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Por: Vladimir Andocilla

Fotografía: AFP, Archivo

Colombia: Reflexiones a boca de urna

 

El domingo 02 de octubre, en Colombia se realizó el referéndum ratificatorio de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc. Con el 98.98% de las mesas escrutadas, la oposición por el No (50,2%) le sacaría una estrecha diferencia al Si (49,8%), de 54 mil votos. La participación fue de 13 millones de votantes, el 38% de la población empadronada.

 

Muchas son las lecturas que se pueden dar a estos resultados, los colombianos y colombianas amanecieron el lunes 03 de octubre con un panorama político complejo e incierto. ¿Cuáles fueron las razones para esta votación?

 

A primera vista se podría decir de manera simple, que los colombianos le dijeron No a la Paz, lo cual, pondría en serios cuestionamientos los valores de ese pueblo, que por décadas ha luchado por una salida negociada al conflicto político que lleva más de medio siglo.

 

El triunfo del No es una demostración de la campaña militarista empujada por las élites económicas y políticas, que con ayuda del imperialismo norteamericano han justificado la guerra y los ingentes gastos armamentistas.  Recordemos que con el Plan Colombia Estados Unidos financió una guerra total contra el narcotráfico, la que significó quince años de militarización del país y miles de daños colaterales; niñas, adolescentes y mujeres fueron violadas por militares estadounidenses y paramilitares colombianos, abusos que quedaron en absoluta impunidad.

 

De la lectura geográfica de la votación, uno puede concluir que la opción por el Sí gana en los principales territorios afectados por el conflicto, la opción del No saca ventaja en las principales urbes del país donde los sectores pequeño burgueses no han sufrido de manera directa las tragedias del paramilitarismo. Como lo diría Javier Lafuente en el País de España “La votación puso de manifiesto la falta de solidaridad en un país atravesado por la guerra. Los lugares más golpeados, sobre todo los de la costa, optaron por el `si’, pero son municipios que aportaban un número de votos infinitamente menor al de las zonas urbanas o los núcleos rurales más poblados, donde la violencia del conflicto hace tiempo que dejó de golpear. El interior del país optó por rechazar los acuerdos.”

 

 

Con los datos publicados en El Espectador podemos graficar esto: “Cuatro departamentos del país fueron determinantes para la victoria del No. En primer lugar, en la casa del ex presidente Uribe: Antioquia, donde el No alcanzó el 62 % de los votos escrutados, frente al Sí, que apenas alcanzó el 37,99 %. Asimismo, en Norte de Santander, la victoria del No llegó al 63 %. El Sí se quedó en el 36 %. Mayor diferencia se dio en el departamento del Meta, donde los partidarios del No alcanzaron el 63,58 %, en tanto que el Sí apenas registró un 36,41 %. En el Huila, el No consiguió un apoyo del 60,77 %, y el Sí se quedó en 37,22 %. Casi podría decirse que en estos cuatro departamentos se consolidó la victoria del No… Paradójicamente otra de las lecturas del resultado electoral es que en algunos territorios donde la guerra hizo mayores estragos, el Sí fue ganador. Por ejemplo, en el municipio de Ovejas (Sucre), donde el paramilitarismo causó varias masacres, como la del Salado, ganó el Sí con el 72 %, frente al 27 % del No. En Bojayá (Chocó), donde las Farc protagonizaron uno de los más crueles hechos de guerra en 2003, el Sí obtuvo el 95 % de apoyo. En Toribío (Cauca), otra de las zonas afectadas por la confrontación armada, el Sí alcanzó el 84 % del respaldo. En Apartadó, donde hace unos días las Farc pidieron que los perdonaran por sus errores, el Sí alcanzó el 52 %, contra el 47 % del No.”

 

El discurso del miedo fue utilizado por Uribe para sacar provecho de ello y atizar el fuego, para lo cual estos sectores blandieron como argumento que “El acuerdo premia a criminales”, descontextualizando lo que significa la Justicia Transicional. Fue visible el accionar del senador colombiano, que utilizando mentiras y falacias recorrió el país tratando de recuperar su imagen desgastada. Una vez conocido los resultados, el propio ex presidente, moderó su discurso, llamó a la paz y pidió garantía a las Farc para continuar en el proceso. Nadie esperaba el resultado y la primera reacción era de estupor por un posible reinició de las acciones armadas.

 

Los resultados demuestran una fuerte crisis de institucionalidad, marcado por un gobierno desprestigiado que no pudo canalizar los anhelos de paz de los pueblos colombianos. Pese al resultado, las organizaciones sociales y populares en esta campaña salen fortalecidas, ellas e se pusieron al hombro la campaña por esta opción, son en las regiones donde tienen una presencia importante y fueron protagonistas de los últimos paros donde el Si gana y derrota a la campaña mediática del miedo.

 

La paz no es el silencio de las armas, es la presencia de justicia y equidad; Colombia es una de las sociedades latinoamericanas que sus índices de inequidad son los más altos de la región. Varios de los puntos del acuerdo de la Habana permiten abrir el debate de temas que han sido vedados por la oligarquía de ese país, como la reforma agraria, las garantías para el ejercicio de la oposición política, las reformas con visión en derechos humanos a la policía y el ejército, las garantías a la movilización y protesta, entre otros. Estos puntos son a los que sectores de la derecha colombiana tratan de torpedear en una nueva negociación.

 

 

 

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Las Casas Oe3-128 (entre América y Antonio de Ulloa)

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