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Por: *Andres Quishpe

Fotografía: Archivo

La UTC savia renovadora de los pueblos de de Cotopaxi

 

En abril del 2014, varias académicas y académicos emitieron un manifiesto denominado: EL MODELO DE EVALUACIÓN DE LAS UNIVERSIDADES ECUATORIANAS, este documento recoge algunas críticas y sugerencias  respecto al modelo de evaluación y acreditación que el CEAACES, presentó a finales del 2013.

 

El manifiesto inicia señalando: “La evaluación es un hecho muy importante para la Universidad ecuatoriana. De hecho, a nuestro juicio, toda la comunidad universitaria ecuatoriana considera que las evaluaciones son una de las herramientas para garantizar la mejora continua del sistema de educación superior. Pero al mismo tiempo, observamos con preocupación el modelo de universidad “ideal” que subyace a este proceso de evaluación y acreditación. No estamos de acuerdo con el modelo disciplinario y vertical adoptado. No es solo que discrepamos con tal o cual indicador o con tal o cual resultado de la evaluación. A nuestro criterio es necesario someter a escrutinio y debate público los criterios subyacentes de “calidad” que presupone el modelo adoptado, el conjunto de parámetros usados y su ponderación. Pensamos que la evaluación debe basarse en el cumplimiento de los aportes y compromisos de la Universidad con la sociedad y no en una calidad mal definida y mal medida” (…)

 

 “¿Quién debe evaluar a las universidades? El modelo propuesto por el CEAACES no toma en cuenta la pluralidad de visiones para la evaluación de la educación superior. Las universidades tenemos sistemas de evaluación de la docencia que incorporan, entre otros, encuestas a los estudiantes que valoran al docente de cada asignatura. Ni uno solo de los indicadores del modelo del CEAACES toma en cuenta esas evaluaciones docentes realizadas por los estudiantes. Ni uno solo de los indicadores del CEAACES pregunta a los colegios profesionales ni a los egresados, su opinión sobre la calidad de la formación y de la vida universitaria. Ni uno solo de los indicadores indaga sobre la opinión de los docentes, de las autoridades o de los trabajadores de las universidades ¿Es lícita una evaluación que no toma en cuenta la opinión de la comunidad universitaria? Los resultados del proceso de auto-evaluación universitaria que precedió a la evaluación del CEAACES no se consideran como parte de los parámetros que sirven para clasificar a las universidades. A nuestro juicio, un proceso de evaluación debe considerar a todos los actores de la universidad ecuatoriana, a los miembros de la comunidad universitaria, de la sociedad y del gobierno. No puede ser una evaluación unilateral de uno solo de los actores con su única visión y sus únicos requerimientos, por más legítimos que sean. El modelo universitario del CEAACES presupone que los criterios de evaluación de un solo actor, el propio CEAACES, completa el arco de criterios relevantes para la evaluación que las universidades ecuatorianas necesitamos. No solo que las universidades no participaron en definir el modelo sino que ni siquiera la información sobre las herramientas de análisis o sobre las ponderaciones de los indicadores, fue conocido oportunamente por la comunidad académica ecuatoriana. Instituciones complejas, con objetivos variados, animados por visiones pluralistas, solo pueden ser evaluadas en un proceso de retroalimentación constante y multilateral.”

 

 “¿Para qué evaluar? El modelo del CEAACES se orienta a la creación de un “ranking” que categoriza a las universidades ecuatorianas en un orden jerárquico y según moldes comerciales. Estas categorías jerárquicas nacieron en el mundo del deporte y se trasladaron al campo de la evaluación universitaria, de la producción de conocimientos, de la investigación y la docencia; para volverse omnipresentes con los esfuerzos estatales por controlar y ajustar a las universidades a sus prioridades y mecanismos burocráticos de seguimiento.[3] Los rankings son el resultado obvio de modelos homogenizantes y unilaterales que terminan desplazando la diversidad e ignorando el contexto y las mejores tradiciones históricas de las universidades ecuatorianas y latinoamericanas. Estos rankings están sometidos a numerosas críticas por su vínculo con intereses comerciales de las empresas que se encargan de elaborarlos y, al mismo tiempo, de vender servicios de consultoría para clasificar en ellos a las universidades. A pesar de los problemas identificados en estos sistemas, el CEAACES toma esa bandera y aplica medidas y reformas que ya ha mostrado importantes sesgos y  debilidades. Estudios en varios países con la educación superior jerarquizada, a la cual apunta el modelo CEAACES, demuestran que, a pesar de incrementos generales en el acceso, la distinción entre universidades “de elite” y universidades “regulares” termina polarizando y fomentando desigualdades, socio-económicas, culturales e incluso raciales.

 

“Según el modelo del CEAACES, la medida para jerarquizar el ranking de universidades es “la calidad”. Mientras mayor calidad tiene una universidad,  más alto en la jerarquía del abecedario: las universidades son calificadas como “A”, “B”, “C” y “D”. Llamativamente, el CEAACES no dispone de un documento que discuta, exponga y defina qué entiende por calidad. Los documentos oficiales del CEAACES se limitan a utilizar sinónimos como “excelencia” o “nivel internacional”. ¿Qué entiende entonces, en la práctica, incluso sin definirla, a partir de los indicadores que utiliza y los pesos que otorga a dichos indicadores, por “calidad” universitaria?”(…)

 

 “Para el modelo del CEAACES, la calidad coincide con la eficiencia administrativa. En los criterios de evaluación del CEAACES, casi un tercio de los indicadores adoptados miden la organización y la infraestructura; aunque estos supuestamente se refieren al entorno de aprendizaje de las instituciones de educación superior, finalmente miden los recursos financieros de cada Universidad. Este no es un problema solo del ranking del CEAACES, sino de todos los rankings internacionales, donde se han probado constantemente fuertes correlaciones entre la prosperidad de las universidades y su posición en los rankings. No es casualidad que las universidades más caras, con las bibliotecas o las instalaciones más costosas, tengan ventajas enormes sobre las demás. Harvard tiene un gasto por estudiante estimado en 160 mil dólares al año mientras la Universidad Central de Quito tiene una inversión de 3 mil dólares. Dadas las diferencias de infraestructura y recursos, así como las desigualdades territoriales, ¿conviene adoptar un modelo que privilegia las universidades de las grandes ciudades sobre las universidades de provincias, que favorece a las universidades privadas con altos costos para sus estudiantes, mientras castiga a las universidades públicas? Si añadimos a esto que se propone realizar mayores inversiones en las universidades de las más altas categorías, las desigualdades entre universidades y sus estudiantes se incrementarán” (…)

 

 (…) Hemos realizado una crítica al modelo de evaluación del CEAACES, a la jerarquía que presupone,  a la comprensión estrecha y administrativa de “calidad” que quiere imponer ante la comunidad universitaria del Ecuador y a los indicadores utilizados que deforman los criterios que pretenden medir. ¿Cómo se pueden determinar modelos alternativos de evaluación que no reproduzcan estos errores perversos? Se requiere una amplia discusión nacional y universitaria sobre la calidad para ir ajustando criterios. Pero sí podemos afirmar sin temor a equivocarnos que sería un inmenso error seguir asumiendo los criterios de calidad del CEAACES como los criterios que guíen el porvenir de las universidades ecuatorianas. El CEAACES ha recopilado información estadística importante que puede ser usada provechosamente en el análisis de la calidad; pero tomar esos datos como la medida de la “calidad” no es avanzar en lograrla sino desfigurar su sentido. Los principales criterios de calidad a nuestro juicio deberían relacionarse con la pertinencia para la sociedad, con la participación, el cogobierno y la administración democrática de las instituciones de educación superior, y con democratización de los saberes y la construcción de capacidades sociales para la convivencia cívica entre personas críticas”(…)

 

 

El presente análisis, partiendo de lo denunciado años atrás por más de 100 catedráticos de diversas universidades del país,  busca señalar algunas valoraciones y verdades respecto a los resultados del último proceso de recategorización efectuado por el CEAACES en especial referente a la Universidad Técnica de Cotopaxi (UTC).

 

 

Trasfondo político en la decisión del CEACCES

 

Mediante rueda de prensa desarrollada el martes 10 de mayo, el Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior- CEACCES y el Consejo de Educación Superior – CES, dieron a conocer los resultados del proceso de evaluación, acreditación y recategorización institucional.

 

Entre sus declaraciones de números, porcentajes y frases ya conocidas, Francisco Cadena titular del CEACEES, informaba que tres universidades recuperaban la categoría. Estas son la Universidad de Cuenca, la Universidad de las Fuerzas Armadas (ESPE) y la Universidad de Especialidades Espíritu Santo. Vale señalar que en este proceso que inicio en septiembre del 2015, participaron 13 Instituciones de Educación Superior. 12 de ellas se presentaron de manera voluntaria para mejorar la calificación obtenida en el 2013,  en el caso de la  ESPE tuvo que hacerlo de manera obligatoria puesto que no participó en el proceso anterior.

 

Diario El Comercio, en su nota de prensa del 10 de mayo describía: “Cadena dio a conocer el proceso que contó con siete comités evaluadores, conformados por 28 evaluadores nacionales e internacionales (prometeos), quienes se encargaron de revisar la información entregada por las universidades y de realizar visitas para cerciorarse de los avances.

 

Se evaluaron seis criterios: recursos e infraestructura, organización, ambiente estudiantil, generación de conocimiento, vinculación con la sociedad y academia. Se tomaron en cuenta 44 indicadores, 19 cualitativos y 25 cuantitativos. Para llegar a la categoría A las IES debieron superar el 60% del cumplimiento en cada parámetro.

 

En las investigaciones se evaluaron, por ejemplo, el número de publicaciones científicas. En las universidades públicas, en 2013 hubo 45 publicaciones y en 2015, 284 textos publicados. Mientras que en las privadas el número de publicaciones subió de 24 a 152 en el mismo período. En cuanto a profesores con títulos de PHD, según Cadena, en las entidades públicas subieron de 95 a 257 y en las privadas de 48 a 168, entre el 2013 y el 2015.

 

Los resultados globales de este proceso son:

 

 Tres ascienden a la categoría A: Dos públicas: Universidad de Cuenca y ESPE. Una privada: Universidad de Especialidades Espíritu Santo.

 

Tres ascienden de la categoría C a la B: Una pública: Universidad Técnica de Manabí. Dos privadas: Universidad de las Américas (UDLA) y Universidad Internacional del Ecuador (UIDE).

 

Seis se mantienen en la categoría C: Dos públicas: Universidad Nacional de Chimborazo y Escuela Superior Politécnica Agropecuaria de Manabí. Cuatro privadas: Universidad Particular San Gregorio de Portoviejo, Universidad Metropolitana, Universidad Tecnológica Ecotec y Universidad Tecnológica Israel.

 

Una no alcanzó los estándares mínimos de calidad: Una pública: Universidad Técnica de Cotopaxi (UTC). Sobre lo cual, Cadena indicó que le corresponde al Consejo de Educación Superior (CES) tomar la determinación correspondiente”.

 

Según informes de la prensa nacional la rueda de prensa finalizaba, pero René Ramírez, no podía dejar de hablar, ¡cómo el presidente del CES iba a de dejar de hablar!,  quien señalo: “Ha madurado en el país la cultura de la evaluación”. Entre felicitaciones y bajando la mirada recalcaba  que todas han mejorado, menos una.

 

Esa universidad que a criterio del CEAACES y CES no ha mejorado es la Universidad  levantada fruto de extensión universitaria promovida por la Técnica del Norte. Así como lo leen, antes extensión universitaria, hoy conocida como vinculación con la comunidad, fomentaba extensiones universitarias. La Universidad Central por ejemplo mediante su Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación, contribuyó a la creación de la Universidad Nacional de Chimborazo, eran tiempos donde vinculación se concebía como expresión de devolverle el conocimiento a la sociedad, sin porcentajes o puntuación alguna. Volviendo al tema, la Universidad que dicen no ha mejorado, es la Universidad construida bajo el esfuerzo y sacrifico  de una de las provincias con alta población indígena, aquella donde sus habitantes decidieron que los terrenos donde funcionaba una cárcel debían servir para construir lo que hoy es el ALMA MATER DE COTOPAXI.

 

La UTC, como muchos la conocemos, en información y documentación presentada por sus autoridades en el documento COMPARATIVO ENTRE EL PROCESO DE EVALUACIÓN 2013 Y RECATEGORIZACIÓN 2015, expresa los siguientes datos.

 

Estos avances  son tomados en cuenta por el CEAACES para su contabilidad general, para decir que en la Universidad pública aumento el número de PHD y publicaciones científicas, es decir la UTC si es útil para el conteo general del CEAACES, pero su actitud política frente a una Universidad crítica y reflexiva les lleva a desconocer el progreso de la UTC.

 

¿Cómo explicar los resultados del Ceaaces y Ces?, quiénes califican con 34.91 a la Universidad Técnica de Cotopaxi (UTC) en su última evaluación realizada, frente a 43,5 puntos que alcanzó en 2013 donde le faltó 1,5 para ubicarse en categoría B. En el 2013 la UTC tenía 0 Publicación Científicas, en el 2015 - 9 Publicaciones Científicas. En el 2013 la UTC tenía 6 Ph.D  uno a tiempo completo, para el 2015 – 2016 cuenta  21 Ph. D. 20 a tiempo completo.

 

 

A esto hay que sumar que la Universidad Técnica de Cotopaxi cuenta con una extensión en el cantón La Maná, extensión que en el 2015 fue calificada dentro de las mejores extensiones del país, con el 95% de la calificación, por sobre la extensión de una de las universidades que hoy está en la categoría A.

 

En enero del 2016 la Universidad Técnica de Cotopaxi obtuvo el 100% de la calificación dentro del proceso de evaluación efectuado por la Senescyt,  respecto al Sistema Nacional de Nivelación y Admisión (SNNA).

 

El crecimiento en investigación de la Universidad del pueblo de la UTC, se expresa por citar dos  proyectos íconos de investigación que han transcendido el país como son el Proyecto de granos andinos, financiado por la Senecyt, al cual se sumaron universidades como la UDLA y ESPE, el Proyecto de recuperación de germoplasma vegetal, entre otros.

 

Todos estos logros alcanzados en medio de  un  presupuesto limitado, el cual no ha sufrido incremento significativo en los últimos 5 años de la denominada “Revolución Ciudadana”, sin embargo su infraestructura se han desarrollado gracias a la autogestión y capacidad de autoridades, docentes y trabajadores. En el 2015 la UTC recibió de presupuesto 17 millones, mientras que para el 2016 recibió 18 millones  a pesar de sus avances e incremento significativo  de estudiantes.

 

Un estudiante de la UTC, durante los años del proceso de recategorización, recibió 43.658 dólares menos que un estudiante de YACHAY.

 

Presupuestos:

Universidad Técnica de Cotopaxi 2015: 17 millones de dólares.

 

Yachay 2014-2015: 20 millones que cubrirán costos de laboratorios de investigación, pago a docentes, alimentación a los estudiantes.

 

Estudiantes:

Universidad Técnica de Cotopaxi cinco mil- incluidos las y los joven del Sistema Nacional de Nivelación durante el 2015

 

Yachay. Octubre 2014: 425 estudiantes.

 

Si dividimos los presupuestos para la cantidad de estudiantes, descubrimos que el Estado entregó a la Universidad Técnica de Cotopaxi, el equivalente a 3,400 dólares estudiante /año. Mientras para los estudiantes de Yachay, 47.058 dólares por año. Quiere decir que un ‘utecino’ recibió  30 veces menos que un ‘yachay’.

 

Yachay, según proyecciones, en dos años tendrá un área de construcción de 1,2 millones de metros cuadrados. En el plan maestro se estima solo para esa construcción un presupuesto de 1.034 millones de dólares para la primera fase, hasta el 2017. La UTC durante varios años ha levantado su voz de protesta demandando mayor presupuesto lo que le ha costado varios insultos en las sabatinas y la persecución a docentes y estudiantes. Hoy sin duda alguna el gobierno también le cobra factura.

 

En la actualidad, la UTC cuenta con 9.340 estudiantes incluidos los del Sistema Nacional de Nivelación y Admisión. Si la UTC no es apta, según el Ceacces, para ser universidad y los evaluadores vienen trabajan desde hace años e la recepción de evidencias, comprobando las mismas, realizando visitas directas,  ¿Por qué la Senescyt permitió que se asignen cupos para nivelación?

 

La Universidad Técnica de Cotopaxi cuenta con 6 PhD de la provincia, en la actualidad 54 docentes cursan estudios de doctorado en Argentina, Hungría, Perú, España, Venezuela y Cuba, ¿acaso esto no es desarrollo?

 

En 21 años, la UTC ha formado a más de 7.200 profesionales, quienes están insertados en diferentes espacios laborales dentro y fuera del país. Somos 7.935 estudiantes regulares y 1.405 del Sistema Nacional de Nivelación y Admisión, cuenta con 18 carreras para la profesionalización de la juventud estudiosa de Cotopaxi. Sus aulas abarcan a varios jóvenes del país sobre todo de San Domingo de los Tsáchilas,  provincia que no cuenta con universidad pública; Guayas, Los Ríos, Pichincha, Chimborazo, Tungurahua.

 

 

El trabajo y esfuerzo constante le permitió la UTC en febrero del 2015 recibir un informe preliminar que daba cuenta del cumplimiento de los indicadores de evaluación según el modelo de 2013, lo que proyectaba a ubicarse en la categoría B, y con esta perspectiva se trabajó durante el último año. Sin embargo a una semana del 10 de mayo fecha en la cual se emitió los resultados de la categorización de parte del  Ceaaces se resolvió cambiar las curvas de utilidad del modelo de evaluación 2013 con el que se suponía debían evaluar, se incorporaron nuevos estándares de desempeño, mucho más altos no solo a la realidad de la UTC sino también de varias universidades del país,  las cuales han señalado también este tópico.

 

La prepotencia e intervención es el modelo académico del Gobierno para la Universidad Técnica de Cotopaxi

 

Durante los 9 años de Gobierno, ALIANZA PAIS, ha sido derrotada política y académicamente en la Universidad Técnica de Cotopaxi;  sea en los procesos electorales de FEUE, Asociación de Profesores y  Trabajadores ha perdido, siendo el golpe final las elecciones de Rector en el 2015.

 

Prohibido olvidar que luego del contundente triunfo del NO en el 2011, en la consulta popular en todas las provincias de la sierra central el gobierno se alarmó y determinó la profundización de su política de persecución y criminalización de la lucha social. Su estrategia de enjuiciar y encarcelar a los dirigentes populares así como perseguir y destituir a los representantes de elección popular que no han cedido a sus chantajes y presione fueron línea política del correismo. Esta realidad se confirmó, con la denuncia que en su momento lo realizo la asambleísta Lourdes Tibán, en el marco de la ilegal destitución del Prefecto de Cotopaxi, César Umajinga, respecto de la existencia de un documento reservado, fruto del “Taller para la construcción de la estrategia política para la Sierra Central”, con la asistencia de cuatro gobernadores y varios funcionarios del régimen, en el cual se diseñó la estrategia para golpear y desarticular a la oposición.

 

El citado documento, elaborado el 13 de julio de 2011, por parte de los gobernadores de las provincias de Cotopaxi, Tungurahua, Chimborazo y Bolívar, el viceministro de Gobernabilidad y delegados de la SENPLADES y del Ministerio de Justicia, luego de evaluar la pérdida de la tesis del gobierno en la Consulta Popular en la Sierra Centro. Entre algunas cosas se reconocía el liderazgo de Pachakutik y el MPD hoy Unidad Popular; en ese momento se  personifico  en el concejal Xavier Cajilema, Edison Cajas de la UNE, la asambleísta Lourdes Tibán, César Umajinga, razón por la cual se resuelve que hay que investigarlos y perseguirlos; realiza un mapeo de los medios de comunicación identificándolos como excelentes, neutros o “eliminarlos X” para referirse a los que llaman “feroces” adversarios como las radios Centro, Líder, Bonita, Novedades, Colosal y los medios impresos como La Hora y El Heraldo.

 

Luego del diagnóstico de la correlación de fuerzas este maléfico plan señalaba una política de asfixia económica a los gobiernos seccionales no afines al régimen mediante la retención de las trasferencias que les corresponde; ejercer presión política para que los principales opositores salgan de los espacios de decisión en entidades públicas; comprar la conciencia de algunos dirigentes del movimiento indígena mediante la oferta de tenencias políticas; definir mecanismos para contrarrestar la acción de la UNE, FESE y FEUE; recuperar espacios en la UTC; mantener una actitud beligerante y agresiva frente a los detractores, en otros términos desprestigiarlos; coordinar con la Fiscalía y el sistema de justicia para manipular procesos judiciales de interés político; silenciar a los medios de comunicación adversos y a otros comprarlos mediante contratos de publicidad.

 

Por los hechos, se puede concluir que  este plan se cumplió  al pié de la letra -y con la urgencia que demanda la cercanía de las elecciones en ese momento. Nada fue casual en Cotopaxi  el juicio y sentencia condenatoria en contra del Ing. Hernán Yánez, Exrector de la UTC; del ex concejal Xavier Cajilema; del exasambleísta alterno Paúl Jácome; Edwin Lasluisa  exsecretario nacional de la FEUE, todos acusados de “asalto a institución pública” en las movilizaciones del 30 de septiembre; así como tampoco fue pura coincidencia la destitución del Prefecto Umajinga ni tampoco el retiro de la frecuencia a radios que no han cedido a sus presiones. Hoy este plan debe ser finalizado y más aún, cuando el correismo en encuestas realizadas por la firma Cedatos, a mayo del 2016, señalan que la gestión del Gobierno cayó del 51% en mayo del 2015 a 35% a mayo del 2016. Un 58% de ecuatorianos desaprueba la gestión del presidente, mientras que un 69% considera que el país “va por mal camino”. De igual forma, la credibilidad habría registrado un descenso gradual; en el 2014 el 50% de la población le creía al presidente, para el 2015 descendió al 43%, y en el transcurso de este año se ubicaría en el 29%. A esto hay que sumar que el movimiento oficialista, Alianza PAIS, tendría un 24% de agrado en la población y la intención de voto en favor de Correa alcanzaría un 28%.

 

 El Gobierno sabe que tiene perdido varias plazas electorales y necesita neutralizarlas como es la provincia de Cotopaxi y para eso es necesario asaltar la UTC, negando su desarrollo académico y científico. La prepotencia e intervención es el modelo académico que el correismo ofrece de manera  oculta a la Universidad Técnica de Cotopaxi,  una vez que no ha podido ganar un solo proceso electoral es esta institución. No sería nada raro que se forjen y presente informes “técnicos” para justificar los propósitos del régimen, Gobernador y Alianza PAIS.

 

La política de intervención en las Universidades fracaso y fomento la  corrupción

 

Varias Universidades del país se encuentran intervenidas por el Consejo de Educación Superior – CES. Entre estas se encuentra la Universidad de Guayaquil  que cuenta  con mayor número de estudiantes a nivel nacional y que fue intervenida argumentando la existencia de varias irregularidades, según el CES, la medida fue fijada de manera temporal y su finalidad era ubicar a este centro de estudios en los primeros lugares del sistema de educación superior. Bajo este pretexto el CES junto a la comisión interventora violentaron el principio de autonomía; a su tiempo la comunidad universitaria rechazó la metida de mano del gobierno y defendió el derecho de la universidad de autodeterminase; sin embargo, al paso del tiempo la intervención resultó solo un escenario más para el cometimiento de nuevas irregularidades y hechos de corrupción que se han presentado.

 

 

 

El CES y la comisión interventora fracasaron, una demostración de aquello son las múltiples denuncias de casos de corrupción, y ahora la falsificación del título de PhD del Dr. Roberto Cassís Martinez, hasta hace poco rector del alma mater, quien en las narices de los interventores orquestó este bochornoso escándalo de corrupción (falsificación de documentos).

 

El 9 de junio el Consejo de Educación (CES) ratificó las ilegalidades que la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador (FEUE) y la Asociación Femenina Universitaria (AFU), filial Guayaquil, denunciaron en la obtención del título doctoral de Cassìs. El CES al final de cuentas investigó  a quien ellos mismo auspiciaron como rector,  este caso se suma a la lista de otros similares como el Honoris Causa del mismo Cassís y otras autoridades. Es por eso que resulta extraño que René Ramírez presidente del CES exprese sentirse “engañado” por lo que llamó “una estafa académica”.

 

A esta realidad hay que sumar denuncias de fraudes electorales en elecciones estudiantiles presentadas por diversos movimientos estudiantiles o lo suscitado en Las elecciones de autoridades y miembros del Órgano Colegiado Académico Superior OCAS, que se desarrollan con  graves limitaciones, debido a las exigencias de la Ley Orgánica de Educación Superior que exige como requisitos el título de PhD para los postulantes, pero la cantidad de docentes con título PhD no llega a veinte, mientras los que tienen la aspiración de obtenerlo ven cómo su objetivo se derrumba ya que la universidad no ha tenido propuestas viables ni les ha brindado las facilidades necesarias, más aun en este momento de crisis. La infraestructura no se ha modernizado, en general sigue igual; los cambios han sido solo un maquillaje para publicitar el trabajo de la comisión interventora hacia la opinión pública, pero la calidad de la educación no ha mejorado y eso se refleja en que se mantienen los mismos pensum y la metodología del pasado.

 

Frente a esta realidad varios dirigentes estudiantiles consecuentes, gremios y otras organizaciones de estudiantes se han movilizado ante el caos general y el momento de crisis institucional que vive la universidad y rechaza rotundamente a la comisión interventora del Gobierno, que pone y saca rectores y otras autoridades a su antojo. Exigen elecciones democráticas, los estudiantes quieren elegir a sus autoridades y recuperar la autonomía que ha sido atropellada, luchan por un cambio rotundo en la enseñanza acorde a las exigencia de los tiempos actuales con el fin de tener una universidad para transformar al Ecuador y no al servicio de pequeños grupos vinculados al Gobierno que se disputan la troncha universitaria.

 

Vale preguntarnos si esta realidad es la que se busca para la UTC, más aún cuando la Universidad Nacional de Loja y la Luis Vargas Torres de Esmeraldas han señalado en diferentes espacios y momentos que la intervención no se justifica y menos a significado desarrollo de estas instituciones.

 

 

La universidad que queremos

 

La Universidad Técnica de Cotopaxi siempre ha expresado su disposición a enfrentar todo proceso de evaluación y es por eso que se presentó de manera voluntaria a la recategorización ya que los resultados y su desarrollo son visibles y reales. Esta decisión la mantiene ya que la evaluación de las universidades constituye sin duda alguna un elemento fundamental para su desarrollo. La UTC, a la vez que trabaja por cumplir los parámetros, ha señalado mediante varios espacios, que la evaluación no puede tener como objeto reducir los presupuestos, elitizar la educación, cerrar carreras o afectar a Instituciones de Educación Superior que no resulten útiles para los planes de gobierno alguno.

 

 

Frente a esta realidad la FEUE reafirma una contrapropuesta, como es la necesidad de una evaluación democrática y no excluyente, colectiva y no individual; rigurosa, no arbitraria; sistemática y no ocasional; formativa y no discriminativa; dialéctica y no dogmática. La evaluación que desarrollan los organismos de control del sistema de educación superior debe dejar de lado su dosis represiva ya que este tipo de evaluación, no propone, solo juzga, atemoriza, discrimina y termina sancionando en función de los requerimientos de un sector. Una evaluación de esa manera, no mide el conocimiento, lo hace solo de la cantidad.

 

La Universidad Técnica de Cotopaxi, hace bien al expresar de manera adecuada y oportuna su inconformidad con el informe presentado por el Ceaaces,  porque no corresponde a la realidad de la UTC, donde existió un fortalecimiento institucional y el crecimiento sustantivo de la formación de profesionales y el desarrollo de la ciencia, la tecnología, el arte, la cultura, de la infraestructura física y tecnológica, donde día a día se fortalece vinculación con la comunidad, bienestar estudiantil, etc.

 

Frente a esta realidad, la UTC ha decidido reafirmar sus resultados de progreso frente a la sociedad, la misma que ha sabido reconocer y, al final, es a quien se debe. El sentir de Cotopaxi es claro: la UTC no es una Universidad en retroceso, es y será nuestra savia renovadora donde estudian nuestros hijos.

 

Una vez conocidos los resultados del CEAACES, que refieren que la UTC no cumple con los criterios de evaluación y calidad, la indignación y coraje se transformó en fuerza, unidad y perspectivas por parte de toda la comunidad universitaria quien  ha decidido seguir levantado la Universidad Técnica de Cotopaxi.

 

 La UTC no va agachar su cabeza. Es indispensable seguir construyendo una Universidad, que continúe asumiendo los desafíos globales que tiene el Ecuador y nuestra América, reafirmar su visión de seguir incorporando a los excluidos de siempre, con el propósito de seguir construyendo otro país, una nueva sociedad.

 

Seguir avanzando por una U de calidad, implica seguir avanzando por una Universidad, que al igual que capacita a las personas para entrar al campo laboral, las educar para: enfrentar las desigualdades laborales, radicalizar la democracia, superar las injusticias que contradicen la libertad y dignidad humana.  La educación Universitaria –como afirma Henry Giroux- “es más que la preparación laboral y la creación de conciencia; también es imaginar diferentes futuros y políticas como forma de intervención en la vida pública.”

 

 

Un clamor resuena en todos los pasillos de la Universidad. Todos queremos ver a nuestra universidad en otra categoría en la que verdaderamente se merece y por la cual se trabajó. Pero, a la vez, reafirmamos que nuestros sueños siguen firmes en torno a una universidad abierta a los clamores del pueblo. La vamos a exigir, la vamos a construir y sobre todo vamos a luchar para defenderla y avanzar.

 

Es necesario seguir buscando una universidad  que no fraccione el conocimiento en pequeñas parcelas que nos ocultan el significado de la totalidad. Una universidad que propicie el diálogo con los saberes ancestrales de nuestros pueblos originarios y permita a sus estudiantes entrar en sincero diálogo con sus culturas, las cuales le han permitido sobrevivir ante varios ataques del poder de turno.

 

Necesitamos esa UTC, que siga formando jóvenes para trabajar a lado del pueblo, para la construcción de los sueños de los más pobres y no para encumbrarnos al lado de los más  poderosos. Que se oponga al daño ambiental que producen las empresas extractivas y depredadoras.

 

Estos sueños y demandas, al parecer, no caben en los escritorios de ciertas carteras de Estado. Es por eso que se hace indispensable seguir luchando por una universidad donde se evalúe también a quienes, desde siempre, nos han evaluado a su antojo. Las y los estudiantes queremos una democracia universitaria en la que se  creen espacios de diálogo entre todos, donde la evaluación y recategorización recoja la voz y opinión de los estudiantes y no solo los puntos de vista de una comisión de técnicos y prometeos. Queremos una libertad para pensar, para estudiar. Que se acaben las amenazas por parte de quienes, a nombre de la calidad y excelencia, imponen sus criterios mediante los procesos de evaluación aún cuestionados. Queremos una universidad que nos garantice la vida cuando vamos a estudiar, pero también cuando vamos a luchar por nuestros derechos.

 

Los señalamientos expresados en estos últimos párrafos y, sin equivocarnos, diremos que  varias universidades lo comparten incluso, aquellas instituciones que han alcanzado la máxima categoría, a quienes las felicitamos e invitamos a seguir defendiendo la universidad pública. Está demostrado que la letra no trae por sí sola un mayor presupuesto económico como varias  IES lo comienzan a denunciar, subieron de categoría pero no cuentan con presupuesto económico de calidad por parte del Estado.

 

La UTC camina a pasos firmes. “Y no ha bajado de categoría” como reconoció Francisco Cadena, presidente del Ceaaces, en entrevista con diario EL TELÉGRAFO el Martes, 17 Mayo 2016.

 

*Presidente Nacional de la FEUE

 

 

Referencias:

 

https://universidadsociedadec.wordpress.com/manifiesto-modelo-de-evaluacion-ceaaces/

 

http://www.ceaaces.gob.ec/sitio/17-09-2015-el-ceaaces-entrega-certificados-de-aprobacion-a-31-extensiones-universitarias/

 

http://www.eluniverso.com/noticias/2016/06/09/nota/5625486/ces-confirma-que-titulo-exrector-universidad-guayaquil-es-falso

 

http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/sociedad/4/la-utc-esta-acreditada-y-no-ha-bajado-de-categoria

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Revista Rupturas © 2015 Derechos reservados

Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

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