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Por: Julian Kito

Fotografía: Archivo

Homenaje a un imprescindible

 

“Con los pobres de la Tierra quiero mi suerte echar” es una definición de vida creada por la poesía Martiana y que vincula su filosofía con el Himno de los Trabajadores: “Arriba los pobres del Mundo, de pie los esclavos sin pan”. En el vientre del capitalismo se gesta el cambio histórico que entrega a los pobres y explotados la responsabilidad de bien ayudar en la gestación de aquella sociedad en la que desaparecerá la explotación del hombre por el hombre.

 

Cuando en 1848 vio la luz El Manifiesto Comunista de Carlos Marx y Federico Engels, el fantasma del comunismo ya recorría Europa impregnando la conciencia de los proletarios que son la clase social a la que le corresponde, como clase, labrar la Nueva Aurora en la historia de la humanidad. La ideología le llega desde fuera, a través del Partido de la Clase Obrera, para convertirse en una fuerza material que conmocione los cimientos del capitalismo.

 

En el arte de la política, que no es sino la lucha por el poder, actúa el elemento subjetivo que son los dirigentes, los jefes, cuya función es la de orientar a las masas, de organizarlas y levantarlas, primero en lucha por su liberación y, luego, ya en el poder político, a edificar la Nueva Sociedad, tarea de titanes. Por eso Bertold Brecht razona en su poema: “hay hombres que pelean un día….  y son buenos….pero hay hombres que pelean toda la vida, esos son los imprescindibles.” ¡Cuántos hombres imprescindibles ha conocido la humanidad!

 

 

Fidel es de aquellos titanes imprescindibles. Percibió, con la inteligencia del iluminado, su destino, y, fue labrando su obra con tenaz persistencia. La Universidad fue su escuela de formación, y desde ella, alcanzó a vislumbrar que los pueblos tienen derecho a vivir una vida digna, con igualdad de oportunidades, iguales en derechos y obligaciones, con pleno derecho a la felicidad, esto es, gozar en paz de todas sus posesiones. Entendió que la injusticia es el resultado de una división social en clases sociales antagónicas, en cuyo escenario social, la clase social dominante era aquella que captaba el poder económico desde el cual construía su propio poder político para erigirse en clase social dominante.

 

Creyó que era posible destruir la dominación y la opresión. Creyó en su pueblo.  Creyó en sus propias fuerzas. Atisbó la ideología del proletariado y se alimentó del marxismo – leninismo, de la dialéctica marxista, comprendió que no hay recetas ni dogmas y que se hace camino al andar.

 

El asalto al Cuartel Moncada fue la primera cuota de sacrificio colectivo, bajo el liderazgo del Titán de Carne y Hueso, justo heredero del Titán de Bronce. Luego su alegato, constituyó la definición ideológica, el trazado del camino político para encontrarse con la Historia y ser absuelto en su osadía de haber desafiado al poder de las clases dominantes en Cuba, obsecuentes serviles del imperialismo norteamericano.

 

¡Ser Libres o Ser Mártires! Esa fue la consigna que le permitió al Titán levantar desde México el ejército libertario del pueblo. El desembarco del Granma y el posterior bautismo de fuego que diezmó a los revolucionarios, solamente sirvió para alimentar su convicción en el triunfo y en la victoria. La heroicidad en la montaña se conjugó con la heroicidad en el llano. La convicción revolucionaria se extendió por el campo y por las ciudades, lo que permitió organizar la resistencia y el ataque, que culminó con la entrada triunfal a la Habana, el 8 de enero de 1959.

 

Como bien lo advirtió Fidel, desde el primer día, con ello, solamente se había ganado el derecho del pueblo a luchar por su liberación. Y se puso manos a la obra. A construir, a ordenar, a dar fisonomía de país. Por estos días, en la oficina del Che, un periodista le espetó que solamente la prostitución estaba organizada, y, el Che le contesto: - por lo menos algo está organizado –

 

Crear la República fue la primera prioridad,  pues, desde la Enmienda Platt, lo que había en Cuba era una seudo república subordinada a los intereses de los inversionistas norteamericanos, del capital norteamericano y del gobierno norteamericano. En Cuba se reproducía el racismo contra los negros, exactamente como sucedía en Estados Unidos. La producción de caña y la refinación de petróleo, estaban en manos de ciudadanos norteamericanos; las plantaciones, eran norteamericanas.

 

 

La convergencia política para arremeter con semejante objetivo, permitió que el Movimiento “26 de Julio” abra espacio al Directorio Revolucionario, en el cual se expresaban aquellas fuerzas políticas que habían contribuido eficazmente a la victoria militar. No hubo hegemonismo. Todos los sectores reconocieron el liderazgo de Fidel, y, ahí, donde nacieron discrepancias, estas fueron resueltas muy pronto y satisfactoriamente, en favor de la Revolución.

 

El capital norteamericano, los inversionistas norteamericanos y el gobierno norteamericano que miró como audacia y arrogancia la posición del gobierno revolucionario, reaccionaron violentamente, ya que jamás se imaginaron que Fidel rompería el pacto de “América para los Americanos” que ponía a los países de América Latina como el patio trasero de los Estados Unidos bajo el sistema de la Organización de Estados Americanos, OEA.

 

La confiscación y nacionalización de los bienes norteamericanos en territorio cubano fue el necesario resultado de la agresión brutal de parte de Estados Unidos que desató toda iniciativa de boicot a la producción y a la economía cubana, incinerando plantaciones de caña, aterrorizando a la población mediante la colocación de bombas en lugares estratégicos, fundamentalmente, en hoteles y lugares públicos. Estados Unidos alentó la inmediata salida de Cuba de todos los jóvenes de la burguesía y de las capas altas de la pequeño burguesía, alentó la deserción. Cuando consideraron que las condiciones internas se habían cumplido, lanzaron la invasión y el desembarco en Bahía de Cochinos, mediante acción de guerra por tierra, mar y aire. La CÏA bajo la tutela de Kennedy – el amante de Marylin Monroe – creyó que habían doblegado la revolución.

 

Como sabemos, en 72 horas, esto es, en tres días, los invasores fueron derrotados en toda la línea, Estados Unidos ordenó la retirada de barcos y aviones, cuando ya era un fracaso absoluto la temeraria y audaz iniciativa norteamericana.

 

La guerra se decidió. Estados Unidos lanzó su criminal embargo comercial absoluto, criminalizó cualquier relación de norteamericanos con Cuba y penalizó cualesquiera iniciativa financiera que pueda deslizarse desde empresas, consorcios, bancos o instituciones financieras en las cuales haya, de alguna manera, capital norteamericano. El objetivo fue, asfixiar la Revolución desde fuera y boicotear la producción desde dentro.

 

Bajo tales condiciones le correspondió a Fidel construir la República. Para ello, confió, desde el primer momento, en su pueblo, y, sobre todo, en los desarrapados, en los obreros, en los campesinos, en los negros, en aquellos que nada tenían que perder sino únicamente sus cadenas. A ellos los educó, los hizo productores de fábricas, de plantaciones, conductores de empresas, se proveyó de profesionales, fundamentalmente, en la medicina, ya que Estados Unidos sacó más de dos mil médicos de Cuba. Planificó la construcción y el previó el desarrollo a largo plazo. Garantizó la alimentación del pueblo, la vivienda, la salud, la educación; todo ello, en medio del más brutal bloqueo y embargo absoluto y total por parte de Estados Unidos. Cuesta creer que pese a ello, Cuba ha logrado, desde entonces 275 medallas olímpicas entre oro, plata y bronce.

 

Desde sus condiciones más austeras, Cuba siempre, siempre, siempre, desdeñando sus propias dificultades, estiró su mano abierta para ayudar a los pueblos del Mundo. Argelia, Namibia, Angola, Sudáfrica, Palestina, Yemen, Eritrea…conocen de sobra el contenido y el alcance de la solidaridad y el internacionalismo cubano. Estoy seguro que acá en Ecuador, ya nos habremos olvidado cuando en los pueblos marginales de la Costa asomó del Dengue Hemorrágico y los médicos ecuatorianos no quisieron arriesgar su vida frente a un mal que desconocían y parecía tan implacable. Fueron médicos cubanos los que llegaron a Ecuador y enfrentaron el mal. ¿Recuerdan? ¿No? Ya me imaginaba. Pues, averigüen y pónganlo en su recuerdo como forma de gratitud. Cuba nunca pidió nada a cambio.

 

“Nada de lo humano me es ajeno”, dijo Carlos Marx. Efectivamente, nada de lo humano le fue ajeno a Fidel que llegó a convertirse en el más influyente de los políticos del Mundo en el siglo XX.

 

Su obra no necesita mis ponderaciones. Mi homenaje, ante su tumba recién abierta, es ratificar mi condición de revolucionario, ratificar mi decisión de luchar de forma consecuente desde cualquier espacio en el que me encuentre, abiertamente o en forma clandestina, porque en mi patria, en Ecuador, construyamos la sociedad socialista, con mi presencia física o con el recuerdo de mi vida que también la he entregado al servicio de la causa que inspiró la vida de Fidel.

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

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