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Por: Marco Vinicio Rubio Gálvez

Fotografía: Archivo

Barrio vivo: La Loma Grande, una galería a cielo abierto.

 

El barrio vivo de La Loma Grande

 

El 18 de septiembre de 1978, Quito fue declarado Primer Patrimonio Cultural de la Humanidad, declaración que ha permitido la conservación de los tesoros tangibles e intangibles, en especial de su centro histórico.  Allí se hizo un gran despliegue para preservar las estructuras que conforman el conjunto patrimonial, trabajos visibilizados en mayor escala y que nos permiten disfrutar de un centro histórico restaurado. El patrimonio inmaterial es menos visible pero sí objeto de un gran trabajo de investigación, dando como resultado un sinnúmero de publicaciones, documentos impresos que recogen historias, leyendas, rincones de algunos barrios, entre ellos la Loma Grande, pero por lo general tienen un tiraje limitado y sus ediciones no se han renovado.

 

Pero más allá de las acciones de instituciones oficiales, ¿qué es vivir en un barrio? ¿Cuáles son los elementos de un barrio?  ¿Qué hay más allá de las historias y leyendas? ¿Cuál es el sentido de pertenencia de los vecinos con su barrio? ¿Cómo llegar a empoderar a los moradores con su sector? ¿Cómo seguir con la vida de barrio? ¿Qué es ser lomeño?  En definitiva: ¿por qué la Loma Grande lucha por conservar su esencia de barrio?

 

Estas y muchas más son las preguntas realizadas al interior del Colectivo “Mi Loma Grande”, con el fin de promover la conservación del barrio y su esencia para no convertirla en un “No Lugar”.

 

Vivir en un barrio es vivir en comunidad, residir en un territorio más o menos amplio con un grupo de vecinos, personas y personajes de quienes muchos no conocen su nombre pero, al menos, viven en el barrio: los conocidos saludamos afectuosamente. Nunca está demás la broma de la esquina, el hecho de tratarnos de vecinos sin vivir en la casa contigua pero sí vivir en la misma zona. Este curioso término da calidez y afectuosidad a los moradores al momento de intercambiar un saludo, esta es la diferencia abismal al comparar un barrio con un conjunto residencial, que tiene una menor área, con vecinos más cercanos por metro cuadrado, pero más aislados uno del otro.

 

 

Cuando se recopila información con documentos y con los vecinos más antiguos del barrio, se logra tener un cúmulo de historias y leyendas, además las nuevas hazañas, personajes, anécdotas, “mitos contemporáneos”, esos que se hablan en las esquinas entre los amigos y vecinos como un secreto a voces, que más de una vez arrancan las carcajadas de los reunidos en un rincón del barrio. Esos mitos, cuentos, travesuras y demás historias contemporáneas también son elementos que nos identifican como barrio.

 

En principio, una de las estrategias para visibilizar y unir al barrio, fue la creación del grupo de Facebook “Mi Loma Grande”, para aprovechar estas anécdotas y recuerdos de los vecinos. Este espacio se ha convertido en una suerte de “barrio virtual”.  Después de casi dos años desde que el espacio inició su actividad, son más de 3200 miembros, algunos vecinos que aún permanecen en el barrio, otros que se encuentran en otros lugares del mundo.  Los antiguos moradores cuentan sus historias al ver las fotos de los rincones en donde alguna vez caminaron y realizaron sus travesuras: romperle el vidrio a don Humbertito, tomar una de las vigas de la iglesia para hacer un año viejo, entrar a la “Colectiva” para luego salir en precipitada carrera al verse rodeado de consumidores de droga, maquillar a un vecino después de una noche de tragos y enviarle así a comprar pan sin darse cuenta cómo estaba. Personajes que asombran por sus hazañas, como Armando Rubio, un basquetbolista que conserva un récord de mayor número de canastas en un solo cotejo, Paquito González, ejemplo de lucha y tenacidad para los jóvenes, pues su discapacidad no le privó de jugar baloncesto y ser un líder deportivo, los “Locos Polo”, personajes con algún problema mental que mantenían en zozobra a los moradores del barrio entre los 70s y los 90s, vecinos músicos, pintores, actores. Y, claro, también los habitantes de la noche: el estruchador, el consumidor conocido desde niño, las llegadas de la Policía a la “casa del terror”. Fotos de los lugares para comer las delicias gastronómicas de la ciudad. Todos los cuentos y travesuras que se escuchan en el barrio van pasando hasta convertirse en historias y leyendas de la Loma Grande. Es en este “barrio virtual” en donde los actores, cómplices, encubridores y demás vecinos que realizaron tales travesuras, hoy la cuentan con nostalgia y comparten a las nuevas generaciones.

 

Como la mayoría de barrios del centro, la Loma Grande tiene espíritu propio. Los vecinos antiguos o recién llegados se ven atrapados por ese sentido de pertenencia al barrio.  Este sentimiento generó rivalidades con los barrios vecinos, en especial con el hermano barrio de San Marcos, que en cotejos de baloncesto y fútbol han provocado gran despliegue de vecinos de cada sector. Se cuenta que tan celosos eran los lomeños que, alguna vez, el escritor Jorge Icaza llegó a la calle Liceo a visitar a un amor, cuando salió, las llantas del auto habían sido bajadas por los pillos vecinos, entonces no le quedó más remedio que utilizar sus propios libros como gata. Este sentido de pertenencia es el que queremos profundizar, poner en el corazón del vecino a su barrio, decir “soy de la Loma Grande” con orgullo y cariño.  Para llegar a este objetivo se apela al recuerdo y constante intercambio de información.

 

 

Pero, ¿cómo seguir con la vida de barrio? Difundir su historia, empoderarnos de los espacios olvidados, promover el arte y cultura propia, recordar y presentar a los vecinos con sus vecinos. Lograr una comunidad segura, evitando la gentrificación y mostrando a la comunidad fuera del barrio como es la vida comunitaria en La Loma Grande.

 

Al considerar el barrio como un paisaje cultural, se observa sus cambios a lo largo del tiempo.  Esta información es difundida en el barrio para la apropiación de los sectores y la promoción del sentido de pertenencia.  La recopilación histórica realizada hasta el momento no queda en la época de la colonia y la independencia, sino que también considera propuestas como la del Arq. Andrés Peñaherrera, que elaboró una maqueta, hoy ubicada en el museo del Colegio de Arquitectos en la calle Junín, en la cual se plantea la idea del “Pukará Mayor”, puesto defensivo ubicado en lo que hoy conocemos como la Mama Cuchara, que acompañado del “Pukará Menor” de San Marcos, defenderían la gran cancha ceremonial de los kitus, lugar sagrado mucho más grande que San Francisco. Peñaherrera Mateus, Andrés. Arq. (2014). Relato junto a la maqueta que muestra una visión precolombina del centro de la ciudad, ubicada en el Museo del Colegio de Arquitectos. Quito

 

Por otra parte, la Loma Grande ha tenido muchos logros que la hacen visible hacia afuera, y que al mismo tiempo sirven para empoderarnos del barrio. Por ejemplo, los estudiantes de Artes de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador realizaron pinturas murales, fruto de una investigación hecha por los jóvenes en la que recogieron anécdotas y lugares del barrio que los vecinos más recordaban.  Los murales se plasmaron en paredes que estaban violentadas por grafitis, convertidas en urinarios y basureros. Hoy, esas mismas paredes son sitios de atracción turística, testimonio de las historias y leyendas del barrio.

 

Otro ejemplo es la apropiación de sitios deportivos: la cancha de baloncesto del Barrio Obrero  fue bautizada por los vecinos, quienes hicieron una votación para  elegir el nombre del espacio deportivo y entre todas las opciones ganó el de “Armando Rubio”, vecino basquetbolista de los 70s.  Esta actividad fue autogestionada, sin esperar la intervención del municipio, los vecinos se organizaron y generaron los recursos para letreros y el programa. En ese mismo sentido y para no olvidar a otro de los personajes del barrio, se entregó el trofeo “Francisco ‘Paco’ González” para el equipo ganador del baloncesto el mismo día del bautizo.

 

También se han realizado programas culturales en “los cuatro suyos” del barrio.  Antiguas directivas generaban actividad a lo largo de la calle Rocafuerte, pero se olvidaban del resto del barrio. Hoy las actividades se generan a lo largo de toda la zona, en lugares más cercanos para todos, es decir, la vía pública, una esquina, una grada, todos escenarios adecuados para unir al barrio con poesía, títeres o juegos.

 

Es de mucha importancia promover el arte producido al interior del barrio. Existe una gran cantidad de artistas en la Loma Grande que no son conocidos, pero su trabajo es de gran calidad. Los programas realizados por el Comité y Colectivo promueven a estas figuras.

 

 

De esta manera nace el concepto de hacer de la Loma Grande una “Galería a Cielo Abierto”, pero sin perder nuestra esencia de barrio, no convertirnos en un “No lugar” como ya ocurrió en otros sitios.

 

Para cumplir con este propósito, el barrio seleccionó el mes de marzo como el Mes Cultural en la Loma Grande, en el que los artistas del barrio, instituciones del sector, colectivos culturales y otros grupos participan con actividades culturales a lo largo del mes.  Este año, el mes cultural inició con un pregón, seguido de la serenata al barrio, poesía, música, proyección de antiguas fotografías, conversatorio de las historias de la ciudad, títeres, teatro, pintura, lanzamiento del disco grabado por un vecino, la llegada de la Banda del Instituto Nacional Mejía a la Mama Cuchara para rendirle homenaje a su patrono y, para terminar el mes cultural, una casa abierta, donde las instituciones, colectivos y vecinos se tomaron la calle Rocafuerte y mostraron sus actividades a la comunidad.

 

Todas estas actividades se realizan en pro de la unión del barrio, la difusión del arte y evitar la gentrificación de la zona. Buscamos mostrar al barrio, promocionarlo, recuperarlo, pero al mismo tiempo, evitar el desplazamiento de los vecinos por nuevas actividades alejadas a la convivencia comunitaria y más cercanas al turismo mercantil que tanto daño han hecho otras zonas de Quito.

 

Existen nuevas propuestas además de las que ya se han puesto en marcha, como generar espacios para jóvenes, charlas sobre el tema gentrificación, información a los vecinos sobre el tema, proponer la creación de vivienda de interés social (porque un barrio es para habitar, no para negociar con su historia). ¿Por qué no generar vivienda para los vecinos? Existen moradores que por generaciones rentan en el barrio, ¿por qué no darles la oportunidad de ser dueños de un pedacito de la Loma mediante proyectos habitacionales a los que puedan acceder?  Si bien es cierto, existen dos proyectos habitacionales construidos por la Empresa del Centro Histórico pero a costos elevados, además del conjunto privado de San Marcos, junto a la casa parroquial, cuyo precio excesivamente alto lo hace elitista y por ende destinado a un mercado de clase alta.

 

Conclusión

 

La Loma Grande quiere conservar su esencia de barrio, mostrar sus actividades tradicionales, su vivir en vecindad, sus patrimonios tangibles e intangibles, quiere visibilizarse como un lugar de paz, tradicional y que sale adelante. No quiere morir como barrio, quiere evitar que la gentrificación ocurrida en otras zonas de Quito elimine esa hermandad que existe en el interior. Quiere evitar que sus vecinos sean expulsados por futuros proyectos turísticos o por actividades de entretenimiento, como ya le pasó a lo que alguna vez fue el barrio conocido como la Ronda y hoy es una Mariscal chiquita.

 

La Loma Grande quiere mantener esa esencia de barrio: que el zapatero arregle los zapatos y no venda suvenires, que la tienda de 40 años conserve esa magia y no sea un bar más, que la tienda de legumbres no sea la cafetería que se abre los fines de semana, que los ritmos estridentes no contaminen los viernes y sábados, que la casa rentera donde arriendan muchas familias no se convierta en taller-vitrina de lo que una vez fue Quito.  La Loma Grande quiere ser barrio vivo, una “Galería a cielo Abierto”.

 

Los vecinos queremos la conservación de los patrimonios del barrio para que empresas ajenas no usufructúen de esa riqueza.  Buscamos generar empresas comunitarias: ¿por qué no trabajar en un turismo sostenible y sustentable desde el interior del barrio, promover huertos comunitarios, retomar los trueques para ingresos para los mismos vecinos y generar lazos entre los moradores? Hasta ahora, todas las actividades han sido autogestionadas y ese es el plus del barrio en comparación con sus similares de la zona.

 

Este trabajo podría replicarse en otros barrios que así lo deseen, identificando sus fortalezas y debilidades, generando estrategias y objetivos claros como realizables, anteponiendo el bien común al individual, para juntos llegar a conservar el sector, su historia, leyendas pero sobre todo al habitante, es decir al vecino.

 

rubiogalvezmv@hotmail.com

 

 

 

 

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Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

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