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Por: Henry Izurieta

Fotografía: Pixabay

De la pedagogía crítica al neoconductismo

 

El gobierno del presidente Correa ha decidido en 2016 que se aplicará otro modelo pedagógico a la educación de niños y jóvenes, esta decisión trascendente ha sido camuflada con el discurso de “ajuste” curricular cuando, en realidad, se están aplicando profundos cambios conceptuales que denotan una nueva reforma curricular, ocultada intencionalmente.

 

En la elaboración del currículum juega papel fundamental el modelo pedagógico, es definitorio.  Escogerlo conlleva importantes decisiones no solo por las consecuencias en el día a día en el aula, sino porque define o por lo menos influye sobre la posición del individuo y el colectivo frente a la sociedad en la que actúa.

 

En los años 2007 se expuso por parte de las autoridades educativas que la Pedagogía que regiría el proceso educativo ecuatoriano sería la Pedagogía Crítica.  Este concepto fue ratificado en el 2010 en el nuevo currículum implementado.

 

Respecto de lo que venía ocurriendo en la educación ecuatoriana antes del 2007, acogerse a la Pedagogía Crítica supuso no solo un avance, sino un salto respecto a la concepción y práctica educativa que hasta entonces era regida, en los hechos, por la Pedagogía Conductista.

 

La aplicación por décadas del conductismo en la educación ecuatoriana dejó un legado de escaso desarrollo intelectual de los estudiantes, centrados casi exclusivamente en la memorización de conceptos o datos. Al decir de Paulo Freire, el conductismo mira al estudiante como un depósito de información que Freire define como educación bancaria. Limitar las capacidades que los estudiantes pueden utilizar en su aprendizaje o valorar solo aquellas que el docente o el proceso de enseñanza-aprendizaje considera como los necesarios ha conllevado a la subvaloración de los estudiantes.

 

Sin embargo, desde la óptica del control social, resulta ser muy efectiva ya que el resultado es escasa o nula actitud critica frente a la realidad. Además, una fuerte tendencia al individualismo como expresión del proceso vivido de adquisición personal del conocimiento, minimizando las actividades de carácter colectivo, muy cercano a lo que sucede en el contexto social del capitalismo en donde el egoísmo es una práctica común. El individualismo, reforzado en la escuela, se profundiza, aún más, luego, en la cotidianidad de la vida en sociedad en la que la competencia, también promovida en la escuela, caracteriza a las relaciones entre personas, especialmente cuando se trata de relaciones laborales.

 

Por lo anterior, anunciar un cambio hacia la Pedagogía Critica es un salto principalmente debido a que las tendencias de esta pedagogía suponen primeramente un cuestionamiento a la enseñanza anterior y porque propone una nueva forma de enfrentar el problema, considerando al estudiante como un factor determinante en su propio proceso de formación, pasando de ser objeto del proceso a ser sujeto, es decir a tener voz y decisión y, lo más importante, capacidad de crítica frente a la realidad social.  Esto, desde la óptica social, genera un potencial de transformación enorme.

 

 

Para el 2016, explícitamente el gobierno ecuatoriano define a la Pedagogía Constructivista, en el contexto de los ajustes curriculares aplicados, como el eje conductor del proceso enseñanza aprendizaje, es decir, realizando un profundo cambio en su concepción misma.  Pasando entonces, en el discurso, de la pedagogía critica a la pedagogía constructivista.

 

De alguna manera el constructivismo es la tendencia pedagógica “de moda”. Países e instituciones educativas lo acogen acríticamente debido a que supone un avance respecto del conductismo.

 

Un concepto fundamental dentro del constructivismo es considerar que el estudiante “viene” prácticamente desde el nacimiento con conocimientos previos con los cuales debe construir sus aprendizajes, lo cual será factible si se le proporciona los espacios adecuados y que solo se concretarán si son significativos, es decir que tengan algún sentido para quien aprende.

 

El constructivismo en el contexto social es la mejor alternativa para los grupos de poder en el sistema capitalista imperante, pues, concibe el proceso de enseñanza-aprendizaje como el proceso de adquisición de competencias, es decir vuelve competente a quien las tiene.  Así el currículum es la concreción de los mecanismos utilizados para saber hacer, saber ser y saber conocer, dando prioridad al primero: saber hacer que garantiza el dominio de las técnicas necesarias para que el estudiante se integre a la vida productiva.  En medio del sistema capitalista que tiene como uno de sus requerimientos a la sociedad que le provea de mano de obra, se entiende como lógico, sin embargo, para quienes consideran que la persona humana es más que el simple ejecutor de procesos mecánicos manuales o intelectuales, o ser solamente un engranaje más de un proceso productivo esta visión de la educación es totalmente insuficiente, por decir lo menos.

 

Un connotado pedagogo, Mario Bunge, sostiene que “el constructivismo pedagógico no sólo es falso. También es perjudicial a causa de que niega la verdad objetiva, elimina la crítica y el debate y hace prescindibles a los docentes”.

 

Lo que realmente sucede

 

Luego del anuncio oficial de acogerse a la Pedagogía Critica, allá por el 2007, muchas autoridades educativas al ser presionadas para que la decisión se concrete promovieron la idea del “modelo pedagógico ecuatoriano” sosteniendo que no debemos ser suceptibles a las influencias extranjeras. Una locura.

 

Nunca se conoció que las concepciones de la Pedagogía Crítica, ni las inexistentes del modelo pedagógico ecuatoriano se hayan aplicado.

 

En el 2010 se dio a conocer e inició la implementación de la educación general básica (EGB) y el bachillerato general unificado (BGU). Aunque seguramente el Ministerio de Educación podrá demostrar que en algún documento se exponen conceptos sobre la Pedagogía Crítica, sin embargo lo que sucedió en las aulas de escuelas y colegios del país fue que los estudiantes debieron volver a recordar fechas, conceptos y repetirlos “al pie de la letra”, el docente debió cumplir con la planificación  ministerial que lo obligaba a enseñar contenidos organizados en bloques que debía evaluar con al menos seis evaluaciones por bloque y estudiante.

 

Algunos de los textos que se entregaron a los estudiantes incluyeron interesantes avances, pero la estructura administrativa impuesta entendió la función docente como la de un simple acompañante del proceso, relegando su accionar, anulando su condición de maestro o maestra, con el simple seguimiento de los textos.  Esto, unido a una fuerte presión a llenar formularios físicos o virtuales de calificaciones, formularios de planificación institucional hasta de inventario de muebles, condujo a volver a lo que se denomina, la pedagogía conductista, total, todo se resume en una calificación que la ley y reglamento sacramentó.

La realidad es que el modelo pedagógico conductista remosado con el uso de las TICs se vuelve a aplicar en las aulas, incluyendo un concepto que inicialmente parece un interesante aporte pero que finalmente no es más que la confirmación de la aplicación del neoconductismo en las aulas ecuatorianas: los proyectos como expresión del intento de la escuela de conectarse con su medio. Lo que hacen es reforzar el proceso de aplicar los conocimientos obtenidos en el aula en actividades diversas que aparentemente profundizan el conocimiento pero que lo que logran -y que realmente es lo trascendente- es controlar la conducta del individuo. Y no contribuyen a resolver la problemática educativa de la sociedad ecuatoriana.

 

La Pedagogía Critica jamás se aplicó de manera sistemática en las aulas de las escuelas fiscales del Ecuador, peor aún lo que los voceros oficiales denominaron “modelo pedagógico ecuatoriano” que nunca tuvo ningún documento que lo respalde.

 

Las nuevas aulas que en algunos sitios del país se construyeron en las escuelas del milenio o los colegios réplica fueron y son el escenario en el que niños y jóvenes volvieron a sufrir la agresión a su intelecto cuando lo que se promovió en su aprendizaje estuvo lejos de incidir en las funciones superiores de su pensamiento. Es tan cierto esto que se confirma cuando a los estudiantes egresados de bachillerato se les tomó pruebas genéricas -que según el gobierno no evalúa conocimientos sino ciertas capacidades o destrezas generales básicas- como condición para acceder a la universidad y cada año cerca del 50% no logra aprobar. El modelo educativo implementado no desarrolló aquellas capacidades básicas.

 

 

 

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

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ISSN 1390-6038

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