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Por:  José Villarroel Yanchapaxi

Fotografía: Archivo

Lenin Moreno o la política del discurso vacío.

 

“Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se

escucha”. “Se es aparentemente libre hasta que se articula la palabra, pues somos sujetos en falta atravesados por la palabra”, sostenía el Psicoanalista francés Jacques Lacan. Probablemente aquello suceda tanto en el Psicoanálisis, la ciencia de lo Real como diría este citado autor y en mi apreciación, en el campo de la política en el que la regla  para el gobernante, el  candidato, el dirigente, el militante o el adherente es no desdecirse porque la verdad, siempre va a pugnar por salir a la palestra pública.

 

El 24 de Mayo de 2017, luego de una década del fracasado proyecto que se dio en llamar Revolución Ciudadana (cuya base ideológica fue el Socialismo del Siglo XXI del sociólogo alemán Heinz Dieterich), el Lcdo Lenin Moreno Garcés, quien fuera Vicepresidente de Rafael Correa Delgado, asumió la Presidencia de la República del Ecuador.

 

 

 Cuestionado por un supuesto fraude electoral, Moreno intentó desmarcarse de inicio de su sombra y mentor ofreciendo un estilo diferente de gobernar e hizo un llamado a la unidad nacional por cuanto no había tal “mesa servida” pues el correísmo se había caracterizado por un endeudamiento irresponsable y por una corrupción generalizada. Este giro despertó simpatías de una población harta de la prepotencia y la vanidad, del insulto y la descalificación de un showman que hizo de las sabatinas y cadenas nacionales una triste réplica de ciertos programas de farándula en los que desde una tarima mediática en que la partidocracia, los pelucones, la prensa privada, los luchadores populares y todo aquel que pensara diferente eran el blanco del discurso violento y verborreico del ex mandatario que no admitió nunca que la oposición y menos sus simpatizantes cuestionaran sus decisiones engordó la burocracia estatal creando Ministerios que rayaron en el ridículo como la Subsecretaría del Buen vivir en la que puso a aliados pipones como Fredy Ehlers. Nombró a Ministros, Viceministros, Secretarios y Subsecretarios incondicionales e incluso políticos de la odiada partidocracia. Recicló  periódicamente y puso en la función pública a un grupo de políticos improvisados  con hambre atrasada. Gente sin formación política, sin preparación para gobernar o liderar proceso alguno, oportunistas y arribistas disfrazados de revolucionarios e indefinidos ideológicamente que al final resultaron aduladores y corruptos sin escrúpulos tal el caso de miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), del viejo Partido Comunista del Ecuador (PCE), del Partido Socialista, disidentes del ala de Enrique Ayala Mora, entre otros.

 

“Hoy encontramos un país con mayor equidad, con mejor infraestructura, servicios y un creciente talento humano, pero tenemos que pagar por ello. Todos, con corresponsabilidad, porque Ecuador es la casa de todos. Tenemos que mirar hacia delante, y superar la crisis económica en la que nos encontramos ¡Debemos asumir responsabilidades!”, fue una de las primeras declaraciones de Lenin Moreno. Hablando en cristiano como diría el pueblo, ahora resulta que como siempre, el ciudadano de a pie tendrá que pagar el despilfarro de un Economista que no supo administrar el segundo boom petrolero del Ecuador.

 

Si hacemos un análisis del discurso de Lenin Moreno podremos darnos cuenta que al igual que el discurso de Rafael Correa es un discurso vacío, impropio de un verdadero estadista. Es la coartada por la cual se desvía la atención, es el anzuelo del progresismo para que los ciudadanos hablen de un tema irrelevante que no tiene nada que ver con los temas que verdaderamente interesan a los mandantes.

 

 

 

¿Cómo es posible que un discurso aparentemente vacío se sostenga con alusiones pseudofilosóficas, de la física cuántica e incluso de realismo mágico, y que despierten simpatías en un electorado que siente que esos discursos son inarticulables con la realidad social y económica? La respuesta está en supuesto estado del buen vivir a costa de la apatía de un pueblo que raya en la catatonía colectiva que, a pesar de ver como el estado es víctima de una corrupción política penetrada incluso por banqueros, empresarios y narcotraficantes, ciertos ciudadanos aun defiende esta forma de hacer política.

 

El 25 de agosto de 2017, en Guayaquil, en un acto en la CFN, Lénin Moreno hizo un discurso atípico y envió un mensaje en clave aludiendo al Apocalipsis y a Rafael Correa: “El que tenga inteligencia adivine el número de la bestia (...) tratando con la mecánica cuántica de sacar del encriptamiento (...) el 666 me da 2021; sumando, restando, poniendo, quitando el número que pensaste...”. Luego agregó: “Las profecías no son para que se cumplan, pero como somos tan idiotas, es como que dentro de cada concepción humana tuviéramos el deseo de inmolarnos; vamos a evitar inmolarnos” y esta otra perla: “Claro que apliqué conceptos cuánticos en la misión Manuela Espejo y mientras más aplicaba conceptos cuánticos, mejor me iba”.

 

 

“Peleados los compadres se dicen las verdades” reza el refrán popular. La aparente rivalidad entre Correa y Moreno es un ardid que alimenta el típico discurso vacío de contenido pero lleno de cinismo, una especie de verborrea académica y dulzona propia del discurso del Progresismo del Siglo XXI, tal como sucede en el caso de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua, Evo Morales en Bolivia, Néstor y Cristina Kitchner en Argentina, Rafael Correa y Lenin Moreno en el Ecuador.

 

En el caso ecuatoriano es en la Asamblea Nacional donde se refleja este aparente divorcio;  correistas y morenistas se disputan el pedazo de poder que aún queda mientras el habitante del ático que hoy reside en Bruselas y que desesperado responde a twitazos sigue creyendo en su propia mentira, que alguna vez gracias a él, Ecuador estaba en la carrera espacial o que fue el jaguar latinoamericano.

 

En la política contemporánea, el atolondramiento del discurso se hace más evidente porque es un discurso que no está únicamente dirigido hacia un electorado sino que desborda los mass media y las redes sociales. Lenín Moreno, presidente de Ecuador, causó polémica en la internet tras sus declaraciones en la III Cumbre Mundial de Regiones sobre Seguridad. Durante su intervención, Lenín Moreno, se pronunciamiento sobre nuestra posible composición atómica al afirmar: “Es muy probable que tengamos dentro de nuestro cuerpo un millón de átomos que fueron de Bolívar, que fueron de Manuelita Sáenz, de George Washington, de Napoleón y que fueron de Hitler también”. Otra vez como diría la sabiduría popular: ¿Qué tiene que ver las papas con las empanadas? Aparentemente nada pero para Moreno este pronunciamiento logró su objetivo, desviar la atención del fracaso en materia de seguridad del estado en el caso de la muerte y secuestro de los periodistas de diario El Comercio.

 

El discurso de Lenin Moreno no está del todo vacío, hay un fluir, un ritmo, por eso su discurso trata de cualquier tema, sea del circo social, la misión Manuela Espejo, la mecánica cuántica, el cáncer, etc: “Cuando a ti te comunican que tienes cáncer, es posible que el único que se alegre sea el médico. El que tiene cáncer cambia de vida y al final el médico cambia de carro". Esta referencia desatinada, materialista e insensible, resulta por lo menos sospechosa pues tras la apariencia de vacío hay demasiadas cosas, ya que Lenin Moreno y los morenistas son el lastre y el continuismo de Rafael Correa y del correismo, por eso en la Asamblea Nacional votan juntos o separados según sus conveniencias de grupo.

 

 

Al hacer un balance de este primer año de gestión de Lenin Moreno bien se podría decir que  “no hay nada nuevo bajo el sol”,  que “sobran palabras y faltan realidades”. Lenin Moreno como Rafael Correa echa mano de la publicidad y la propaganda con su slogan: “Toda una vida”,  crea un imaginario que promete que “dentro de un tiempo vendrán cosas mejores”, mientras sigue endeudándose agresivamente para tapar la brecha fiscal y solventar el gasto público.

 

 

 

¿Cómo es posible que el Ecuador después de un año de morenismo no haya tenido un programa económico medianamente coherente? La política internacional de Moreno y de la canciller, María Fernanda Espinosa, resulta una afrenta. ¿Cómo se le ocurre como estadista poner un plazo de 10 días para que un narcotraficante como alias “Wacho” se entregue voluntariamente a los aparatos de seguridad del estado?

 

Hasta ahora el recurso del discurso vacío de Lenin Moreno así como del diálogo se ha agotado. Ahora lo que queda es el despertar de los movimientos sociales y de la  izquierda revolucionaria para llenar de sentido y crear nuevos imaginarios sociales desde las organizaciones, desde el espacio que les es propio: las plazas y las calles.

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

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