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Por: Pedro Martín Páez

Fotografía: Archivo

El retorno de la intolerancia en Latinoamérica

 

 

La intolerancia si bien forma parte en muchas de las actuaciones humanas que tenemos, tiende a crecer de manera desproporcional convirtiéndose de actos de desprecio a una política de Estado. Una de las principales mentes que profundizó la intolerancia en relación con el ser humano fue Voltaire (Tratado sobre la tolerancia - 1763) inspirado en el trágico asesinato de la familia Calas por el móvil religioso católico de aquella época, lleno de fanatismo y alejado de la razón. En el cual las familias protestantes eran perseguidas por la intolerancia religiosa del cuerpo católico, en Europa y las colonias, como fue el caso de la familia Calas, cuando Marc-Antoine Calas fue encontrado colgado de una puerta de su casa, sin heridas en su cuerpo (aparente suicidio). Grandes masas del pueblo de Toulouse y los jueces, acusaron y sentenciaron a su padre Jean Calas, abogado protestante que no tenía mayor injerencia en actos políticos, y a su familia, a morir en la rueda de Toulouse. Siendo un caso ejemplar de la intolerancia y persecución ideológica-religiosa de toda una familia protestante.

 

El autor en este texto plantea cuestiones sociales de gran relevancia que se repiten de forma típica a lo largo de la historia de la humanidad. La intolerancia por motivos religiosos, ideológicos, económicos, étnicos, culturales, entre otros, ha sido una constante que va de la mano del desequilibrio de los sentimientos morales y la falta de apego a las normas jurídicas-sociales de convivencia. Dando cabida al nacimiento del concepto de justicia y de todo el aparataje judicial -el cual no funciona de manera eficaz, pero intenta regular el desorden sentimentalista-, que busca distanciarlo de la venganza o la mal llamada “justicia de propia mano”. He ahí el momento en el que el ser humano ha intentado primar la razón frente al espíritu salvaje en el que pernocta.

 

 

La intolerancia ha estado presente con diferente gradualidad dependiendo del entorno social-económico en el que se desarrolla. Algunos gobernantes han utilizado la herramienta de la intolerancia para poder plantear una vil estratagema de gobernabilidad, como el caso del 45° presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien ha establecido una línea de discurso basada en la intolerancia a los inmigrantes, primacía del nacionalismo y un racismo abrumador. Cuestión que es reaccionaria al discurso manejado por Barack Obama, el primer presidente afroamericano que tuvo los Estados Unidos de Norteamérica, caracterizado por la inclusión de las minorías étnicas y la búsqueda de acuerdos, como fueron los casos de Cuba e Irán. Y que forma parte del regreso de la intolerancia a los estandartes contemporáneos que se han visto a mediados del siglo XX en ese país.

 

En el panorama nacional bajo la administración del expresidente Rafael Correa Delgado, fue común utilizar la estrategia de la división para imperar, formando parte de esta la creación de figuras intolerantes hacia el “pelucón”, “vende patria”, “politiqueros”, “oligarcas”, entre otras figuras, por características económicas, ideológicas que buscaban fraccionar, antes que construir un sentido de Estado diverso, que se respalde en la institucionalidad y en el sistema legal para resolver los conflictos, para no incurrir en la criminología mediática para incentivar los sentimientos de odio en la población. El cual es muy recurrido por la decadente clase política ecuatoriana, y que fue y es utilizado por personajes como León Febres Cordero, Velasco Ibarra, entre otros. Y que lo comparten otros países de la región.

 

Ésta misma división que se planteó en la antigua administración, se devuelve como un péndulo hacia la búsqueda, inventario y tasación de los “correístas”, que es disímil a las criticas que se realizaron en su momento, y que ahora se aplica la misma intolerancia por los supuestos vencedores políticos. Volviéndose un círculo vicioso lleno de venganza y carente de madurez que permita poner como objetivo las grandes necesidades del país, como el sobre endeudamiento, la eliminación de la impunidad de manera objetiva, la institucionalización del Estado, entre otras necesidades, sobre los conflictos personales que tienen los diferentes actores políticos. El absurdo individualismo de la clase política termina enterrando su propio objetivo o naturaleza, como es el correcto ejercicio social del poder, en el que predomina sobre todo el ego y la envidia del supuesto “éxito”. Cuando los actos de intolerancia y odio llegan a vulnerar el aspecto físico o psicológico de las personas, no está demás recordar que el legislador ecuatoriano ha tomado la correcta decisión de tipificarlo como una conducta reprimida desde 1 a 3 años de prisión y más años dependiendo del caso, siempre y cuando se ajusten a los requisitos establecidos en la norma, la cual muy poco ha sido ejercida por cuestiones ideológicas.

 

 

Éste resurgimiento de la intolerancia en el aspecto latinoamericano está alcanzando altitudes exorbitantes que solo pueden ser expresadas por la ultraderecha política que se caracteriza y manifiesta por un fascismo inescrupuloso y peligroso. El candidato presidencial Jair Bolsonaro ha dado declaraciones públicas que revelan cuales serán sus virtuales acciones si es elegido para gobernar el inmenso Estado brasileño:

 

“Yo fui a una quilombola (lugar con preponderancia de gente negra. En el pasado era el lugar donde se encontraban los esclavos) en Eldorado Paulista, y el afrodescendiente más delgado de allí pesaba siete arrobas. No hacen nada. Creo que ni para el procreador sirven más. Más de mil millones de dólares al año estamos gastado con ellos” (Club Hebraica abril 2017)

 

“"El error de la dictadura fue torturar y no matar" (Entrevista radial 2016)

Estas son dos frases de muchas que ha manifestado de manera pública, y que de manera cierta nos adelantan sus políticas de Estado que implantaría en la 5ta economía mundial y a los más de 207 millones de habitantes. Llenas de intolerancia y odio particular hacia el pueblo afro, las mujeres, grupos GLBTI, pensadores críticos, la ideología de izquierda, entre otros más. Más allá de buscar a los responsables de las tendencias populistas que ponen a extremistas e intolerantes en el poder, el objetivo es luchar contra la intolerancia de manera horizontal sin importar la causa que busquen representar. La razón siempre podrá vencer porque no necesita de la fuerza para imperar, la fuerza podrá imponerse, pero no permanecerá en el tiempo.

 

La tolerancia es un elemento vital del sistema democrático en el que vivimos muchos países de la región, sin este elemento, la democracia puede degenerar a un Estado autoritario o dictatorial. Son poco más de 50 años que la región superó las dictaduras que se llevaron la vida de cientos de miles de seres humanos de diferentes condiciones, y aun no hemos aprendido la lección de respetar y buscar la tolerancia para coexistir. Tal vez sea necesario reflexionar sobre los principios que construyen el sistema en el que vivimos para poder tomar decisiones políticas dotadas de conocimiento histórico, y dejar de buscar las respuestas en los extremismos, cuando en realidad se encuentran en el axioma humano del propio ser social que somos cada uno de nosotros.

 

Ab. Pedro Martín Páez Bimos (Mg)

ppaez@corp-defense.com

Socio fundador Corporate Defense

 

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ISSN 1390-6038

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