revista rupturas Quito Ecuador opinion analisis

Por: Mateo Rodríguez.

Fotografía: Archivo

El miedo como instrumento de campaña política

 

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa.” C. Marx

 

Luego de los resultados del 19 de febrero, se configuró un escenario político en que la posibilidad cierta que el correísmo sea derrotado está al orden del día. Esta realidad ha generado que las empresas propagandísticas, con Fernando Alvarado a la cabeza, levanten una campaña donde el  miedo y el desprestigio sean parte consustancial del discurso electoral del oficialismo, para de este modo tratar de afianzar su base social y atraer a temerosos que, frente a la incertidumbre del triunfo de otra opción política, puedan ser susceptibles de regresar al electorado que inicialmente votó contra Moreno.

 

El miedo como instrumento político de dominación ha sido utilizado por las clases dominantes desde hace centurias. El ejemplo más gráfico es el mito judeo-cristiano de Adán y Eva, Dios descubre que luego de comer del árbol prohibido, los dos desarrollan un nuevo sentimiento que los lleva a esconderse. Este mecanismo permite construir una suerte de homogenización de las controversias para construir una lógica amigo-enemigo, bueno-malo.

 

En el enemigo o el malo, los grupos dominantes establecen estereotipos que lo demonizan para que sea visto como una anomalía, con el fin de esconder formas de razonamiento frente a los sentimientos primarios de auto conservación de los individuos, colectivos, sectores, capas y clases subordinadas.

 

 

Frente al temor, el gobierno intenta construir la idea de la seguridad, del gobernante que se convierte en adalid de la justicia: el redentor de los menesterosos, de los pobres, de los mismos que durante diez años han sido afectados por las políticas económicas y laborales. Esos grupos sociales, que han sido expulsados del aparato productivo y son precarizados, fueron la base social del populismo velasquista y hoy del correísmo.

 

Para mantener la idea del amigo-enemigo, se requiere constantemente la demonización y la inseguridad. Para ello no se miden en escrúpulos, en forjar denuncias, en construir falsas conspiraciones, pues la incertidumbre de ese escenario permite que se afirme la idea del protector.

 

El proyecto dejó de lado la politización de las masas, la elevación de su conciencia, la transformación de clase en sí a clase para sí. Todos los aparatos o dispositivos ideológicos construidos durante esta década apuntan a desmovilizar la organización social, a cooptarla y mediatizar sus objetivos; la participación ciudadana se burocratizó al punto de vaciar de contenido el concepto. El miedo se complementa con la propaganda, esta última con el objetivo de disuadir de cualquier alternativa de resistencia, para ello no sólo se vale del aparato propagandístico oficialista, sino también de intelectuales, que bajo el membrete de izquierda apuntan a justificar, mediante maromas conceptuales,  la política del régimen.

 

El riesgo principal de la continuidad del proyecto correísta radica en la afectación ideológica y política al movimiento social y popular. En el país, no ha existido régimen más exitoso en su campaña anticomunista, tanto por estigmatizar a los “radicales” como por evidenciar la falacia burguesa de construir como sinónimo de socialismo al autoritarismo.

 

 

Calcular Page Rank

Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

Revista Rupturas © 2015 Derechos reservados