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Por: Julian Kito

Fotos: Internet

La clase obrera, tiene un deber histórico: liberarse y liberarnos a todos

 

En estos días, de cara al proceso electoral para cambiar de inquilino en el Palacio Carondelet y de “padres de la patria” en la Asamblea Nacional, la derecha política y económica claramente representada por la señora Viteri y por el señor Lasso – como los más prominentes – aluden a representar los intereses populares. Cuando hablamos de pueblo, entiendo que nos referimos a los explotados, a los trabajadores de la ciudad y el campo, a los desempleados, a las amas de casa, a los subempleados, a los estudiantes, artesanos, es decir, a los hombres y mujeres que desde la instalación de la República en 1830, han sido sometidos por las clases dominantes al yugo de la subordinación a sus intereses bajo el pomposo concepto del “interés nacional”. Esas manifestaciones de “amor” en boca de los neoliberales no tendrían más efecto que la repetición de una vieja demagogia falaz, si no se diera, precisamente, en el aniversario de la masacre de los trabajadores el 15 de noviembre de 1922, como bien lo precisa el camarada Segundo Ramos, acontecimiento sangriento que se suscita a los cuatro años de terminada la primera guerra mundial y a los cinco años de haber triunfado el proletariado en Rusia conformando el Nuevo Estado de obreros y campesinos. Yo agregaría, a los doce años de la Gran Revolución Agraria Mexicana. La consolidación del capitalismo como formación socio económica en el Ecuador, fue venciendo al feudalismo heredado de la Colonia y la burguesía como clase social, iba tomando cuerpo como clase propietaria dueña del trabajo asalariado. Los acontecimientos suscitados en ese entonces se concretaron en la falta de trabajo, elevación de precios, desvalorización de la moneda, bajos salarios, especulación, despojo por la fuerza de los campesinos de sus sembríos, miseria y hambre.  En el mes de octubre de 1922 se desató la huelga de los ferroviarios de Durán respaldados por la Federación Regional de Trabajadores Ecuatorianos y de la Asociación Gremial del Astillero, al no ser atendidos en su pliego de peticiones por el Gerente de la Empresa de Ferrocarriles, Mr. Dovie. Por entonces, el concepto de solidaridad de clase – anulado en la legislación ecuatoriana bajo el régimen de Rodrigo Borja - se expresaba en el apoyo de otros sectores. Ante tal amenaza, el Gobierno de José Luis Tamayo envió a Durán cien hombres del batallón Montúfar y cien del Marañón al mando de los Mayores Mancheno y San Pedro, respectivamente, los que por la fuerza trataron de hacer correr un tren de pasajeros, el 24 de octubre, lo que fue impedido por unos veinte obreros que se tiraron en el piso, sobre los durmientes, lo que obligó al maquinista a parar el tren. Los  ferroviarios conquistaron un aumento en sus salarios.

 

La carestía de la vida asfixiaba a la población, lo que se agravó con la elevación del precio del dólar – consecuentemente, la desvalorización del sucre – de lo que se acusó a la empresa “Mercantil Orvesa”. Ante la elevación del precio de las subsistencias por la subida del dólar, los trabajadores solicitan la incautación de giros en asamblea del cinco de noviembre, convocada por la Federación Regional de Trabajadores Ecuatorianos y de la Confederación Obrera del Guayas.

 

El siete de noviembre se declaran en huelga los trabajadores de luz, gas, motoristas y conductores de los carros eléctricos y urbanos: esta huelga, también cuenta con el respaldo de la Federación Regional de Trabajadores que convoca a una asamblea general en la plaza “24 de Mayo” de Guayaquil. El día nueve, el Batallón “Montúfar” se toma la fábrica de la Empresa Eléctrica para movilizar a los trabajadores que se encontraban en guardia desde la noche anterior por los acontecimientos que tenían movilizados a los trabajadores.

 

Nuestro camarada Segundo Ramos nos cuenta que una nueva asamblea general de la Federación Regional decreta paro general de actividades que debía ejecutarse a partir a la señal de una pitada de la fábrica de gas y de la Proveedora de Agua del Cuerpo de Bomberos. Se adhieren la Sociedad Nacional de Empleados, la Liga Obrera del Guayas, los ferroviarios de Durán y los cacahueros.

 

 

 

Para el diez, cuatrocientos trabajadores de la Sociedad “30 de Julio” se adhieren a la huelga, por lo que se integran los trabajadores de las fábricas y aserríos San Francisco, Santa Rosa, Molino Nacional, La Fama, El Progreso, La Roma, trabajadores del Arcenal, de los muebles de la fábrica La Universal, Jabonería Nacional, Casa Americana, La María, La Iberia, San Luis y los trabajadores de muchas otras fábricas también brindan su solidaridad.

 

Nos cuenta Segundo Ramos que la Asociación Gremial del Astillero realiza una potente manifestación que saliendo de su local, llega a la plaza de San Francisco, en pleno centro de la ciudad de Guayaquil, inundándola con miles de hojas volantes.

 

La Sociedad de Cacahueros pone a disposición de la Asamblea su periódico “El Cacahuero” para difusión y orientación de los trabajadores; la Sociedad “30 de Julio” entrega cien sucres de ayuda; los ferroviarios dan quinientos sucres; la Sociedad de Tipógrafos lanza una volante llamando a la solidaridad con la huelga; los empleados de comercio exigen el cumplimiento de la jornada laboral de ocho horas diarias, demandando a la Sociedad de Empleados de Comercio luche por la baja del cambio de la moneda. La Sociedad Unión de Estibadores, la Sociedad de Joyeros y Plateros se adhieren también a la huelga y los empleados del servicio sanitario que se unen a la Deferación Regional.

 

Los trabajadors de la cervecería se van a la huelga desde el 11 de noviembre y, más tarde se suman los trabajadores de la Proveedora de Agua del Cuerpo de Bomberos, mientras se discutían los pliegos de peticiones de los trabajadores de tranvías y carros urbanos. Para este momento, los asambleístas pasan de cinco mil trabajadores. La Confederación Obrera insiste en la baja del cambio y la incautación de giros en lugar de luchar por el aumento de salarios.

 

El 13 de noviembre, los trabajadores de La Fama, de la San Luis de la Sanidad, de Aseo de Calles y Voceadores de Periódicos, presentan pliego de peticiones a sus respectivos patronos, y, el movimiento obrero recibe más adhesiones de: el Centro Feminista La Aurora, la Escuela Taller de Liga Obrera, de la Sociedad de Vivanderas, de la Sociedad de Plomeros y Gasfiteros, de los trabajadores de la Witing.

 

Ante la negativa de la parte patronal y del gobierno, la Asamblea, el 13 de noviembre, declara el paro general, acordándose comunicar tanto al Gobernador como al Intendente, mientras tanto, la ciudad quedó en tinieblas, recuerdo el camarada Paredes. El 14 de noviembre la Asamblea recibe la adhesión de los Empleados de Boticas; de los trabajadores de la fábrica de cigarrillos La Corona, de la Sociedad de Areneros y de la Sociedad de Carretones.

 

La Gran Marcha, el desfile, se inicia el 14 de noviembre partiendo de la plaza “24 de Mayo”, continuando por la “9 de Octubre” hacia la Gobernación, en medio del entusiasmo y la actitud combativa y resuelta de los miles de trabajadores tutelados por la Federación Regional, presididos por un cartel inmenso donde se había escrito “Abajo el Cambio”. En la Gobernación hablaron los oradores del pueblo, destacándose Víctor Sánchez, María Montaño (cocinera) y Sebastiana Peña (lavandera).

 

 

 

Al siguiente día, la masa de trabajadores y el pueblo acude nuevamente a la Gobernación para exigir atención a sus exigencias, los batallones “Constitución”; “Zapadores de Chimborazo”; “Montúfar”; “Cazadores de los Ríos”;  Artillería “Sucre” Nro. 2 y la Policía Nacional, apostados estratégicamente a todo lo ancho de la Avenida Olmedo, al ingresar el grueso de la manifestación, empezaron a disparar…pum…pum…pummmm….ráfagas… con las cuales la soldadesca asfixió en sangre noble, pura, prístina, la invocación del pueblo por su derecho a la vida. Se cumplió la amenza que desde la Goernación habían hecho el día anterior: “si el pueblo hoy se ha levantado riendo, más tarde se irá llorando a sus casas…”

 

LEALTAD, VALOR, DISCIPLINA, GENEROSIDAD Y NOBLEZA del ejército, sentenciado el artífice del crimen, el General Barriga, obsecuente servidor de Tamayo y de “las familias nobles guayaquileñas”.

 

Se bautizó en sangre la clase obrera. Hoy, con justeza gritamos: - ¿de qué color es nuestra bandera?, y, el pueblo, contesta: - ¡¡!!! roja, roja, roja es la bandera, como es la sangre de la clase obrera ¡!!!”

 

La masacre de campesinos en Loja. La masacre indios en Riobamba. La masacre de Aztra. La agresión de Orellana y la muerte de Bosco Wisuma. La represión en Saraguro y la cárcel para dirigentes indígenas. La sangre derramada en calles, plazas y campos del país, clama por que con nuestras conciencias, asumamos esa herencia para levantar la lucha hasta la victoria. ¿Qué dice Cinthia? ¿Qué dice Lasso? ¿Cuál es la herencia que ustedes defienden?

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

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