revista rupturas Quito Ecuador opinion analisis

Por: José Villarroel Yanchapaxi*

Fotografía: Vladimir Cruz, Archivo.

El correato y la apropiación de los símbolos de la izquierda revolucionaria

 

La década de los 90, significó para América Latina el auge de las luchas populares y las reivindicaciones sociales. En 1992, España se aprestaba a celebrar 500 años del descubrimiento de América, lo que se dio en llamar: “el encuentro de dos mundos”, en contraparte los pueblos originarios celebraron los “500 años de  resistencia indígena”. En ese contexto irrumpe el movimiento indígena en el Ecuador (heredero de la organización obrero-campesina de los años 60 y 70) agrupados en la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie) y la Ecuarunari. Junto con organizaciones de maestros, obreros, estudiantes, mujeres, ecologistas, etc., protagonizaran ante el fracaso del neoliberalismo keynesiano grandes jornadas de lucha en las plazas y calles del país, provocando la caída de gobiernos corruptos y populistas como el de Jamil Mahuad, Abdalá Bucaram, Lucio Gutiérrez y gobiernos interinos como el de Ricardo Noboa, Fabián Alarcón y Alfredo Palacio. En el gobierno de este último Rafael Correa de origen guayaquileño es nombrado Ministro de Economía interino. Economista graduado en la Universidad Católica de Guayaquil con postgrados en las universidades de Lovaina e Illinois, en su juventud fue Boy Scout, catedrático de la Universidad San Francisco, miembro del Foro Ecuador Alternativo junto con Alberto Acosta, Eduardo Valencia Vásquez. Fue destituido del cargo por discrepancias en algunas decisiones que modificaban la política económica neoliberal continuada por Palacios.

 

Los poderes fácticos, grupos de empresarios e industriales vieron con simpatía la emergencia de este personaje en la política ecuatoriana y le abrieron espacios en radio, prensa y televisión. Grupos de socialdemócratas, de centroizquierda, defensores de derechos humanos, de la izquierda desencantada, ecologistas, grupos de mujeres e incipientes grupos GLBT se aglutinaron en lo que más tarde se denominaría Movimiento PAIS (Patria Altiva y Soberana) lista 35.

 

En el 2005, Rafael Correa es elegido presidente del Ecuador cobijado por variopintas banderas hastiadas de la partidocracia, aupados por el Socialismo del siglo XXI de Heinz Dieterich Steffan, sociólogo y analista político alemán, radicado en México. El correato logró capitalizar el descontento de las masas, la gente inmediatamente se identificó con este nuevo político y apoyó la Asamblea Constituyente del 2008 realizada en Montecristi, según el correato era “un canto a la vida”, que duraría al menos 300 años. ¿El resultado de esta  nueva aventura política? Secuestro de todos los poderes,  hiperpresidencialismo y dictadura democrática.

 

 

Después de dictadura militar de los años 70, casi treinta años que el Ecuador volvió a la democracia por la que desfilaron toda clase de políticos conservadores, socialcristianos, democratacristianos, socialdemócratas y populistas, la gran parafernalia comunicacional de los hermanos Vinicio y Fernando Alvarado entraba en acción instaurando las sabatinas bajo el membrete de enlace ciudadano, los gabinetes itinerantes en los que se veía al Presidente pedaleando su bicicleta, comiendo en los mercados populares o pernoctando en barrios suburbanos. En las sabatinas imprimió un estilo en que el insulto era el común denominador, en ellas fustigó a los causantes de la larga y triste noche neoliberal llamándolos “pelucones”, a los causantes del desastre nacional y también a la izquierda que le resultada molesta para su Gobierno llamándolos “izquierdistas infantiles”, “izquierda boba”, “ecologistas infantiles”, etc.,  por lo que se granjeó la simpatía de una masa impulsiva,  inconsciente; influenciable, crédula y acrítica. En el discurso de Rafael Correa predominó una falsa ilusión sobre lo real, como declarar que “La patria ya es de todos”,  “Ecuador, el jaguar latinoamericano”, intentando equipararlo con Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán que, entre 1960 y 1990, mantuvieron altas tasas de crecimiento e industrialización; que palpamos “el milagro ecuatoriano”, “El país del buen vivir”, etc., imaginarios falsos que lograron hipnotizar a las masas.

 

Según Gustave Le Bon, los seres humanos al relacionarse con otra masa o grupo social  son un alma colectiva en la cual sienten, piensan y actúan de forma totalmente diferente a la que sentirían, pensarían y actuarían de manera individual. Para que los seres humanos formen un grupo colectivo tiene que haber algo que los una a todos en masa. Al unirse las personas, desaparecen las virtudes de estos y su peculiaridad, “lo heterogéneo se hunde en lo homogéneo”. El ‘’Yo’’ deja de existir para crear un ‘’Nosotros’’.

 

El correato logró apoderase del inconsciente colectivo de las masas en la posesión simbólica en Zumbahua, provincia de Cotopaxi, donde durante su juventud hizo trabajo voluntario y a la que volvía después de tantos años como Presidente de la República. En esa localidad andina se realizó un ritual indígena con los taitas y mamas. César Umaginga, por entonces prefecto de la provincia, le hizo la entrega del bastón de mando que para los pueblos y nacionalidades representa el poder del gobernante de un pueblo. Fue ungido el nuevo salvador de la Patria, el tesorito de la revolución ciudadana, en compañía de Hugo Chávez el líder de la revolución ciudadana y Evo Morales primer presidente indígena elegido en Bolivia. Es en este rito que ese imaginario romántico de Simón Bolívar y de muchos grupos de izquierda: “Latinoamérica la Patria grande”, se reactualizaba. Allí ocurre también la primera apropiación de los símbolos, frases y consignas de la izquierda revolucionaria: “Alerta, alerta que camina el antiimperialismo por América Latina”, una consigna que había sido bandera de lucha en contra del  Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y el Tratado de Libre Comercio (TLC) con los EEUU. La viveza criolla del correato lo transformó en “Alerta, alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina”.

 

 

Pueblo Nuevo, un grupo de a mediados de los años 70 que interpretaba canciones sociales se convirtieron en los acompañantes insignes de las noches culturales previas a las sabatinas. El presidente Rafael Correa trataba de superar su frustración de cantante admitiendo que cantaba feo y que era parte del grupo “Necedades”. Galo Mora Witt ,fundador de este grupo y primo del derrocado Jamil Mahuad, le acompañaba permanente con la guitarra. En recompensa fue nombrado Ministro de Cultura y Secretario particular del Presidente.

 

El correato necesitaba como el aire para respirar exponerse en la tarima, sea en la Plaza de la Independencia, en el Palacio de Carondelet o  en las celebraciones de aniversario de la revolución ciudadana. Al puro estilo del “loco que ama”, Abdalá Bucaram (que cantaba con los Iracundos y hasta grabó un cd de pésima calidad musical), Rafael Correa cantó “Hasta siempre comandante” la canción de Carlos Puebla, “El pueblo unido jamás, será vencido”, etc., junto a grupos como Quilapayún e Inti Ilimani de Chile. Estos grupos de música social fueron emblemáticos en la lucha contra la dictadura militar de Augusto Pinochet en los años 70. Se subieron a la tarima Piero de Argentina, Silvio Rodríguez de Cuba, entre otros. De esta manera el correato logró su cometido: por un lado darse un baño de popularidad haciendo un culto al egocentrismo de Rafael Correa y por el otro deconstruir los símbolos de la izquierda revolucionaria vaciándolos de contenido.

 

El aparataje comunicacional de Alianza PAIS hizo un refrito de la canción “Patria, tierra sagrada” una marcha, letra de Manuel María Sánchez y la música de Sixto María Durán que se convirtió en insignia de la campaña presidencial y gran trecho del correato. Buscó desprestigiar (sin éxito) al teatrero Carlos Michelena y al cantautor y activista de los derechos humanos Jaime Guevara. El mandatario sugirió que el músico estaba borracho y drogado, lo trató de “pobre hombre” y reiteró que no permitirá que se le falte el respeto sin saber que Guevara sufría de ataques de epilepsia y es abstemio. Ese día Correa se bajó del auto y le recriminó con insultos, llamándolo “borracho” y “marihuanero”.

Rafael Correa creó en el imaginario que era de izquierda pero gobernó con la partidocracia reencauchada y reciclada. En las contramarchas pre-pagadas con sándwich y colas se veían las banderas del Partido Comunista Ecuatoriano (PCE), una facción del Partido Socialista Ecuatoriano (PSE), la Confederación Nacional de Organizaciones Indígenas y Negras (Fenocin), etc., mientras gobernaba con Alexis Mera que trabajó con  León Febres Cordero, Ivonne Baki, Doris Solís colaboradoras de Lucio Gutiérrez, solo por mencionar algunos nombres.

 

La estrategia comunicacional del régimen fue crear un imaginario en que Rafael Correa era el líder indiscutible, el padre y maestro de esta nueva refundación del Ecuador, mientras dividía al movimiento indígena y al movimiento obrero, estudiantil, sindical, creando organizaciones paralelas como la Confederación Unitaria de Trabajadores (CUT) para invisibilizar al Frente Unitario de Trabajadores (FUT),  la Unión General de Trabajadores (UGTE); la Red de Maestros para contrarrestar a la Unión Nacional de Educadores (UNE), e infiltrando al movimiento estudiantil como la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE) y la  Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador (FEUE). ¿El objetivo final? Criminalizar la lucha popular.

 

 

Como Adolf Hitler creo un enemigo imaginario, el pueblo judío, para justificar el genocidio, Rafael Correa creo un imaginario, la prensa corrupta, para justificar su caricatura de revolución. Los medios de comunicación incautados: Gamavisión, Telecentro, Diario El Telégrafo, Radio Pública, etc., fueron a parar en manos del corrreato, además se fundaron periódicos como El Ciudadano, El Periódico Popular,  para hacer permanente propaganda pro correísta durante esta década perdida.

 

El psicoanalista Sigmund Freud, entiende que las masas están gobernadas por lazos afectivos de dos clases: uno, la unión con el conductor y otro, la unión de los individuos entre sí. Ya que una masa es una multitud de individuos que han puesto un objeto, uno y el mismo en el lugar de su Ideal del Yo, a consecuencia de lo cual, se han identificado entre sí en su yo (esto permite que rivales al comienzo, han podido identificarse entre sí por parejo amor hacia el mismo objeto).

 

El correato aprovechó el desgaste de los partidos políticos tradicionales, puso en entredicho el etnocentrismo del movimiento indígena y el dogmatismo de ciertos grupos de izquierda lo que devino en una revolución ciudadana, sin ciudadanos pues, golpeó las bases y las organizaciones sociales que en su momento lo apoyaron. Tiempo después, los fue dejando de lado para develar que era un proyecto del capitalismo, disfrazado de una revolución ciudadana, difuminada en la democracia, comandados por los gobiernos autodenominados progresistas como la revolución bolivariana de Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Nestor Kirchner en Argentina, procesos que en rigor no tuvieron nada de una verdadera revolución, sino más bien se transformaron en gobiernos reformistas que apuntalaron con vigor el capitalismo.

 

*Magíster en Estudios culturales latinoamericanos

intitamia@hotmail.com

 

 

 

Calcular Page Rank

Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

Quito-Ecuador

ISSN 1390-6038

Revista Rupturas © 2015 Derechos reservados