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Por: Marco Villarruel

Fotografía: Redes Sociales

Las convulsiones políticas del ex dictador

 

¿Por qué se fue Correa del Ecuador?

¿Por qué regresó Correa al Ecuador?

 

Desde luego no son las preguntas más importantes en la actualidad pero hacen parte del análisis de la coyuntura.

 

La fuerza popular comenzó a desbordarse de manera imaginativa a partir de la convocatoria a las elecciones que se efectuaron a comienzos del 2017. Para ese entonces la novedad más notable fue la ausencia electoral de Rafael  Correa Delgado (RCD). La última razón para aquello nunca se supo, pero con los acontecimientos posteriores se puede ya colegir que se debió a la evidente falta de popularidad. Se conocía pero sin confirmar la tenaz leonera al interior de Alianza País, especialmente por la tenacidad de RCD para designar a Glas como candidato, pero ante la evidencia de su pálido carisma y de las sospechas de corrupción designó a Lenín Moreno, así como hizo con TODAS las candidaturas a asambleistas. Desde entonces la estructura de AP estaba por caerse. Intensos odios y resentimientos comenzaron a aparecer.

 

El proceso electoral no pudo ser más accidentado y el resultado solamente aceleró la debacle de AP. Para sofocar la división y la fuga de tantos dirigentes y militantes RCD apostó nuevamente por la amenaza y el insulto.  Ya entrada la debacle el ex Presidente decide marcharse del país, lo cual suscitó muchos comentarios. Fiel a su costumbre dijo que se quedaría, pero al fin se fue alegando que tenía una deuda con su familia. Su autoexilio dorado fue recibido con hastío y rechazo porque además de secretarias, cónsules, guardias, pensión mensual, RCD subió al ático de un edificio que no es su casa para enviar lamentables peroratas, siempre son el mismo estilo.

 

Correa concentracion Alianza pais Cuenca

 

Pero en el Ecuador pasaban otras cosas. La creciente popularidad de L. Moreno, hecho inesperado por el aparato de AP, la entrada aparatosa de los bucaranes, la crisis de la deuda externa y la debilidad de la economía, y fundamentalmente la enorme crisis  producida por el caso Odebrecht y otras acciones corruptas de los ex funcionarios del anterior gobierno. Se produjo algo totalmente inesperado. El llamado a declaraciones y posterior detención de Jorge Glas (JG) derrumbó el castillo fabricado por el Consejo Nacional de Participación Ciudadana y por el Consejo Nacional de la Judicatura, que habían puesto a un nutrido grupo de abogados, jueces y más funcionarios para que cubrieran las espaldas de los ganadores-perdedores de las elecciones. Era el acabose. La estocada es la renuncia de Juan Pablo Pozo, presidente de la Corte Electoral, la última garantía para legalizar a la directiva correísta de AP.

 

Entonces llega Correa. Como siempre se lanza desesperadamente a los medios de comunicación privados a los cuales tanto denigró. Acude a asambleas de pocas personas y hasta se humilla pidiendo conversar con Lenín Moreno, aunque después le insulta de nuevo.

 

No viene a salvar a AP, ya que la división es demasiado profunda e irreconciliable. Viene a evitar que se condene a JG y al séquito de corruptos ya que, entre otras cosas, va a resultar implicado y es por eso acertado la exigencia de Unidad Popular para que no se le deje salir del país hasta que conteste las interrogantes que han salido de los numerosos casos de corrupción. Para eso arriesga su ego pero no cesa de dar sus dientes contra las piedras.

 

Los siniestros personajes que ayudaron para que llegue al país tienen lista las líneas de fuga.

 

 

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

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