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Por: Mariana Pallasco

Fotos: José Bascarán, Nelson Rueda, Internet

La situación docente en el Ecuador

 

 Revalorización de la profesión docente

 

“El Magisterio Ecuatoriano es fuerza impulsora del progreso, semilla de inquietudes, paradigma de lucha por la salvación de la patria; sus maestros son los soldados de las ciencias y las letras; su fusil es la tiza, su campo de batalla el pizarrón.” Anónimo

 

El valor del docente en la sociedad y en la escuela

 

Entiéndase revalorizar como reconocimiento expreso de la falta de estimación del rol de los docentes tanto para la sociedad como en el proceso mismo de la educación. El docente vende la fuerza de su trabajo, un esfuerzo intelectual en la escuela pública o privada. El trabajador (a), está inscrito en el engranaje social capitalista, es explotado y oprimido. Cualquiera sea su relación laboral, los docentes se organizan y ejercen la libre asociación en el sindicato para hacer respetar la educación de calidad y sus derechos propios como: la exigencia del cumplimiento del presupuesto para la educación; el salario digno y el pago a tiempo; la defensa de la estabilidad laboral que fueron y son reivindicaciones  justas levantadas por los maestros y maestras organizados en la Unión Nacional de Educadores UNE, en la que se aglutinan diversos frentes políticos, unificados en torno a las propuestas gremiales y a la lucha por alcanzarlas.

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Un valor adicional que el magisterio siempre levantó en su defensa fue “la dignidad del maestro y la maestra”, esta batalla librada de cara a la sociedad inequitativa de clase, con predominio de los intereses de las clases dominantes, que estuvo vigente en los currículos públicos y ocultos de todas las épocas. Los  educadores siempre lograron levantarse en defensa de sus intereses, de los derechos de los niños y niñas, y la juventud.

 

El transcurrir del tiempo y el poder político actual hicieron que: “El docente vaya perdiendo el rol protagónico de líder social; las políticas gubernamentales eliminaron la responsabilidad social que los docentes sostenían en su comunidad educativa, en el barrio, en el cantón y ciudad, cuando lideraba procesos de defensa de una educación de calidad, de la partida docente, de la gestión ante las autoridades para mejorar la infraestructura escolar”.

 

La desvalorización de los docentes se acentuó con este régimen, con mayor profundidad a partir de mayo del 2009, cuando se utilizó a la evaluación educativa como arma de agresión y cuestionamiento a los profesionales de la educación, en su labor, en su tarea profesional y desempeño docente. Se orientó a los padres a exigir evaluación a los docentes sin tomar en cuenta que los procesos impuestos por represalia  generan resistencia por la forma más que por el fondo. Ningún docente se opuso a la evaluación, es más, se promovió desde la UNE el respeto a la Constitución y la creación del Ineval  para llevar adelante un proceso serio, objetivo, que genere un diagnóstico que permitiera superar dificultades en la educación. Pero más bien se aplicó un proceso retardatario, amenazante y terriblemente obsoleto, pues se unió la evaluación al premio y al castigo, si el docente sacaba entre 80 y 100 puntos era premiado con un “bono de excelencia” de 900 y 1200 dólares y quien obtenía una nota menor de 60 puntos era lanzado al escarnio y humillación pública. Además de pretender la destitución del docente, el miedo a perder su puesto de trabajo, fueron generando en el magisterio un temor vergonzante, un miedo solo comparable con el temor del esclavo al amo, o del siervo al señor de la hacienda, del obrero al capataz

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Durante el correísmo los maestros hemos sido víctimas de los insultos y calumnias proferidos desde los más altos niveles, desde la presidencia, los ministros y funcionarios. La humillación, la vigilancia y la delación, el encierro en las instituciones educativas, la presión, las amenazas y los chantajes de los funcionarios educativos, el linchamiento mediático de los dirigentes unionistas, constituyen elementos que se hacen evidentes todos los días, pero que no consiguieron el propósito de acallar al magisterio. De la misma manera la pretensión de tomarse la UNE, de aniquilar el sindicato, a pesar de los ingentes recursos utilizados no lo han logrado; por eso acudieron a la formación de un sindicato patronal, al más puro estilo rufianesco, la “famosa” Red de Maestros por la Revolución Educativa, que recibe el rechazo y críticas de los maestros.

 

De todas formas estas sistemáticas acciones gobiernistas impactaron en el maestro y la maestra que sienten afectada su dignidad, denostada su autoestima, y ante la sociedad fuimos mal juzgados y hasta condenados.

 

Afirmamos expresamente que en lugar de alcanzar la “revalorización de la profesión docente”, se ha reducido su valor ante la sociedad.

 

 

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

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ISSN 1390-6038

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