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Por: Pablo A. De la Vega M.

Fotografía: Archivo

Clinton, Wall Street y Marruecos

 

No obstante estar a pocas horas de las elecciones presidenciales, nadie en los Estados Unidos (EEUU) ha puesto en duda los vínculos de la ex senadora demócrata, Hillary R. Clinton, con Wall Street y las grandes corporaciones empresariales. Tres enormes complejos financieros, Goldman Sachs, Citibank y JP Morgan, forman parte de ese selecto grupo de donantes que han apostado a Clinton para la presidencia estadounidense, junto a otros inversionistas provenientes de las juntas directivas de empresas como Wal-Mart o Univisión.

 

Destacados analistas, además, han develado que varias de esas entidades financieras no sólo han efectuado donaciones a la campaña demócrata sino que en múltiples ocasiones han pagado a la señora Clinton, enormes sumas de dinero a modo de honorarios por sus conferencias dentro y fuera de los Estados Unidos.

 

Por otro lado, también se ha puesto a la luz pública el pasado y los intereses de varios de estos inversionistas que, en su momento, fueron altos funcionarios del Departamento de Estado, como Tom Nides, vicepresidente de Morgan Stanley.

 

 

Sin embargo, estos nexos con los intereses de las grandes corporaciones y los grupos financieros no se limitan a la campaña de la señora Clinton y años atrás a la de su esposo Bill. En realidad los Clinton han demostrado una inmensa habilidad para recaudar cuantiosas sumas de dinero, tanto para la Fundación Clinton como para las campañas que, desde 1992, ha emprendido esta pareja de políticos.

 

“Lo recaudado por los Clinton no tiene parangón”, sostiene Olga Rodríguez, Premio Periodismo y Derechos Humanos 2014 por la Asociación Pro Derechos Humanos de España. En efecto, sus donantes provienen de un amplio abanico de intereses. Desde Frank Giustra hasta Mohamed VI. Desde Pacific Rubiales, en Colombia, hasta Fruit of the Loom, en Haití.

 

Parecería que el origen de estos inmensos recursos es lo que menos interesa. La ética y la legalidad internacional tampoco cuentan. Por lo menos eso se puede advertir cuando entre los donantes de la Clinton Global Initiative, celebrada en Marrakech, durante la primavera del 2015, uno de los principales benefactores fue la Office Chérifien des Phosphates (OCP), la empresa minera de propiedad del Reino de Marruecos, que controla una de las minas de fosfatos más grandes del mundo en el Sáhara Occidental ocupado.

 

Pero este mágico encanto entre los Clinton y el anacrónico monarca marroquí no es reciente. En uno de los mensajes recientemente rebelados por Wikileaks, en el que se transcribe el discurso pagado de la señora Clinton, en enero del 2014, en Wall Street, ante General Electric, ella sostuvo: “le doy al rey Mohamed VI un enorme crédito por la forma en que está gestionando el proceso de cambio en Marruecos”.

 

¿A qué proceso de cambio se habrá referido la ex senadora demócrata? Estados Unidos como Miembro Permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas está obligado a poner fin a la última colonia de África, el Sáhara Occidental ocupado. ¿Será que la señora Clinton, probable presidenta de los Estados Unidos, mantendrá su abierto apoyo a la monarquía autocrática marroquí, a espaldas de la legalidad y legitimidad internacional?

 

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