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Por: Antonio Guerrero Drouet

Fotos: jag9889

La vida insurgente del Che Guevara

 

 

 

 

El Che que quería mirar a la América de los de abajo: A la América mestiza, india y negra pegada el lomo a la tierra; cubierta por sus ponchos y sombreros en las alturas de los páramos, o abiertas sus espaldas en las llanuras para lograr que los suelos “den brotando” papas, alverjas, tomates, a pesar del escaso regadío y la falta de tierras; cuidando sus gallinas y sus cuyes; congregándose en sus asambleas para demandar agua y tierra; caminando por chaquiñanes, atravesando ríos y esteros, tomándose las vías, las carreteras para exigir que los escuchen y se resuelvan sus urgentes demandas ante toda instancia del poder de los hacendados y capitalistas agrarios; la América del traquetear de las fábricas movidas por los brazos, pectorales, espaldas, muslos, pantorrillas y cerebros cual tuercas de acero y hierro para llevar un escaso salario a sus casitas o cuartos arrendados donde hacinados con su mujer y sus críos soportan la miseria inhumana del capitalismo y se ven, obligados por la miseria, a acudir a sus asambleas obreras y lanzarse a las huelgas y a las calles reclamando salarios, trato justo: La América de los hijos de los obreros y campesinos que asisten a las escuelas y colegios con escaso alimento en sus estómagos; que en la comuna y el barrio juegan apasionados con la ya gastada pelota de fútbol y sueñan con ir a las universidades para obtener un título como un derecho de todos los hijos de los trabajadores de la ciudad y del campo -no como una élite para colocarla al servicio de las multinacionales gringas o chinas- para obtener una profesión, ayudar a sus padres y salir de la pobreza: A esa América buscó el Che con una pasión irreductible; con un sincero y fraterno aliento solidario; a esa América buscó y halló Ernesto Guevara cuando recorrió Guatemala, Bolivia, Perú, Ecuador; cuando por un cruce histórico que transformará su vida se encontró en México con los revolucionarios cubanos que habían realizado el asalto al Cuartel Moncada; después, la travesía en el “Granma”, la epopeya de Sierra Maestra bajo el liderato de Fidel y el vigoroso espíritu y visión clara de Camilo Cienfuegos; la Toma de Santa Clara y luego de la Habana en los albores del año nuevo cuando Batista ya había huido con el rabo entre las piernas, hacen de la extraordinaria vida del Che junto a los pueblos de Latinoamérica; ligada a la victoriosa gesta armada de la revolución cubana, un hito, un símbolo y una vocación que han intentado deformar y sofocar los manipuladores de su heroica figura que traspasa los Andes, llega a las llanuras, recoge los cantos de los pájaros, los ríos y la gente de abajo que demanda auténticas revoluciones sociales no farsas como las del repudiable “milagro” correista que al fin y tras aflorar su engaño reformista ha dejado de deformar la canción del Che para engañar a la multitud.

Los tiempos actuales no son los de los años 60s y 70s en que recorríamos los caminos de la huelga, la toma de tierras, las luchas estudiantiles, las jornadas populares con guitarra y verso en mano; el postmodernismo y los gobiernos deformadores del socialismo como el del capitoste de la lengua más larga, mentirosa y represiva de nuestra historia, temporalmente han desviado los ideales del Che que debemos restituir con claridad; del Che que en Bolivia, alzado en armas junto a sus camaradas, mostró como la vida se hace fuego insobornable luchando por la libertad.

La recuperación de las calles y plazas del Ecuador por la alegre, furibunda y vigorosa conciencia que los trabajadores, los pueblos, la juventud, el movimiento indígena revolucionario, hace posible reafirmarnos en el auténtico rumbo de la revolución social liberadora  en el Ecuador insuflándonos de la rebeldía del irreductible combatiente por la libertad de los pueblos de América India: Ernesto Guevara La Serna.

 

ANTONIO GUERRERO DROUET

 

Graffiti Mural, East Harlem, New York City

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

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ISSN 1390-6038

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