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Por:  Ricardo Naranjo

Fotografía: Archivo

La muerte no se frena con la intolerancia

 

El lamentable incidente en el que un delincuente extranjero (cuya nacionalidad aún no se confirma por parte de las autoridades) asesina a un taxista en Ambato, ha suscitado una serie de opiniones que van desde lo absurdo hasta lo peligrosamente intolerante: Hay quienes, al mirar la imagen del Ché Guevara en la gorra del delincuente, concluyen que algo tiene que ver con la guerrilla colombiana o el gobierno venezolano; se pide la pena de muerte y hasta se promueve la xenofobia y el cierre de las fronteras.

 

Evidentemente, es un delito execrable que amerita una sanción ejemplarizadora, pero, no puede convertirse en pretexto para institucionalizar el morbo (Porque no se deberían difundir de una forma tan vulgar las imágenes del hecho, tampoco es la primera vez que esto sucede); pero tampoco debe ser un instrumento para justificar la xenofobia, intolerancia y discrimen.

 

La delincuencia es un mal generalizado

 

La delincuencia, así como otras lacras sociales, son un subproducto de la sociedad capitalista en la que vivimos en todo el mundo. Es un problema estructural que no nace con la inmigración, ni se resuelve sólo con la represión. Indudablemente, al ser un mal generalizado y multisintomático, requiere la implementación de leyes y el accionar eficiente de las fuerzas policiales; pero, reducir a eso el problema, es una visión, peligrosamente, simplista que, a la larga, fomenta la violencia estatal.

 

 

Tanto es un mal generalizado que, el año pasado se registraron 543 delitos por violencia interpersonal, entre ellos 154 casos de violencia intrafamiliar, mientras que la violencia criminal (delincuencia común o transnacional) produjo 414 eventos. Durante 2017 hubo 708 asesinatos,  108 femicidios, 137 homicidios y cuatro sicariatos. ¿En cuántos de estos delitos hubo participación de extranjeron?, en el 12% y, en varios casos, en calidad de víctimas.

 

La pena de muerte no resuelve el problema

 

Por otro lado, la pena de muerte se ha mostrado como un método ineficiente de combate al crimen, ¿Cuál es, si no ese, el fin de las sentencias?, basta revisar la realidad de las sociedades donde se mantiene la pena capital, en las cuales, los crímenes violentos aumentan, independientemente del castigo.

 

 

Por ello, el Ecuador suscribió, 1998, el Protocolo a la Convención Americana sobre Derechos Humanos que determina la abolición de tal castigo; por ello, a lo que deberíamos poner atención es al sistema de rehabilitación que, más allá de las obras "de cemento", no ha variado y aún no permite pensar en la reinserción social de los delincuentes, tras cumplir su pena.

 

La xenofobia y la intolerancia agravan la situación

 

Existen, aproximadamente, 3 millones de ecuatorianos diseminados en todo el mundo, que representan cerca del 20% de la población. España, Estados Unidos e Italia, son los principales sitios en los que trabajan y viven nuestros compatriotas, muchos de ellos, obligados por la crisis económica y la falta de oportunidades.

 

A su vez, se registra que, en nuestro país, habitan, aproximadamente 450 mil extranjeros, lo cual corresponde a cerca del 3% de la población ecuatoriana. Los migrantes provienen, principalmente de Colombia, Venezuela, Estados Unidos y Perú. En los dos primeros casos, mucha gente huye del conflicto armado en Colombia, habiendo más de 60 mil refugiados por razones humanitarias; mientras que se estima que, de los más de 200 mil venezolanos que pisaron suelo ecuatoriano en 2017, se quedaron 62 mil.

 

 

Lo impactante del último suceso, sumado a una intolerancia que, incluso se exacerba entre sectores políticos de derecha, lleva a que sectores de la población sucumban ante estas posiciones y piensen que son los extranjeros los culpables de la crisis y de la delincuencia, Acaso, ¿No han sido nuestros paisanos, víctimas de estas expresiones de intolerancia, racismo y generalización en otros países?, ¿No han existido delitos por motivaciones étnicas, en contra de ecuatorianos?, ¿Vamos a hacer lo mismo?, ¿Vamos a llegar a la absurda conclusión de que todos los venezolanos o colombianos son ladrones o asesinos?

 

Si, hace falta mayor control

 

Evidentemente, le corresponde al Estado ecuatoriano, sin renunciar al principio constitucional de la ciudadanía universal, tomar medidas que regulen el ingreso, el status y las actividades que realizan los extranjeros en nuestro país, pero, estas medidas no pasan por la expulsión o el cierre fronterizo; sino por exigir corresponsabilidad de los gobiernos de dónde provienen los inmigrantes (especialmente, en el caso de refugiados), un adecuado control fronterizo, regulación en la contratación de extranjeros para evitar sobreexplotación y competencia desleal, etc.

 

No olvidemos que, trabajadores y pueblos del mundo, compartimos el mismo enemigo y tenemos un mal en común, que es el sistema que nos oprime y los gobiernos corruptos, demagógicos que no responden a los intereses populares y que agravan las condiciones de vida de los más desfavorecidos,  hasta el punto de obligarlos a huir de sus países. Hay que combatir a las lacras, pero solidarizarnos con nuestros hermanos.

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

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