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Por: Antonio Guerrero Drouet

Fotografía: Revista Caracola, Archivo

Ha muerto Alfonso Murriagui:

 

Escalador de nieves y sueños realizables plasmados en su obra poética, literaria y periodística

 

Ha muerto el infatigable, el caminante y escalador de montañas de nieve, el hombre de origen sencillo, de barrio popular, el trotador de caminos de este Ecuador bullente de hombres y mujeres con el atado de cosas a la espalda: bultos de toda índole llevados  de un lado a otro bajo el cual se camufla ese éxodo interminable de los trabajadores y campesinos del campo a las ciudades; hombres y mujeres de rostros gravados en piedra y bronce portadores de nuestros orígenes ancestrales milenarios, negro, mestizo, cholos, montubios y otras identidades engarzadas a nuestra lengua literaria ecuatoriana y a las lenguas e idiomas de los pueblos Kichwa, Shuar, Waorani y más: trenzas culturales de nación, nacionalidades y etnias que Murriagui el de mirada directa, franca, de palabra concreta y accionar intransigente y altivo, de sonrisa, risa y carcajada plena recogió en sus poemas y cuentos pletóricos de personajes brotados de las entrañas de esos ríos insurgentes que brotan de abajo intransigentes -como él- contra el sistema que los oprime cuyo andar libertario infatigable jamás se ha detenido y de cuyas entrañas han surgido íconos intelectuales portadores de esa irreverencia combatiente hacia el poder burgués e imperialista como Alfonso Murriagui.

 

 

Tal espíritu se recogió siempre en Alfonso y descolló durante el tiempo de “Los Tzánsicos”: movimiento de la intelectualidad quiteña irreverente contra el parsimonioso andar de intelectuales absorbidos por el moho del amoldamiento a cánones y estereotipos literarios provenientes de diversas fuentes mas no de la literatura realista que debe extraerse de la vida y lucha de los pueblos que había eclosionado en Octubre de 1917 encarrilada con su formidable revolución clasista: Una timorata farsa intelectual obsecuente con el secular poder oligárquico que saliendo de una dictadura militar arribaba tras los alzamientos populares que la echaron abajo a otra dictadura civil engalanada de “democracia representativa” que en forma ininterrumpida pasaba a ser arrendataria del Palacio de la Plaza Grande para servir desde ahí a “nuestros” oligarcas de viejo y nuevo cuño y al “Buen Vecino Yanqui” en cuyo entorno y apelotonados en la Casa de la Cultura pululaban “literatos” que vivían de las migajas que dicho poder les soltaba como alpiste para publicar sus “artísticos” textos literarios de aburrida, melodramática y gastada métrica y peor narrativa decadente contra la cual los Tzánsicos se rebelaron en Quito a quienes les urgía la necesidad de echar abajo a esa cultura y artes apoltronados reflejo de la acomodaticia vida de quienes no reflejaban la realidad social y política auténtica del Ecuador, para poner en ristre una alternativa democrática y popular en el terreno de “la cultura” dentro de cuyos avatares brotó dicha literatura “Tzánsica” de la cual “Alfonsito” fue junto a Raúl Arias, Antonio Ordoñez y otros uno de sus estandartes; corriente iconoclasta de izquierda auténtica que desarrolló sus propias aristas en Esmeraldas con la literatura negra del Grupo "Somos" liderado por el poeta de la negritud Preciado y los nuevos jóvenes poetas y escritores negros y mestizos del Grupo "Rumbo al Pueblo" del “Normal “Vargas Torres”; con el poeta Othón Muñoz en Guayaquil; movimiento que se expresaba intelectualmente en las congregaciones anti dictatoriales opuestas a una literatura política y artística burocrática de complacencia con lo establecido en Latacunga y en otras provincias que fue recogida por ese intelectual marxista profundo, Agustín Cueva, quien destacó en su ensayo clásico: “Entre la Ira y la Esperanza” el papel tierno y a la vez duro contra el poder y la cultura dominante enarbolado por “Los Tzánsicos” el cual desembocó en la Toma de la Matriz de la Casa de la Cultura y de sus Núcleos de manera unísona en la década de los 70s; movimiento  vigoroso y de repudio hacia dicha corriente intelectual servil y mediocre que agachaba la cabeza frente al statu quo  uno de cuyos protagonistas incesantes fue Alfonso Murriagui quien arremetió con su poesía “33 Abajo” incorporada a la iconoclastia del lenguaje directo, de las acciones contundentes, fulgurantes y sorprendentes de los “Tzánsicos” en escenarios donde irrumpían con fuerza y creatividad artística demandando cambios para los pueblos; por llevar la cultura y las artes a las fábricas, al campo, a los barrios populares, como lo hicieron, siendo emulados en otras provincias de donde emergió ese movimiento literario que tuvo entre sus volcánicos cantores iconoclastas a Alfonso Murriagui el severo y cálido, el intransigente con aquello que no defendiera los principios quien de hecho se volcó sin dudar hacia los alzados caminantes de la izquierda revolucionaria marxista a quienes los detractores de siempre calificaron de “chinos” debido a la confrontación con la vía de conciliación de clases de “los cabezones” pro-soviéticos: vigorosos revolucionarios del proletariado que levantaron la bandera irresistible de la Sierra Maestra en la Cuba del Che y Fidel aplaudiendo y buscando emular su entrada victoriosa en la Habana conquistando el poder; de la "Larga Marcha" en China echando fuera al imperialismo japonés que deviniera lamentablemente luego en una corriente imperialista.

 

Murriagui iba cargado de esa lava ardiente antiimperialista y anti oligárquica que lo caracterizó recorriendo el país llevando el teatro, su palabra y su enrojecido y ardiente rostro que recogía como un eco sus anhelos: Ya enrostrado con el poeta Rafael Larrea recorrió Indo América aprehendiendo de sus poetas e intelectuales de izquierda, de sus cantores y artistas que rompían con fuegos el aire del combate contra la dominación feudal-burguesa y yanqui con la cual reafirmaron la necesidad de persistir en la construcción de esa corriente artística creativa popular y antiimperialista; gira durante la cual se afirmó como poeta, intelectual revolucionario y músico ese su compañero inseparable, “El Poeta” Rafael, ambos de izquierda, ambos irreverentes, ambos creativos, quienes generaron el liderato de un movimiento, que, cuando el “loco Velasco” dio el golpe de Estado en Junio del 75 se calificó edificando el “Centro de Arte Nacional” que se aglutinó en los altos de una antigua casa otoñal y de piedra del Centro Histórico; y posteriormente bajo las circunstancias de la dictadura militar petrolera y desarrollista estructuró la UNAP liderada por “El Rafico” donde Murriagui fue una de sus cajas sonoras, un sostén afirmativo en torno al cual se arrulló y templó el joven poeta y activo batallador de las letras emancipadoras, Alfonso Chávez: Años que habrían de eclosionar en los cantos de los “Noviembres, la pintura de Carcelén, el Taller de Literatura “Joaquín Gallegos Lara” donde uno de sus escritores de hierro y ternura popular fue Murriagui; y en Esmeraldas y Guayas los FAPs liderados por Katia Ubidia y Armando Coronel líder de “Chumichasqui”.

 

Algunos de esos años –retrotrayendo y disgregando un tanto- de combates populares directos contra la cultura dominante, Alfonso Murriagui se ubicó con su familia en Esmeraldas como profesor universitario entregando acciones artísticas como realizar en la Gran Catedral un acto artístico amplio que mostró y levantó la alternativa de la música y el arte democráticos; tierra nuestra donde dirigió semanalmente y en secreto la salida semanal del periódico "La Respuesta" –“a la explotación y la opresión”- durante tres años, junto a otros intelectuales y a su partido querido y respetado; tierra donde escribió un libro de cuentos que destacaba la viveza del pueblo negro y mulato en la figura de un niño negro que encuentra un gran pez a orillas del mar: Murriagui era una tempestad en estallido: Visitado por Preciado y otros poetas, la tierra de mis abuelos y de la poetisa inédita que fue mi madre donde estrechamos una amistad inicialmente fraguada; donde fraternizamos y departimos muchas jornadas escanciadas a través de su temperamento altivo acompañado siempre por el calor inagotable de Doña "Olguita" y de sus hijos, Rubén y Lolita con el que nos envolvieron a mí, a mi recia familia y a mi indoblegable y voraginoso partido comunista: Tiempos del ayer siempre presentes que lo tuvieron regularmente en vilo literario artístico cuando se reestructuró la UNAPE en Latacunga a inicios del nuevo siglo como uno de sus motivadores; y sobre todo cuando aportó con su pluma, con  esa narrativa objetiva llena de figuras y recovecos democráticos y populares recogidos en la columna cultural de OPCION en que rescató figuras egregias del arte, de la política, de la vida, siempre irreverente hacia el poder; narrativa revolucionaria que recrudeció cuando llego a Carondelet uno de los más audaces demagogos seudo izquierdista, derechoso reformista a quien Murriagui siempre puso en su puesto a través de sus trabajos narrativos divulgados en dicho periódico alternativo de izquierda revolucionaria; tiempo durante el cual nos entregó su libro de cuentos: “La Verdadera Historia del Mejor Trompón del Mundo" que según uno de los vigorosos escritores artísticos y motivador de “OPCION”, José Villarroel Yanchapaxi, “El Llamingo”,  era una alusión directa a uno de los clásicos distingos populares que muy pocos logran granjearse en la vida junto al pueblo: El “Alfonsito” era “Gran Trompón” cualidad que se embisagraba con esa otra sin parangón: su inagotable amor por las montañas de nieve que escaló muchas veces.

 

Cuantas cosas llegan a la memoria arremolinada al recordar a nuestro Alfonso Murriagui: Vida egregia, sin par que motivó para que el año 2009 la CCE publicara su “Selección Poética” que recoge en un haz sus principales creaciones poéticas vitales: Vida extraordinaria, popular, democrática: La de un revolucionario que se expresó en la poesía, en el cuento, en la narrativa, en el periodismo y sobre todo en la vida que refulge en sus sencillos pero afirmados hijos y nietos que con profunda sensibilidad lo lloraron y que la reciente partida de su “Olguita” aceleró su muerte sobre la tierra que lo sintió crecer; sobre sus lomas, sus montañas de nieve, sus caminos, sus gentes, sus árboles, ríos, mar, eucaliptos y pinos inextinguibles como él que se renueva ahora no solo en su inolvidable familia sino en su obra, en sus compañeras y compañeros de OPCION y en sus largos caminos recorridos: siempre rojiceo, altivo y cortante contra todo aquello que empañara los principios recreados en nuestra bella y alzada tierra de las izquierdas, de la intelectualidad patriótica y democrática a la que estuvo ligado con permanente vitalidad cuya sangre y pensamientos afirmaron la tendencia revolucionaria que compartimos y que permanecerá en su obra y en su temperamento inderrotable que  potenciaremos afirmados en su vida ejemplar.

 

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

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