantador de borregos” como lo bauticé al inicio de su mandato en un artículo de mi autoría, debía ser el hombre orquesta, en sus palabras: “Modestia aparte: uno de los presidentes más populares del planeta”. Debía arrasar con la institucionalidad de la peluconería y la partidocracia aunque cogobernara con ella, con quienes no le dejaron entrar al Club la Unión de Guayaquil, a quienes en su juventud le hicieron a un lado por no ser de alta alcurnia y para ello no dudó en compararse con Eloy Alfaro, convencido de que antes de él no había Patria y que luego del él, tampoco; polarizando así a los ecuatorianos y reactualizando la doctrina de Georges Bush Jr. “El que no está conmigo está contra mí”

 

7.-SOBERBIA

Rafael Correa tuvo una visión desmesurada de sí mismo. Es un maníaco caracterizado por una autoestima exagerada y sensación de grandiosidad. Rafael Correa tuvo ideas acerca de sí mismo como alguien cercano a la divinidad y con cualidades extraordinarias. Debía conquistar al pueblo a cualquier precio, bajo cualquier justificación y bajo cualquier imposición de fuerza fabricando verdades. Secundado por los medios de comunicación públicos como el diario El Telégrafo declaró: “Somos el jaguar latinoamericano” “Entramos a la era espacial”, “Somos un país próximo a entrar en el primer mundo”, “La revolución ciudadana es leyenda”, “Somos el gobierno de las manos limpias”, etc.

 

Rafael Correa Delgado acaparó para si todos los poderes, cogobernó con políticos de derecha, engulló las banderas y consignas de la izquierda, ganó elecciones gracias a un Consejo Nacional Electoral que se prestó para el fraude y las triquiñuelas. Hoy desde el ático de Bruselas vía twiter y enlaces virtuales intenta sostener lo insostenible que la Revolución Ciudadana ha sido un auténtico fracaso y que ha sumido al Ecuador en una crisis económica y social de impredecibles consecuencias.

 

 

*Magíster en Estudios Culturales Latinoamericanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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